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Complicadito viaje a la felicidad

Desde ya te cuento que la receta de Palito Ortega no sirve para nada, a menos que te conformes con una felicidad papanata:  ¡la felicidad ja, ja, ja, gracias al amor or, or, or!

 

Podría parecer un tema rebuscado para “Viajes”, pero decime si hay un mejor destino  que una excursión en busca del   “estado-de-felicidad”. Las fotos que estás viendo las tomé (con permiso) de la página Facebook de mi amiga Lucía Ghigliazza.  Por más que quiero mucho a Lú y tiene una familia de novela, no puedo concebir que a ella le pasen solo cosas maravillosas y al resto de la humanidad le vaya como la mona. Casi un símbolo que mi familia feliz pose frente a lo que debe ser el mayor monumento a la crueldad, pues aunque los europeos exageraron hasta el delirio, es real que los mexicas sacrificaban gente aunque no hubieran cometido herejías, solo para que lloviera o para calmar a un dios enojado.

Estoy seguro que ni Dios, ni Yavé, ni el destino, ni Marx, ni el compañero Nicolás Maduro que habla con los pajaritos,  le crearon a ella y su familia un mini-universo donde todo está requetebien. Entonces hay algo más y no alcanza un viaje a México como el que hicieron, ni el reencuentro con familiares, ni nada de nada que amerite esas caritas de felicidad en todas las fotos. ¿Te fijaste que no son «sonrisas de foto» sino algo que viene de mucho más adentro?

Convencete de que Palito, Aristóteles, Bergson, Nietzsche y todos los demás sabían tanto como nosotros sobre la felicidad. La felicidad es un privilegio de algunos que estiran la mano y la encuentran, a diferencia de otros que se matan estafando gente y postergando familiares y amigos, solo para descubrir que la felicidad no está hecha para ellos. Eso es justamente lo que aseguraba Nietzche:  que el hombre no está preparado para disfrutar de la felicidad. En cambio mirá a un perro sacudiendo la cola o a un hornero cantando a la gloria de la vida cuando sale el sol luego de la lluvia. ¡Esos sí que pueden ser felices sin casi  nada que lo justifique!

Aclaremos que esta no es la única familia feliz en el mundo y que tampoco deben ser felices las 24 yhoras los 365 días del año, porque de lo contrario no serían felices sino bobos. Todos aseguran que a la felicidad  la están buscando, lo cual es una aseveración falsa en la mayoría de los casos. Lo que buscan es dinero, posesiones, reconocimiento, salud, sexo y andá a saber cuántas otras cosas más que podrían darte una arrimadita a ese sentimiento  mucho más profundo e inasible que eso.

Acá tenés la  pirámide de las necesidades humanas postulada por Abraham Maslow. ¡Mirá qué fácil! Conseguís buena cobertura de todo eso y sos un tipo feliz, para siempre. ¿A quién querés engañar? Seguro que si le preguntás a Lú y a su linda familia, te dejan algunos  de esos pisos sin llenar, porque si ella es inteligente, los suyos seguramente también lo son y se dan cuenta de la suerte que tienen… o más bien  que construyen.  Es algo tan sutil que para ser feliz, lo mejor –muchacho- es que no analices. Sin embargo, lo haremos… pero poquito.

La mejor manera de confundirte y no encontrar la felicidad ni por el forro, es hacerle caso al diccionario de la Real Academia, habitualmente  tan modosito y certero, pero hasta desopilante en esta definición. Según el RAE, la «Felicidad» es un “estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien”, con lo cual en el mejor de los casos, al adquirir un par de championes Nike  estás comprando felicidad por algunos minutos y al adquirir un BMW deportivo quizás te alcance para un par de días, si fuera posible establecer un arancel para valorar la felicidad.

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La Felicidad en la definición de  Palito, es más creíble y accesible que las recetas eruditas desde Aristóteles hasta nuestros días.

Así como en algún país se propone la felicidad como única política de Estado, en Paysandú hay una radio que, al mejor estilo de Palito Ortega, pretende llegar a la felicidad con el único requisito del enunciado. La emisora se denomina “Radio Felicidad”, pero le erraron como las peras, porque la radio difunde noticias y ya se sabe lo infelices que son casi todas las noticias. Ver http://www.paysandu.com/radiofelicidad/ . No te rías de la receta de Palito, porque por más Aristóteles que me pongas por delante, sobre la felicidad es inútil filosofar,  es simplemente una actitud, a la que algunos tienen acceso casi permanente en tanto que otros no pueden llegar a ella ni ganando dos cincos de oro en una semana.

Como podés ver en el dibujito, un humorista puede llegar en un solo cuadrito a una profundidad que deja pensando,  como lo hace Maitena; en tanto que un filósofo descomunal, como lo fue Nietzsche , le puede errar tan feo como para asegurar que el hombre no está concebido para ser feliz, sino para ser el más sufrido de los seres vivos de este planeta. Lo cual no deja de ser cierto en algunos casos, pero absolutamente falso en el caso de mi amiga Lú Ghigliazza y su linda familia. Por lo pronto y como advierte Maitena, si se cumplieran todos nuestros sueños, tampoco seríamos felices. Quizás Maitena haya descubierto eso en uno de esos carnavales invasivos e insoportables que le propinan a La Pedrera, el lugar donde ella fue a buscar tranquilidad.

Bué, basta de darle vueltas a una cosa que no tiene respuesta. Es cierto que si te falta todo lo que incluye la pirámide de Maslow, es más improbable que puedas disfrutar de felicidad, siquiera pasajera. Pero para eso se inventó el vino, que en algunos casos deja al tipo sonriente y en otros casos lo pone peleador. Y no creo que la Marihuana del Pepe mejore este asunto.

Lo mejor lo tenemos a la vista. Te vas con tu marido y las nenas a México, te  maravillás con todo lo que ves, como estudiaste arte e historia te conmovés con los restos de Teothiuacán, te disfrazás, jugás, sonreís y sonreís, ¿o preferirías amargarte porque no te fotografiaron en Sociales, porque no te dieron el aumento de sueldo, porque la vida tiene tantas/tantas/tantas porquerías y porque la gente también suele ser una porquería?

Ta bien, todo eso tan inmundo es cierto, ¿pero es tu obligación bañarte en la mortificación y encajarte un cilicio, como si el sufrimiento fuera una asombrosa manera de llegar a la felicidad? No te digo que seas insensible a la infelicidad ajena, pero hacé un esfuerzo por ser feliz en los próximos 5 minutos, pensando en las buenas cosas y no pensando en las malas.

Es como cuando los médicos te recomiendan caminar. Primero unas pocas cuadras, luego cada vez más… ¡pero nunca más de 10 kilómetros!. Es decir, tampoco es cuestión de que te olvides de los niños hambrientos de Etiopía o que no tengas solidaridad con quienes la necesitan.

Estoy seguro de que Lú hace eso, pues sólo de esa manera equilibrada se puede irradiar la felicidad que los cuatro muestran en las fotografías.

Guillermo Pérez Rossel