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El mono incendiario, ¿éramos más malos antes o ahora?

 Si sos humano, no fumes que te hace mal; si sos mono tampoco fumes o por lo menos no te pongas en sibarita.

 Por Alberto Moroy

Esta historia parece sacada de la serie ¡Aunque usted no lo crea!, creada y dibujada en 1918 por Robert Ripley, en forma de periódico gráfico, que presentaba hechos sorprendentes y poco habituales, provenientes del mundo entero. Pero no fue así, ocurrió en Montevideo, unos días antes del 3 de marzo de 1900, y fue protagonizada por un mono fumador, que «sin querer o queriendo» prendió fuego al anticuario «El Cachivache» del Sr. Fernández Tablas, ubicado en la calle Colonia, de la ciudad de Montevideo y mencionada en un artículo de Caras y Caretas de Buenos Aires, de donde sale casi toda la información.

 Los monos fumadores

En principio no resulta agradable la degradación de animales, creándoles hábitos y adicciones, al solo fin de convertirlos en atracción, con fines publicitarios. No obstante para esa época y algunas décadas después se presentaban los llamados fenómenos (personas con deformidades físicas o con algún rasgo fuera de lo común), en casi todos los circos del mundo, inclusive en algunos zoológicos como el de Sudáfrica hacían gala hasta hace poco (2010), de tener un chimpancé fumador, aunque «según dicen» aprendió copiando a los visitantes y fumado los puchos que recogía.

 Mono fumando en Sudáfrica / Nona fumando con bebe mono, en algún lugar de la web

Charlie el mono que fuma

http://m24digital.com/2010/10/07/charlie-el-mono-que-fuma-murio-a-los-52-anos/

Video de Charlie

Imagen de previsualización de YouTube

http://www.youtube.com/watch?v=tVUwMHIG6_Y&feature=player_embedded

¡Casualidad!

Buenos Aires febrero de 1900, la gente se moría de calor

«Buenos Aires presentaba  una temperatura asfixiante, un sol cuyos rayos parecían de metal en fusión: la tierra devolviendo en forma de vapores caliginosos, la humedad reconcentrada. No hay pluma que pueda describir el aspecto que durante cuarenta y ocho horas presentaba la Asistencia Pública. La escenas que podían presenciarse eran horripilantes, por todos lados se veían atacados de terrible insolación; los muertos tenían que ser transportados rápidamente a los cementerios»

Montevideo febrero del año 1900

Fue una inesperada diversión en Montevideo el incendio de Cachivache, ocurrido hace unos días con pérdida casi total del negocio, pero sin que hubiese que lamentar más desgracias que un mono, causante, según se cree, del siniestro. Pareciera cruel que la gente haya gozado con un incendio; pero es que es difícil darse idea del negocio incendiado.

Así quedo Frente de la casa de Fernández Tablas

Frente calle Colonia (Montevideo)

Fernández Tablas es un «ente» curiosísimo; único: desde hace  largos años (1880), se ocupa en el comercio de trastos viejos, pero era preciso ver que había acumulado en su inmensa covacha ¡La caverna de Baco (Dios del vino), los cambalaches de Arpagon (obra de Moliere titulada El avaro), las vizcacheras todas, vaciadas en una pocilga, nada de eso, ni todo eso junto, daría la más remota noción del negocio de Cachivache! Así se bautizó a sí mismo, Fernández Tablas, que a fuerza de atesorar todo el refugo, que la necesidad o el deseo de limpiar los desvanes, ha ido echando en veinte años, de las casas de Montevideo, llego a ser más que un comerciante, un coleccionista de desperdicios, un  ensimismado arqueólogo de antigüedades desvencijadas.

Posiblemente Fernández Tablas tendría algunos rasgos de lo que hoy conocemos como «Síndrome de Diógenes», que es un trastorno del comportamiento que  afecta por lo general a  personas que viven solas. Se caracteriza por el total abandono personal y social y por el aislamiento voluntario en el propio hogar, acompañados en la mayoría de los casos por la acumulación en él de grandes cantidades de trastos o basura.

Máximo Tajes caricatura política de Caras y Caretas 1889 / Propaganda de época con contenido político (amuleto Roca. Pte. Argentino)

 El mono incendiario

Cachivache, muy afecto a los animales tenía un mono, y últimamente le había llevado cigarros de hoja, el macaco se aficiono furiosamente al género, recibiendo con desprecio los ferrioles (manufactura de tabacos, cigarros y cigarrillos La Activa de Montevideo) que fumaba Cachivache, por devoción política al general Tajes, gran fumador de esa marca. El día del incendio el mono le pidió un cigarro a Tablas; este prendió uno de los que llevaba y se  lo alcanzó. El mono agarró el cigarro, pero al ver que no era de los que le gustaba, le dio dos o tres chupadas y lo tiro en un montón de cosas grasientas.

Cachivache recogiendo los restos y periodistas de Caras y Caretas (enviados)

Sobrevino el incendio. Tablas que salió enseguida, no vio nada hasta que el mal no tenía remedio, cuando ya su mugriento museo ardía como yesca (Materia muy seca y fácilmente inflamable).  El pobre mono sujeto con una cadena a la cocina económica, «se aso a la plancha», a pesar de sus horribles chillidos y desesperados saltos para escapar de la quema, que le costó a Cachivache diez mil pesos oro y al cuerpo de bomberos tres heridos a causa de la explosión de varias latas de  balas viejas que formaban parte de aquella endemoniada colección.