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Ulrico Schmidel y la primera fundación de Buenos Aires

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Pedro de Mendoza fue tan poco previsor que no se le ocurrió traer ni vacas ni semillas cuando fundó Buenos Aires. Esa fue la principal causa de una hambruna tan terrible que los llevó al canibalismo. Ulrico vivió para contarlo… pero sin duda no pudo cabalgar una llama como lo muestran en  este grabado.

Tengo un amigo  con la misma genética que Ulrico, a quien le gustó el reciente artículo sobre Pigafetta leído en un reciente caluroso día del verano alemán. Es una esponja insaciable de información cultural, científica, comercial y la que cuadre… de manera que de inmediato me propinó apuntes por si me gustaba referirme a su arcaico compatriota. ¡Claro que me gusta! Era una deuda que tenía con los lectores apasionados como yo por estas cosas viejas que no se apolillan de tan apasionantes que son.

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Por culpa de esa imperdonable omisión de Mendoza y por problemas con el relacionamiento indígena,  los  primeros fundadores de Buenos Aires pasaron hambre. Pero ¡qué hambre! En fin, en esta entrada seremos todo lo fieles que sea posible con las versiones originales porque la realidad supera la imaginación… y eso no excluye a mi amigo, que me escribía: “Hace unos años me había enfrascado en la lectura del diario de Ulrico Schmidel, durante el  viaje de Mendoza. Hasta hay una calle en Montevideo que lo recuerda, aunque está mal escrita. El nomenclátor puso “Smidel” en vez de “Schmidel. Estoy convencido de que un montevideano cada diez mil debe saber quién era… y no sé si no me quedo corto. La calle desemboca en 8 de Octubre y viene desde el norte, como quien viene de FUNSA.

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Era verano cuando Mendoza desembarcó en nuestra orilla norte del Río de la Plata, donde “sechurias” andaban desnudos. Eso debe haber impresionado muchísimo a los españoles, pacatos y arropados. Acá mi amigo rescata la teoría según la cual el corredor de palmeras que comienza en Castillos y termina en Entre Ríos a la altura de nuestro Paysandú, fue creado por el descarte de coquitos de butiás que los nómades cosechaban en otoño, cuando la palmera fructifica y la indiada parte hacia la  selva misionera en busca de mejor clima, caza y recolección. No es que mi amigo desconozca que el revisionismo descartó esa posibilidad apoyándose en que las palmeras entrerrianas no son “butiá”, sino “yatay”,  unas primas hermanas. Lo que pasa es que no es la primera vez que los dictámenes más doctos van para atrás y para adelante… dudar es un derecho inalienable. Y las palmeras siguen allí, esperando una explicación más lógica.

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Dejemos por un momento a Ulrico y posémonos en don Pedro de Mendoza, un hidalgo de fortuna que se la jugó, pues para gozar del título y las prebendas de Adelantado, había que solventar la expedición sin otra ayuda de la Corona que unos 3.000 ducados. Contraía el compromiso de en solo tres años fundar tres fuertes, construir un camino real desde el Río der la Plata hasta el Océano Pacífico y conquistar todo lo que encontrara en el continente entre los 25º y 36º de latitud sur. Entonces, Mendoza sería un imprevisor pero los asesores del Rey eran tan ignorantes como dementes.

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El olvido de Mendoza en 1536 es inexplicable. Metió a bordo ocho sacerdotes, un médico, un cirujano y cien caballos. ¿Y las vacas, y las semillas para proveer alimento a sus tres fuertes prometidos?  Juan de Garay tuvo más suerte en su Segunda Fundación de Buenos Aires en 1580… pero la pobre gente de Mendoza tras terminar con todas las ratas y las serpientes que encontraban, comenzaron a morir de hambre.  Pero vayamos por partes, pues Pedro de Mendoza además de imprevisor, era un tipo con mucha mala suerte. Cuentan en la Wikipedia que la flota de Pedro de Mendoza fue dispersada por una espantosa tormenta frente a la costa de Brasil. Al amainar, el comandante logró reunir a sus navíos y desembarcó en la costa brasileña, donde cayó gravemente enfermo. Debió entregar el comando a su lugarteniente Juan de Osorio, quien al poco tiempo dio muestras de de traición y desfalco. Mendoza lo hizo ajusticiar y, algo recuperado de su dolencia, decidió embarcar de nuevo y proseguir poniendo proa al sur. También nos enteramos por esa fuente, que Mendoza tenía sífilis y que la mayor parte del desgraciado viaje la hizo acostado en su camastro.

Casi por un milagro, la colonización del Río de la Plata no comenzó en lo que hoy es la ciudad de Colonia. Fue en la isla de San Gabriel donde primero recaló la flota a mediados de enero de 1536 y allí también donde asumió como gobernador de esas tierras apenas distantes de la costa donde vivían esos terribles charrúas que acosaron a Solís y a Magallanes. Es posible que haya sido esa la razón por la que prefirió cruzar a la otra orilla y fundar allí la primera y fallida Buenos Aires.

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El ilustrador se salvó porque Ulrico ya estaba muerto, porque si en vida hubiera visto que lo retrataban como un gay emperifollado, lo ensartaba en la pica suiza que era su arma

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Acá otra que quizás hubiera aprobado, con la infaltable pica

Ulrico Schmidel era uno de los expedicionarios y a diferencia de casi todos los demás, permaneció en la región hasta 1554. Sufrió todas las penurias, corrió todos los riesgos, cabalgó hasta Potosí, participó en las aventuras con el segundo adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca y un día se aburrió de tanto trajín y volvió a su patria, donde en 1567 publicó su obra Viaje al Río de la Plata, que no tenía ilustraciones, pero aun así dejó perplejos a los europeos. Ulrico era un simple soldado, un “lansquenete”, es decir, un mercenario al estilo de los lanceros suizos y como ellos, al que no se le reclamaba erudición, sino valentía. Pero en su caso, sabía escribir y no era nada tonto. Así que el texto puede hoy parecer infantil, pero no fantasioso. Fantasiosas son las ilustraciones que introdujeron en su libro las ediciones de fines del siglo XVI, inspiradas únicamente en lo que creyeron que describía nuestro personaje de hoy.

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 “[…] la gente no tenía qué comer y se moría de hambre y padecía gran escasez, al extremo que los caballos no podían utilizarse. Fue tal la pena y el desastre del hambre que no bastaron ni ratas ni ratones, víboras ni otras sabandijas; hasta los zapatos y cueros, todo tuvo que ser comido. Sucedió que tres españoles robaron un caballo y se lo comieron a escondidas; y así que esto se supo se les prendió y se les dio tormento para que confesaran. Entonces se pronunció la sentencia de que se […] los colgara en una horca. […] Ni bien se los había a-justiciado, y se hizo la noche y cada uno se fue a su casa, algunos otros españoles cortaron los muslos y otros pedazos del cuerpo de los ahorcados, se los llevaron a sus casas y allí los comieron. También ocurrió entonces que un español se comió a su propio hermano que había muerto.”

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Así nomás… te ahorcaban por comerte un caballo, pero te perdonaban la vida si te comías al ladrón.El episodio está prolijamente reflejado en más de una ilustración, donde aparecen los tres ahorcados

en proceso de mutilación, como en una carnicería. El relato no habrá sido un alarde gramatical, pero

le dio fama suficiente como para ser electo concejal. Además, heredó el patrimonio de su hermano y

parecía que un futuro próspero y tranquilo esperaba a Ulrico… pero no. En su ciudad natal de

Straubingen lo persiguieron por ser luterano y debió huir a Ratisbona, donde murió probablemente

en 1579. La versión original de 1567 está escrita en alemán, en 1599 la  editaron en latín. Las

sorprendentes ilustraciones son de De By y Hulsius. No refiere únicamente a la primera fundación

de Buenos Aires, también relata su paso por buena parte de Argentina, Paraguay y su cruce de la

cordillera de los Andes.

Imagen de previsualización de YouTube

El inolvidable Cesar Bruto (Oski) hizo en su momento un gran panel sobre la primera fundación de

Buenos Aires, con ese material, Fernando Birri creó un medio metraje desopilante, un hito en la

cinematografía y el humor argentino.

No pude encontrar material para contar las aventuras que Ulrico debió vivir en Entre Ríos, pues  de

alguna manera fue el fundador o al menos el precursor de esas colonias alemanas todavía presentes en

la zona. Nuestro personaje formó familia y se asentó allí por años. Debemos concluir que sentó cabeza por un tiempo… o que se le fueron las ganas

de describir sus aventuras… o que sus tres o cuatro esposas guaraníes le exigieran más de lo que podía rendir.

Sin título cccY acá volvemos a mi amigo, que tiene méritos tan poco transitados entre nosotros, como saber interpretar el alemán del Renacimiento. Tuvo la gentileza de recoger un fragmento en letra gótica de mediados del siglo XVI y “me he tomado el atrevimiento de hacer una traducción somera sui generis con vocabulario actual pero fehaciente para tu deleite personal”, dice Frank en su mail. Y agrega, “Creo que esas cosas te interesan y te gustan, y es una especie de gesto de respeto que te brindo en este día muy caluroso de fines de Junio”. Y ofrece traducir más, pero alerta que “luego se pone medio monótono porque Ulrico cada vez más se va entregando a los placeres de la carne guaraní conviviendo con 3 o 4 mujeres, cosa que en Alemania le hubiera dado un pase VIP a la hoguera más cercana”.El fragmento escogido por Zorzin es el que habla del desembarco en costa hoy uruguaya, un tramo no muy frecuente en los relatos argentinos sobre este episodio. En todo caso. Sorprende que a diferencia de anteriores navegantes aterrorizados por los charrúas, la gente de Mendoza desembarcó en tierra firme e intentó socializar con los charrúas que en este caso, en lugar de atacar al invasor, prefirieron huir con sus mujeres y niños. Serían rebeldes… pero aprendían rápido.

Riogenea = RIO GRANDE

Paranau Wassu = Paraná Guazú

 

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Cap. III

 

… tomamos curso al Riodellaplata/ y llegamos a

un agua corriente dulce/ llamado Paranau Wassu/ es lejos de la desembocadura/

donde uno deja el mar atrás/ es ancho 24. Millas lejos. Y es de Riogenea/

a estas aguas 500. Millas lejos. Llegamos a un puerto/ que se llama S. Gabriel/

y tiramos anclas de 14 barcos/ in esa agua corriente Paranau.

 Debiendo quedarnos con nuestros grandes barcos/ a tiro de mosquete

de la orilla/ nuestro Mayor Petrus Manchossa ordenó/ que la gente en pequeños

barquillos/ ya previstos/ y por ello llamados Pat o Podel/ guiarse a tierra.

Entonces/ por Gracia de Dios/ llegamos a Riodellaplata/ en el año 1535. Ahí

encontramos un poblado indígena/ y en él aproximadamente 2000 individuos/

llamados Zechurias/ no tienen otra cosa para comer que pescado y carne. Estos/

cuando llegábamos/ abandonaron el poblado/ huyendo/ con sus mujeres e hijos/

que no los pudimos encontrar. Este pueblo indígena anda desnudo/ sus mujeres

tienen  tapada su vergüenza / con un trapito de algodón/ desde el ombligo hasta la

rodilla.

 Entonces el Mayor Petrus Manchossa ordenó/que regresara la gente al barco/ y que

pasáramos  a la otra orilla del agua Paranau/ que no tenía más ancho que 8 millas.

 Ahí construímos una ciudad/que se llamó Bonas Aeires, que en alemán es/

buen viento.

 Trajimos 74 corceles y yeguas de Hispania en los 14 barcos.  En este lugar

encontramos un poblado con indígenas/llamaos Carendies/aproximadamente 3000

hombres/con mujeres e hijos/ tambien vestidos como los Zechurias/  del ombligo

hasta las rodillas. Nos trajeron de comer pescado y carne.

Estos Carendies no tienen casa propia/ deambulan a veces 30 millas sobre tierra

seca/ en donde no se encuentra una gota de agua.

Y si cazan ciervos u otros animales salvajes/ toman su sangre.

También encuentran raíces/ llamados Cardes/ que los comen para la sed. Esto

(el tomar sangre) sólo sucede/ porque no pueden tener agua/ que

De otra forma quizá se morirían de sed.

Estos Carendies diariamente nos traían una ración de pescado y carne/ unos 14 días

a nuestro campamento/ y sólo faltaron un día/ que no vinieron.

Entonces envió Petrus Manchossa/ nuestro Mayor/ un Juez/ llamado Johan Pabon/

y 2 peones con el/ hacia los Carendies/ que estabana 4 millas de nuestro campamento

Sin título

 El libro no es breve y con mucha frecuencia se solaza en minuciosas descripciones de lugares,

personas y objetos naturales; hace notar que cazó y comió no menos de mil yacarés y que

aunque sujeto a obediencia como buen soldado mercenario, participó en algunas revueltas

dictadas por la conciencia, dadas las traiciones y maltratos de los mandones de turno.

 

“… los grandes señores son malos y bellacos;

donde pueden despojar a los pobres peones

 de lo suyo, lo hacen”

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Así es como lo describe Ulrico Schmidel, de pronto convertido en analista revolucionario. Porque, por más que se la quiera edulcorar, la de la conquista y coloniuzación de América es una historia de traiciones y explotación. El  enfrentamiento entre Domingo de Irala y Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, reiteradamente referido en las crónicas de la conquista del Río de la Plata, representa tal oposición, se señala en la Wikipedia. “Ante la muerte de Juan de Ayolas, Irala es proclamado por los soldados capitán general porque “trataba bien a la gente de guerra y era bienquisto por nosotros”. La llegada de Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, con la gobernación otorgada por Su Cesárea Majestad, destituye a Irala de su cargo. Ulrico se encarga de especificar que las órdenes dictadas por el nuevo capitán general producen deterioros en las relaciones que, con gran dificultad, había logrado establecer Irala con los indios. Así se explica que ante el mandato de ahorcar al indio principal Aquere, se produzca el ataque de los Carios, antiguos aliados, contra los cristianos”. Así es como Ulrico en su curioso rol de extranjero asumido español, se transforma en el más objetivo testigo de un tiempo irrepetible. Así de humilde, heroico y cruento es el origen de una de las más grandes, bellas y formidables ciudades de nuestra América.

grabados insertos en la Relacion de Schmidl 02 portalguarani

Como he dicho decenas de veces, Viajes no es una monografía y menos todavía, un tratado. Es un entretenimiento donde procuro reunir fiable documentación, simplificarla para digestión ligera e interpretarla con los ojos de un uruguayo del siglo XXI, con toda nuestra cultura agregada y con el inevitable contrapeso de nuestros prejuicios. Acá corto con la esperanza de no haberlos aburrido ni haber traicionado la confianza que en mí depositó el amigo.

 

Guillermo Pérez Rossel

http://www.bnm.me.gov.ar/novedades/boletin_electronicoBNM/boletin_14/extension/Schmidl.htm

https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_la_ciudad_de_Buenos_Aires

https://surdelsur.com/es/fundacion-de-buenos-aires