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Homenaje al que más sabe

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Conversando dentro de una choza de estiércol en Kenia o sobre un tatami en un hogar de Japón, uno descubre que las diferencias culturales no son más que una colección de tonterías y que aunque uno presume de objetivo, está repleto de prejuicios.

Para comprobar que para bien o para mal, los hombres de todas las latitudes y todas las apariencias somos absolutamente iguales y mucho más amistosos de lo que parecemos, basta viajar con los ojos y la mente abiertos. Decenas o cientos de miles de personas en el ancho mundo aprendimos a viajar y pudimos viajar sin ser asquerosamente ricos, gracias a Arthur Frommer.

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¿Sabías que si andás distraído podés pasar a cien metros de la Fontana de Trevi sin advertir que te la estás perdiendo o que frente a esa fontana hay un restaurante de pastas que no es artificialmente folklórico sino que está lleno de tanos dándole duro a  la mejor y más barata pastasciutta de Roma?

Yo (el editor) le debo a Frommer esa recomendación y algunas otras, como una pensión bien baratita en Florencia, donde ocupé la habitación en que se alojó Stendhal o me ahorré muy buena plata aprovechando los viajes nocturnos en litera con el conveniente Eurailpass. Eso no lo encontrás ni en Airbnb, ni en Booking, ni en Civitatis… sin desmerecer a esas plataformas superpopulares de hoy, pues también tienen lo suyo.

el de madrid y el de munich

El de Madrid y el de Munich

Por Damián Argul

Creo que en el fondo todos viajamos para conocer y ya que estamos, disfrutar. Por eso en Munich te deslumbrará el autorretrato de Durero de la Alte Panakothek y disfrutarás  una cerveza en Horfrbäuhas; en Japón la perfección del el Monte Fuji (cuando lo podemos ver sin nubes) o recorrer Park Avenue de Nueva York. Todas esas son verdaderas maravillas, viajando aprendemos y se nos abre la mente.

Esto nos dice Arthur Frommer, escritor periodista y editor de viajes, que a los 90 años nos recuerda “como los viajes cambiaron mi vida” haciendo la relación de algunas experiencias vividas en más de 100 paises, a lo largo de 40 años e incontables millas recorridas.

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No hace referencias a su visita al Partenón o a las Cataratas del Iguazú, ni a los espectaculares shows de Las Vegas, ni a una cena en el restaurant de Alain Ducasse en la Torre Eiffel. Son pequeñas, sencillas experiencias como las habrá vivido cualquier viajero, experiencias de esas que dejan grandes enseñanzas.

Y en ellas nos recuerda que en esta época de encierro obligatorio la experiencia de viajar es un antídoto, ya sea por los recuerdos, ya porque viajar en internet es casi gratis y no puede uno contagiarse de otra cosa que del embeleso.  “En cada viaje a cualquier lugar, en un entorno desconocido, entre personas nuevas y diferentes, la consciencia cambia y desarrolla nuevas creencias.

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Todos somos iguales

“Reunido con una familia masái en una choza con paredes de estiércol en Kenia,  o cenando con  una joven pareja sentado sobre un tatami (esterilla), con las piernas cruzadas en Japón, la señora masai y la joven japonesa expresan, intérpretes mediante, sus mismas preocupaciones por
la educación de sus hijos.

“Viajar me ha enseñado que, a pesar de todas las diferencias exóticas en la vestimenta y el lenguaje, de las creencias políticas y religiosas, que todas las personas del mundo son esencialmente iguales. Todos tenemos los mismos impulsos y preocupaciones, todos anhelamos los mismos objetivos.

Y los que admiran a otras personas, o demonizan a aquellos con quienes no están de acuerdo, o los consideran estrafalarios o atrasados, son realmente tontos. Todavía no han aprendido las lecciones de los viajes.

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Las cinco moscas, o si preferís: d’Vijff Vlieghen

 

Todos nos consideramos únicos, los mejores.

“En el bar de un café de Ámsterdam, hablando con un amigo holandés que me cuenta, que un teletón nacional recaudó el equivalente a unos 40 millones de dólares para la investigación del cáncer. “Solo en Holanda”, asegura, “se podrían obtener esos resultados”. Pero es fácil comprobar que lo mismo piensan en otros lugares del mundo ante casos similares.

“Todos nos consideramos los mejores, todos creemos con gran sinceridad en la superioridad de nuestra propia nación y cultura, en comparación con los demás. ¿Con qué frecuencia has escuchado a los políticos proclamar que esta o esa nación son las mejores del mundo? Viajar te libra de ese petulante chovinismo; te expone a los mejores de todas las tierras y te pone claramente incómodo, como lo hace ahora para mí, cuando luego regresas a casa y escuchas a las personas proclamar que su propia nación es mejor que todas las demás.

Nada de lo que pasa en el mundo me es ajeno 

“A principios de los 80, en un amplio bulevar de Zagreb llega una sucesión de grupos risueños y disfrazados alegremente, en  festival nacional de danza folclórica de Yugoslavia. Musulmanes y cristianos, croatas y serbios, celebrando en completa armonía. Visitando Irlanda del Norte el mismo vínculo íntimo con los protestantes y los católicos, el apogeo de los conflictos (The Troubles), y con personas de Egipto e Israel, a las que una vez conduje grupos de turistas

“En años posteriores, y debido a los viajes, los recuerdo como presencias físicas distintas, no como abstracciones. Me enfermo físicamente cuando leo sobre la violencia entre ellos. Viajar hace que sea imposible no prestar atención a los sufrimientos de los demás, simplemente porque están lejos. Borra la distancia y te convierte en un ciudadano más sensible del mundo, anhelando la paz en todas partes.

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Crecemos enfrentando a nuestros opuestos.

“Estoy en una comunidad residencial de yoga. Y aunque el discurso del gurú está directamente en desacuerdo con mi pensamiento racional habitual, me encuentro disfrutando y saboreando este choque de nuevas ideas.

Otra vez estoy en un “centro de crecimiento personal” en California en una clase de “terapia de encuentro”. Me han dicho que debo estrechar la mano del anciano caballero frente a mí, mirarlo profundamente a los ojos, desearle lo mejor y darle un abrazo de oso. Y aunque inicialmente no me gusta hacerlo, siento una oleada de vergüenza por haberme permitido controlarme tan emocionalmente que no me permite ofrecerle simpatía a otro ser humano.

“Viajar te expone a ideas, estilos de vida, teologías y filosofías que desafían tus creencias más preciadas.  Te saca de un entorno en el que todos piensan lo mismo y te envía a lo desconocido, a tus opuestos políticos y religiosos, tus “adversarios”. Viajar me ha hecho enfrentar mis opuestos.

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Existen varias respuestas para los mismos problemas.

“Estoy caminando por las calles de Hong Kong, viendo carteles de medicinas herbales y acupunturistas. Y en todas partes hay millones de personas perfectamente satisfechas con estos enfoques de salud médica tan diferentes de los nuestros.

“Otra vez estoy acostado en una bañera de cobre llena de agua con gas natural en un establecimiento de baños de la ciudad belga de Spa. Y aunque mi mente me dice que no puede ser, que esta dependencia de las “curas del agua” es una basura científica, siento que algo le sucede a mi cuerpo y comienzo a sospechar que los trescientos millones de europeos que creen en tales remedios pueden no estar equivocados.

“Viajar enseña que toda una gama de prácticas inusuales puede funcionar en diferentes contextos; sugiere nuevas prácticas para su propia sociedad, lo mantiene abierto a nuevos experimentos en todos los campos.

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Todos somos minorías

“Caminando o por las calles de Shangai y Beijing, me doy cuenta que soy minoría como otros son minoría en mi país. Y eso debilita cualquier impulso racial que habite en mi inconsciente como le pasa a cualquier viajero. “Viajar enseña lo absurdo de ver diferente a una persona por su color de piel.

Ciertamente viajar nos impacta más que nada, incluso más que la abundante lectura. Me cambió la vida y me hizo una persona diferente. Hoy podemos viajar a otros continentes con la misma facilidad con la que antes se tomaba un bus para ir a una ciudad vecina. Esto seguramente nos hará más comprensivos, tolerantes y pacíficos.”

Arthur Frommer es graduado en Polítca en la Universidad de Nueva York y graduado con honores en la Universidad de Leyes de Yale, donde fue editor de su diario. En 1957 publicó la guía  Europa 5 dólares por día, que fue la biblia de millones de  viajeros enseñando que viajar estaba al alcance de mucha gente y no solo de los ricos y famosos.

Los 5 dólares por día, era en ese tiempo lo que una secretaria inglesa podía gastar en sus vacaciones y con ese dinero muchas otras personas también podían hacerlo. Yo y nuestro editor, Guillermo Pérez, viajando con Frommer, nos hizo ahorrar muchos dólares en nuestra recorrida por Europa. Todos llevabamos el librito que no era chico, y se había formado una comunidad entre los lectores de Frommer. Cambiábamos datos y comentarios y hasta lográbamos interesantes intercambios”.

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Pero también proporcionaba muy buena información. Gracias a él me alojé en la encantadora Pensione Accademia con, espléndidos jardines, en un barrio no demasiado trajinado. En ella Rossano Brazzi  y Katherine Hepburn habían filmado Summertime. Nunca entendí como tenía precios tan accesibles, aunque por cierto no era el Danieli.

Tambien disfruté quedarme en  un convento de monjas de Asís donde se comía muy bien y como único inconveniente era que no podías trasnochar, pero no molestaba mucho,  para apreciar la ciudad de San Francisco, Il Giotto y Cinabue.

Además los datos de restaurantes paseos y transportes eran excelentes. En Holanda el señorial restaurant las Cinco Moscas, (d’Vijff Vlieghen), tenía en la parte de atrás el Restaurant “La Cocina de Abuelita” (Oms Kuchen), en la que te servían la  exquisita comida del dia que no tenía salida, a precios increíbles.

Esas guías impresas incluían también muy útiles opiniones de los viajeros, construyéndose en un antecedente de TripAdvisor. Y no censuraba las opiniones de lectores que formulaban críticas, aunque comprobando antes sus aseveraciones.

La hija tomó la antorcha… hay viajes para rato…

En 1992 publicó “The new World of Travel” otro exitoso libro guía con numerosas opciones de turismo alternativo, que hoy  algunos  se han vuelto populares y otros siguen siendo tentadoras propuestas. Actualmente sus opiniones se encuentran en el sitio www.frommers.com , que dirige su hija Pauline.

Conocí a Arthur Frommer en Nueva York – cuando los dos éramos muy jóvenes, donde tenía una oficina atestada de papeles, en la que organizaba tours para KLM. Intente introducir sus propuestas en Uruguay, pero no eran adecuados al gusto de mis compatriotas.

Hoy mis hijos siguen utilizando sus guías, las  que ya no se llaman Europa 5 dólares por Día.

(Traducción libre y comentarios: Damián Argul)

https://www.frommers.com/