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El rito de las 12 uvas a medianoche del 31

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El hombre es un bicho ritual… divertite con los que no hacen daño y cuídate de los que inspiran maldades.

Porque el ritualismo  cobija malditos prejuicios, como lo que implica la quema del judas o el acoso a la mujer como si esa fuera una condición varonil. Pero eso de comer justo doce uvas faltando doce segundos para la medianoche del 31 de diciembre, es divertido, se completa con besos, abrazos y buenos deseos. Por unos momentos, todos nos queremos sin dobleces; ojalá perdurara 365 días.

Puerta del Sol

En España y muy especialmente en Madrid donde los televisores reproducen una tras otra, las doce campanadas que da el reloj de la Puerta del Sol y con cada campanada, los comensales de las mesas familiares van engullendo uvas. Si te atrasaste, si te atragantás y aún si las comés todas juntas como un angurriento, te espera un pésimo año. Lo del gato negro puede ser una superstición, pero lo de las doce uvas está garantizado.

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Hoy ese rito no se limita a Madrid, hace tiempo que llegó a Montevideo y dicen que hay chinos que lo hacen sin saber por qué y de dónde vino. Sin embargo, no es una costumbre ancestral, comenzó hace solo 120 años: el 31 de diciembre de 1897. Dicen que ese año hubo una cosecha excepcional de uvas y los viticultores aparecieron en Plaza del Sol regalando uvas… lo que huele a mitología de imaginería desbordada, porque en el invierno europeo sería un milagro fuera de todo cálculo una cosecha desbordante. Otras versiones omiten lo de la cosecha abundante y hablan de una ironía popular contra los lujos de las clases altas.

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Se asegura que en 1930 el rey Alfonso XIII salió de incógnito a la calle y aguardó el año 1931 junto a la divertida plebe. Acosado por los problemas económicos del pueblo, con los catalanes en pie de guerra (se alternan con los vascos) y con Primo de Rivera pergeñando su inminente dictadura, puede parecer poco probable esta historieta ¿o los reyes no tienen derecho a alguna picardía en lugar de estar obligados a andar siempre con esa cara de culo? Doce uvitas, una tras otra, alegran hasta a un monarca sin ganas de tomar decisiones.

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Así lo supone una industria que, ni corta ni perezosa, ofrece en los supermercados grupos de doce uvas ya peladas y primorosas bandejitas de plata para lucirse en la Puerta del Sol, o en todas las otras ciudades españolas donde haya un reloj con campanario… o en los hogares, donde desde 1962 se confía a la televisión la retransmisión de las campanadas. Antes todos se reunían ante una radio y antes de la radio, la  celebración era solo presencial, con un frío de los mil demonios.

Aquí lo tenés, es del 2015, pero el rito es idéntico. Y esa bola que cae justo antes de las campanadas ¿qué querés que te diga? suena un poco neoyorquina.

Muy contentos estaban los madrileños de tener su rito de inicio del año todavía más antiguo que el de Times Square en Nueva York; de manera que les cayó muy espeso que alguien dijera que era una costumbre importada de Francia y Alemania, donde la practicaban los aristócratas. Porque al revisionismo no lo para nada ni nadie; no es que haya que poner las cosas en sus justos términos, es que hay que revocar todo, sin conmiseración.  Hasta ahora no se le han animado a otro rito del 31 de diciembre: llevar puesta una prenda roja, que puede ser una bufanda, pero trae mucho más buena suerte si es un calzoncillo o una bombacha, porque si hay picardía todo es mucho mejor. ¡Si será loca la gente… de dónde sacarán estas cosas!

ESPAÑA CAMPANADAS NOCHEVIEJA

Como el apiñamiento es descomunal en Plaza del Sol y como para no hacer papelones, los encargados del espectáculo hacen un ensayo el día anterior. Gracias a eso ha nacido un pre-rito, que consiste en apiñarse la noche del 30, llevando unas pre-uvas y haciendo un pre-festejo. Porque si fuera para trabajar, no iba nadie. Quizás es por precavidos, para que no los ataque la mala suerte por algo como lo que pasó en 1989, cuando la locutora de Televisión Española Marisa Naranjo y anunció como “cuartos”, lo que en realidad ya eran las campanadas, dejando a muchos sin poder completar las doce uvas de la buena suerte.

¿Te había contado que se disfrazan y lanzan fuegos artificiales?

Marisa explicó que los responsables de la producción no pudieron conseguir un balcón y tuvo que transmitir  desde una habitación sin ventana a la plaza. El sonido le llegaba desde un pequeñísimo monitor y ahora es necesario explicar que las doce campanadas están precedidas por el anuncio de los tres cuartos anteriores. Y no fue ese el único accidente con relación a este rito. Por alguna razón que no se explica, en 1997 el campanario del reloj se puso loco y sonó las doce campanadas en tan solo 17 segundos. Más de un español se debe haber atragantado. Por eso las precauciones y las “pre-uvas” del día 30, pues se espera que el reloj de la Real Casa de Correos tenga una meta de 36 segundos y sesenta centésimas para completar el anuncio de que estamos en un nuevo año. Tiempo suficiente para engullir cada uva con tranquilidad y con tiempo para dedicarle una guiñadita a la invitada de tu prima que te mira con complicidad.

ENSAYO CAMPANADAS

Muchos uruguayos ya nos  nos sumamos a este rito, que prendió fuerte primero en México, Venezuela, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Perú, Colombia, Puerto Rico o Costa Rica. ¿Se puede creer que en los quioscos cercanos a Times Square ya se venden recipientes con 12 uvas que muchos comen al compás sin saber que esa es una costumbre hispana.

La cuestión es que el cambio de año es origen de ritos diferentes en todo el mundo y tenía que ser en nuestro país desbordante de empleados públicos, que se celebre la fecha tirando por la ventana los almanaques que ya no servirán al día siguiente, como quien dice “a lo pasado, pisado”. En Brasil y algunos países del Caribe es costumbre que a fin de año las familias se junten en la playa para saltar al unísono siete olas. ¿Por qué siete y no doce? Andá a preguntarle a Iemanjá, pues parece que la tradición entronca con esa religión popular.

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Si lo de las uvas, el almanaque y las olas te parece insuficiente, podrías ponerte como un demente practicando algunos de los otros ritos de fin de año, entre los cuales recordamos comer lentejas para conseguir abundancia, meter billetes en los zapatos para lo mismo, pasear con maletas para que se te cumpla el viaje, cascar huevos en un vaso e interpretar el futuro, etc. Lo de la lencería roja parece que viene de Vietnam y China, aunque yo sospecho de la inimitable Naná, la dueña del mediático prostíbulo de Punta del Este.

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Y lo mejor de todo: podés inventar tu propio rito. Si se te ocurre algo interesante y original, te ofrezco difundirlo todo lo que pueda. Por ejemplo, que algún patrocinador compre el imponente y antiquísimo reloj de la torre de la fábrica de café El Chaná y lo instale en algún lugar con más capacidad, como nuestro kilómetro cero que es la Plaza Libertad; solo para empardar a los madrileños, donde el kilómetro cero es justamente la Puerta del Sol. Pero, por favor, no le pongan la bola neoyorquina, que suena sumisa.

Guillermo Pérez Rossel

https://es.m.wikipedia.org/wiki/Nochevieja

https://es.wikipedia.org/wiki/Doce_uvas

http://www.nationalgeographic.es/historia/2017/11/tus-favoritos-2017-de-national-geographic-channel

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