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La tía de Julio Sosa, mis primeros whiskys y el despertar al tango

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Yo me hice en tangos, me fui modelando en barro, en miseria, en las amarguras que da la pobreza. En llantos de madre… La poesía era de Celedonio Flores, pero esa vida fue de niño la de nuestro Julio Sosa.

¿Cómo no la iba a recitar como nadie en medio de una de las mejores interpretaciones de La Cumparsita? Hoy Alberto nos lleva de viaje al  Carrasco pitucón de su niñez y a la presencia de una tía que era buenísima y que pudo ser la propia madre de Julio Sosa, un cantor que se hizo de abajo y llegó a lo más alto. Quizás el Varón del Tango tuvo odios que nunca los dijo… supo apretar los labios. 

Por Alberto Moroy

En la portada Julio Sosa en Buenos Aires y su monumento ubicado frente a la plaza de Las Piedras, en Canelones, Uruguay. Esta pequeña anécdota que les dejo más abajo sirve para darle marco a este gran cantante de tangos que fue Julio Sosa, a mi gusto lo mejor. No era de mi época, no bailábamos ni escuchábamos tango o milonga, tampoco tomábamos mate, ni íbamos a los bares, ni se nos daba por la bebida.

Pasaron los años, todos cambiamos y cada tanto vía Spotify o You tube escucho algunos cantantes de tango como Goyeneche, Edmundo Rivero y Julio Sosa entre otros. Disfruto las letras canyengues tratado de traducir muchas palabras en lunfardo que me dejan tildado. En realidad me llama la atención la orquestación, su sincronía, la misma que escuchaba y contemplaba en el viejo hotel Carrasco donde a veces habia orquestas importantes con 20 músicos… y no les daba bola porque me faltaba madurez.

Esta nota no está dirigida a los amantes del tango, sino a ese uruguayo que todavía no se enganchó con la música nuestra, para que sepa algo de la vida de este uruguayo bautizado “El varón del tango”. Pero el fin supremo es regalar algunos “tangazos”… puse unos cuantos como para ambientar la lectura.

Discografía

http://juliososavarondeltango.blogspot.com.ar/

Como para que escuchen mientras lee

Que me van a hablar de amor

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Julio Sosa – Al mundo le falta un tornillo

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La anécdota

No tendría más de 6 años cuando se me dio por pegarle unos besitos a una botella de Whisky Grants que tenía mi padre en la cocina. Creo recordar la marca por la botella triangular envuelta en malla de alambre dorado. Cada tanto una pasadita en forma sigilosa y continuaba con más travesuras, pero nunca demasiado. Un dia mi viejo que por lo general no tomaba en casa, se fue a servir un trago y vio que quedaba muy poco. No tenía idea quien era el culpable pero sospechó de mí.

Se sentó en el living, se sirvió un whisky con soda, me pidió que trajera un vaso, cosa que me sorprendió y me sirvió uno puro, Antes me preguntó ¿te gusta el whisky?, le dije “si” Mientras saboreaba el suyo y como al disimulo me dice, dale toma un poco, así lo hice, me mira como se me “piantaban” varios lagrimones y pregunta ¿rico?, le contesto… ¡Shiiii rico!, enseguida me sacó el vaso y volcó el whisky en el suyo y me parece que se fue riendo. Así me lo contó años más tarde.

La tía de Julio Sosa que se llamaba Antonia (no entiendo como todavía tengo el registro de su nombre) y posiblemente Venturini de apellido, como el segundo de Julio Sosa. Trabajaba en casa con cama, era flaca y ya mayor, con nariz prominente, creo recordar pelirroja, pero entrecana. Buena tipa y de buen humor. Resulta que era el duende que le bajaba el whisky a mi padre, y por lo visto tambien apagaba la sed con bebidas espirituosas, motivo por el cual dejó mi casa a pesar de mi viejo que le caía bien.

¡¡Las coincidencias!!

En la presentación de abajo un señor posiblemente primo de Julio Sosa entre otras, explica como la madre de Julio Sosa  y su madre (hermana) eran empleadas domesticas Seguramente quien lo dice debió de ser el hijo de Antonia la que trabajaba casa. ¡Qué honor y qué injusticias de la vida!

JULIO SOSA Dos horas antes del alba Centro Uruguayo de Madrid

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Una digresión

En lo personal huelo a otro uruguayo a la distancia. Sosa tenía esa impronta de aquella época, donde nos parecíamos poco a los porteños, ni siquiera en el físico, producto de la mezcla local de razas, a veces distintas y con más o menos preponderancia de Italianos y españoles y una vida más sufrida, donde era trabajo calefaccionarse o trasladarse, donde el hágalo usted en vez de comprarlo hecho era una forma de vida, donde la gente de color dejó su impronta. Hasta el léxico era distinto

Julio Sosa en Uruguay.

A los 14 años consiguió que lo dejaran entrar en el café Parodi donde demostró a los parroquianos la forma interpretativa que ya se hacía notar, pero se frustró su intento al llegar la policía y devolverlo a sus padres. No obstante consigue un lugar en la orquesta de Gilardoni Carlos con quien recorrían clubes y festivales de barrio. Pero para ganarse la vida necesitaba trabajar como “guarda” para sobrevivir. Esto le sirvió para conocer otros lugares, como el café Ateneo de Plaza Libertad, donde canto con Di Carlo, Hugo Caruso Luis (Carusito) y a pesar de su pequeña orquesta, Sosa se da el gusto de “grabar sus primeros temas”. En total fueron 5 con el sello grabador uruguayo “Sondor”, corría el año 48’.

 

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LA ORQUESTA DE GILARDONI (EN EL CENTRO)

 

PRIMERA ORQUESTA

En 1944 se inicio profesionalmente, como vocalista de la orquesta de Carlos Gilardoni. Después, en Montevideo cantó con Edelmiro Toto D’Amario y Luis Caruso, con quien grabó su primer disco para el sello Sondor, en 1948.

Foto de la orquesta de Carlos Gilardoni. De izquierda a derecha: el maestro  Gilardoni, Barthé, El Cubano González (pianista), Luis Alberto Colantonio  (bandoneonista), Juan Sampietro  (contrabajista), Antonio Colantonio,  Rambalduzzi (bandoneonista),  Julio Sosa y Scópice

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Dedicatoria Luis Toto Villamayor, empresario fúnebre, amigo del Varón

La dedicatoria dice: “Es este el grato recuerdo  de un montón de muchachos que  supieron ganarse mi mayor afecto  y estimación por sus horas francas  de compañerismo y gran corazón,  integrantes de la orquesta de  Carlitos. Como su cantor no los olvidaré jamás, aunque el destino nos separe. Julio María Sosa, febrero de 1946”

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Bar en la ciudad de las Piedras donde cantaba

Humilde origen 

Julio María Sosa Venturini nació en Las Piedras (Canelones), el 2 de febrero de 1926. “Mi padre fue un peón rural analfabeto y mi madre, sirvienta”, solía recordar aún en el apogeo de su fama. La casa paterna hoy está señalizada con una placa y es visitada por cientos de peregrinos al año. Cuando murió su padre legal, Luciano Sosa, la familia se dispersó. Ana María Venturini, su madre, se fue a la casa de una hermana, mientras Julio se acopló a la familia Mancebo. Tuvo una niñez pobre e hizo múltiples trabajos por monedas, mientras cantaba y recitaba en su escuela pública. Pero sus ambiciones eran otras. Participó en programas radiales en Montevideo y hasta ganó un concurso infantil de cantores de tango. Llegó el momento del servicio militar en la Marina, donde sólo estuvo seis meses, porque se escapaba de noche; vivía de arresto en arresto hasta que le dieron la baja.
En Buenos Aires 

Decidido a probar suerte en Buenos Aires, es conocida la historia de que cruzó el charco con sólo 4 pesos en el bolsillo. Tenía 22 años. En junio del ´49 cantaba en el café porteño Los Andes y realizó una prueba en la típica de Joaquín Do Reyes, pero este consideró que su voz era “muy dura”. De esa primera etapa, Julio solía recordar: “Cuando debuté en Buenos Aires me prestaron un traje”. Su vida dio un vuelco cuando el letrista Raúl Hormaza lo acercó a Enrique Francini y Armando Pontier, para sumar su voz a la de Alberto Podestá. “De 20 pesos por noche en el café, pasé a ganar 1.500 mensuales. Me parecía increíble, estaba triunfando en una orquesta de monstruos del tango”, reflexionaba Sosa.

Al quirófano

En abril de 1953 pasó a la típica de Francisco Rotundo, tentado por buena paga. Grabó en Odeón: Justo el 31, Bien bohemio, Secreto y Mala suerte. Sus cuerdas vocales no daban más, desafinaba, pero tomaba leche con miel y zafaba. Además tenía una malformación de tabique nasal. Juanita Larrauri, pareja de Rotundo y ligada al peronismo femenino, le recomendó al Dr. Elkin, un famoso cirujano. La operación fue exitosa y la voz de Julio giró a los graves. Pero cuando recuperó su timbre vocal ya había caído Perón; Juanita fue a la cárcel y Rotundo disolvió su orquesta en 1957. Entonces, Sosa regresó con Pontier quien, de común acuerdo, se separó de Francini. Con la voz límpida, gesticulador y canchero, fue un impacto popular. Registró verdaderos éxitos en los sellos Víctor y Columbia:

ORQUESTA ARMANDO PONTIER – JULIO SOSA – ABUELITO – TANGO

 

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Última etapa

Seguramente es la más recordada. En calidad de cantor solista, Julio Sosa se asoció con Leopoldo Federico, con 15 profesores que tocaban para él. Todo un suceso. (“Nunca tuve tanta responsabilidad y trabajé tanto” afirmaba el recientemente fallecido bandoneonista). Grabaron en gran escala para Columbia, además de presentaciones por doquier. Quedaron plasmados en el disco interpretaciones memorables, como: Mano a Mano, El Firulete, Qué me van a hablar de amor, Cambalache, Nada, En esta tarde gris, Uno, El último café, Que me quiten lo bailao, Volvió una noche, Rencor y una creación: recitó el poema de Celedonio Flores: Porqué canto así, con el fondo musical de La Cumparsita. Fue el disco más vendido. (El diario Parana)

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Leopoldo Federico Julio Sosa / Julio-Armando Pontier

Julio Sosa – Qué me van a hablar de amor

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Julio Sosa “Mano a mano

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Cambalache

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Julio sosa – nunca tuvo novio

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Su muerte

Algunas crónicas dijeron que el accidente ocurrió porque estaba borracho. Pero quienes estuvieron con él esa noche lo desmienten. “A lo sumo había tomado un par de copas de coñac”, cuentan. Lo que sí confirman es que estaba alterado, de mal humor. Y que su conocida pasión por la velocidad y su poca habilidad para manejar le jugaron en contra. Lo cierto es que aquella madrugada, Julio Sosa, uno de los máximos ídolos de la historia del tango, se estrelló con su auto contra el pilar de hormigón de un semáforo y murió pocas horas después. Fue el 26 de noviembre de 1964 en Mariscal Castilla y Figueroa Alcorta, en Palermo.

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Así quedo su auto

f6 (24) Camino al cementerio de la Chacarita Calle Corrientes (Buenos Aires)