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Mirá para qué sirve la literatura

Los libros no solo no muerden, también te enseñan a disfrutar de la vida

Acá tenés el ejemplo de Ruben Loza Aguerrebere, que sabe muchísimo de literatura, de Paris, de Madrid y de muchas cosas más, pero el caso en esta ocasión, es su sabiduría acerca de dónde tomarse un buen café y dejar volar la imaginación.

En una reciente columna sobre Malraux (http://www.elpais.com.uy/informacion/malraux-escritos-extravagantes.html), mi amigo Ruben menciona Le Deux Magots, el Café de Flore y la Terrasse de Saint Lazare. ¡Qué selección! Porque uno va a París, camina extasiado por los Campos Elíseos en busca del Arco del Triunfo y, cuando el cansancio se lo impone, se mete en el primer bolichito que encuentra con mesas en la vereda, desperdiciando opciones que al amigo no se le escapan.

Dejemos que hable Ruben Loza: “No fue en Le Deux Magots ni en el vecino Café de Flore; fue esta vez en la Terrase Saint Lazare donde me senté a leer el libro (desconocido para mí) de André Malraux y que acaba de editar Gallimard, titulado Écrits farfelus (“Escritos extravagantes”). Un hallazgo sorpresivo en la librería de la galería Vivienne. El volumen reúne por primera vez tres obras desconocidas del joven Malraux. Fuegos de artificio capaces de distraer gatos e hipocampos.

Ruben indicando el tamaño del sirloin steak que se manducó en honor a Malraux

“La imaginación de quien dirige estos escritos es ingenua como un juguete, y complicada sólo como la ingenuidad puede serlo”, según sostuvo Pascal Pia. Este libro, escrito a los veinte años, confirma el espíritu de su tiempo: es el primer paso de un joven que buscaba la gloria, y la alcanzó. Antes de que André Malraux cumpliera dieciocho años se creó, en marzo de 1919, la III Internacional; antes de cumplir los diecinueve Tristan Tzara lanzó su primer manifiesto Dadá; y no tenía veinte, cuando Mussolini transformó los fasci en un partido político para la toma del poder, mientras en Odessa el ejército rojo silenciaba ferozmente a los guardias blancos de Wrangel”.

Así nomás, a los sopapos y en un somero párrafo, el amigo te paseó por lo peor, lo mejor y lo más apasionante del siglo XX. Tomá not: esas son cosas que no se aprenden mirando programas de Tinelli. Pero esta nota no está destinada ni al elogio de nuestro crítico y literato, ni al increíble siglo XX, para algunos solo comparable con el siglo V AC de Pericles. El foco estará en esos tres cafés que menciona Ruben.

Sólo haremos una pausa para recordar el artículo  Muerte en el Café Gijon http://viajes.elpais.com.uy/2012/08/12/muerte-en-el-cafe-gijon/ , una de las obras que más reverencio del autor, una especie de jugarreta al estilo de El Año Pasado en Marienbad, en la cual el lector es trasladado en el tiempo, el espacio y las infinitas coyunturas que puede ocasionar un suceso cualquiera. Particularmente si uno está pensativo y solo en un café capaz de iluminarte, como estoy seguro que fue el caso. ¿Qué vas a hacer en una situación así? ¿Mirar el vuelo de una mosca, pensar una manera de perjudicar a alguien? No es obligatorio que te dibujes un libro en la cabeza, pero si lo lográs, podés conseguir críticas tan elogiosas como ésta http://es.paperblog.com/muerte-en-el-cafe-gijon-ruben-loza-aguerrebere-1691083/ … entre tantas otras.

Andá mirando las fotos de esos portentosos cafés parisinos y salí corriendo a comprarte un libro apenas dejes de leer El País.

Les Deux Magots es un café del barrio Saint Germain des Prés. En ese preciso lugar, marcado con el número 6,  había una tienda de novedades con un letrero que la identificaba con ese nombre. Fallaron los magos y vino una tienda de licores que esa sí hizo magia de la mano de Paul Verlaine, Rimbaud y Stéphane Mallarmé, que se reunían allí y allí dejaron vagando sus pensamientos inconclusos, disponibles para todos mientras esperás el café, los croissants o cualquier otra cosa más sustanciosa, pues también las hay. Por allí anduvieron casi todos los surrealistas acaudillados por André Breton, antes que los existencialistas también ocuparan el lugar.  http://www.lesdeuxmagots.fr/en/ambiances.php#/ambiances.php

El Café de Flore, faltaba más, también está en Saint Germain des Prés, pero en el número 172. Está allí desde 1887 y, sorprendentemente para estos tiempos, estuvo asociado en sus orígenes a la extrema derecha, pues por allí se editaba un periódico con esa tendencia. Dice la Wikipedia que durante la primera guerra mundial Guillaume Apollinaire recibía a sus amigos, entre los cuales estaba André Breton, quien por lo visto era parroquiano de cuanto boliche hubiera en París. Era frecuente encontrar en sus mesas a Picasso, André Derain, los hermanos Giacometti y al poeta Jacques Prévert; más adelante, mirá qué paradoja, fue el boliche predilecto de los más renombrados miembros del Partido Comunista Francés, pero también de Truman Capote y Ernest Hemingway, que no dejaba un bar sin recorrer ni una copa sin vaciar.  http://www.cafedeflore.fr

 

La Terrasse Saint Lazare está en el número 39 de la rue Londres y, a menos que yo haya buscado mal, no tiene historia romántica ninguna. Acá nadie presume de que tuvieron como parroquianos a fulano o a mengano. Entonces, ¿qué fue a hacer allí Ruben Loza Aguerrebere con toda su fama de sabedor de literatura y de cafés literarios?

¿Y vos que te creés, que los literatos no comen, como hacían antes? ¿Vos te creés que no buscan lo mejor y de precio razonable sin caer en la comida rápida de las franquicias estadounidenses?  Este restaurante, haciendo honor a su nombre, tiene una inesperada terraza vasta y acogedora, próxima a les Grands Magasins y es una brasserie que goza de un 88% de comentarios positivos en las páginas especializadas en gastronomía. Mirá lo que dice una de esas guías: « service efficace », « service tres professionnel », « prix modeste » et « intérieur chaleureux ».  Mirá que Ruben Loza Aguerrebere será un intelectual, pero no mastica vidrio.  Y entre plato y plato, el amigo también se almorzó el libro de Maulraux que nos recomienda, aunque con un egoísmo que le desconocíamos, nos omite lo más importante. ¿Qué comiste Ruben, estaba bueno?