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Ni se te ocurra lamer a un sapo

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Este artículo tomó un giro inesperado a partir de los comentarios de algunos lectores. Califican al autor de retrógrado, prejuicioso, estúpido y mediocre, entre otros. Al parecer me lo merezco por considerar desaconsejable consumir drogas. Recomiendo una nueva lectura, incluyendo los comentarios. Creo que muchos se llevarán una sorpresa, para mí desoladora. Ignoraba que el problema era tan grave; ahora entiendo por qué tantas jerarquías bajan los brazos y dejan que ocurra lo que sea. O lo suponen irreversible o le temen a reacciones como éstas.

¿Quién podría querer lamer un sapo? Gente hay para todo, y si el sapo te alucina hasta el punto de hacerte salir de la realidad y las responsabilidades que todos tenemos, entonces hay adictos que hacen cola a pesar de los riesgos. No creas que sería una muerte amable como la que te ayuda a sobrellevar un trance terminal. No señor, el veneno de un sapo produce una agonía espantosa.  ¿Y aun así hay gente que los lame? No debería sorprenderte, hay gente para todo.

Antes de seguir, para que no te la agarres con el pobre sapo, digamos que el bichito es uno de nuestros más eficaces exterminadores de insectos nocivos y diseminadores de plagas y que en general es absolutamente inofensivos. Además, uno no puede saber de antemano si se trata de un sapito del montón o es un príncipe transformado por un hechizo malvado.  Aun así, aunque se podría cumplir el sueño de tu vida, es un poco peligroso andar besando sapos. Es decir, dejá vivir a los batracios que no te hicieron nada y no te pongas cariñoso que eso es bastante asqueroso.

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¿De qué sapos deberíamos cuidarnos? De todos, porque esos que podés encontrar en tu jardín, también exudan sustancias con las cuales procuran defenderse de sus exterminadores (nosotros ya matamos al 30%). No hay problema en levantarlos de la calle e impedir que un auto los pise… pero no los apretes ni lo acerques a tus ojos; llévalo a tu jardín, déjalo que haga su pocito para esconderse y comer las hormigas que te tienen a mal traer. ¿Matarías a las abejas porque pican?

Los sapos que los adictos se empeñan en lamer a riesgo de su vida, pertenecen a la familia Bufonidae según la revista médica Journal of Ethnopharmacology. Las toxinas en la piel de uno solo de estos sapos pueden matar de 130 a 1000 ratones… pero también pueden contribuir a descubrir nuevos fármacos. «Poco a poco estamos aprendiendo a criar miembros de esta familia de anfibios, que ha sido diezmada por la enfermedad del hongo quítrido», comenta Roberto Ibañez, científico del STRI y director nacional del Proyecto de Rescate y Conservación de Anfibios de Panamá (PARC) en una nota publicada en la web del centro. «Eso nos da tiempo para entender qué tipo de productos químicos producen, pero es probable que los animales en sus hábitats naturales produzcan una gama aún más amplia de compuestos».

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La cita es del diario ABC de España, y agrega que quince de las 47 especies de ranas y sapos utilizadas en la medicina tradicional pertenecen a esta familia Bufonidae. Durante milenios, las secreciones de su piel y de las glándulas parótidas (cerca de sus orificios auditivos), así como sus huesos y tejidos musculares, se han utilizado como remedios para infecciones, mordeduras, cáncer, trastornos cardíacos, hemorragias, alergias, inflamación, dolor e incluso para tratar el SIDA.

En Brasil  los intestinos de la Rhinella schneideri (sapo buey o cururú, existente en el norte de Uruguay) se aplican a los caballos para tratar el parásito Habronema muscae. En España, por ejemplo, el extracto del sapo Bufo bufo (sapo común o europeo) se utiliza para tratar la podredumbre de los cascos en el ganado. En Corea, por último, los ganaderos utilizan la carne de Bufo gargarizans para tratar la peste bovina, cita como ejemplos Ibañez. Y todo eso procede del examen de una pequeñísima proporción de más de 580 especies que componen la familia Bufonidae.

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Las principales víctimas de los sapos son sus depredadores, pues para defenderse de éstos es que las tienen en su piel o en sus glándulas. Las toxinas que producen suelen actuar sobre el ritmo cardíaco y no todas son producidas por sus glándulas: algunas tienen alcalolides lipófilos producidos por los ácaros y hormigas que incluyen en sus dietas. El Sapo de la Caña, o sapo marino (Rhinella marina) segregan bufotonina, una sustancia que produce alucinaciones al ser humano al ser inhalada, inyectada o ingerida. “A nivel químico, la bufotonina se llama N-dimetil-5-hidroxitriptamina. El agente entra en el organismo y se enlaza a los receptores de serotonina, liberando una gran cantidad de este neurotransmisor. Las personas que han experimentado con la N-dimetil-5-hidroxitriptamina reportan un fuerte efecto psicoactivo con potentes alucinaciones visuales. Hay que puntualizar que estas personas, generalmente investigadores, usan versiones de la sustancia purificadas en laboratorio. No lamen el lomo de un animal que acostumbra a nadar entre agua estancada y excrementos de peces.

En sobredosis o en pacientes proclives, la bufotonina causan fibrilación, arritmia, ataques al corazón… y muerte. No es la única arma del arsenal de un pobre bicho que no tiene dientes, ni púas, ni colmillos, ni garras, que luce apetitoso y que entonces, solo sobrevive si se las ingenia para ser incomible. ¿Por qué lo lamen entonces?, sencillo: porque cuando se es adicto los límites no existen.

Guillermo Pérez Rossel

http://es.gizmodo.com/por-que-chupar-sapos-hace-que-tengas-alucinaciones-y-d-1794523252

http://www.abc.es/natural/biodiversidad/abci-razones-para-no-lamer-sapos-201702211222_noticia.html

http://www.abc.es/natural/biodiversidad/abci-razones-para-no-lamer-sapos-201702211222_noticia.html

https://www.taringa.net/posts/info/7298385/Alucina-lamiendo-un-sapo.html