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Ls tanos emigran de Nueva York

Es una pena para el turismo, pero es un buen síntoma de integración.

La guetización de las ciudades es la extensión de un perverso invento medieval fundado en  la intolerancia y la xenofobia: la ciudad necesita a los emigrantes, pero no quiere convivir con ellos. De manera que se van formando barrios cerrados donde los recién llegados resisten la aculturación. Eso en el caso de que no sean recluidos allí a la fuerza. Pasó en todas las ciudades receptoras de inmigrantes, desde la enorme y policultural Nueva York, hasta nuestra pequeña Montevideo, donde la calle Durazno o el barrio Palermo, señalaban algo más profundo y repudiable que un nomenclátor geográfico.

Ese fue el caso del gran conglomerado urbano conocido como Little Italy, del cual alguna vez se dijo que allí vivían más italianos que en cualquier ciudad de Italia, salvo Roma. La aseveración era inexacta: la segunda ciudad mundial en cantidad de italianos era Buenos Aires en aquél entonces.

El impresionante movimiento de Little Italy cuando Nueva York estaba todavía en construcción.

Y seamos francos, hay mucho de xenofobia, pero también hay un instinto culturalmente gregario de la gente que se siente cómoda y protegida entre los suyos. Lo cual es natural, aunque poco generosa con la ciudad que los acoge. Como mérito yorugua, apuntaría que jamás hubo guetos de uruguayos en ningún lugar de nuestra diáspora… y no fue por falta de quorum, sino porque se las arreglaron para armonizar con todos sin necesidad de atrincherarse.

Pues bien, los tanos que emigraron de la península, ahora también emigran de Little Italy y hasta de Manhattan. Se van para los suburbios, para Brooklyn o para cualquier lugar de Estados Unidos y ya no se disfrazan con mostacholes para vender pizza o pasta como patéticas caricaturas del tano auténtico. Cantan como Frank Sinatra, se ponen ambos elegantísimos, infartan corazones con sus minifaldas, escriben en los diarios y revistas más selectos, actúan en Hollywood o hacen lo que les dé  la gana, pues bien se lo ganaron.

Los más recomendables según la web oficial del barrio

A los tanos disfrazados de tanos se los puede ver en algunos restaurantes de Little Italy orientados a los turistas que van allí exigiendo lo único que entendieron: spaghetti, pizza y canzonetta. “¿No se sabe Torna a Sorrento?” le preguntan al mozo mientras sacuden tarjetas de crédito de todas las latitudes. Y el mozo les toma el pelo y les da lo que se merecen.  Pero mirá que hay excelentísimos restaurantes italianos en Little Italy, como también los hay en Buenos Aires… y los de Montevideo no les ceden ni un centímetro. Para disfrutar de una buena gastronomía, solo tenés que escoger un local que no esté ambientado para captar a esos tipos que nunca entenderán lo grandiosa y sabrosa que es Italia.

Imagen de previsualización de YouTube

En este video te recomiendan los mejores restaurantes de Little Italy, pero el editor no se hace responsable.

http://www.youtube.com/watch?v=6OePNhR2hGk

Así que cuando estés en  Nueva York, no dejes de darte una vuelta por este barrio porque se está extinguiendo y es una lástima; pero todavía conserva una decena de manzanas bastante folklóricas. Acá se nos terminaron hace rato los italianos con pantalones de pana y herramientas de albañilería, masticando un habanito  “fiume” que encendían de a ratos. O que como aquél tano de Gardel que le daba todo el día “que ti, que tu, que tape”, para que el hijo se hiciera doctor… e ingrato.

Gente noble aquellos emigrantes que levantaron los rascacielos de Nueva York desafiando la muerte para dar de comer a su familia. Cierto que algunos derivaron hacia la “cosa nostra”, pero mirá que también allí hubo mucha fantasía ¿o te creés que los carilindos irlandeses eran siempre unos santitos como todavía nos quiere hacer creer Hollywood?

Informa la Wikipedia que antiguamente el barrio incluía las calles Elizabeth, Mott y Mulberry al norte de la calle Canal, así como el área circundante. A medida que los italo-americanos se iban mudando grandes partes del barrio fueron absorbidas por Chinatown. La parte norte de la Pequeña Italia, cerca a la calle Houston, también dejó de ser reconocible como entorno italiano, y finalmente pasó a ser el barrio conocido como NoLIta,  una abreviación de “North of LittleItaly”.

Actualmente la única zona que aún se puede reconocer como “La Pequeña Italia” es la sección de la calle Mulberry entre Broome y Canal,  llena de restaurantes italianos cuyos clientes son en su mayoría turistas. Será casi un espectáculo para turistas, pero es muy recomendable y colorido; esos tanos son muy simpáticos y si les caés bien, te pueden traer algún plato que tienen reservado para sus paisanos. Fue por allí donde gracias a eso, me mandé unos fungí ripieni gratinati que todavía puedo saborear si cierro los ojos.

Si tenés la suerte de estar en Manhattan en setiembre, deberías darte una vuelta por la calle Mulberry entre Houston y Canal en alguno de los once días que dura la Fiesta de San Genaro, que acá no le da tiempo para llorar sangre habiendo tanto chianti a disposición. La calle se cierra durante todos esos días, se instalan puestos callejeros de comida y de dulces y el domingo, a las 14.00, comienza la procesión con San Genaro al frente.

Una buena idea podría ser la de almorzar por allí, visitar los puntos más interesantes y apenas se pone el sol, rumbear hacia los vecinos barrios de TriBeCa (Triangle Below Canal Street) o Soho (South of Houston Street), nomenclaturas modernas para barrios que en sus inicios también ampararon colectividades de inmigrantes y hoy desbordan de bohemia, exposiciones y buen gusto… además de pubs que no podrás olvidar por mucho tiempo.

En fin,  acá no te deberías perder la Antigua Catedral de San Patricio, en la esquina de Mott y Prince, construida en 1803 y reconstruida en 1868 luego de un incendio. Fue la catedral de Nueva York hasta que en 1879 terminaran la magnífica catedral de San Patricio en la Quinta Avenida. En la esquina de Houston y Lafayette deberías detenerte ante el edificio Puck, que tiene valor en sí mismo, pero más la tiene porque originalmente acogió la redacción de la desaparecida revista “Puck Magazine”, una de esas publicaciones que explican la fama internacional del periodismo estadounidense.

Te queríamos sacar la idea de autenticidad, pero tampoco queríamos hablar mal de un barrio muy simpático donde realmente hay muchísimos descendientes de italianos que disfrutan posando de italianos, pero además lo son.  Si quisieras hacer un tour auténticamente tano por Nueva York, hay quienes recomiendan Howard Beach en Queens o Bensonhurst en Brooklyn, aunque Staten Island reclama ser el más italiano de los distritos neoyorkinos, con un 40% de descendientes. Casi, casi, tantos como Buenos Aires.

Acá tenemos tanos, pero nuestra especialidad salvando la madre patria, fue la  numerosa inmigración francesa de fines del siglo XIX. El afrancesamiento continuó y fue muy lucido, aunque cesó casi por completo durante  las dos sangrientas y absurdas guerras fratricidas de nuestro tiempo de Tierra Purpúrea.

http://www.littleitalynyc.com/

https://www.facebook.com/MulberryStreetLittleItalyManhattan/timeline