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Árbol, eterno, elocuente y pacífico… pero no siempre

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Dicen que en 2415 nos quedaremos sin árboles, nadie podrá hacer temblar sus raíces ni exhibir un frondoso prontuario. Peor todavía, moriremos también nosotros al carecer del oxígeno que proveen. Si te excitan los anuncios armagedónicos, este es el más inconsistente, aunque el problema sea realmente inquietante.

Los expertos estiman que cada año perdemos 15.000 millones de ejemplares y que los bosques se reducen de manera vertiginosa. Leíste bien: 15.000:000.000. Uno ha aprendido a ser un poco incrédulo con estos vaticinios  que cada pocos años nos matan a todos desde todos los ángulos y de todas las maneras posibles. En este caso, por ejemplo cuentan los árboles que se pierden… pero no cuentan los que nacen. Sin embargo, no le vamos a retacear lo que tiene de estremecedor… pues lo que la gente no puede imaginar cuando quemamos leña en un asadito, es que una familia de cuatro miembros sobrevive gracias a que  cuatro árboles se encargan de elaborarles el oxígeno que necesitan para respirar. Y tampoco vamos a ser tan ciegos como para no entender que quitar bosque para engendrar alimento, no será el ideal, pero resulta inevitable.

De momento no andamos tan mal, el planeta tiene tres billones de árboles y los canadienses son los campeones forestales con nada menos que 318.180.524.032 ejemplares, contados uno por uno desde los satélites aunque con un grosero margen de error. Salvo algún microbio, alga o musgo de apariencia insignificante, los árboles son los organismos vivos más antiguos sobre la tierra; solo el ser humano parece capaz de terminar con ellos. No somos sus únicos enemigos, también los hostigan algunos insectos, enfermedades y cambios climáticos… pero esos agresores naturales que siempre tuvieron no son enemigos mortales, pues a diferencia de los dinosaurios, el árbol evoluciona y produce mutaciones capaces de perseverar en diferentes condiciones ambientales.

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Ombú de Avenida España… y no es el único

Yo no diría que los uruguayos somos muy malos con los árboles; por el contrario, pues aunque no lo expresemos les tenemos bastante respeto, admiración y amistosa relación, particularmente con alguno de ellos, como el ombú. Ningún paisano hacía su rancho sin el amparo casi religioso de un ombú, en actitud reverente visitamos los dos bosques de ombúes que tenemos, únicos del mundo, porque acá hasta los árboles están agremiados. Todavía más, cuando tenemos una avenida que pasa justo por el lugar que un ombú eligió para echar raíces, no lo derribamos sino que damos la vuelta alrededor. El ombú es un árbol y es una hierba, podés elegir, pues encontrás especialistas convencidos de una y otra cosa, simultáneamente. En algún momento casi me insultaron por dejar publicar que era una hierba, ahora andan de nuevo con lo del árbol, las verdades científicas pueden tener esas vaguedades. En fin, que yo sepa nadie les certificó la edad porque no crecen mediante anillos en el tronco, que es el sistema de datación más usado. El ombú no le hace frente a nuestros pamperos sino que se deja caer cuando sopla demasiado fuerte y luego, de ese tronco caído brota uno o más ombúes… de manera que nada impediría que ellos también puedan llegar a milenarios. Por más datos, andá mirando: http://viajes.elpais.com.uy/2017/02/15/la-pampa-tiene-al-ombu/ .

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La palmera de Juana y el árbol que se salvó del arrase inmobiliario en Pocitos

Y ese es solo un ejemplo de devoción, pues ahí tenemos la Palmera de Juana de Ibarbourou desafiando sudestadas en Pocitos, donde a pocas cuadras, un edificio debió construirse alrededor de un árbol amado por las ancianas propietarias del predio. Tenemos a la Pitanga y el Arazá, que nos encuentran agradecidos a sus pies cuando nos regalan frutitos que no hay que llevar a la mesa sino comerlos allí mismo, de pie como si estuviéramos cantando el himno, o como si fuéramos el más criollo de los sabiás. O las Arueras, a  ninguna de las cuales le faltará el precavido saludo al “vesre”, o la chirca que no tiene la fragancia de un perfume francés, pero nos encanta aspirarla hasta que nos inunde ese olor a patria que tiene.

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Viven tanto y son tan sabios, que se adaptan a cualquier clima y cualquier exigencia.

Podríamos considerarlos competidores, pues cualquiera de tamaño respetable consume 2.000 litros de agua cada año… pero nos compensa eliminando una tonelada de dióxido de carbono cada corto plazo, dependiendo del follaje y la latitud. Entonces, deseca pantanos, fija tierras erosionables, sirve de hábitat a miles de pájaros y de insectos, así como algunos mamíferos pequeños, hasta el punto de que si los observás apasionadamente, cada árbol es una colección digna de Linneo, terrario y pajarera, fragante y cambiante todo el año. El árbol simboliza nuestras vidas, como hizo notar Homero en La Ilíada con una profundidad filosófica que te tumba: “Como las hojas de los árboles; así las generaciones de los hombres”.

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Yo sé que convivimos con hombres que creen que la única utilidad del árbol es la de servir de mingitorio al perro, pero así son las cosas. Debe ser porque ignoran algunos detalles de la existencia del árbol. Como lo que para mí es más admirable, como la manera en que se comunican entre sí, en el intrincado lenguaje químico de sus raíces, rizomas y micorizas que se extienden de uno a otro árbol y a cualquier otro vegetal y que con la colaboración de hongos ramificados  dialogan de una punta a otra de cada continente. Vivimos sobre una descomunal alfombra de rizomas, la Wikipedia las plantas, su Cantar de los Cantares.  No hay ser vivo más conversador que un árbol, y no se dejan convencer por ningún populista. Si en algún sector de su territorio hay más agua, hacia allí se moverán sus raíces y su descendencia. El aire y la tierra alentarán su sexualidad y usando las herramientas que consiguieron a fuerza de habilidosas mutaciones, atraerán insectos, pájaros y otros bichitos para que transporten sus genes y acrecienten su familia. ¿Qué lenguaje usan para circular esos mensajes? ¿A nadie le intrigan estas cosas?

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¿Quién te dijo que las plantas son insensibles?

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La inquieta y aventurera vida de una planta

Si por el contrario, algo les disgusta, se alejan tanto de la sombra como del tóxico malvado con esa lentitud pasmosa que nos confunde al punto de creer en la inmovilidad del árbol. ¡Qué ilusos! ¿O acaso no conocés la frenética danza de los girasoles y tantos otros vegetales movedizos? Otros más haraganes, prefieren quedarse relativamente quietos y pedirle amablemente a insectos y pájaros que se encarguen de dispersar eróticamente su polen, atrayendo a los transportadores con aromas, néctares y segregaciones de savia modificada a esos efectos. ¡No existe ser vivo que se le  compare cuando se trata de arar una conveniente simbiosis! ¿Podrías asegurar que los árboles te gustan por una cuestión de estética y que no fuiste programado por ellos para que los riegues, los siembres y los podes? ¿Qué serán capaces de hacer para vengarse si en lugar de responder adecuadamente a sus amables retribuciones, se te ocurre venir con un hacha?

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¿Qué estará pensando el pobre bonsai mutilado y privado de conversar con sus congéneres?

A mí estas cosas me ponen de cabeza y para que tengas una idea avalada por la Universidad de Columbia, transcribo “la experta comprobó que los árboles no sólo se traspasan recursos vitales, sino que también transmiten otro tipo de señales más complejas, alertándose en situaciones de peligro. Para esto realizó un experimento que consistió en “estresar” a algunos árboles y comprobó que los árboles vecinos, incluso de otras especies, activaron respuestas defensivas. “Estaba dañado el abeto y había una respuesta de defensa en un pino, que es de un género distinto, que regulaba sus genes de defensa, aumentaba la producción enzimática y se producía esta molécula de defensa”, explica. Esto no sucedía cuando no había conexión entre los árboles a través de las micorrizas. También constató que los árboles son capaces de reconocer a sus familiares.  (https://www.elpais.com.uy/vida-actual/revelador-descubrimiento-arboles-comunican-ayudan-alertan-peligros.html ). Así que pensalo mejor antes de hacerle daño a un árbol.

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Me parece que todavía dudás de que los árboles hablen hasta con los humanos… Voy a intentar convencerte, pero necesito que cuando llegue la primavera elijas al árbol que más te guste, abandones el mate y el libro por un ratito, para que puedas escuchar al árbol, el rumor del follaje, la luz que se mueve entre las hojas, los insectos que pululan, los gusanitos que cuelgan y los pájaros que pasan raudos. Todo forma parte del formidable concierto que cada árbol tiene reservado para el ser humano que sepa interpretarlos. Los que no saben, que se joroben; continuarán pensando en el árbol como en un montón de leña o una fábrica de resina que cae sobre el auto que quisiste proteger del sol y al follaje no le gustó. ¿Sabías que esa resina en muchos casos es el arma que el árbol emplea para defenderse de especies agresoras, de insectos que lo chupan o seccionan u hormigas que suben a robarle brotes tiernos? En ese arte, la Aruera es la campeona más ardiente, capaz de matar a un ser humano sensible que no  tuvo la delicadeza de saludarla “buenos tardes señora Aruera”… si era por la mañana.

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Eliminamos los árboles naturales y en Singapur (Gardens by the Bay)  crean un bosque artificial, con ejemplares de hasta 50 metros de altura, los cuales tratan de ser tan inteligentes como los de verdad administrando el agua y la energía solar… pero no están vivos ni se reproducen.

Si fueras objetivo, reconocerías que el rey del planeta no es el ser humano, que ni siquiera lo son los insectos en su conjunto, sino los árboles… si hacemos como que nos olvidamos de los microbios o más específicamente, de esas micorizas que cubren el subsuelo de todo el planeta. Los árboles son los seres más longevos. Hubo un tiempo en que tuve el privilegio de tener una casita sin lujos, pero con un terreno de 2.600 metros en la estribación norte de la Sierra de la Ballena, a unos 200 metros de la casona que fue de Don Arturo Lussich. El multifacético croata desarrolló su Arboretum para el otro lado, por lo cual mi terreno era de foresta nativa, algún coronilla, muchos canelones, dos o tres guayabas criollas de tronco colorado, alguna robusta y florida chirca de monte, dos molles y un gigantesco molle, además de una aruera que con dolor tuve que mutilar, porque durante todo el verano me acompañaba una jauría de nietos, algunos de ellos sumamente alérgico. Yo agregué dos ombúes, pitangas, guayabas rubias, arazás, todo criollo… con una excepción de un limonero, porque será foráneo, pero es imprescindible.

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Pitanga, infaltable en el jardín de un uruguayo. A esta foto me parece que le metieron photoshop…

Un terreno lindero se había transformado en una selva impenetrable, también nativa y presidida por el coronilla más grande, rugoso y retorcido que he visto en mi vida. Alrededor, dos guayabas levantaban sus ramas como brazos en oración implorando un poco de luz solar. Aquello era una catedral y yo llevaba a mis nietos que me respetaban inocentemente hasta el punto de creer cualquier fantasía que sembrara en sus cabecitas sedientas. “Es el abuelo de todos los árboles”, les decía. “Por la noche da consejos al resto de los seres vivos y hasta las comadrejas se sientan a escucharlo”. Y ellos hacían como que se lo creían, porque el mundo tal cual es, es aburrido y perverso. Así les deben hablar a sus fieles los monjes sintoístas, una religión que está a un paso del animismo.

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El drago, con sorprendente savia roja como la sangre. Hay varios ejemplares (no tan espectaculares como éstos) en el jardín del Castillo de Piria, en Piriápolis.

Hablando de vejez, ¿cuál es el árbol más viejo del mundo? No soy el único que inventa cosas sobre los árboles. En el golfo Pérsico están convencidos de que el Drago (por dragón, productor de milagrosa sangre de dragón creía Alejandro Magno) era el árbol más longevo de todos… pero era un cuento como los míos. Vive mucho, pero no supera los 600 años. Los que saben ubicaron un pino en las Montañas Blancas de California al cual pudieron datar confiablemente: la semilla de la cual surgió, germinó hace 5.068 años, 3.050 años antes de que naciera Jesús.  Por temor al vandalismo, explica la Wikipedia, el Servicio Forestal de Estados Unidos mantiene en secreto las coordenadas exactas; ni siquiera divulga fotos.

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Antes se creía que el más longevo era otro pino también en California, en el condado de Inyo, también en California. Tiene 4.850 años y ha logrado sobrevivir a su popularidad. Si quisiéramos meter en problemas a los suecos con los norteamericanos, podríamos colar el dato de que en el Parque de Fulufjätel, de aquél país del norte de Europa vive una conífera cuyas raíces fueron datadas con 9.558 años. Pero una cosa son las raíces y muy otra el relativamente joven tronco que tiene actualmente.

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Todos nos aprovechamos de los árboles, que son de tan buena madera, que hasta disfrutan la buena compañía

La sequoia es impresionante por su tamaño y también es longeva, pero no supera los 3.000 años. En cambio ningún otro árbol se le asemeja en altura y en volumen. La más alta es una sequoia sempervirens del parque Redwood también de California, que se eleva hasta 115,56 m de altura. Le dieron el nombre de Hyperión, en recuerdo del poema épico que John Keats no pudo terminar. Parece que el año pasado llegó a 115,61 y no tiene intenciones de detenerse. Ahora vos te preguntarás, por qué todas estas cosas maravillosas ocurren en el hemisferio norte y nada vegetal, ni mineral, ni filosófico, ni alquímico ni lo que sea que merezca nivel de récord, tiene origen el hemisferio sur. ¿No hay nada impresionante en las selvas de Brasil, ni en el Mato Groso, ni en la Patagonia que deba figurar en esta lista? Francamente, no me sorprende, ¿porqué el mundo vegetal iba a escapar al ninguneo nórdico?. ¡Mirá si Hansel y Gretel se iban a perder en un bosque de ombúes! … Pero están los sureños baobabs africanos, quizás rescatados por Saint Exupery cuyo Principito no se animó a plantarlos en su pequeño planeta. No será el más alto, ni el más longevo, pero es obeso y vive al sur del ecuador.

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Asombrosos baobabs

Un estudio de la Universidad de Yale estima en 3 billones, la cantidad de árboles que ha sobrevivido durante 370 millones de años. Desde que apareció la peor de las bestias, el número de ejemplares se redujo un 46%. No tengo que explicarte que a los efectos de la vida natural, la peor peste somos nosotros y desde que le declaramos la guerra al plástico, los pobres árboles sufrirán todavía más, convertidos en bolsas de supermercados, cajas de cartón, envases de leches y jugos y hasta palitos orientales para comer que se descartan luego del primer uso, cuando te los dan en el restaurante de sushi. Estiman que sólo por culpa de los palitos descartables, cada año consumimos 1,6 millones de metros cúbicos de madera. Pese a todo eso, sobrevivern unos 422 árboles por persona, pero no están distribuidos equitativamente.

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Avenida 19 de Abril, nuestro seleccionado celeste para un campeonato mundial de calles forestadas, si alguien lo inventa.

http://viajes.elpais.com.uy/2013/08/26/el-ultimo-arbol/

En Uruguay no andamos nada mal en lo que respecta a árboles per cápita. A pesar de su pequeñez y urbanización, Montevideo tiene casi 300.000 árboles inventariados por el municipio, que ya no está tan empeñado como antes en encajarnos árboles foráneos. Más vale no meternos con la forestación masiva, de la cual ahora sacamos provecho pero en el futuro nos podemos arrepentir. Hablemos mejor de los túneles vegetales en que se transforman algunas calles en ciertas estaciones del año, como es el caso de Diecinueve de Abril en El Prado y aún la tan transitada Avenida Rivera.

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El bosque de ombúes de Castillos… el otro está en Minas. En otros lados prefiere la soledad.

Perdimos los gigantescos eucaliptus de la Avenida Lezica en Colón, pero pasear por cualquier calle de Carrasco es una orgía forestal, un canto a la vida y un hospedaje de primera para toda clase de pájaros, ahora urbanizados. Tenemos oxígeno a patadas para hacerle la vida más llevadera a cualquier montevideano con enfisema pulmonar debido al maldito hábito de fumar… y lo dice un fumador, un fumador con enfisema.

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El árbol de la vida; el azteca, porque árboles de la vida hay en todas las civilizaciones. ¿Puede existir tanta casualidad?

Pasemos por alto todo lo mítico del árbol, desde el árbol de la sabiduría que tentó a Adán y Eva y le dio empleo a modistas y sastres; también esquivemos al árbol de la Navidad, que deberíamos denunciar como intruso y hagamos como que no nos acordamos del Árbol de la Vida, sorprendentemente presente y determinante en casi todas las civilizaciones de todos los continentes poblados. Lo cual apenas linda con lo inexplicable. Confesémoslo: el árbol es mucho más importante que nosotros y continuará haciéndose cargo del planeta cuando todos nosotros hayamos desaparcido, quizás por ser sordos a su mensaje pacificador.

Guillermo Pérez Rossel

http://www.xn--espaavale-o6a.com/2011/06/10/juana-qla-galleguitaq/

https://www.lavanguardia.com/natural/20180415/442522883107/arbol-turismo-patrimonio-natural.html

https://www.guiadejardineria.com/caracteristicas-principales-de-los-arboles/