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Isla Cangrejo, la primera Atlántida del milenio

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Los indígenas Guna que viven allí desde tiempo inmemorial, acordaron con el gobierno de Panamá, su mudanza definitiva al continente, antes de que su isla se sumerja… no muy platónicamente.

Este artículo podría tener otro foco… porque permite identificar una amenaza para los indígenas peor que los huracanes, las mareas, el calentamiento global, los corales que se desintegran, la fiebre amarilla que les trajeron desde Europa, la civilización con todas sus maldiciones y los sacerdotes de todas las religiones empeñados en que abandonen sus creencias y adopten las de otros. Sí señores, hay algo peor que todas esas desgracias juntas; es el peor enemigo del hombre en todas las latitudes: se llama burocracia.

Vista aérea de la isla Soledad Miria, el 27 de diciembre de 2007 ubicada en el Atlántico, sector de Cartí, Comarca de Kuna Yala, 90 kilómetros al Norte de la Ciudad de Panamá. Un grupo de 51 familias quedaron damnificadas tras un incendio ocurrido en la noche del 26 de diciembre, en esta comunidad que acabó con las viviendas, un centro comunal y una escuela. AFP PHOTO SISTEMA DE PROTECCION CIVIL (SINAPROC)

Te confieso que no soy muy simpatizante con esa idea armagedónica vinculada al calentamiento global… pero no soy técnico, solo soy un ex canoísta que conocía piedra por piedra a la querida Isla de las Gaviotas, en Malvín. La veo allí hace 80 años. Las palmeras diminutas se transformaron en árboles respetables, la estúpida torre del Aerocarril ya no está, pero la Piedra de los Bobos y el eterno muellecito desde el cual nos zambullíamos entre toninas que supongo exterminadas sin una lágrima, está igualito, a la misma distancia del nivel del agua. ¿Habría que revisar las leyes que rigen a los vasos comunicantes para ver cómo el agua de los glaciares derretidos se distribuye por todo el mundo hace una excepción con Malvín? Me inclino a creer, que sin dejar de alarmarse por la producción de gases contaminantes y hasta por los pedos de las vacas, hay que tomar en consideración que el planeta tiene un carácter de los mil demonios y su comportamiento es más indescifrable de lo que creen algunos que presumen de científicos. Ciertamente, los glaciares se derriten, la Antártida se cae a pedazos, los gases de invernadero existen… pero no parece tan fácil suponer o descartar terrores.

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Ahora, lo de la Isla Cangrejo y de otros lugares de este planeta, no admite segundas opiniones. Se hunde y se hunde, o más bien, el agua la cubre y la cubrirá totalmente. Los de la agencia Reuters, siempre prudentes, agregan al calentamiento global, la destrucción progresiva de los arrecifes de coral debida a que los habitantes los usaban para extender su isla y dar cabida a su creciente población. Los vientos estacionales, las tormentas, las mareas altas se combinan “para sumergir las pequeñas islas, abarrotadas de cabañas de cañas amarillas y frondas de palmeras descoloridas, dejándolas hundidas hasta los tobillos en agua esmeralda durante días enteros”, dice el redactor de la agencia, tentado por la poesía pero no por el amarillismo.

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Los gunas que habitan la isla serán todo lo pintorescos que quieras y resistirán los embates de la civilización tanto como lo hacen con el mar… pero son inteligentes, precavidos y saben cuándo hay que aflojarle a las tradiciones. De manera que tienen un plan de escape. Después de estudiar mucho la costa continental, escogieron un predio de 17 hectáreas, un kilómetro al sur de Puerto Cartí y allí se proponen crear su nuevo hogar: “La barriada”. Para mí, es un hecho de conmovedora humildad; trataron de arreglarse sin pedirle nada a nadie, pero cuando hay un Estado, eso no es tan fácil.

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Hay varias comunidades en todas las latitudes tropicales que están amenazadas por el avance del mar… pero los gunas Gardi Sugdub de la Isla Cangrejo, son los únicos que compraron su futuro y lo acordaron con el gobierno de Panamá, que cada vez que se renueva, asegura que está dispuesto a colaborar. Además, cuenta con la asistencia del BID que espera pacientemente para poder ayudar.

“Imagino nuestra la comunidad aquí en La Barriada”, dice mirando a esta zona de vegetación tropical que tiene un arroyo y una pequeña colina. “Mis nietos quieren jugar al fútbol y al voleibol, pero no hay lugar para eso en la isla. Aquí pueden estar libres como pájaros”, le dijo a la BBC Victoria Navarro, una de las isleñas migrantes.

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No solo deportes podrán practicar los niños, para quienes el BID, el gobierno y la dirigencia isleña prevén una enorme escuela a un costo de 9 millones de dólares y un centro de salud para el que se reservaron 11 millones… porque esta experiencia en Isla Cangrejo debería ser la avanzada de una migración que abarque a todas las islas pobladas del archipiélago. El proyecto comprendía 300 casitas para los gunas con vocación de emigrar… pero resulta que la burocracia estaba esperando agazapada.

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Esas casas debieron estar terminadas en el 2015 y las obras de la escuela y el centro de salud deberían estar avanzadas, pero nada de eso ocurre, las aguas del archipiélago avanzan a mayor velocidad que la burocracia, el mayor freno inventado por la humanidad. Hartos, los isleños han realizado movilizaciones que cuentan con simpatía universal y el gobierno renueva sus promesas de celeridad y voluntad que no debería discutirse, pero, ¡quién mueve a nuestros estados gordos, costosos, pesados, inmóviles! Justo es reconocer que también hay obstáculos razonables, como los derivados de instalar un sistema de aprovisionamiento de agua y electricidad… no hay como una comisión de prefactibilidad, sumada a otra de factibilidad y al temor de estampar la firma en algo que tenga una falla, para empantanar toda esperanza.

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Ese año los indígenas echaron de sus tierras a madereros, bananeros, caucheros, buscadores de oro, pescadores de tortugas, echaron incluso a la policía panameña, y a partir de 1938 obtuvieron una autonomía muy fuerte, explica la BBC. La región autónoma de Guna Yala se extiende por 371 islas coralinas del archipiélago de San Blas y por una franja de costa montañosa y selvática, a la que entra una breve carretera, asfaltada hace cuatro años. En la costa viven 11 comunidades de gunas, en las islas viven 38, repartidas en una cincuentena de islas. Según el censo panameño de 2010, hay 30.000 gunas en su región… y 40.000 en Ciudad de Panamá.

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La isla Cangrejo solo tiene 400 metros de largo y 150 de ancho, cada centímetro está construido para poder albergar a los 2.000 habitantes de la comunidad. Dadas las costumbres de los gunas, las familias suelen ser de unas 50 personas y hasta una veintena de ellas pueden compartir una sencillísima casa de bambú. Con eso no se consideran ricos, pero pueden ser felices e independientes.

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Casi tribales, los gunas no tienen un solo mandamás. Se organizan desde el respeto a sus sailas, líderes espirituales y cívicos que se reúnen casi a diario para tomar decisiones por consenso. La BBC entrevistó a un saila de otra comunidad, residente en una isla denominada Gardi Muladup, tan falta de espacio que a sus cerdos los guardan en corrales levantados con pilotes en el mar. El entrevistado, Carlos Pérez, asegura tener 102 años y cuenta que ellos también compraron tierras en una zona llamada Montaña Roja… pero la lentitud burocrática los tiene a todos desanimados. La historia les dice que a los indios les dan promesas, pero solo eso.

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Los gunas no son anfibios de larga data. “Hace un siglo y medio vivían en las laderas de las montañas junto al mar, pero debieron huir debido a la malaria y la fiebre amarilla que les trajo la civilización. En las islas no tienen tierras de cultivo, salen en canoa a pescar jureles, barbos y peces sierra, bucean a pulmón para capturar centollas, pulpos y langostas, llevan turistas a los pequeños paraísos de las islas deshabitadas; pero también pasan a menudo al continente para cultivar maíz, yuca, bananos y hortalizas, para tomar agua de los ríos y hasta para enterrar a sus muertos envueltos en hamacas”.

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“El calentamiento global lo producen los países industrializados y lo sufrimos nosotros. Nuestros antepasados ya vaticinaron que desapareceríamos bajo las aguas. Si atentamos contra la naturaleza, la abuela Muu nos castigará. La abuela Muu es el mar. Los antepasados también dijeron que desapareceríamos por el fuego, y eso es el calentamiento global explicado con otras palabras. Cuando atacamos a la naturaleza, el fuego y el agua se unen para castigarnos. Nuestros sacerdotes nos lo recuerdan siempre, yo desde niño vengo escuchando el miedo a la inundación”. Es admirable el tono que la BBC le introdujo al reportaje.

En lo personal también en Guatemala me encontré con esa culpabilidad que se le asigna al indígena. Tal parece que los propietarios originales de estas tierras, son los culpables de que quienes se las apropiaron tengan que gastar dinero en ellos. “El problema de Guatemala es el indio. Si no los tuviéramos, tendríamos más desarrollo”, me decían, camino a Chichicastenango, un pueblo de montaña casi 100% indígena… aunque junto a ellos pululan  miles de turistas que vienen de todo el mundo y generan una riqueza que disfrutan más los “civilizados” que los “naturales”.

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¿Dónde están las carreteras, los hospitales, las escuelas, las usinas, las plantas potabilizadoras que ustedes tuvieron que construir para los indios? Les preguntaba yo. Porque lo que yo veía, era  hoteleros, transportistas, dueños de restaurantes y de toda esa parafernalia que atiende a la industria, ninguno de ellos indígena, llenándose los bolsillos y cuidando que nada se les cayera y lo pudiera recoger un nativo.

No quiero hacer el tonto con un mensaje de esos llenos de mariposas y pajaritos… pero te digo muy en serio, que estos indios de Panamá, como los de Guatemala, podrían darnos lecciones de convivencia. Y los “blancos” los siguen explotando como hace 500 años.

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El futuro de los indios guna puede emparejarse con el de los nativos de las islas Tuvalu, las islas Marshall, las Maldivas y las Fiyi, todas en riesgo de sumergirse en corto plazo… pero antes de que empieces a tronar contra los gases de invernadero (sin incluir a tu auto entre los responsables, claro está), tené en consideración que casi todas esas islas son el resultado de la acumulación de corales y que los corales están siendo atacados por la llamada “lluvia ácida”, un subproducto de la civilización, entre otros factores. No es cuestión de gritar contra el empleo y la riqueza de otros, la cosa es bastante más complicada como para andar comprando certidumbres ajenas.

 

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Isleños de San Blas

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El paseo

Ignorantes de los padecimientos de estos indígenas, pero admirados por sus coloridas vestimentas, los turistas aportan cada año decenas o cientos de millones de dólares a la economía panameña… de por sí enriquecida gracias al canal, ahora ampliado, que es un inagotable cuerno de la abundancia. De todo esto emergen esos rascacielos modernos, brillantes, paradigmas de la era Trump.

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Los expertos en turismo ubican el archipiélago de San Blas entre los lugares más paradisíacos del mundo. No es que haya buena infraestructura, todo lo contrario. Lo que hay es autenticidad y un mar que parece fantasía. Los turistas más exigentes, vienen en yates con camarotes y deambulan por las islas sin perder nada de confort… pero hay muchos otros que prefieren convivir con los gunas, aunque tengan que bañarse con un balde lleno de agua de lluvia y aunque para ir a un retrete tengan que ir a un extremo de la isla para hacer uso de un retrete improvisado.

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En varias islas los indígenas dispusieron cabañas de bambú, con dormitorios no muy confortables pero absolutamente auténticos. A cambio de la comodidad,  podrán disfrutar del pescado, cangrejo y langosta más frescos que hayan comido en sus vidas. Aunque los nativos son muy amigables, no es conveniente llegar para ver qué pasa: los expertos aconsejan informarse en los hoteles y las compañías de viaje de ciudad de Panamá. En Panamá Travel Unlimited, ofrecen estos hospedajes a entre 35 y 150 dólares por noche, dependiendo de la comida que ofrezcan e incluyendo los traslados.

Guillermo Pérez Rossel

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Pero cuidado, los que saben hablan de la “fiebre de la isla”, que es un ataque de aburrimiento al llegar al tercer día. Te voy a dar la ubicación de algunas webs donde encontrarás todo lo necesario para conocer esta Atlántida inminente de la mejor manera posible… pero con la condición de que cuando estés ahí, no me mires a los guna como unos pobrecitos que nunca vieron a Tinelli, sino con el respeto que merece una formidable cultura natural que tiene mucho para ofrecernos incluyendo su estética tan especial. También te muestro algunas fuentes de la información que leíste.
https://www.triptable.com/panama/comarca-guna-yala-san-blas

http://www.dw.com/es/el-caribe-tambi%C3%A9n-se-hunde/a-41332429

https://elpais.com/elpais/2014/12/09/planeta_futuro/1418135985_659104.html