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“¿El Hormiga negra era un gaucho malo?”

Sin título

Andá a saber si el gaucho fue como creemos o si nos comimos la imagen teatralizada de los Hermanos Podestá. Pero no dudes que era guapo, no sea que te pase como a ellos.

En todo caso, tampoco era como lo pintaba Sarmiento. Nuestro colaborador nos recuerda que al levantar su carpa en San Nicolás, los Hermanos Podestá quisieron renovar su manido Juan Moreira y cambiarlo por el personaje real del “Hormiga Negra”… pero resultó que ese gaucho auténtico andaba por allí y tuvo la gentileza de anticiparles que si osaban faltarle el respeto no tendría más remedio que sacar a relucir su afamado facón. Los Podestá se le animaban a las osadas piruetas circenses… pero prefirieron no arriesgar ante un gaucho de verdad.

Claro que hay otra versión… porque los gauchos serían bravos… pero los Podestá tampoco arrugaban. Esta vez Alberto nos acerca una visión de primera mano de cómo se jugaba la vida el gauchaje por acá.

 

 Por Alberto Moroy

Decia Borges “Faustino Sarmiento en Facundo (libro escrito en 1845), dibuja en sólo un par de líneas la silueta del gaucho malo. “La justicia lo persigue desde muchos años, su nombre es temido, pronunciado en voz baja, pero sin odio y casi con respeto”. ¿Hormiga Negra, era un gaucho malo? Descúbralo en esta nota, donde además de una somera reseña de este personaje, le sigue un reportaje hecho por la revista semanal Caras y Cartas en 1912, unos años antes de su fallecimiento

Esto dijo Borges del libro Hormiga Negra
A propósito de este libro J. L. Borges opinó: “No sé si el ‘verdadero’ Guillermo Hoyos fue el hombre de viaraza y de puñaladas que describe Gutiérrez; sé que el Guillermo Hoyos de Gutiérrez es verdadero. Eduardo Gutiérrez, autor de folletines lacrimosos y ensangrentados, dedicó buena parte de sus años a novelar el gaucho según las exigencias románticas de los compadritos porteños. Un día, fatigado de esas ficciones, compuso un libro real, el Hormiga Negra. (…) Se parece a la vida”.

Otra versión  y los hermanos Podestá

Por aquellos años, los Podestá recorrían la provincia de Buenos Aires, representando piezas gauchescas. En casi todos los pueblos, la primera función correspondía al Juan Moreira, pero, al llegar a San Nicolás, juzgaron de buen tono anunciar Hormiga Negra. Huelga recordar que el epónimo había sido en sus mocedades el matrero más famoso de los contornos.

La víspera de la función, un sujeto más bien bajo y entrado en años, trajeado con aseada pobreza, se presentó a la carpa. “Andan diciendo”, dijo, “que uno de ustedes va a salir el domingo delante de toda la gente y va a decir que es Hormiga Negra. Les prevengo que no van a engañar a nadie, porque Hormiga Negra soy yo y todos me conocen”.

Los hermanos Podestá lo atendieron con esa deferencia tan suya y trataron de hacerle comprender que la pieza en cuestión comportaba el homenaje más conceptuoso a su figura legendaria. Todo fue inútil, aunque mandaron pedir al hotel unas copas de ginebra. El hombre, firme en su decisión, hizo valer que nunca le habían faltado el respeto y que si alguno salía diciendo que era Hormiga Negra, él, viejo y todo, lo iba a atropellar.

¡Hubo que rendirse a la evidencia! El domingo a la hora anunciada, los Podestá representaban a  Juan Moreira…

Travesuras Borgeanas

https://www.lanacion.com.ar/214802-travesuras-borgeanas

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Edición TOR año 1950 / Eduardo Gutiérrez

 

Juan Moreira y/o Pepe Podestá

http://viajes.elpais.com.uy/2013/08/28/juan-moreirapepe-podesta/

 

Hormiga Negra en el radio teatro

Así comenzaba el radioteatro (*) con la obra “Hormiga Negra”, emitida en los comienzos de la década del setenta por LT2, emisora rosarina).“Hormiga Negra me llaman y vengo de San Nicolás, y si alguno quiere probar si esta hormiga es brava y pica, salgan machos a peliar y verán quién se achica”. “Siempre fui un gaucho honrado y obediente con la ley, trabajando como el buey y como lo he resignao, pero, como me han clavao su picana la justicia y segao por su codicia el Alcaide me sentencia, sin más ley que mi conciencia yo mesmo me haré justicia”.

(*) El radioteatro (a veces también referido como radio comedia o comedia radiofónica o teatro radiofónico) es un audio-drama que se transmite en la radio. Al carecer de componentes visuales, los radioteatros dependen del diálogo, la música y los efectos de sonido para ayudar al oyente a imaginar la historia.

El Libro X (Folio 26) del Registro de Bautismos de la Iglesia de San Nicolás de los Arroyos figura el bautismo de Guillermo Hoyos, hijo de Rosa Leijas y Leonardo, ocurrido en 1837. El niño estaba en Alto Verde (Hoy barrio de la ciudad de Santa Fe Argentina) y según cuenta la tradición, su padre, el bravo don Leonardo, era muy querido por la gente del lugar y se lo respetaba por su guapeza. Se lo llamaba Hormiga Negra por su pelo renegrido y además porque “cuando sacaba el facón”, lo hacía “picar pior que hormiga”. El rancho que había levantado era conocido con “el hormiguero”, tal como lo dice Eduardo Gutiérrez en su relato aunque también se lo llamaba “el rancho de los Hoyos” y “El hoyo de las hormigas”. Sin embargo dicen que el mote  de hormiga negra lo acuñaron en la penitenciaría a raíz de uno de sus dichos “Como me gustaría ser hormiga para poder salir en libertad!…”

El sumario de Hoyos (Hormiga Negra)

Hoyos  era de cabellos claros y su rostro estaba surcado por pecas, por eso se lo conocía como “El rubio Hormiga Negra”, alias que acompañó su nombre en el voluminoso sumario que se encuentra actualmente en el Archivo Histórico de la provincia de Buenos Aires, encabezado con la siguiente inscripción: “Año 1865 – Expte. Nº 12 – Legado 26 – Sumario levantado contra G. Ollos -(Sic)- El rubio Hormiga Negra, por heridas a Pedro José Rodríguez, de la que este falleció” (Abel Sandro Manca Fuente: Diario Río Negro)

Eduardo Gutiérrez (1851-1899), escritor considerado como uno de los iniciadores de la novela nacional, demostró su capacidad literaria a través de artículos aparecidos en distintos periódicos. Buena parte de su obra literaria la dedicó a una temática reiterativa: el paisano honrado que, debido a las injusticias policiales, se convierte en matrero. Su folletín “Juan Moreira” basado en un personaje real, es  el más popular.

Eduardo Gutiérrez (1851-1889)

https://es.wikipedia.org/wiki/Eduardo_Guti%C3%A9rrez

 

Interesante lectura “Hormiga Negra, el último gaucho matrero”

https://www.taringa.net/+apuntes_y_monografias/hormiga-negra-el-ultimo-gaucho-matrero_135a9u

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La casa en donde vive Hoyos con uno de sus hijos y nietos, en las afueras de San Nicolás.

En cierta oportunidad, el circo de los Podestá llegó a San Nicolás de los Arroyos. En homenaje a Hormiga Negra se pensó representar la pieza que llevaba su nombre. Pero antes del domingo, se presentó en el circo manifestando: “Andan diciendo que uno de ustedes va a salir el domingo delante de toda la gente y va a decir que soy yo. Les prevengo que no van a engañar a nadie, porque aquí todos me conocen”. Le explicaron de que se trataba de un respetuoso homenaje a su persona, pero todo fue inútil y terminó diciendo: “que nadie le iba a faltar el respeto y que él, viejo y todo, lo iba atropellar”.

La otra versión

No menos pintoresca, relata que la obra se representó y que en escena el protagonista mataba alevosamente a un paisano. Una voz indignada se alzó en la gradería: -¡Mienten!, no fue así-. Era el propio Hormiga Negra en carne y hueso, defendiendo su buen nombre. “¡Mienten les digo! Yo les voy a decir cómo fue endeveras”. Se interrumpió el espectáculo en medio de una gran confusión. A los dos días dispusieron reponer el drama “a pedido del público”. Hormiga Negra recibió previamente un mensaje en su rancho de parte del dueño del circo, acompañado de un billete de diez pesos: -dice el empresario que acá le manda esto y que no pase más por el circo, porque si llega a ir lo mandará a la comisaría. Cuentan que tomó los diez pesos y asintió con la cabeza.

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Guillermo Hoyos, Hormiga negra, “con su mejor amigo” / Con un periodista

 

Entrevista de Julio Castellanos  (Caras y Caretas) a Guillermo Hoyos 24/8/1912

Hormiga negra, el gaucho de larga fama quien el popular novelista Eduardo Gutiérrez consagrara una novela, de tanto éxito, que está agotada (1912), vive. Y vive, respetado y querido en el mismo escenario en que tuvieron lugar sus hazañas, para cuya narración necesitó Gutiérrez 281 páginas. Tal milagro dice mucho en favor de la benignidad de nuestro clima, puesto que nos ha conservado hasta hoy, á ese hombre, que es la leyenda viviente del paisano perseguido por la justicia, y cuya vida tiene tanto interés que llevada á la novela y al drama, entusiasmó a las multitudes.

Al enterarnos de que Guillermo Hoyo vivía, sentimos el natural deseo de entrevistamos con él para poder juzgar de la veracidad de los hechos relatados por Gutiérrez, y oir de boca de aquel paisano la narración sencilla de cuanto la fama le atribuye. •’ Así, pues, nuestra natural curiosidad de reportero nos trasladó á San Nicolás de los Arroyos, donde tuvimos la fortuna de vernos cara á cara con el famoso gaucho, con el temible Hormiga Negra, terror de policías, y taita del gauchaje, en todo el norte de la provincia de Buenos Aires, allá por el año 1858… Guillermo Hoyos

Nuestra fantasía, exaltada por el relato novelesco, nos lo hacía imaginar alto y fornido, pero nos encontramos con un hombre chiquito, delgado, de tez morena, en cuya cara las arrugas marcan enérgicas pecas, y en la que se ostenta un blanco y recio bigote. La nieve de los años también ha caído sobre su cabeza, pero á pesar de los setenta y nueve cumplidos, es ágil y robusto, y conserva una lucidez que encanta. Todavía vive en su espíritu, el paisano retrucador y refranero. Sus grandes ojos se abrillantan cuando quieren afirmar algo, y saben entornarse picarescamente para acentuar algún dicho criollo lleno de picardía.

Así comienza (sic)

— ¡Qué quiere amigo, que le cuente — nos decia Hoyos — la verda no me la van á crér! Hormiga Negra, será pa tuito el mundo, un gaucho desalmao. Acuérdese cuando se me prendió por asesino de la señora de Marzo; que vino á mi rancho un policiano, y ahí no más, me hizo enderezar pa la comisaria… • Se había cometido un crimen… y amigo, yo tenía que ser por fuerza porque no había en el pago otro gaucho pícaro á quien acumular la cosa.

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Los protagonistas

 

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Dos años me tuvieron comiendo tumba (Trozo de carne hervido en agua) y bastante apuradaso, porque los jueses me tráian y me llevaban como caballo patrio tomándome declarasiones pa ver si me ensartaba. A veces, amigo, hasta dudé de mi mesmo. Aquellos hombres hablaban tan lindo, que se me hasía sierto que era yo el asesino. Pero en aquella ocasión, tuve algún santo bendito que me sacó de pantano. — ¿Sí? — ¡Si! Se descubrió el criminal y los jueses entonses me mandaron poner en liberta sin cobrarme ni medio por la posada. ¿Qué suerte, eh? — ¿Y quién había sido el asesino? — Un tal Martín Días… (Foto Arriba)

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Penitenciaria Nacional Buenos Aires

¡Pobre, que el diablo lo perdone! — ¡Son cosas de la vida, amigo Hoyo! dijimos para consolarle. — ¡Sí, cosas de la vida!… Pero la vida tiene cosas dulces, y á mi siempre me han tocao las amargas. — Díganos, ¿es cierto lo que le atribuye la fama? •— No le negaría que de muchacho he sido un poco calavera, y , que era hombre llegáo el caso, pero amigo, me han apuntao tantas, que ni pulpero que hubiese sido tuito el mundo para llevar cuentas… y tienen fama de apuntar de más. —

Eduardo Gutiérrez (escritor), no lo trata mal. Lo presenta como un buen gaucho, que si pelea, es en defensa propia par a salvar el cuero. — ¡Si! Pero, amigo, ya sabemos lo que son novelas.. . y lo que son cuentos.

Ustedes los hombre de pluma, lo meten no más, inventando cosas que interesen, y que resulten lindas. Y el gaucho se presta pa todo. Después que ha servido de juguete á la poletica lo toman los leteratos para contar E’l á la gente lo que .se les ocurre. Y si un pobre paisano se desgrasia porque ha querido mostrarse guapo, y se limpia al que le ofendió, ustedes no le merman nadita , sino que le acumulan más muertos que los que hay en el cementerio.. . porque así debe ser el gaucho de novela, peleador hasta que no queden polesías , ó hasta que se lo limpien á él de un bayonotaso, como á Moreira.

En la vida de un gaucho, bandido, que en algunos momentos sabía ser bueno, pero aquel Hormiga Negra, es demasiado peleador, y se le va la mano con frecuencia… Según mis cálculos, se limpió una punta. — Si, pero en defensa propia. De hombre á hombre, \ en duelo criollo. — Mire, amigo. La verdad de las cosas sería muy poco, pues no es lo mismo matar á un hombre en de veras que matarlo en el papel cuando se escribe, ¡créame! Luego, no se exponen á cada rato el cuero, porque si, por puro gusto de hacerse ver ante la paisanada. Eso de las peleas con una partida de cincuenta hombres… es un bolaso de mi flor…  ¡Lindo cuento pa los mositos de la siudá, pero no par a contarlo en la campaña , porque le pueden dejar á uno por embustero. — íDe modo qué?.. . — Puro cuento, amigo. Tan mentira es todo eso, como el crimen que se me achacaba de la señora de Marzo, y tenga en cuenta que si ocurrió el equívoco reciensito, en el año.1902, cuando la justisia era léida y escribida… Calcule, que no sería en aquellos tiempos en que los jueses de paz si sabían leer, no tuitos se daban el lujo de saber leer y escribir

En los tiempos  que le hablo, bastaba que un gaucho se negase á acompañar á los que eran gobierno en unas votasiones, ó que le hubieran visto marearse más de lo debido, para que sin más ni más lo fletaran á un contingente, y si le tomaban rabia, y querían que el hombre conosiese el amarguito de las penas le formaban un sumario donde costaba que tuitos los muertos del año no debían nadita á los médicos, sino á lo filoso de su facón.. . — ¡O de su trabuco de campaña!… •— ¡Deje que me ría, mosito! Ya sé, porqué lo dice. En la novela se cuenta el caso en que yo hice huir á la milicada. ¿Y, usté lo creyó?.. . Pero, amigo, eso, es no conocer lo que eran en aquellos tiempos el batallón provincial. El coronel “Dantas” podía contarle. ¡Lindos nenes para quedarse de a pie!.. . ¡y tan luego con una garabina remintón en la mano! — ¡Me deja asombrado, paisano! ¡Y yo que creí la leyenda!..  Lo que hay de acreditar, es que !o; criollos de entonses, éramos de una piesa. Vivos como la luz y valientes como las arm a s , y cuando llegaba el momento de haser pata ancha .se le hacia para haserce e respetar’ .

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Arroyo del Medio, lugar donde estuvo escondido por haber matado al peón de su suegra

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Arroyo del Medio hoy 33°34’42.86″ S 60°46’45.52″ w

Algo podia contarle.. . Sí, yo he sido hombre de vérmelas con cuatro mosos de los buenos, que manejaban el cuchillo como el mejor, y alguno (lo ellos se quedó con un lindo recuerdo de mi daga, y como cualquier cristiano al ver llegar la partida traté de salvarme en ancas de mi flete, pasando el Arroyo el Medio, y poniéndome á distancia de los que querían darme caza. — (¿Qué apuros, eh? — ¡Macucos! ¡Pero á qué recordar cosas tristes! Ya ve, amigo, cuando se trataba de cosas falsas me reia, pero cuando son hechos verdaderos, cierto amarguito viene á entristecerme. — ¡Recordar, es vivir!.. . — Si, pero mi vida es bien triste. La fatalidá me ha perseguido más de lo debido. Desde que me faltó mi compañera, no he tenido ni un chiquito de alegría. Por fortuna me ha quedado para consolar mi vejez mi hijo Ramón, un muchacho bueno y trabajador, que está de chacarero, sin  que por fortuna haiga, tenido que hacer nada con la polesía. Ya comprenderá que cuando la cria ha salido buena . . . es señal de que el padre a no ha sido tan malo como he visto fuese presentaba por la compañía de teatro que  paso por San Nicolás (Podesta) ¡Qué «Hormiga Negra», amigo, era un matrero capas de atropellar al mesmo Mandinga!

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Ramón, uno de sus hijos  / Guillermo y su esposa Juana de los Dolores Acuña

Vaya , pues me fecilito de haber podido estrechar la mano de un buen criollo, de los que ya no quedan, puesto que le llaman á usted, el último gaucho. — Y así es nomás. Ah, le agradesería que si va á contar algo en no se le diese por aumentar las cosas, ó por inventar. — Pierda cuidado. Con decir la verdad, el reportaje será interesante. Su solo» nombre basta para evocar todo el pasado argentino, y más que nada al gaucho, á ese paria de la Pampa que ha servido de carne de cañón, y cuya sangre ha cubierto de honor los campos de batalla.

El 1º de Enero de 1918 fallecía en esta ciudad, a la edad de 81 años, el gaucho Nicoleño Guillermo Hoyos, inmortalizado en la literatura vernácula por el escritor Argentino Eduardo Gutiérrez en su libro titulado”Hormiga Negra”, mote de Hoyos.

La Esgrima Criolla

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Del compilador “recuerdos de una pelea a facón”

Seguramente esta historia y el reportaje de vieja data (106 años) parece parte de un culebrón, pero no lo es. Los que viven en la campaña sienten muy cercano este relato. En lo personal me tocó ver de muy chico un duelo criollo en la puerta de un  desvencijado bar en Tacuarembó. Mi padre que era abogado penalista, hacia una visita a la comisaria, mientras mi madre y yo lo acompañábamos en el auto. Recuerdo una calle de tierra con algunos árboles no muy altos y raleados, y en la equina un bar. De puro aburrido y si poder bajar, miraba todo, de pronto un griterío me llamo la intención, en segundos dos parroquianos envolviéndose no sé qué en el ante-brazo contrario al que que portaba el facón (no era el poncho) “visteaban” como si fuese una pela de “Kick boxing” . Mi madre trataba de cubrirme los ojos, mientras yo escuchaba el griterío. Me imagino que como mucho, estaríamos a la vuelta de manzana de la comisaria o bastante cerca. Mientras  seguía el duelo,  con una rueda de espectadores, por la vereda de enfrente ya habiendo pasado algunos minutos, dos policías al tranco enfilaban hacia el bar. Todavía tengo “la foto mental”, la escena de los policías y hasta el telón de fondo de aquella esquina de paredes de ladrillo, la que seguro hoy sera irreconocible , no obstante algún memorioso pueda ubicar “el boliche”.

 

Un hábito de vieja data

 

En mis habituales viajes al campo en el Sur Argentino con amigos, convivo dias con el encargado, gaucho bien campero. El hombre, porta su facón en la cintura, el que usa para todo, hasta  para carnear jabalíes. Varias veces lo vi jugando de manos con sus compañeros en alguna yerra, simulando el visteo criollo pero con los dedos (no tiznados) haciendo de cuchillo. Esta costumbre es habitual en las estancias y en las fiestas camperas, siempre hay gauchos diestros y dispuestos a dar una exhibición de sus habilidades en el arte del visteo, arte que en otra época, se solía aprender desde la niñez, casi como un juego, de una pelea simulada entre dos contendientes se practicaba con las manos vacías, con cuchillos de palo, o a “a dedo tiznao” con el objeto de marcar, de esta forma, la cara del contrincante.

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