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Magallanes vs. Elcano, ¿quién dio la vuelta al mundo?

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Al portugués Magallanes lo ningunearon tanto en su país, que se nacionalizó español “por despecho” y con esa nacionalidad pergeñó la mayor gesta náutica en la historia del hombre.

Magallanes  no pudo completar el periplo porque lo mataron en Filipinas; fue el español Sebastián Elcano quien capitaneó la última nave que quedaba. Pero fíjense que cosa estrafalaria: había tantos extranjeros entre quienes sobrevivieron y regresaron, que la hazaña debería considerarse multinacional. Fueron apenas 18 de los 234 que partieron en cinco barcos, los que volvieron a Sanlúcar, el lugar de dónde habían partido. ¡Un momento! ¿Qué pasó con los otros 216? Importaba poco vivir, más valor tenía la audacia de explorar lo desconocido.

He leído versiones en las que se habla de 22 marinos regresando. En realidad fueron más, pero regresaron desordenada y anárquicamente, sin responder al mando natural por diferentes razones, no todas moralmente aceptables. Sea como sea, es una aventura sin parangón en la historia de la humanidad y una barbaridad de gente que murió y no mereció un adjetivo en las crónicas de aquél tiempo.

Volviendo a la internacionalidad; había cuatro griegos, dos italianos, un portugués, un alemán y diez españoles (vascos, gallegos, andaluces, extremeños y cántabros). El barco  navegaba con bandera española y tanto Magallanes como Elcano reclamaban para España los territorios que descubría… lo cual autoriza a celebrar el mérito español… sin desconocer que los portugueses fueron pioneros y marinos inigualados.

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De esta contienda histórica se habla mucho en una península donde la cortesía pone a raya los celos entre vecinos. El tema vuelve a aflorar porque el 10 de agosto  (fecha de partida) se cumplen 500 años de esta gesta y en Portugal los escolares ni saben quién era Sebastián Elcano, debido a esa portugalización de la gesta. Lo que los portugueses encuentran en sus bibliotecas, es del tenor de lo que escribió el británico Roger Crowley, citado por El País de Madrid: “Fue un navegante portugués, Fernando de Magallanes, quien permitió que los españoles circunnavegaran la tierra”. Así nomás, aunque algo mejor que el relato el historiador portugués Hermano Saraiva. Si nos guiamos por él, la nave volvió sola a puerto, ni un minúsculo parrafito para glorificar al vasco Sebastián.

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Si miràs bien, Elcano capitaneó la expedición durante por lo menos, la última mitad del viaje

Así que los medios peninsulares se preguntan, ¿quién dio la vuelta al mundo, Magallanes o Elcano? Peor todavía, desde hace pocos años, algunos historiadores lusos están reclamando nacionalidad portuguesa para Cristóbal Colón. Pero la justicia histórica y la armonía peninsular parece que está cerca: españoles y portugueses se reunieron y decidieron (no todos) celebrar el evento de manera conjunta y equitativa. ¡Bien por eso!

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Tan multinacional fue la expedición, que mucho de lo que hoy conocemos de esa hazaña, no lo debemos a ningún español o portugués, sino un italiano, el marinero y narrador Antonio Pigafetta, autor de uno de los más interesantes libros de ese tiempo. Por él sabemos los uruguayos, por ejemplo, que cuando Magallanes y su flota llegaron a la costa de lo que hoy es nuestro país, estaban desesperados por bajar a tierra  en busca de agua y comida… pero no se animaron a hacerlo. Apuntemos que siempre con Pigafetta como intérprete, bajaron a tierra sin temor alguno en todo el ancho mundo, excepto en nuestra costa, donde buscaron islas despobladas para abastecerse. (http://viajes.elpais.com.uy/2018/07/28/pigafetta-ese-si-que-fue-un-viajero/)

Ya sabían de la mortífera experiencia de Solís y para colmo, cuando en Rocha o Maldonado se aproximaron a la orilla, vieron a un “gigante con voz de trueno que nos llamaba con grandes voces”, apunta el italiano. El charrúa estaba solo… pero aun así metía miedo.  Así que tuvieron que aguantarse hasta llegar, supongo que a la Isla de Lobos o Gorriti, donde cazaron “unos extraños patos que caminaban muy erguidos”. Imaginen la porquería de sabor que tendrán los pingüinos. Como Magallanes buscaba un paso hacia el oeste, remontaron el río y llegaron a nuestra costa de Colonia, donde los indígenas no se contentaron con invitarlos a desembarcar, sino que ¡¡los persiguieron a nado!!. Se asegura que los navíos debieron desplegar más velas por temor a que los alcanzaran…

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Con todo, las revisiones apuntan a que la leyenda de Solís almorzado por los charrúas parece poco verosímil… nuestros indígenas eran brutales, pero no antropófagos. Alguna versión da a Solís como traicionado por sus compañeros y asesinado para poder regresar a España, en tanto otros relatos más audaces, sugieren que Solís fue abandonado en la costa y sobrevivió muchos años. ¿Por qué tanta diversidad? En los casos de Magallanes y Solís,  porque toda o parte la bitácora desapareció y no hubo mucha confianza en lo que contaron quienes regresaron a España… pero en general, estos viajes de descubrimientos y conquistas eran algo semejante a los secretos industriales de hoy. El conocimiento es capital de para invertir y la verdad se supone que le pertenece al Rey y solo a él. En fin, que si ahora  pueden macanear con los inventarios, en aquella época era igual… pero mucho peor. Para que sepas, hay quienes aseguran que Solís (un navegante extraordinario, pero también pirata en sus ratos libres) ya había estado antes en el Río de la Plata en viajes secretos.

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Magallanes tenía mala pata

El portugués era también un patriota que defendió a la corona con tanta valentía que sufrió graves heridas: en una de las batallas una bala le destrozó una pierna y nunca superó su renguera. Con semejante currículo fue confiado al palacio a pedirle a su rey Manuel I que solventara su expedición en busca de una nueva ruta hacia las islas Molucas, en Indonesia, a las que pensaba llegar navegando hacia el oeste, en lugar de dándole la vuelta al continente africano. Allí era donde se conseguían las especias; no ofrecía plata y oro, sino saborizantes que dejaban hasta un 2.000 por ciento de beneficio.

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Pero el rey Manuel no era un visionario sino un descortés que lo destrató y lo humilló. “Gabriel Sánchez Sorondo en su obra «Magallanes y Elcano, travesía al fin del mundo»  especifica que el soberano recibió al marino con «destemplada indolencia» y le despreció en repetidas ocasiones. De nada le valió a su súbdito rebajar sus pretensiones (empezó solicitando una sola carabela para viajar hasta las Indias y terminó implorando un aumento de su escasa pensión por ser lisiado). No le concedieron absolutamente nada. «El episodio conmovió a los pocos presentes que en la sala. La humillación no podía ser más grave y profunda. Nadie se explicaba qué oscuras razones empeñaban a Manuel I en contra de ese noble súbdito que tan poco estaba pidiendo», destaca el investigador, citado en un artículo de El Mundo de España. (Los vínculos a las fuentes están al final)

Desesperado, Magallanes solicitó algo relativamente habitual en la época: que le liberasen de su nacionalidad para poder trabajar para otra corona. Parece ser que ese día Manuel I se había levantado especialmente hiriente, pues no solo accedió a esta última solicitud, sino que afirmó estar sumamente contento de darle ese último capricho. «Manuel I tenía la impresión de que aquel era un soldado cargoso y convenía quitárselo de encima», determina el experto latinoamericano en su obra. Sin obligaciones legales para con su tierra, totalmente despreciado por el monarca de la misma, y bastante molesto, el marino dirigió sus ojos hacia otros países a los que pudiera acudir para recibir ayuda.

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A partir de ahí, y aunque consiguió su objetivo, el proyecto de Magallanes estuvo plagado de traiciones, persecuciones, deserciones y asesinatos. Para colmo, la corona portuguesa terminó por descubrir su error e hizo lo posible por desbaratar sus gestiones ante la corte española. Luego de la partida de la expedición, Portugal envió una flota a detenerlo… el odio, los celos… y el temor a que su proyecto fuera exitoso había despertado todas las iras. Solo su tesón, su fuerte personalidad y su convicción, le permitieron seguir adelante, por eso es groseramente injusto que se trate de tergiversar la nacionalidad de la hazaña. Tan injusto como pasar por alto lo de Sebastián Elcano, igual de heroico… quizás algo menos grandioso. Humildemente, acá nos pasa lo mismo con nuestros héroes, que tienen que ir a la Argentina si quieren reconocimiento porque acá los ningunean. Y cuando lo consiguen, porque los porteños siempre fueron generosos, entonces acá poco menos que los tratan  de “vende-patria”. Para evitar esas cosas fue que en estas latitudes inventamos ese curioso gentilicio de “rioplatense”; lástima que a Magallanes no se le ocurrió lo de “peninsular”, que apunta a lo mismo y deja más o menos conformes hasta a los catalanes.

Carlos I, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, rey de España, Nápoles, Sicilia y Cerdeña, duque de Borgoña, soberano de los Países Bajos y archiduque de Austria, no ignoraba que las Molucas estaban fuera de su alcance por lo que establecía el Tratado de Tordesillas… pero le gustó la audacia de Fernando de Magallanes, quien sostenía la hispanidad de esos territorios y tenía a un cosmógrafo que lo apoyaba con  argumentos científicos.  Así que alimentó las ilusiones del marino y le firmó un contrato en el que figuraba como capitán, con un sueldo de 50.000 maravedís, y 96.000 de sobresueldo mientras que durase aquella campaña».  Por si fuera poco, también se les concedía un quinto del valor de aquello que trajesen de su viaje, y una veinteava parte «de la renta y del provecho que se lograra por todas las tierras e islas que descubriera».

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El cosmógrafo era Ruy Faleiro, también despreciado por el soberano portugués y el rico comerciante era Cristóbal de Haro, también víctima de la iracundia real. Los tres amigos formaban parte del contrato… pero ya antes de partir la amistad se había quebrado y los dos socios terrestres litigaban contra el navegante. ¡No te digo que no le salía una bien! Lo peor de todo fue que contrariando la voluntad real, le dieron cinco naves que no eran de la calidad que Magallanes esperaba. Eran cinco: la «Trinidad », la «San Antonio», la «Concepción», la «Santiago» y «La Victoria».  Casi tres años después (10 de agosto de 1519 – 6 de junio de 1522), volvió únicamente esta última, al mando del Capitán Sebastián Elcano. A bordo navegaban solo 17 de los 234 que habían partido; los faltantes habían muerto, habían desertado… o todavía estaban viviendo la aventura, como vamos a ver.

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No creas que el rey de Portugal había desistido en su saña contra Magallanes. En realidad mandó tras él varias flotas de guerra, una tras otra… y esta vez la mala suerte fue para ellos. Todas fracasaron menos una, pues lograron apoderarse de la nave Trinidad, la única que todavía acompañaba a la más grande capitaneada a esta altura por Elcano. La nave portaba los libros de derrota y muchos documentos de formidable valor, pero nunca se supo que fue de ellos.  Así, asumimos que solo la Victoria pudo completar el viaje… pero estamos equivocados.

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En Cabo Verde habían quedado prisioneros doce marinos de la Victoria, los cuales lograron  hacerse a la mar para regresar a Sevilla… previo pasaje por Lisboa. Raro, ¿no? Cinco supervivientes de la Trinidad, capturados por los portugueses habían emprendido una ruta de regreso distinta desde las Molucas e igual que los anteriores, completaron la vuelta al mundo, aunque no regresaron a Europa hasta 1525 o 1526. Así que la historia trató todavía peor a esta gente, que hizo lo mismo que los héroes, pero nadie les dedicó una línea en ningún monumento. Dados los feos entretelones que tuvo la aventura, quizás los merecían y quizás no.

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Destacan en la Wikipedia, que sin desconocer el mérito de haber comprobado sin dejar lugar a dudas, que la tierra era redonda, más impresionante para los europeos fue descubrir que entre esas tierras descubiertas por Colón y las ansiadas costas asiáticas, había un enorme océano, el Pacífico. Así fue bautizado por la flota de Magallanes-Elcano, a quienes también debemos los nombres de Montevideo, Bahía de San Julián, Cabo de las Once Mil Vírgenes, Cabo Deseado, Estrecho de Todos los Santos, Mar Pacífico, Tierra del Fuego, Filipinas, Patagonia y muchos más. También ubicaron ante los europeos una fauna y flora inesperada y enriquecedora. El pingüino y el guanaco son solo anecdóticos, quizás más relevantes fueron plantas comestibles como la papa y el tomate, así como especies forestales de enorme belleza como las palmeras, buganvilla, jacarandá, araucarias y falso pimiento, para nosotros anacahuita. Las comidas y los paisajes del mundo, habían cambiado para siempre. El mundo fue muy diferente a partir de esta hazaña cuya nacionalidad todavía se discute.

Como escribe Javier Martín del Barrio en El País de Madrid, “Al igual que en el caso de Colón, Magallanes fue a buscar financiación o recompensas en la Corona de Castilla porque en Portugal no encontraba dinero. Esta singular disputa por cosas que pasaron hace tantos siglos, se extiende a Cristóbal Colón, cuya nacionalidad portuguesa defiende la historiadora “Margarida de Magalhães en su libro “900 anos a irritar os espanhóis“(900 años irritando a los españoles, editorial Matéria Prima, 2014)”. Y con el título lo dijo todo.

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Finalmente primó la cordura y hace pocas semanas España y Portugal hicieron las paces y resolvieron celebrar juntos esta proeza de la que se cumplen 500 años el próximo 10 de agosto. Los libros escolares continuarán enseñando sandeces, pero las maestras podrán, deberían,  abrazarse a la postura oficial, según la cual la primera vuelta al mundo fue una hazaña europea y en particular ibérica. Nadie desconocerá la capacidad intelectual, el carácter y el sacrificio de Magallanes, ni la bravura de Elcano que lo acompañó hasta Filipinas y se puso al hombro la tarea de regresar a España en un barco con bandera de su patria (castellana, que no española todavía), como adelantado de compañeros de viaje que llegaron retrasados,  milagrosamente. Para que sepas, Elcano circunnavegó Africa en su retorno… pero no repostó en ningún puerto colonizado por los portugueses.

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El Sebastián Elcano a toda vela

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El Sagres portugués con un mástil menos… pero también imponente

Es una victoria de la inteligencia contra los nacionalismos exacerbados… hasta tal punto que entre los  193 eventos programados por ambos países, figura uno espectacular. Será como dijo Carmen Calvo, Vice Presidenta del gobierno español,  “un viaje de circunnavegación por la ruta de Magallanes-Elcano que harán entre 2020 y 2021 los buques escuela de ambas naciones, el Sagres portugués y el Juan Sebastián Elcano, con etapas en las que viajarán juntos”. También hay una exposición itinerante organizada por los ministerios de Cultura de España y Portugal, la conferencia internacional Océanos, conocimiento y globalización (en ambos territorios, en 2021), una serie televisiva y un estudio sobre la proyección mundial del idioma español y el portugués, promovido por el Instituto Cervantes y su homólogo de Portugal, el Camoens. El presupuesto por parte española rondará los 180 millones de euros, aportados por iniciativa privada, administraciones locales, autonómicas y varios ministerios,  informó El País de Madrid.

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Y además, una película que recién veremos en julio cuando la traduzcan al castellano, pues fue filmada en vasco

La película se denomina Elcano y Magallanes, tiene música interpretada por la Orquesta Sinfónica de Euskadi y fue presentada en el Festival de Málaga, donde tuvo rotundo éxito. No se apega rígidamente a lo histórico ni a lo científico (el Pacífico es un océano mansito y en el Atlántico luchan con olas gigantes), atraviesan todo tipo de penurias, reales e imaginarias a lo largo de 90 minutos. Presumen que el lanzamiento de la película en español se realizará el 5 de julio, perfectamente a tiempo para coincidir con el 500º  aniversario.

Guillermo Pérez Rossel

https://elpais.com/internacional/2019/01/22/mundo_global/1548161512_675363.html

https://www.abc.es/historia/abci-magallanes-y-elcano-ataques-envidioso-portugues-para-evitar-gesta-naval-mas-epica-espana-201704280049_noticia.html