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Alimentó dinosaurios, sobrevivió al meteorito e Hiroshima

en belgica

Solo el ser humano sería capaz de terminar con el Ginkgo biloba. Hay pruebas de que ya existía 200 millones de años antes de que una hilera de ellos en nuestra calle Sarmiento inspirara el nombre de una prestigiosa agencia de publicidad.

El 6 de agosto de 1945, los estadounidenses lanzaron su bomba atómica de Hiroshima. Toda la vegetación alrededor del área del epicentro fue examinada en septiembre de ese año. Nada había sobrevivido… pero en la siguiente primavera un arbolito enigmático perseveraba en su inalterable costumbre de brotar como si nada hubiera sucedido.

Era un Ginkgo ubicado frente a un templo a aproximadamente un kilómetro del lugar donde estalló la bomba. Del templo no quedaba nada y el árbol tenía severo deterioro, pero aun así la primavera despertó su anual renacimiento, un ritual que su especie practicaba desde hacía cientos de millones de años.

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Cuando edificaron el nuevo templo, le hicieron un acceso mediante escalera en forma de “U”, para respetar al árbol milagroso. Claro, podés decirlo en léxico científico y pierde toda su áura milagrosa, por ejemplo, “el Ginkgo tiene una gran resistencia a los mutágenos, como la radiación”. De esa manera te evitás el asombro y la incómoda sugerencia de milagro. Con cosas como esa es que después surge el nombre de “árbol inmortal”, como también se lo conoce.

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El Ginkgo biloba crece principalmente en China y Corea, y en menor medida en Estados Unidos, el sur de Francia, en algunas ciudades de España, y en puntos determinados de Uruguay, Chile y la Argentina, dicen las fuentes sin resaltar que en nuestro país se adaptó a la perfección. En Argentina se lo encuentra en varias provincias, y en Buenos Aires se los puede ver en el antiguo zoo, el Botánico y los barrios parque.

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Con muy poco rigor científico, en el siglo XVII se aseguró que el Gingko se había extinguido, pero un médico alemán, Engelbert Kaempfer, lo encontró en 1691 en Japón. Pronto se señaló su existencia en China, como habitual ornamento de monasterios y jardines de los templos budistas, donde lo cultivaban desde el año 1000. De allí se lo habría extendido a Japón y Corea. Porque El hermoso arbolito está asociado al budismo. Poco después fueron llevados a Europa y en el 1700 a América.

 

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Pero no se lo reconoció como un arbolito religioso, sino como un recurso medicinal. Se asegura que ayuda a combatir la ansiedad y los laboratorios lo usan en preparados contra el Alzheimer, algunos problemas de visión en personas con diabetes, para aliviar la vasculopatía periférica (enfermedad que provoca una mala circulación sanguínea en las piernas), los dolores pre menstruales, la esquizofrenia, la diskinesia tardía (patología que hace que los músculos se muevan de forma involuntaria), los vértigos y mareos, la disfunción sexual, el trastorno afectivo estacional (aquellas personas que sufren una depresión con el cambio de estación), el asma, la dependencia a la cocaína, la hipertensión arterial, la esclerosis múltiple, el zumbido en los oídos, las cardiopatías, la dislexia, la fibromialgia, cánceres como el colorrectal, de estómago, de ovario y de páncreas, las hemorroides, las migrañas, el síndrome de Raynard (un trastorno de los vasos sanguíneos), la conjuntivitis alérgica estacional, los accidentes cerebrovasculares, el colesterol alto y la arteriosclerosis. Mejora la memoria, la velocidad de pensamiento y la atención. Solo falta que te ponga a salvo si cruzás con el semáforo en rojo.

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Porque el ser humano, tan pronto te ningunea, como te pone en un pedestal. No se le reconocía ni su belleza ni la humilde capacidad de hacer sombra y hacer leña, cuando de pronto lo elevaron a la categoría de curalotodo. Como bien sabés, esto es un divertimento periodístico hecho con el mayor respeto posible hacia la seriedad de la información pero sin ínfulas académicas… de manera que no se te ocurra auto-recetarte sin consultar con un médico. La medicina natural y la herboristería pueden tener efectos curativos… pero también pueden ser perjudiciales.

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Fósiles del Paleoceno, Cretáceo y Eoceno. Nuestro Gingko sigue tan campante, como el Johnny Walker…

¿Cómo podría extinguir el ser humano a un árbol que superó el ataque de dinosaurios y meteoritos? La hilera de Gingkos de la calle Sarmiento es atacada a mansalva por recolectores de hojas que operan de noche y lo que no se llevan, lo destrozan. (https://www.minutouno.com/notas/20019-acusan-yuyerias-robar-hojas-ginkgo-biloba)

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Dicen las fuentes que “un médico japonés que vivió 105 años, el doctor Hinohara, analizó genéticamente árboles ginkgo con edades entre los 15 y los 667 años en Estados Unidos y China, y descubrió que su crecimiento no se vuelve más lento aunque hayan pasado cientos de años, y que la calidad de las semillas tampoco se veían afectadas por el paso del tiempo. Al parecer, el Gingko biloba produce antioxidantes, germicidas y hormonas protectoras, al tiempo que no activa genes relacionados con la vejez, como ocurre con cualquier árbol, planta o ser viviente.

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Un privilegio de la calle Sarmiento

O como recogió el New York Times en un reportaje al biólogo Richard Dixon: “En los humanos, a medida que envejecemos, nuestro sistema inmunológico comienza a no ser bueno”, pero en  estos árboles, pese a tener 1.000 años de edad, parecen ejemplares de 20 años”. Esto significa que los árboles de ginkgo nunca mueren por envejecimiento. Su vida puede acabar por los rayos, el fuego, el viento, las enfermedades o el estrés”. Y lo peor: no es inmune al impulso destructivo del ser humano.

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Es un fósil viviente, único miembro de la clase Ginkgopsida, género Ginkgo. Lo que quiere decir que a diferencia del resto de los seres vivos, no tiene parientes. Por alguna razón que desconocemos, nuestros árboles callejeros preferidos son los plátanos, el terror de las conjuntivitis, en lugar de estos ancestros. Muchas o pocas raíces, recurrencia de pestes, a algunos pájaros no les gustan, la copa a veces se forma caóticamente y, lo más evidente, las hojas son hermosísimas mientras están sujetas a las ramas, pero son una terrible alfombra cuando caen, El árbol es hermosísimo… pero.  Respeto mucho a los expertos que nos proporcionan una de las ciudades más forestadas del mundo… alguna razón debe existir para no preferir los gingkos.

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Se lo conoce también como árbol de los cuarenta escudos, nogal de Japón, albaricoque plateado (銀杏; yín xìng, en caracteres tradicionales) En algunas partes de China lo denominan 白果 (bái guǒ), que significa «fruta blanca, nos ilustra la Wikipedia. ¿Y lo de los “40 escudos”? Se debe al precio que pagó un aficionado parisino a un horticultor inglés por la compra de cinco ginkgos al precio de 40 escudos cada uno.

Lo de “arbolito” es una calificación cariñosa, porque si encuentra un medio adecuado, puede alcanzar los 35 metros de altura con su copa estrecha y piramidal. Las hojas, de color verde claro y de entre 5-15 cm, son planas y en forma de abanico. La forma es una figura recurrente en el arte pictórico oriental. Dicen en la Wiki, que los sexos están separados, presentando los ejemplares masculinos inflorescencias amarillas, numerosas y  agrupadas en los brotes cortos. En los femeninos, las flores se encuentran en grupos de 2 o 3, produciendo una semilla blanda de color marrón amarillento y textura tornándose al madurar verde grisáceas. Son comestibles y al abrirlas despiden un olor rancio ya que contienen ácido butírico. “Tratándose de una gimnosperma, sus semillas no se forman en un ovario cerrado con una pared que las protege. Botánicamente, las estructuras parecidas a drupas que produce la planta femenina no son «frutos», pero son semillas con un caparazón de dos capas, una carnosa y blanda (sarcotesta) y otra dura interna (sclerotesta). Dentro de esta última está el protalo de color verde claro y que constituye la parte comestible del «fruto». Está rodeado por una fina envoltura más o menos traslúcida de color pardo-anaranjado; el embrión se sitúa en posición apical”.

Madrid

Respecto a las aplicaciones medicinales, es relevante lo que advierten en el Journal of the American Medical Association, respecto a su aplicación para aliviar el mal de Alzheimer, la demencia senil y el mal de Parkinson.  El investigador Steven DeKosky dirigió un estudio con 3.100 adultos mayores de 75 años. El índice de demencia entre los que tomaban ginkgo fue de 3,3 por 100 personas-años de seguimiento, frente a 2,9 por 100 personas-años en el grupo del placebo. Otro estudio francés similar publicado en la revista The Lancet en 2012 corrobora que la eficacia del ginko para prevenir la enfermedad de Alzheimer no es superior al placebo.

En Medlinelus hay más información sobre Ginkgo biloba

 Guillermo Pérez Rossel

https://www.clarin.com/viste/unico-arbol-inmortal-existe-mundo-ejemplares-argentina_0_f0a9l1n4.html

https://www.facebook.com/vivielbarriopocitos/posts/1841413035949599