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Nadie entierra a las gaviotas

Tan tierna, tan elegante,  tan maldita. La gaviota le da alas a nuestra imaginación.

Cuando en el hemisferio norte se termina el verano, mi amigo Juan Manuel Beltrán encuentra una gaviota  muerta. Parece igual a las que vemos en nuestra costa, pero no lo es, inspira los mismos sentimientos. Veamos lo que escribió el amigo en su blog http://letrasdenada.blogspot.com.es/

 

“Esta tarde me he despedido del mar y desde el muro de la playa de Ribadesella, mientras me secaba al sol mirando las nubes y los montes,  he visto una gaviota muerta flotando en la marea alta, en medio de todas las cosas que el mar no quiere y la tierra tampoco, en esa zona incierta en la que todo se amontona sin otro rumbo que flotar sin rumbo.

Flotaba mojada, inerte, las plumas desordenadas y adoptando las complicadas formas que el agua impone cuando las olas rompen. Allí, sola, muerta, mojada y sucia, me ha dejado ver que nadie entierra a las gaviotas, que a las enterradoras del mar nadie las quiere, que a las gaviotas nadie las quiere, ni siquiera las playas.

No hay moraleja, no hay nada que aprender siquiera, es sólo una gaviota muerta flotando en la marea alta de una playa del norte de España que se ha dejado ver mientras yo me despedía del mar hasta otro año.

Simplemente es verdad, una verdad más: nadie entierra a las gaviotas”.    

Muy bonito como todo lo tuyo, JuanMa, una gaviota en vuelo parece dibujar lo mejor de nosotros  en el cielo. ¡Lástima que todo en este vano tránsito terrestre tiene su parte oscura!

Y por más que algunas prefieran los cangrejos, no me refiero a que  las del norte o las del sur, las del Río de la Plata, las de Ribadesella, la de la Patagonia, la de las Galápagos  o la de Panamá, adoren la carroña. Eso no altera su belleza y hasta resalta su servicio al paulatino recambio de la naturaleza.

El lado oculto de la gaviota magníficamente captado por Luis Feliciano.

Es bastante peor que eso. También atacan al ser humano en Inglaterra o se morfan a las ardillas en Noruega,  se ensañan con las ballenas y pretenden comérselas vivas, las muy malditas. ¡Qué contraste! Es una pena que hayan salido tan parecidas a nosotros en cuanto a maldad congénita. Me hubiera gustado escribir todo a favor de la gaviota porque me gustan los bichos…

Lo que nadie discute de la gaviota, de cualquier latitud, es que es inteligentísima y se adapta a velocidad de miedo a cualquier cambio ambiental y sus nuevas oportunidades. Lo de las ballenas es reciente; está vinculado a la prohibición de cazarlas, lo que permitió aumentar la población del gigante. De momento, sólo la gaviota patagónica le arranca pedazos a las ballenas, a las mismas ballenas francas que luego aparecen en nuestra costa.

Las gaviotas uruguayas todavía no aprendieron que aunque enormes, las ballenas no pueden defenderse de sus picotazos o quizás nuestra zona es más rico en alimento y no necesitan molestar a los gigantes, o capaz que las de acá resultaron de buen corazón ¡andá a saber!

Pero de bobas y mansitas no tienen nada tampoco las nuestras. A mí una casi me roba un sandwiche de la mano ¡no contaba con mi angurria y mis reflejos! Esquivé justo a tiempo, pero la vi robándole comida a un niño a no demasiada distancia ¡abusadora! Tanto se adaptan que cuando cerca del arroyo Carrasco se hizo relleno sanitario (¡tan discutible!) con basura hogareña, una barullenta nube de gaviotas se lanzaba sobre las porquerías, quizás porque a algún nabo se le había ocurrido limpiar con rastrillos toda la resaca de la isla de Malvín, donde antes de eso encontraban una fuente permanente y autosustentable de alimento. Otra nube de gaviotas acompaña a los pescadores artesanales cada vez que regresan a la costa, otra más se veía a la distancia cuando nuestros delfines (las toninas) pescaban en círculo antes de que terminaran parcial o totalmente con ellos (no me cansaré de denunciar esto). También se alzan descubriendo, no se sabe cómo, que algún chacarero está arando y poniendo al descubierto insectos y gusanos cavadores.

Pero no me cabe duda que como los benteveos, las gaviotas acosan los nidos de otras aves y en la Isla de las Gaviotas las he visto persiguiendo ratoncitos de campo. En fin, no es su culpa que sean aves de rapiña: el águila es tan rapiñera como ella y a nadie se le ocurre ponerse acusador. ¿Te imaginás una bandada de águilas en la Playa Malvín? Pero ¡las ballenas! ¡No me toquen  cosas sagradas!

Eso es lo que pensaron en Chubut, donde las gaviotas no dejan en paz a las ballenas del Golfo Nuevo, razón por la cual las persiguieron con rifles de aire comprimido. No sirvió de nada; el ave caía y pocos instantes después estaba de nuevo picoteando cetáceos pues el balín había rebotado en su plumaje o alojado en sus entrañas sin darles muerte.   Se puede ser cruel e inútil en ambos sentidos. ¿Nadie se había fijado en la coraza de plumas impermeables que tienen las gaviotas?

Ahora, ¿vos te creés que los de Chubut actúan por solidaridad con las ballenas? No te equivoques, lo hacen porque las ballenas son desde hace tiempo un recurso turístico de la zona y si las siguen picando las gaviotas, no hay duda de que cambiarán de ruta migratoria. Lo cual las puede traer directo a Punta del Este, o seguir de largo hacia el Pacífico donde encontrarán otras gaviotas menos malditas. ¿No convendría que durante la temporada de ballenas se les ofrezca otra alimentación para ver si cambian de dieta?

Isla de Flores e Isla de las Gaviotas, los dos grandes criaderos de gaviotas de Montevideo, donde el ave tiene costumbres que no hieren nuestra sensibilidad. Los uruguayos, siempre tan educaditos.

“Como un pañuelo que flota

en el adiós de los puertos,

sobre los mares desiertos

pasa lenta una gaviota.”

 Juan Burghi

No te voy a aburrir con nombres en latín, pues las distintas variedades son tan semejantes que hay que tener el ojo educado para diferenciarlas. Si Darwin nos lo permite, bien podría intuirse que cuando todavía no habían aprendido a refugiarse en la costa y aplastarse contra el suelo en medio de un temporal, los grandes vientos las dispersaron por todos los continentes y, camada de huevos va, camada de huevos viene, algunas tuvieron cambios más de orden estético que por otra cosa, porque los hábitos son  parecidos, sea cual sea la latitud.

Si querés saber más sobre estas y cualquier otra ave que habite nuestro país, no vaciles en acudir a http://www.avesdeuruguay.com/charadriiformes.htm . Ahí aprenderás que tenemos o nos visitan, cuatro especies de gaviotas: cocinera, cangrejera, capucha gris y capucha café, además de un montón de gaviotines y el maravilloso albatros. En este video tenés a la gaviota cocinera que es una de las más comunes:

Imagen de previsualización de YouTube

http://www.youtube.com/watch?v=J2yRlsoJ-BA&feature=player_embedded

Y en este otro podés ver a la gaviota capucha café, que no es frecuente al menos en las playas montevideanas.

Imagen de previsualización de YouTube

http://www.youtube.com/watch?v=hYPnHpq_xAM&feature=player_embedded

Casi todas las gaviotas son monógamas y para toda su vida, aunque viven en bandadas y tienen una estructura social muy desarrollada. Macho y hembra comparten la responsabilidad de incubar y alimentar a sus crías, todo lo cual no merece más que elogios; parece evidente que el problema con las gaviotas se relaciona con su abundancia en exceso y con la necesidad de obtener alimento. ¡Viejo y querido Malthus mirá por dónde reaparecés!

Si la población de gaviotas se acompasa con la existencia de su alimentación natural, a estas aves no les sería necesario atacar ballenas, personas y otras aves, pero ya se sabe que el hambre es mala consejera. Estas son cosas que deberían considerar los conservacionistas a toda costa, pues la naturaleza necesita equilibrios justos.

En el caso de ellas, los pichones demoran hasta cuatro años en tener la apariencia perfecta de un adulto. La diferencia de coloración que apreciamos en una bandada, a veces se debe a las cruzas espontáneas, pero la mayor parte de las veces se debe a que en esos cuatro años antes de llegar su etapa adulta, el pichón experimenta cambios de color. El ave vive hasta 36 años según indica la Wikipedia, pero se conocen casos de gaviotas en cautiverio que llegaron a los 40.

Volvamos a los aspectos poco simpáticos de las gaviotas. Son tan inteligentes o tan adaptadas al medio, que cuando escasea la comida son capaces de atacar otra colonia de gaviotas destruyendo sus huevos y pichones hasta acabar con ellos o lograr que abandonen el lugar que ellas ambicionan poseer.

No seamos solidarios solo con las ballenas, he aquí una sugerencia para los cangrejos que no le hacen mal a nadie y todos les tienen bronca:

Imagen de previsualización de YouTube

http://www.youtube.com/watch?v=ycpevIXB4z8&feature=related

Y no nos olvidemos que si las observás con atención, podés obtener algún provecho. El flaco Parodi, compañero de aventuras juveniles en la Isla de las Gaviotas, era un infalible predictor meteorológico. Si las veía salir de la isla, dar vueltas en altura y posarse todas en la playa, entonces se ponía a buscar un hormiguero. Si las hormigas se afanaban poniendo sus huevos a resguardo de una lluvia muy intensa, entonces el flaco daba la orden de que todos subiéramos en estampida a las canoas para volver a la costa antes que nos agarrara el temporal que llegaba antes de dos horas. Grande flaco, ¿por dónde andás?

Otras fuentes de información e ilustraciones:

http://www.redargentina.com/faunayflora/aves/gaviota.asp

 

http://www.opisantacruz.com.ar/home/2012/09/28/fracaso-el-combate-contra-las-gaviotas-los-rifles-de-gas-comprimido-no-son-eficaces/15047