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La tumba de Lussich, un lugar mágico

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Soy asquerosamente escéptico, ni en la duda creo… pero no podría sobrevivir sin dejarle un lugarcito al misticismo, sería antinatural.

Sin ninguna información en ese entonces (debió ser hace 20 años), en lugar de entrar a la Casona del Arboreto Lussich, me atrajo el portón abierto del otro lado del camino de asfalto. No había ningún cartel, pero el rumor del follaje parecía llamarme y las raíces de los árboles formaban una escalinata guiándome hacia la cima. ¿Alguna vez viste uno de esos misteriosos jardines de piedra sintoístas? Bue, este era algo parecido pero mil veces más filosófico, porque las piedras no las puso nadie,  estaban allí puliéndose desde incalculables milenios y aportando minerales y misterios desde antes que los humanos mancilláramos todo esto.

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Créanme que es una experiencia sobrecogedora y les aseguro de que si la repiten hoy y tienen la sensibilidad requerida, les pasará lo mismo. Es como ingresar a una catedral… con la misma hoquedad rumorosa, capaz de ahogar el frenesí de pensamientos y prepararte para algo que va a suceder dentro de pocos instantes. Lamento develarte en el título ese final que a mí se me presentó como inesperada revelación.

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Con tremendo teleobjetivo (y sin malezas) luce cercano, pero esos edificios estan a quince kilómetros y la Laguna del Diario (en primer plano) a no menos de un kilómetro en línea recta. Pero este es el paisaje que escogió don Antonio para que lo enmarcara por la eternidad.

 

Casi en la cumbre –hay que trepar hasta la cúspide local de la Sierra de la Ballena–, el viento inesperado sacude tu rostro y encontrás la losa percudida que cubre la tumba de Don Antonio Lussich, el creador de este parque. Su espíritu está aquí, trasmutando sus imaginerías en los crisoles que le prestaron Piria y Pittamiglio… aunque al croata que no se lo debería emparentar con los dos alquimistas, sino con la caballería gaucha y la literatura germinal del Río de la Plata. De su autoría son “Los tres gauchos orientales”, por Borges considerado como el borrador del “Martín Fierro”. ¿Querés leer esa poesía épica? Está aquí: https://es.wikisource.org/wiki/Los_tres_gauchos_orientales

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El arboreto en bicicleta

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A pie y aéreo

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A esta altura estarás agradecido de haber leído “Que nos abrace el viento”, un libro que escribió mi entrañable amigo Diego Fischer, uno de los más prolíficos y excelentes escritores/investigadores que nos damos el lujo de disfrutar. Si no lo conseguiste, ni te sueñes que te lo voy a prestar porque el mío tiene dedicatoria y libros como éste no se devuelven. Fue reeditado muchas veces y será reeditado muchas más; cuando ocurra no te lo pierdas. El libro refiere al creador del Arboreto, a Antonio Lussich, un personaje difícil de encajonar.

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Definitivamente no era un silvicultor, aunque le sobraban condiciones. ¿Era un marino que desafiaba horribles tempestades para hacerse un lugar en la vida? Si, también era eso. Pero Jorge Luis Borges no lo recordaba por eso sino por haber inaugurado la literatura gauchesca con su obra Los Tres Gauchos Orientales.  También fue un apasionado nacionalista que combatió a caballo al mando de Timoteo Aparicio y un hombre público que se codeaba con las mayores personalidades del Río de la Plata. Como empresario fue tan exitoso que asombra y  suscita envidias tan grandes como para inspirar leyendas malintencionadas.

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¡Qué fácil es enchastrar a una persona! Alguien sembró la leyenda de que la empresa de rescates marítimos de Lussich se enriqueció poniendo vacas con faroles en la sierra de Punta Ballena para que las embarcaciones naufragaran. Y la gente no solo cree un disparate tan mayúsculo de vacas oficiando de sirenas como las de Odiseo, sino que lo repite con cara de “yo me las sé todas”. Cuando Fischer escuchó repetir esa loca leyenda por la radio, intervino airadamente y aportó algunos datos que hablan de la magia empresarial de Lussich. Por si te quedó una duda: desde el canal por donde deben pasar las naves, no hay forma de ver la luz de un farol, aunque tuviera bombitas LED de 100 w. Además, las vacas no pastan rocas.

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En 1886 compró las tierras en las que desarrolló su Arboreto, eran originalmente unas 1.300 hectáreas de rocas y yermos arenales barridos por el viento y el salitre, que iban desde el arroyo El Potrero (el que desagua la Laguna del Sauce) hasta la Laguna del Diario. Tenía 52 años, nos cuenta Fischer alertándonos que en aquella época con esa edad se era un viejo. Él seguramente tenía otra idea: dejó que sus hermanos se hicieran cargo de la empresa y él se dedicó a completar la obra de la naturaleza desde 1888. En 1916, cuando el Estado expropió la empresa y creó la Administración Nacional de Puertos, Lussich y sus dos hermanos tenían 100 vapores y lanchas, un dique y casi mil empleados.  Era la empresa marítima más grande de América del Sur y la segunda más eficiente del mundo. Lo afirmaban las aseguradoras de Londres, que a Lussich lo recibían bajo palio cuando se daba una vuelta por allá, para recibir premios y reconocimientos. También lo condecoraban en Francia, España e Italia.

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Es decir, don Antonio Lussich era un hijo de inmigrante inmensamente rico, enormemente culto, extraordinariamente valiente (no solo como soldado, sino como marino, pues dirigía en persona los salvatajes). Le faltaba desafiar a la ciencia, y eso fue lo que hizo.

Las tierras que había comprado en los altos de Punta Ballena tenían una vista insuperable y eran la platea de las mejores puestas de sol… pero eran permanentemente barridas por los vientos y aunque la hermosa casa que le construyó Milo Beretta era confortable, al salir de ella entre las rocas peladas parecía que uno iba a levantar vuelo. Su esposa Angela Portillo le dijo que no volvía más con sus diez hijos si no le encontraba una solución al problema. ¿Domar al viento? ¿Por qué no? Lussich no improvisaba nada y capital no le escaseaba, así que llamó al mejor botánico y paisajista de la época, que era el francés Carlos Thays, para parapetar la casona tras un bosque natural que parara las rachas.

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La opinión de Thays y la del botánico uruguayo José Arechavaleta fueron terminantes: en ese roquedal no crecerá nada. Todo esfuerzo será inútil, le dijeron tras examinar tierras humedades y todas esas cosas. Nada fortalecía mas la voluntad del descendiente de croatas que una negativa tan terminante. Así que le pidió a todos los marinos que le trajeran especies arbóreas de todo el planeta. Y la naturaleza le hizo un guiño milagroso: todo germina y florece en esas tierras contrariando los más científicos vaticinios.

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Lo sé por experiencia propia, pues supe tener una casita (chica la casa, pero el terreno tenía 2.600 metros) a unos 200 metros de esa casona, dentro de lo que en su momento fue parte del Arboreto. Clavabas en el suelo una rama de casi cualquier cosa y al mes tenías un arbolito orondo y saludable. En mi terreno había muchos árboles plantados por Lussich o sus ayudantes, incluida una aruera que con dolor tuve que arrancar porque tengo un nieto muy alérgico que se negó terminantemente a saludarla al vesre (es decir, “buenas noches señora Aruera”, si era de mañana, y viceversa) que es un remedio infalible para esas cosas. Aproveché lo que había y agregué especies nativas (ombú, chirca de monte, pitanga, etc). Entonces, me tiraba a la sombra de mis arbolitos, le daba de punta al mate y dejaba que las gallinetas mansas como perritos, acamparan confiadamente entre mis piernas. Porque soy arbolero y bichero.

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Del tamaño original del predio de Antonio Lussich, quedan unas 200 hectáreas integrando el Arboreto de propiedad estatal que ahora lleva el nombre de su fundador. Lo demás está en manos privadas. Son 370 especies de flora exótica y otras 60 nativas; los ejemplares se podrían medir por decenas de miles… si uno cuenta rápido, pues acá las cosas crecen de manera firme e incesante… la magia continúa y allá arriba está el patrón, vigilando desde el sepulcro que se hizo construir allí mismo.

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No quiero desviar demasiado este artículo de su objetivo principal, que es ese poco conocido anexo sepulcral, del otro lado del sinuoso camino “Antonio Lussich” que repecha vertiginosamente desde la entrada a La Rinconada, donde está el Parador Medio y Medio, pasando por debajo del puente que ayuda a trepar la subida hacia el mirador de Portezuelo y la Casapueblo de Carlos Páez Vilaró. (Algún día tengo que escribir sobre los fenómenos culturales que eligieron esta zona para vivir, desde la irrepetible actriz Margarita Xirgú al vanguardista arquitecto Antonio Bonet… por solo mencionar a dos españoles. Dicho sea de paso, en lo más recóndito de esa serranía puesta en valor por Lussich, suele esconderser una colonia de intelectuales europeos, belgas, franceses, alemanes y estadounidenses. ¿Qué cómo no se sabe de ellos? Porque a diferencia de muchos en Punta del Este, lo que ellos buscan es lo contrario a la notoriedad. Es internet y su magia conectiva lo que nos permite estos lujos de pequeña demografía. No voy a decir dónde se refugian ni como se llega allí, sería criminal… pero si mirás las góndolas del Supermercado Cynthia que está en el cruce con la Ruta 12, te sorprenderá la variedad de productos que no se ven sino en los supermercados europeos para gourmets. Allí los podés ver, parecen otros turistas regionales más… hasta que hablan.

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A 500 metros de la interbalnearia, detrás de una curva cerrada, te encontrás con la Casona de Lussich y la entrada al parque. Podés hacer el recorrido que se te antoje y guiarte por los cartelitos que también indican qué árbol es el que estás mirando. O podés conseguir en esa Casona un ejemplar de un mapa que contiene tres recorridos aconsejados. Uno de ellos te lleva a una glorieta a 140 metros de altura donde el fundador puso un mirador desde el que se domina el glorioso espectáculo hacia el oeste, con el Cerro Pan de Azúcar dominando el paisaje, el océano a la izquierda y la Laguna del Sauce a la derecha. Don Antonio era un fenómeno. Hasta allí por lo menos, deberías ir caminando y si tenés problemas motrices te dejan pasar en auto y a veces hay servicios locales que te llevan.

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En lo personal, si te ayudan las rodillas y los pulmones, te aconsejo dejarte llevar…. Primero en subida y luego en bajada, guiándote por el instinto que te llevará hasta la ruta 12 que arranca en la Estación Ancap de la Interbalnearia. En ese lugar, esa ruta que pasa por Pueblo Edén y llega a Minas,  te deja casi en la orilla de la Laguna del Sauce. El recorrido es inolvidable… lástima que hay que volver por donde viniste y es todo en subida.

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¿Te había dicho que en la Casona, donde también está el Centro de Visitantes, hay una formidable colección de azulejos del siglo XIX, así como documentos y objetos que pertenecieron a Lussich. En una sala pasan videos didácticos sobre el arboreto. Te diré que hasta conviene visitar todo esto para sacarse la manía de criticar todo y enojarse con todo. No es que todo esto esté perfecto, sino que está muy bien, mantenido con mucha buena onda, hasta el punto de que no te cobran entrada. Claro que te puede tocar llegar en algún momento en que la burocracia derrotó a la buena disposición, que falten cartelitos y que todo esté como la mona. No es frecuente… pero desgraciadamente pasa. Si está todo bien, felicitá a esa gente, que también vive del estímulo. Francamente, deberían cobrar algo sobre todo por el mapa, para que no falte, para que el parque no sea una carga para la Intendencia y para que la gente valore porque le cuesta… lo gratis es berrreta.

Al final, el trayecto hacia el sepulcro de don Antonio. Veo que enjardinaron y crearon unos escalones… valoro el esfuerzo… pero quizás al fundador –como a mí– le hubiera gustado la senda natural trazada por las raíces entre las rocas.

Me olvidaba de decirte una cosa. Podría ser que se te ocurra tirar algún envoltorio, o arrancar alguna rama, o romper alguna cosa. Porque algunos son así. En ese caso no te voy a decir que don Antonio se levanta y te rompe la crisma… pero mirá que según aseguran los sintoístas, los bosques tienen espíritus que castigan esos inmundos comportamientos.

Guillermo Pérez Rossel

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HORARIOS

  • Verano:Desde el 15 de Diciembre hasta finalizar Semana de Turismo de 10 a 20 horas, todos los días. Visitas guiadas a las 11, 14 y 17 horas.
  • Invierno:De 10 a 18 horas, sábados, domingos y feriados.

https://www.elpais.com.uy/informacion/hombre-logro-domar-viento.html

https://www.elpais.com.uy/informacion/punta-ballena-cumple-anos.html

http://www.puntadelesteinternacional.com/70-anos-de-punta-ballena-y-120-del-paraiso-lussich/

https://www.casaseneleste.com/paseos/arboretum-lussich.html

https://www.puntadeleste.com/es/informacion/punta_del_este/paseos/arboretum-lussich