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El Vaticano pudo estar en Estambul…

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Lo usual es suponer que este mundo en que vivimos se lo debemos a algunos generales o a algunos pensadores, pero no.  Mucho más incidieron las ratas.

En la foto vemos una representación heroica de Justiniano, en marfil. Es el protagonista principal de esta historia, a veces presentado como un santo y otras como un diabólico personaje. Respecto a las ilustraciones, hacemos una advertencia: hay muy pocas imagenes de aquella primera plaga; de manera que asociando a la misma enfermedad ponemos ilustraciones de la aterrrizadora Peste Negra que se desató a mediados del siglo XIV. Ahora sí, el artículo.

El eje del mundo estaba en medio oriente; era allí donde se estaba cocinando la civilización cuando la bacteria Yersinia pestis resolvió que todo se alejara de allí. ¿Cómo hubiera sido nuestro hemisferio si todos los caminos no hubieran conducido a Roma sino a Constantinopla, es decir, Estambul? No fue algo fulminante y salino como en Sodoma y Gomorra; fue una matanza sistemática y horrorosa a lo largo de unos doscientos años, durante los cuales la cuna de la mayor cultura de entonces se despobló hasta tal punto que les fue fácil a las langostas completar el mayor exterminio (proporcional) en la historia de la humanidad. No me hables de terremotos, ni de diluvios, ni de cambios climáticos ni de agotamiento de recursos naturales: nada se compara con el daño que puede hacer un bichito invisible a simple vista a bordo de una pulga que se entretiene a bordo de una rata.

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Quizás a partir de esta lectura, tengas respeto y hasta admiración por los infectólogos que nos siguen resguardando de estos horrores… mientras puedan. Porque los virus mutan con acelerada perversidad y un día se harán inmunes a todas las vacunas y a todos los tratamientos. Ese día el mapa de la civilización volverá a cambiar, si es que alguien sobrevive. La gripe aviar es el mayor sospechoso a la vista, pero no es el único. Y la gente sigue usando desaprensivamente los antibióticos como si quisiera contribuir a que eso suceda. Lo único que nos podría salvar sería un meteorito como el que exterminó a los dinosaurios, digo, para poner alguna cuota de optimismo en todo esto.

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La llamada “Plaga de Justiniano” no fue la única pandemia que sacudió a nuestra especie, pero casi todos los expertos aseguran que fue la más vasta, horrible y de mayores consecuencias. Enterró vertiginosamente al Imperio romano de Oriente, o Imperio Bizantino, abarcando buena parte del mundo conocido en Europa, Asia y África entre los años 541 y 543, pero se repitió con frecuencia en el mismo ámbito hasta el año 750. Era lo que hoy conocemos como peste bubónica, pero se le dio el nombre de Plaga de Justiniano porque era el emperador bizantino de esa época.

Hoy se asegura que esa plaga pudo originarse en China, pero en lo personal me reservo opinión, pues a las causas de todas las pandemias siempre las ubican lejos del “mundo desarrollado” donde están las víctimas. Así con el correr del tiempo, los judíos fueron culpados de la sífilis, esos mismos chinos de la gripe aviar, en tanto que haitianos y hasta monos se llevaron la culpa del sida y del ébola. ¿No les parece al menos curioso que los europeos siempre sean inocentes de las cosas malas y culpables solo de las cosas buenas, como las catedrales?

Registran en la Wikipedia que los estudios para identificar el vector causante de la enfermedad comenzaron  cuando un grupo de biólogos liderados por Michel DrancourtOliver Dutour y Didier Raoult empezaron a trabajar conjuntamente con arqueólogos e historiadores. “Estos investigadores extrajeron el ADN de cadáveres encontrados en Marsella desde 15901720, (el otro enorme brotede peste) proveniente de la pulpa dentaria. Estos estudios llegaron a la conclusión de que estos individuos sufrieron una enfermedad provocada por Yersinia pestis. Posteriormente, estas investigaciones se hicieron con cadáveres del siglo VI, encontrados en Alemania llegando a la misma conclusión”.

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La Yersinia pestis es una bacteria que usa como transmisor a la rata negra, Rattus rattus, vieja compañera del ser humano desde que se hizo agricultor y construyó graneros. La plaga se transmite por las ratas y también por los humanos contagiados, a veces usados como proyectiles en un anticipo de guerra bacteriológica, al catapultarlos por encima de las murallas de ciudades sitiadas. La pulga es el verdadero vector y cuando infecta a su rata, conforma su ejército exterminador. No solo el hombre sino todos los mamíferos pueden contraer la peste bubónica, aunque los perros son más resistentes.

——-Acá me detengo para hacer unas reflexiones que considero necesarias sobre la Wikipedia. Varias veces me han reprochado el uso de esa fuente. Me dicen que habría  sido más elegante decir que el dato provino de la Enciclopedia Británica o citar autores con apellidos ingleses, pero recuerdo un análisis de mi amigo Laszlo Erdelyi que en algunos artículo examinados encontró más defectos en la quizás fenecida ilustre publicación inglesa. Es extraño, injusto y erróneo ese prejuicio contra lo que para mí es la más admirable muestra de cultura solidaria, con solícitos voluntarios dispuestos a trabajar seria, honoraria  y honorablemente para que tengamos la mayor colección de datos confiables en la historia de la humanidad. Francamente, me rechina esa actitud y no estoy dispuesto a viajar en el tiempo 1.500 años para obtener información de primera fuente. Soy un compilador que admira y reconoce a  la Wikipedia. No finjo una vastedad cultural que no tengo.———

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Puede que antes de ésta hayan existido otros brotes de peste bubónica, pero la que nos ocupa fue  vastamente documentada. Este primer brote de peste bubónica afectaría a varias partes de Europa, África y Asia desde el año 541 al 750 d. C. Posteriormente desaparecería de Europa hasta el siglo XIV, fecha en comienzan las epidemias de “peste negra”.  La última gran pandemia de peste bubónica se data a mediados del siglo XIX y se desarrolló hasta 1893-1923, expandiéndose desde China e India al resto del mundo.

No había antibióticos… pero había condicionantes ambientales que protegían a unos y condenaban a otros. La yersinia pestis tiende a desaparecer con bajas temperaturas. Cuando el termómetro oscila por debajo los 27 grados, la bacteria libera una enzima en el estómago de la pulga y el insecto queda pronto para transmitir la enfermedad. Esa es la razón (y la absoluta falta de higiene) por la cual no hubo epidemias antes y de pronto dejara de manifestarse. En el año 535/536 se produjo un cambio climático que afectó primordialmente el este y el centro de Africa.

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El imperio de Justiniano, de hecho, casi todo el mundo conocido… salvo el extremo oriente, que también fue afectado por la plaga.

Mala suerte la de Justiniano que casualmente en esos años fue emperador de Bizancio, es decir, del imperio romano de oriente, en ese momento  más relevante que el imperio romano de occidente con sede en Roma. El imperio de oriente llegó a su apogeo entre los años 527 y 565, durante los cuales Justiniano logró restaurar las fronteras del antiguo imperio romano y con la ayuda del mítico general Belisario. “Entre 533 y 534 un ejército al mando de Belisario conquistó el reino vándalo, ubicado en la antigua provincia romana de África y las islas del Mediterráneo Occidental (CerdeñaCórcega y las Baleares). En 535 Belisario avanzó hacia Italia, llegando en 536 hasta Roma tras ocupar el sur de Italia. Tras una breve recuperación de los ostrogodos (541-551), un nuevo ejército bizantino, comandado esta vez por Narsés, anexionó nuevamente Italia, creándose el exarcado de Rávena. En 552 los bizantinos intervinieron en disputas internas de la Hispania visigoda y anexionaron al Imperio extensos territorios del sur de la península ibérica, llamándola Provincia de Spania. La presencia bizantina en Hispania se prolongó hasta el año 620”, aseguran en la Wikipedia.

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El lucimiento militar no llega al destaque que consigue el Imperio de Justiniano en materia cultural. Entre 528 y 533, una comisión nombrada por el emperador codificó el Derecho romano en el Corpus Iuris Civilis, permitiendo así la transmisión a la posteridad de uno de los más importantes legados del mundo antiguo. Otra recopilación legislativa: el Digesto, dirigido por Triboniano, fue publicado en 533. El esplendor de la época de Justiniano encuentra su mejor ejemplo en una de las obras arquitectónicas más célebres de la historia del Arte, la iglesia de Santa Sofía, que llegó a su culminación durante su reinado por los arquitectos Antemio de TrallesIsidoro de Mileto. Se emplearon más de diez mil personas para la construcción., y el emperador hizo traer material procedente de todo el imperio, como las columnas helenísticas del templo de Artemisa en Éfeso, grandes piedras de las canteras de pórfido de Egipto, mármol verde de Tesalia, piedra negra de la región del Bósforo y piedra amarilla de Siria. Según Procopio, Justiniano afirmó, a la terminación del edificio, la frase “Salomón, te he superado”, en alusión a la construcción del templo de Jerusalén. Esta nueva catedral, con su magnífica gran nave llena de mosaicos, se convirtió en el centro de la cristiandad oriental durante siglos. Es decir, Justiniano fue un estratega, un promotor de la legislación… y también un ambicioso sin límites, terror de quienes profesaran una ideas o religión distinta a la suya, como los judíos.

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Las campañas de Justiniano en Occidente y el costo de estos actos de esplendor imperial dejaron exhausta la hacienda imperial y precipitaron al Imperio en una situación de crisis, que llegaría a su punto culminante a comienzos del siglo VII. La necesidad de más financiación permitió que su odiado ministro de hacienda, Juan de Capadocia, impusiera mayores y nuevos impuestos a los ciudadanos de Bizancio. Había ambiente de revolución, como siempre que a los gobernantes se les va la mano con los impuestos. Y si creés que esta experiencia prolijamente registrada por la historia y repetida a través de centurias puede llamar a prudencia a gobernantes recaudadores frenéticos, te equivocás. El ser humano es el único bicho que no aprende de la experiencia… o se cree más relevante que la historia entera.

Sumale el el hostigamiento del islam, los continuos ataques de búlgaros y eslavos desde el norte y el reanudamiento de la lucha contra los persas en el este) y las internas reyertas entre iconoclastas e iconódulos y podría decirse que el fin de todo esto era inminente. Pero no, el Imperio seguía firme, no cayó por las armas ni por la descomposición interna, fueron las ratas, sus pulgas y sus microbios las que exterminaron una civilización de la cual debimos surgir nosotros.

Nuestro tema es la plaga, de manera que nos replegamos velozmente de esta descripción de batallas y otras mortandades, no sin antes hacer notar que los bizantinos nunca se consideraron bizantinos. Ellos eran romanos, hablaban latín y habitaban el Imperium Romanorum. La capital del imperio se llamaba oficialmente Constantinopla, pero sus habitantes decían sencillamente «polis» (la ciudad), de donde procede el nombre turco «Istanbul», deformación de «eis tên polin» (en la ciudad).

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Reitero mi desconfianza, pero obedezco a las fuentes, que ubican el origen de la epidemia en algún lugar al este de Africa, desde donde las rutas comerciales la trasladan al Alto Egipto y al Mediterránea. Algunas fuentes más audaces, centran la culpabilidad en la ciudad de Opone, un eje comercial sumamente importante que fue abandonado por razones desconocidas durante el siglo VI. Como no hay nadie que los quiera defender, ellos son los culpables y todos contentos. Como si alguna persona pudiera engendrar microbios, más allá de que el hacinamiento contribuye a la expansión de cualquier peste. Otros apuntan a Tanzania y otros a China, en fin, después dicen que somos los periodistas los que inventamos cosas.

​Lo que sí es notable, es el preanuncio divino de la catástrofe por intermedio de un fenómeno tan espectacular como horripilante para la gente de ese tiempo. Se la describe como una “Pequeña Edad de Hielo”, pero no hay que confundirla con la que experimentó Europa entre 1350 y 1850.

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Dejemos que Procopio de Cesarea la describa como la vivió en los años 536  y 537: “Durante este año tuvo lugar el signo más temible. Porque el Sol daba su luz sin brillo, como la Luna, durante este año entero, y se parecía completamente al Sol eclipsado, porque sus rayos no eran claros tal como acostumbra. Y desde el momento en que eso sucedió, los hombres no estuvieron libres ni de la guerra ni de la peste ni de ninguna cosa que no llevara a la muerte. Y sucedió en el momento en que Justiniano estaba en el décimo año de su reinado”.

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El cambio climático pudo ser provocado por una gran erupción volcánica u otro factor que provocase una gran explosión que liberase millones de toneladas de polvo a la atmósfera. Eso es lo que parecen relatar los anillos de los árboles de lugares como Escandinavia y Europa occidental. Tan vasto fue el fenómeno, que también se le atribuye la caída de la enorme ciudad de Teotihuacán, en México, debida a la hambruna y a las guerras civiles originadas por la misma causa.

La epidemia en el Imperio bizantino o Imperio romano de Oriente comenzó cuatro años después de esa misteriosa Edad de Hielo,  en el año 541. El historiador y eclesiástico, Juan de Éfeso señala como la gente fue afectada por una enfermedad que consistía en la aparición de bubones, ojos sanguinolentos, fiebre y pústulas. Las personas solían morir en dos o tres días, rápidamente después de un largo periodo de confusión mental. Este autor se inclina a adjudicar la peste a un castigo divino, porque las víctimas solían contraerla en las iglesias… y también en los mercados.  Es decir, donde había concentración de personas.

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El principal problema en la capital eran los cuerpos sin enterrar de las personas que se morían en las calles, en las iglesias, en los porches y en las esquinas. El autor señala varias cifras sobre la cantidad de muertos diarios: 5000, 7000, 12 000, es decir, al final de la epidemia habría alrededor de unas 300.000 bajas. Si bien las cifras son discutidas por diversos autores, esta gran mortandad paralizó la ciudad y su abastecimiento. El historiador bizantino Procopio de Cesarea registró que, en su clímax, la peste llegó a matar hasta 10 000 personas diariamente en la ciudad, aunque esta cantidad no se puede comprobar. De nuevo, no estuve allí, pero son los interesantes datos que recopilaron en la Wikipedia, donde si algo es erróneo, inmediatamente es descartado o señalado como dudoso.

Juan de Efeso señala cómo había barcos que se dedicaban a sacar los cuerpos de la ciudad y colocarlos en lugares especiales escogidos para ello. Al principio las medidas de desalojo de cadáveres consistieron en llenar los barcos de cadáveres y lanzarlos al mar. Después, el emperador Justiniano decidió disponer grandes fosas comunes para depositar los cadáveres al otro lado del mar en las afueras de la ciudad, en el norte. Según nos narra Procopio en su Historia Secreta el primer brote de la epidemia provocó una serie de conspiraciones políticas. En este primer brote fue afectado el emperador Justiniano, lo que provocó una serie de conspiraciones y movimientos políticos en cuanto a la sucesión. Este problema se solucionó debido a que Justiniano se recobró de la enfermedad.

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Uno de los propagadores de la epidemia fue la rata negra que es una especie que suele habitar en los lugares próximos a la actividad humana como pueden ser granjas, almacenes, mercados, puertos, barcos y cualquier tipo de ciudad o villa. En algunas ocasiones se suele denominar a esta especie como Rata de los barcos o rata de las casas. En condiciones ambientales óptimas, un par de ratas negras puede tener al año, gran cantidad de descendientes. Es una especie muy agresiva, muy adaptativa y con dieta muy amplia, pudiendo comer insectos, carne, huesos y frutas. Las ratas serían transportadas por los barcos y con ellas viajaría la enfermedad. ¿Vieron ese disco o embudo invertido que aún hoy tienen los cabos con que los barcos se sujetan a los muelles? Su propósito es impedir que las ratas trepen a los barcos, especialmente los barcos graneleros que atraen al roedor con su carga, tanto hoy como hace  1.500 años.

La peste bubónica es una enfermedad que se transmite entre los humanos a partir de varios ciclos o brotes epidémicos a lo largo del tiempo. El escritor de la iglesia Evagrio Escolástico vivió durante cuatro de esos grandes brotes que se repetían cada 8 o 10 años. En su obra nos relata como en el transcurso del primer brote de peste bubónica, durante el año 541 al 543, fue afectado por la enfermedad cuando era un escolar y como en los ciclos posteriores fue perdiendo a su mujer, a sus hijos y a toda su familia. Escribió este relato a los 58 años en la ciudad de Antioquía.

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La que irrumpió a mediados del 1300

Durante unos doscientos o doscientos diez años esta variante de la peste bubónica afectó a varias partes del mundo y no es hasta el año 750 cuando se registran los últimos brotes de peste desapareciendo hasta el siglo XIV.

Transcribo textualmente porque me parece patético tratar de pasar como sabiondo con trampas retóricas, cuando los compiladores hicieron un trabajo tan adecuado, particularmente en el tramo que sigue. ¿Qué además hubo un poco de haraganería? ¡Claro que sí!

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En el siglo XIV sospechaban de algo que andaba en el aire. Entonces los médicos se arropaban exageradamente y usban estos picos que rellenaban con hierbas aromáticas, a las que les asignaban poder preventivo.

Primer brote

El primer brote aparecería en torno al 540 – 541 y duraría hasta el 547 – 548, dependiendo de las cronologías que se utilicen para datar la epidemia en las islas británicas. El primer brote siempre es el más extenso y mortífero y por lo tanto afectaría a Etiopía, el norte de África, Europa oriental y occidental, el Imperio persa, el Imperio bizantino y el Yemen. Las primeras zonas afectadas serían Etiopía y Yemen alrededor del año 540 y después afectaría al Imperio bizantino y Persa del 541 al 543, por último llegaría a Europa Occidental a partir del año 543 – 544.

Segundo brote

Según el abogado y escritor Agatías desde el año 558 – 561 se produciría un nuevo brote. Este brote sería especialmente grave durante la primavera del año 558 en Constantinopla muriendo muchas personas.

Otros

Evagrio nos informa de la presencia de la epidemía de peste bubónica en el año 594 en Antioquía. ​ Según la fuente, la ciudad de Tesalónica, al igual que otras partes del Imperio bizantino, fueron devastadas por una epidemia entre los años 597 d. C. aunque se desconoce la naturaleza de esta enfermedad. La ciudad de Tesalónica fue especialmente afectada debido a que en ese momento estaba siendo asediada por una horda de ávaros. ​

¿Habría que descartar por reñida con la ciencia la hipótesis del castigo divino? Eso depende de la FE que uno tenga porque todas esas cosas tendrán una explicación natural, pero también podrían originarse en la voluntad divina.  El ya mencionado Procopio no vaciló en culpar personalmente al propio Justiniano, quien habría encarnado a un demonio creador de la plaga… o en el mejor de los casos estaba siendo castigado con sus pecados junto al pueblo que gobernaba. ¿Quién iba a sospechar de las ratas?

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Ciertamente, todo parecía sobrenatural. Primero el oscurecimiento, como una advertencia, luego la peste y como consecuencia de la pérdida del 25% de los habitantes, también se descuidaron las tareas agrícolas, trayendo como consecuencia un ambiente propicio al ataque de nubes de langostas. Las langostas prefieren aquellos territorios donde hay diversas variedades de especies vegetales y esto es frecuente en los antiguos terrenos agrícolas si se compara con aquellos territorios que son cultivados y mantenidos. Las especies salvajes proliferan en los territorios abandonados lo que proporciona más opciones de alimentación para las langostas y por lo tanto provoca que su reproducción en estos terrenos sea más prolífica. Así lo explican las fuentes.

Hoy las teorías sobrenaturales tienen pocos seguidores, nadie duda que a la peste bubónica la causa la bacteria Yersinia pestis, que la emprende contra los ganglios linfáticos en ingles  axilas. Con pocas variaciones ese es el meollo de casi todas las pandemias hasta el descubrimiento de los microbios y de la importancia radical de la higiene ambiental. Ahora el riesgo regresa, pero no con la complicidad de las ratas sino de las aves, en cuyos organismos se desarrollan cepas invencibles de virus de la gripe.

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Los primeros síntomas de la peste bubónica también son similares a los de la gripe y se presentan de uno a siete días después de la exposición a la bacteria. Entre estos síntomas se incluye la fiebre, dolor de cabeza y vómitos.​ Los ganglios linfáticos inflamados y dolorosos se producen en las áreas más cercanas a la zona donde la bacteria ingresó al organismo. Debido a la inflamación de los ganglios linfáticos es posible que estos puedan abrirse y expulsar material purulento al exterior.

Esta y otras pandemias sacudieron al mundo sucesivamente  después de esta primera mortandad planetaria. Y si llegaste a la conclusión de que la peste bubónica es cosa del pasado, sacate esa idea de la cabeza. Según la Organización Mundial de la Salud, la pandemia fue considerada activa hasta 1959, cuando las víctimas mundiales eran de alrededor de 200 por año. En 1994, un brote de peste en cinco estados de la India causó alrededor de 700 infecciones (incluyendo 55 muertes) provocando, a su vez, una gran migración de indios, esto con el fin de evitar la peste. Y queda lo más perverso de todo: ésta u otras pestes pueden estar guardadas en arsenales bélicos y cualquier lugar del mundo, por más juramentados que estén los países rechazando las biológicas o químicas.

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Gran igualadora es la muerte: no se escapan ni los más ricos ni los más devotos

¿Nos hubiera ido mejor con Bizancio en lugar de Roma iluminando el desarrollo occidental del planeta? Hay algo que se me revuelve adentro, cuando pienso en tanta gente muerta durante tantos siglos, ¿cuántas personas con la formidable genialidad de Leonardo Da Vinci, Mozart, Einstein y otros murieron o no tuvieron oportunidad de nacer por culpa de la falta de higiene ambiental?

 

Guillermo Pérez Rossel

 

https://es.m.wikipedia.org/wiki/Plaga_de_Justiniano

https://es.m.wikipedia.org/wiki/Peste_negra

https://es.m.wikipedia.org/wiki/Anexo:Cronolog%C3%ADa_de_las_pandemias

https://es.wikipedia.org/wiki/Constantinopla

https://es.wikipedia.org/wiki/Santa_Sof%C3%ADa