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Anacahuita, Gualeguay, Guayubirá, solo falta que cebe mate

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¿Y si les digo que Anacahuita es una palabra nahuatl que nada debería relacionarla con nuestro querido y milagroso arbolito?

Como para entrar en tema y sin hablar de su belleza y su sombra: las abejas se enloquecen con su polen, su resina y su néctar. Cuando enjambran, lo eligen para la primera parada. Y te puedo asegurar que las abejas saben lo que hacen desde hace más de doscientos millones de años.

Hay recetas con este arbolito para curar cualquier cosa, menos la credulidad, esa pandemia que siempre o en algún momento de la vida nos ataca a todos, sin exceptuarme. Lo nombro indistintamente Guayubirá, Gualeguay o Anacahuita, porque entre uruguayos no tenemos nomenclatura definida para este árbol de la familia de los molles. Acá es más frecuente referirse a él como Anacahuita, lo cual debería merecer una disculpa a nuestro protagonista de hoy. Porque Anacahuita es una palabra Nahuatl que identifica a un árbol oficialmente denominado en México como Cordia Boissieri… y en Estados Unidos como ¡olivo de Texas! ¿Una incongruencia en las fuentes? Podría ser, porque nuestro error está demasiado expandido y aceptado… pero no encontré nada a favor de que los equivocados fueran los mayas. Difícil ¿no?

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La anacahuita nauhatl, nada que ver.

Por ahí te dejo la imagen para la verguenza, ¡de dónde sacamos ese nombre mexicano para un árbol gauchito!  Sin embargo, seguiré usando la nomenclatura popular solo para que sepan de qué estoy hablando… y además, porque hay una enorme nube de conocimientos contradictorios. En la bibliografía no se menciona un arbol en todo semejante que también en Estados Unidos denominan California Pepper Tree.

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Pimienta Rosa en primorosos frasquitos. ¿En Uruguay? Claro que no, en España

Y te diré más: está a la moda, porque tiene sexualidad bastante ambigua. Rechazo esta vez muy en serio el nombre de “Falso Pimiento”, pues nuestro querido arbolito no quiso hacerse pasar por nadie: quizás la verdadera pimienta es la que lo imitó a él. Él no necesita copiarle a nadie para ser un árbol impresionante en muchos sentidos. Su sabroso fruto, que se puede masticar al pie del árbol e inunda el paladar con un aroma especial, suele recibir el nombre de pimienta rosa o pimienta rosada.

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Para que no creas que soy un fanático sin remisión, te informo primero de las malas cosas que también tiene, empezando porque atrae a esos pulgones que ordeñan las hormigas locas y que producen espuma. Recomiendo no estacionar el auto a su sombra porque al cabo de unos días odiarás los pegotines de resina que te fue dejando en su tarea cotidiana de evitar que otras plantas le ocupen su hogar en este mundo. Con esa resina ahuyenta a vegetales enemigos y atrae insectos que necesita para que hagan lo que él no puede: desplazarse. También te desaconsejo que uses su leña en la estufa porque te llena de hollín la chimenea… pero hay quienes aseguran que su brasa (muy poco duradera) le da buen aroma al asado. Y acá se acabaron las molestias, en adelante vienen las cosas recomendables en grado sumo.

Como digo habitualmente, yo no soy experto en otra cosa que en recopilar y tratar de hacerte más amable la pesquisa de conocimientos. Esto es entretenimiento, no investigación. De manera que confieso sin rubores haberme guiado con lo que encuentro en mi querida Wikipedia, en las fuentes que me regala Google y muy especialmente, en un trabajo formidable de Ricardo Carrere para una web también admirable: Guayubira.org.uy.

Así que te cuento que estamos ante un molle (Schinus molle); es uno de ellos, todos espectaculares. El aguaribay/gualeguay es gauchesco por donde lo mires; crece de manera natural en Uruguay, sur de Brasil, la Mesopotamia y la pampa argentina. Puede medir hasta 8 metros de altura, aunque en condiciones óptimas se los ha encontrado de 25 metros. Parece que algunos autores le niegan su esencia gauchesca, confundiéndolo con una especie similar (schinus areira), quizás oriunda de Perú, presente también en Argentina, Chile y extendida al norte hasta México.  Schinus Aguaribay 1

Eso es de manera silvestre… porque cultivado se lo encuentra en todo el mundo debido a su belleza en jardinería, su longevidad, rápido crecimiento y resistencia a las sequías. Por esa razón se lo puede ver en abundancia en las provincias más cálidas de España… porque también tiene una contra: sufre mucho con las heladas. Hay lugares como África del Sur y parte de Australia, donde encontró condiciones ambientales tan propicias, que se transformó en una especie invasora.

En Uruguay es el árbol decorativo popular por excelencia, tanto que si uno de ellos crece en tu jardín o  en tu patio trasero, podría oficiar de carta de ciudadanía junto al termo y el mate. Lo afirma Ricardo Carrere en ese estudio que tanto elogié “en cuanto centré mi atención en la anacahuita descubrí que estaba por todos lados: en rutas nacionales, avenidas, calles, parques y jardines particulares. Bastaba buscarla para encontrarla”. Dice Carrere, “y lo más interesante es que en la gran mayoría de los casos quienes la habían adquirido y plantado eran los propios vecinos”. La Intendencia de Montevideo no la usa en las calles porque tiene follaje perenne y porque su copa crece mucho horizontalmente, afectando los frentes de las casas. Si las usa por su valor ornamental, en plazas y parques.

Entonces, ¿cómo es que vemos Aguaribays en las veredas? se pregunta Carrere. Y concluye que los uruguayos y los montevideanos no somos una excepción, nos volvemos locos por las anacahuitas. “Casi no existe calle que no tenga una o muchas plantadas y cuidadas por la propia gente. Dado que esta especie es muy fácil de reconocer durante todo el año (puesto que no pierde la hoja en invierno), invito a quienes lean este trabajo a hacer la experiencia de buscar anacahuitas y se llevarán la misma sorpresa que me llevé yo acerca de la enorme popularidad de la misma. Luego de constatar el hecho, comencé a detenerme a conversar con vecinos frente a cuyas casas había una anacahuita plantada y a preguntarles si ellos la habían plantado y acerca de las razones que les llevó a hacerlo. En todos los casos constaté que alguien de la familia la había plantado y que sus motivos eran muy similares”.

“Todos destacaron que lo hicieron por dos razones principales: por su rápido crecimiento y porque da buena sombra. A eso se sumaban en algunos casos otras motivaciones, como por ejemplo, de ser un árbol “limpio”, o sea, que la vereda no se cubre de hojas que haya que barrer 3 (como en la mayoría de los árboles plantados por la Intendencia), que sus frutos no “ensucian” (como los del paraíso por ejemplo), que no cría “bichos” (como la tipa y el olmo). Como elemento adicional, algunos vecinos resaltaron la belleza de su follaje, de sus flores y de sus racimos de frutos, así como sus propiedades medicinales. Adicionalmente, es muy frecuente encontrar anacahuitas en jardines particulares de toda la ciudad. Ello se debe no solo a la popularidad de esta especie entre la gente, sino también a que su uso en jardinería es recomendado en prácticamente todos los trabajos que hacen referencia a la misma”, agrega el autor y cualquiera puede comprobarlo.

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En el casco histórico de Colonia del Sacramento, justo el lugar elegido para un paseo peatonal, era tambien el hogar de un gualeguay. En lugar de derribarlo, le construyeron algo que si te ponés en feérico, podría ser un altar botánico.

Con el ombú y el higuerón, la anacahuita completa la trilogía del divino panteón arborícola de los uruguayos. Son los únicos árboles que respeta la piqueta del progreso y la arquitectura devoradora; las calles hacen un rodeo para no tener que derribarlo, como el ombú de bulevar España; los edificios escolares lo protegen como el mejor playground del mundo, como en la Escuela Noruega, en la calle Pereira, sentada en cuyas raíces merendaba mi abuela en el siglo XIX y sigue tan campante. En el caso del Aguaribay, es excepcional el caso de la Torre de los Profesionales, en Yaguarón y Colonia. El edificio es enorme, moderno y “Smart” para calificar las comodidades de una construcción “inteligente”, pero cuando lo planificaron, resolvieron respetar religiosamente a la enorme anacahuita.

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Le hicieron caso a Muñoz quien muchos años atrás refería a este ejemplar ubicado en un baldío en pleno centro de la ciudad, que temía su exterminio por la edificación. Pues acá los arquitectos y propietarios merecen una felicitación, salvaron al árbol y crearon un patio interior de singular belleza donde reina como ya se le dice,  “la Madre de todas las anacahuitas”. Pero Carrere corrige, es el “Padre de todas las anacahuitas” porque no produce frutos.

Y enseguida nos ilustra, explicando que la anacahuita es una especie “polígamo dioica”. De acuerdo con Lombardo (1979), esto significa que algunas de sus flores son hermafroditas (con ambos sexos) en tanto que otras son masculinas. Por eso te digo lo de la bisexualidad del aguaribay. Las hermafroditas y las masculinas están “separadas en distintos pies” (o sea, en distintos árboles). Dado que las flores masculinas no pueden dar frutos (que solo se producen a partir de flores femeninas), se concluye que un árbol sin frutos es un ejemplar masculino. Si bien este ejemplar es sin duda el más grande de Montevideo, Muñoz mencionaba en 1992 la existencia de “un individuo que vive en la ciudad de Mercedes, Dpto. de Soriano, en la casa del pintor Cabezudo. Es el ejemplar más grande que hemos visto, de dimensiones excepcionales podemos considerarlo como una maravilla de la naturaleza. Su edad se asegura en 140 años”. Aunque no he podido comprobarlo personalmente, un funcionario del Servicio Médico Integral, que conoce la anacahuita de la Torre de los Profesionales (que se encuentra en las inmediaciones de su lugar de trabajo), me informó sobre la existencia de un ejemplar aún más grande en Bella Unión.

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Una demostración de que los uruguayos somos rebeldes al catolicismo pero sorprendentemente afines al animismo en forma de árbol, es no solo este cuidado, sino nuestra devoción. El Chef Montes de Oca fue convocado para crear un restaurante en ese patio interior de la Torre de los Profesionales y en lugar de ignorar al ejemplar como haría un cocinero de cuarta, no solo le puso el nombre de “Anacahuita” a su restaurante, sino que lo incorporó al menú. Toma las semillas, las deshidrata a horno lento para que pierdan la resina y resalten su sabor semejante a la pimienta, pero más aromática y con un dejo que en un delirio patriótico podríamos identificar con auténtico sabor yorugua. Eso es lo que el comensal encontrará en el molinillo de pimienta.

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…Pero también forma parte del recetario, particularmente de la suprema de pollo con peras glaseadas. Y describo lo que el autor transcribe de una nota de El País: “en el centro de una olla grande se coloca un plato forrado en papel de aluminio, y allí va carbón al rojo vivo. Encima de la brasa se colocan ramitas de anacahuita, mientras recostadas contra las paredes interiores de la olla se ponen las supremas, atravesadas por palitos tipo brochette. Se tapa, se prende y el humo que larga logra que la carne se impregne del sabor de la pimienta. Terminado el proceso de ahumado, se cocina a la plancha. Por otro lado se hierven peras cortadas a la mitad y sin semillas. Una vez prontas, a la misma agua de cocción se le agrega miel y se deja en reducción para elaborar un almíbar, que luego se verterá sobre las peras glaseadas. En Anacahuita, este plato se acompaña con un bouquet de verdes y brotes de soja”.

Se menciona el uso de esta “pimienta” de anacahuita, en la preparación de mortadela, longanizas y otros chacinados, no solo porque es virtualmente “gratis”, sino porque aporta un sabor personalizado. Lo mismo ocurre en Argentina.

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La forma de preparar la pimienta es muy sencilla. Se cosechan los racimos de frutos cuando están de un color rojo-amarronado, lo que indica que están bien maduros. Se separan los frutos individuales y se retiran los restos de hojas que pueden haber quedado. Se dejan secar al sol hasta que la cáscara que envuelve las semillas se vuelva  quebradiza entre los dedos. Una vez bien secos, se frotan los frutos con las manos hasta que la semilla quede sin cáscara. Mediante simples soplidos o con un secador de pelo se aventan los restos de cáscara hasta que solo queden las semillas. Se colocan en una bandeja y se hornean a unos 100 grados durante 10 minutos. Luego se guardan en un envase y los granos se muelen en un molinillo. Dado el color que adquiere, ha recibido el nombre de “pimienta rosa”. Como pimienta no es muy picante, pero lo que sí tiene es un fuerte y particular aroma. Además de su uso en guisos, el agregado de un poquito de esta pimienta en ensaladas les da un toque muy especial, dice Carrere.

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Pero ese no es el único ni el mayor beneficio de nuestro árbol. Por experiencia propia te diré que difícilmente la farmacología tradicional pueda ofrecer un mejor alivio para la tos y la obstrucción de los bronquios. Hay muchas recetas por allí, te daré la mía que por obvias razones no menciona Carrere (aunque es parecida a otras que sí menciona, pero no me consta que sean tan curativas como la mía). Sacás unas ramitas de gualeguay sin los frutitos, las lavás y las ponés en una cacerola junto con abundante azúcar para caramelizar la mezcla. Agregás agua y obtenés un jarabe para la tos, riquísimo y eficiente.

Nuestro brillante botánico Lombardo documenta según Carrere otra serie de propiedades medicinales que se atribuyen a esta especie: “El cocimiento de la raíz en proporción de 10 gramos en un litro de agua se emplea en las enfermedades de los riñones. La corteza de la raíz seca y pulverizada se emplea en enfermedades de la piel y grietas del seno. La infusión y la decocción de sus hojas en la proporción de 10 al 20 por mil da buenos resultados contra la bronquitis. Dos o tres hojas de ‘anacahuita’ en una taza de leche hirviendo a la que se le adicione azúcar quemada es excelente remedio contra la tos y los resfriados. En la piorrea y dientes flojos se usa el cocimiento de las ramillas jóvenes. Su resina, seca y pulverizada, si se aplica sobre las heridas las desinfecta y las cierra”.

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Además, Lombardo cita a Arechavaleta diciendo que “la resina que segrega este árbol es utilizada por la medicina europea y conocida allí por el nombre de Mástic americano”. Por su parte, Blanca Arrillaga documenta los siguientes usos; “a) Las hojas se usan en infusión al 5% como emenagogo [que estimula o promueve el flujo menstrual]. b) La decocción de frutos se usa como antiséptico local en la blenorragia y leucorrea. c) El aceite esencial se administra en cápsulas en la blenorragia. d) La gomo-resina se emplea en jarabes como antiséptico de los bronquios en catarros.”

Alonso aporta información química y farmacológica: “La hoja contiene flavonoides, antocianidinas y triterpenos. El aceite esencial de los frutos contiene principalmente mono y sesquiterpenos”. Agrega que “se demostró la acción emenagoga de la infusión de las hojas y el poder bactericida de su aceite esencial”. Una fuente peruana destaca que su capacidad curativa de muchas dolencias le mereció a esta especie el nombre de «sanalotodo»

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Una abeja recolectando resina y otra protegiendo su descendencia con propóleos.

Eso es lo que decimos nosotros, los humanos. Si pudieran expresarse, las abejas dirían mucho más… a pesar de que no se menciona al aguaribay entre las especies melíferas en muchos tratados especializados. No es el caso del Grupo Apícola Malabrigo de Argentina, que destaca la atracción de las flores tanto por el néctar, como por el polen. Tanto es así, que en Entre Ríos promueven una “Miel de Aguaribay”, que las abejas elaboran sirviéndose exclusivamente de nuestro arbolito. Es de color ámbar y tiene alta demanda. Los apicultores uruguayos se conocen al dedillo a la anacahuita y su aporte de la producción de miel… pero no se señala la comercialización del producto como monofloral, como se hace con el girasol y con los cítricos. Quizás es un problema de dimensión de mercado.

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No vayas a creer que nuestros apicultores están menos preparados, todo lo contrario. Son enciclopedias ambulantes y aportan conocimientos extraordinarios sobre la anacahuita. El árbol es de corta floración, pero cuando está florecido, lo rodea una nube de abejas. No los atrae solo la miel y el polen, también vienen a buscar su resina, que integra su receta para elaborar propóleos… de ahí el efecto medicinal de este producto. Quizás también es la resina y otros aceites esenciales del Gualeguay (y de la chirca, ese aparente estorbo), lo que agrega efectos acaricidas quizás capaces de combatir la plaga de Varroa que afecta gravemente a las abejas.

Los agricultores tampoco duermen la siesta de la ignorancia y utilizan al aguaribay porque su resina es un eficaz insecticida, repelente y fungicida. Con su principio activo protegen los depósitos de papa y a un macerado de hojas y frutos (100 g por litro de agua durante 10 días) lo usan para combatir a las hormigas y los pulgones. Aseguran que una ramita espanta a las moscas, razón por la cual la plantan cerca del parrillero. Ni te cuento de la preferencia del ganado por su sombra.

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No es fácil conseguir anacahuitas en los viveros, algo inexplicable porque clientes deberían existir. Pero la bibliografía asegura que se pueden obtener plantines sembrando la semilla en una macetita en primavera. Un año después tendremos un arbolito de más de 50 centímetros y a partir de allí es bueno que te mantengas alejado, porque te puede pasar como a Juanito, el niño del cuento de los frijoles mágicos que en una noche llegaron al cielo. Muy a mi pesar tuve que cortar un aguaribay que tenía en mi casa de veraneo porque, aunque lo podaba a muerte cada invierno, en el verano las ramas amenazaban con romperme el techo… crecía de manera imparable y vertiginosa. Aconsejan remojar durante 24 o 48 horas las semillas (los granitos de “pimienta”) antes de sembrarlos, cosa que puede hacerse hasta diciembre.

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Un detalle interesante son los cambios que se producen en su corteza: “las ramillas jóvenes la tienen de color verde que poco después pasa a ser rojizo; al desarrollarse un poco más adquiere un color amarronado y sobre la misma aparecen una serie de puntos amarillentos (llamados “lenticelas”) Mediante podas se le puede dar la forma que se desee; yo tengo uno de copa redondeada debajo del cual he vaciado varios termos y digerido varios libros en una reposera que se arma sola en mi lugar preferido. Te voy a confesar que por momentos el arbolito lagrimea un poco de resina en forma pulverizada… a mí no me molesta salvo que se intensifique. Por el contrario, me pone a salvo de mosquitos y moscas.

Mi salón de lectura vegetal es del género masculino… de manera que no me da frutos. Pero me regala un follaje (perenne) de cambios permanentes de forma y de color, pasando de ese verde tan característico, a una sucesión de manchas rojizas. Cuando está pronto para su apareamiento a distancia, la copa está tan repleta de polen que si sacudís el tronco se produce una nube tan considerable que hay que tomar distancia, ¡árbol calentón!

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Quizá se embriaga a sí mismo, porque con la variante peruana que acá debería producir lo mismo, los incas hacían (y hacen) una bebida alcohólica que llaman chicha de molle, aprovechando la cáscara de la semilla, que tiene un sabor dulzón pasible de fermentar. Debe suponerse que nuestra anacahuita es semejante también en estas cosas, por lo que si no hubiera en el mercado la abundancia de productos que hoy tenemos, podríamos como los indígenas andinos, usar el follaje para preparar abono orgánico, goma de mascar, tintura para teñir de amarillo y con la resina hasta hacer jabón. Los fabricantes la usan para hacer barnices, fijador de pelo, aromatizante de enjuages bucales y dentífricos, lociones, talcos y desodorantes. Y esto es solo el principio… los entendidos aseguran que el aguaribay todavía guarda grandes tesoros para el ser humano.

¿Te había dicho que la corteza y su resina tienen propiedades cicatrizantes, que las hojas hervidas sirven como analgésico y antiespasmódico y que las hojas secas al sol se pueden usar como cataplasmas para aliviar el reumatismo y la ciática? ¿No? Entonces te lo digo y remato esto que ya está demasiado largo con una pregunta que te hago. ¿Por qué diablos estás a punto de comprar un arbolito oriundo de latitudes estrambóticas cuando tenés este bien campero, más lindo y tan servicial que solo le falta cebarte el mate?

Guillermo Pérez Rossel

http://guayubira.org.uy/monte/Anacahuita.pdf

tp://www.guayubira.org.uy/monte/Anacahuita.pdf

https://selectree.calpoly.edu/tree-detail/cordia-boissieri