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Lollapalooza, del otro lado del charco

Antes poco menos que inaccesible, ahora es un tsunami que comienza a recorrer el continente. Y son cosas que pueden organizarse de manera que no se salgan de cauce.

Llegó la brisa refrescante de una juventud con sus propios códigos e intereses. Por suerte que tenemos a Bari Monzeglio para que nos lleve de la mano hasta el presente presentísimo, instale Viajes en esta generación y a los que no pertenecemos, nos ilustre sobre lo que está pasando, para que entendamos más y seamos más comprensivos.

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Lollapalooza es un término estadounidense que significa: “algo inusual y extraordinario”, una palabra de sonoridad poco frecuente del siglo XIX que fuera utilizada incluso por “Los tres chiflados” en una de sus películas. Este término tan singular fue elegido nada menos que para denominar lo que fuera la gira de despedida de la mítica banda del rock alternativo Jane’s Addiction, cuyo éxito provocó el nacimiento del festival Lollapalooza (http://es.wikipedia.org/wiki/Lollapalooza), un muestrario del rock alternativo, que con alguna interrupción se ha celebrado anualmente en Estados Unidos.

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Seguramente Perry Farrell nunca imaginó que su gira iba a convocar a músicos de toda la escena alternativa norteamericana que acompañarían a este festival itinerante y llegarían a convertirse en la “Generación Lollapalooza”. El festival no solo es original por convocar a músicos de las distintas corrientes alternativas de la música como el indi, punk rock, grunge, entre otras, sino que también incluye a otras ramas del arte, como la danza y la comedia, además de exhibiciones de arte, juegos de realidad virtual y agrupaciones ambientales o políticas sin fines de lucro, todo un festival cultural.

Con varios escenarios simultáneos, Lollapalooza ofrece al público la posibilidad de presenciar toques de diversas bandas a gusto del consumidor. Ha sido tal el éxito alcanzado por el festival y tantas las bandas que fueron catapultadas por el mismo, que en América Latina decidieron imitar el ejemplo editando festivales Lollapalooza latinos.

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El primero en sumarse a la propuesta fue Chile (http://www.lollapaloozacl.com/), que desde el año 2011 viene realizando anualmente su festival en Santiago. Luego fue Brasil, en el 2012, con su festival en São Paulo, y este 2014 le tocó el turno a Argentina, que inauguró el Lollapalooza Argentina (http://www.lollapaloozaar.com/) en el tradicional Hipódromo de San Isidro.

Ahora que sabemos de qué hablamos, podemos pasar a reseñar lo que fue esta primera edición del Lollapalooza Argentina, que desde ya Fénix Entertainment Group adelanta, hay una segunda edición asegurada.

Más allá de la recesión y de las negociaciones con Perry Farrell, quien dirige el evento, Buenos Aires contó con un amplio muestrario de la escena alternativa de hoy y de siempre, ya que la lista incluía a bandas legendarias como Red Hot Chilli Peppers, Nine Inch Nails, Soundgarden o Pixies, New Order o Johnny Marr, codeándose con bandas más recientes como Kid Cudi, The Bloody Beetroots o Vampire Weekend, entre otras muchas que se alternaban en los cuatro escenarios simultáneos, entre los que podías elegir el que más te gustara o aferrarte a un escenario particular para guardar un lugar más cercano, sin importar qué banda tocara antes de tu preferida.

Aunque pudiera parecer una atmósfera proclive al desmadre, ambas jornadas transcurrieron con entusiasmo sí, pero con tranquilidad a pesar de que la concurrencia rondara las 60.000 personas en ambas fechas. No fue que la música lograra amansar a las fieras, sino que la seguridad estuvo muy bien pensada gracias a las previsiones de la organización que en conjunto con la policía, fiscalizaron la entrada al evento y se mantuvieron estrictos en el cumplimiento de los requisitos. Una vez que entrabas en el predio, por más que tuvieras la pulserita, si salías, no podías volver a entrar hasta el otro día, para asegurarse de que el público no saliera a emborracharse fuera y volviera entonado a poguear con sus artistas favoritos.

Claro que también hay un trasfondo económico en todo esto, ya que no se permitía ingresar al predio con alimentos o bebidas, que solo se podían adquirir dentro del mismo a precios exagerados. Teniendo en cuenta de que el evento comenzaba a las 12:00 y terminaba 23:30, se imaginarán que resultó un negocio redondo para los organizadores. El operativo de ingreso estuvo bastante acertado y las esperas en la entrada no superaban de una hora u hora y media.

En cuanto a las entradas, eso sí que estuvo bien organizado, porque podías comprarlas de varias formas, en los puntos de venta en Argentina o podías comprarlas por internet (http://www.topshow.com.ar/) si estabas en otro país. Eso sí, tenías que ir a retirar tu entrada a la boletería para poder ingresar.

El tema del transporte es uno de los puntos flojos de este evento, ya que si debías trasladarte desde fuera de San Isidro, podías tomar taxi, autobús o tren, pero a la salida, los trenes ya practicamente no funcionaban y los autobuses iban repletos. Con los taxis no tenías mucha mejor suerte, ya que si podías agarrar uno, tenías que pagarlo bastante caro. Ese es un tema a solucionar para la próxima edición. En Santiago se logró prolongar los servicios de trenes hasta la salida del Lollapalooza para asegurar el transporte al público asistente. A ver si el ejemplo cunde.

Podríamos esperar una concurrencia casi exclusivamente juvenil al Lollapalooza, pero tal vez por incluir a bandas legendarias o por la hábil organización, fue muy grande la concurrencia de familias con niños, los que contaban con un escenario especial para ellos. Todo un acierto del festival y una bendición para los papás que no querían perdérselo.

Vayamos al espectáculo, que después de todo, es lo que nos convoca. En un panorama tan amplio de bandas, es de esperarse que las actuaciones sean dispares y así lo fueron. Algunas bandas sorprendieron por su buen desempeño en escena, como es el caso de las londinenses de Savages que metieron todo lo que tenían sobre el escenario y conquistaron al público, y seguramente más de uno rememoró a la impresionante Siouxsie en la voz de su vocalista Jehnny Beth.

Una de las bandas que mejor sonó fue la indie, Cage the Elephant, una de las privilegiadas, ya que el sonido del festival dejó bastante que desear con unos cuantos desaciertos que desmerecieron un evento de clase mundial como este, pero que hacen a la mítica de “alternativo” del Lollapalooza.

Pixies, íconos del rock alternativo, no podían faltar y estuvieron haciendo lo que hacen mejor, sonar como unos enajenados. Nine Inch Nails sembró la oscuridad sobre las cabezas del público presente como siempre y logró hacerlos mover de sus lugares con un pogo que ya se hacía desear. Chris Cornell y Soundgarden sonaron como en los mejores tiempos y demostraron por qué tienen un puesto preferencial en el podio del metal. Y para cerrar el festival, la banda que todos esperaban, Red Hot Chilli Peppers agitó a todos los presentes en un pogo descomunal que sacudió al hipódromo.

Para los que se lo perdieron, vayan preparándose para el 2015, que seguramente Lollapalooza se vendrá mejor en su segunda edición.