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Los palmares butiá

palmares de rocha

No te confundas con las palmeras Yatay, que son las de Paysandú y Entre Ríos, no las de Rocha. Ahí tenés las verdaderas butiá, en magnífica foto de Belén Etchegaray.

Y esa diferencia pone rotundo fin a la fantasía de charrúas migrando y dejando un rastro de coquitos ¡quién podría comer tantos coquitos!. Los palmares de Paysandú y de Entre Ríos, también gigantescos, no son de la misma familia que los de Rocha. Y ese supuesto rastro en diagonal desde Rocha hasta Paysandú, se queda en el rango de “supuesto”. Un drone le perdería la pista.

Los imponentes palmares de Castillos son de Butiá Capitata, originaria de Uruguay y del sur de Brasil, aunque también presente en el noreste argentino. La capicúa palmera Yatay es muy parecida, pero es otra cosa y esa es la que abunda en Paysandú. A propósito, a la palmera Yatay también se la confunde con la palmera Pindó. En fin, flor de lío con las palmeras… pero el inimitable sabor de la fruta butiá es exclusivo de los palmares cercanos a la ciudad de Castillos. Más allá de eso, hay pocas cosas tan lindas de ver como una puesta de sol entre  palmares, sean de la especie que sean y estén donde estén.

Y si hay palmares, también hay montones de pájaros, animales e insectos integrando un   riquísimo ecosistema que se encuentra en riesgo de extinción debido a la falta de cultura ecologista, pero más aún, debido a la ganadería y la agricultura.

Cuando pases cerca de Castillos en Rocha, fijate a los costados de la carretera y observá que hay plantas jóvenes a montones. Esas sí que son el producto de la migración, entre otros factores. Los turistas compran en abril las bolsas de coquitos frescos en los puestos de la orilla del camino y se los van comiendo mientras avanzan hacia el este o el oeste. Los coquitos que germinan generan una palmerita que habitualmente sobrevive, a diferencia de lo que ocurre con sus hermanas germinadas dentro de campos alambrados. Lo que ocurre es que allí pasta el ganado y si vos fueras una de esas vacas que te mira pasar sorprendida por tu prisa, también le darías un mordisco a esos deliciosos brotes tiernos.

Debido a eso y a la agricultura, los bellísimos Palmares de Castillos están amenazados de muerte: cuando cae una palmera no hay otra creciendo para sustituirla. Dicen que la palmera butiá sobrevive hasta 300 años, pero en la historia del paisaje esa cantidad es igual a nada. Aún así, todavía tenemos unas 70.000 hectáreas de palmeras butiá en los departamentos de Rocha y Treinta y Tres en tanto que cada año se suma algún propietario que se toma el trabajo de reponer las palmeras que caen, protegiendo las nuevas con un cerco de alambre.

Para un norteamericano o europeo masivo, de esos que ni siquiera saben en qué continente queda Uruguay, pero que con ese nombre indígena dan por seguro que hay que andar espantando monos por la calle, la palmera encaja dentro de sus esquemas acartonados. Si hay palmeras, hace un calor del demonio y abajo hay un tipo con enorme sombrero durmiendo la siesta o pergeñando alguna revolución u otra maldad. Pues como todo gringo sabe, cuanto más al sur, más calor hace. Así que imaginate la Antártida lo tórrida que debe ser. Y no le muestres fotos de los glaciares argentinos porque estos tipos, que pueden ser gringos o los podés tener alrededor en la oficina, no asocian…  el preconcepto derriba cualquier argumento.

En otras palabras, hay que tener en cuenta estas cosas para poner palmeras como plantas ornamentales. Nuestras palmeras aguantan nuestros seis grados bajo cero que alguna madrugada invernal siempre marca; pero pedirles que sepan eso, es demasiado. En todo caso tampoco es meritorio andar desmarcándose  de los hermanos americanos tropicales, así que si te gustan las palmeras, dalepalante y que los gringos crean lo que quieran. Pero no digas que no molesta un poco verlos bajar del avión vestidos como para el Caribe.

Imagen de previsualización de YouTube

Notable filmación de Juan Martín Dabezies

Ya que estamos de digresión, también corresponde destacar la sólida formación de otros norteamericanos y europeos, que también los hay y abundantes. Son algunos de ellos los que acuden a Rocha para escuchar hablar a los últimos habitantes del mundo hispano que pronuncian y conjugan con admirable corrección, además de mostrar un léxico que envidiaría cualquier castellano que sepa de qué estamos hablando. ¡Un fenómeno los rochenses y los fernandinos que todavía conservan intacto nuestro maravilloso lenguaje!

No te vamos a propinar una monserga sobre el Butiá porque no te lo merecés y seguramente tampoco te interesa saber tanto. Si no fuera el caso, ahí tenés al maravilloso Probides (http://www.probides.org.uy) para averiguar seguramente mucho más de lo que podrías asimilar. Buena cosa sería que todos los uruguayos hagan incursiones frecuentes por esta web. Todavía más información encontrarás en una heroica web de voluntarios: http://butiaceros.blogspot.com . Ambas webs y las que figuran al final, sirvieron como fuente de información y fotos, complementadas en este caso con los aportes de los usuarios de Google Earth por intermedio de Panoramio.

Pero sí te vamos a decir que con un poco de suerte, dando la vuelta a la Laguna Negra por el Camino del Indio, podés tener la experiencia inolvidable de ver levantar vuelo ruidosamente a una bandada de chajáes, o que te sigan algunos ñandúes por el costado del alambrado. Llevá las ventanillas abiertas para escuchar a algunas otras aves que solo encontrarás por acá, como  el arañero chico, el arañero oliváceo y el cola negra, por poner un ejemplo. Si querés ver más y que te expliquen, andá al Potrerillo, sobre la Laguna de Rocha, con instalaciones y miradores que son realmente impresionantes.

Pues si bien la palmera butiá no es la responsable exclusiva de todo eso, es seguro que si retirás alguna cosa de este ecosistema, todo se puede desbaratar, como casi ocurre con el Canal Andreoni orientado a erradicar los humedales. Algunos de esos animales e insectos dependen de la fruta o del coco del butiá en alguna época del año, y si te ponés a toquetear la naturaleza rompés el equilibrio y ¡zas! hiciste desaparecer algún bichito entre cuyas cualidades podría estar la de elaborar una vacuna contra la estupidez, ¿hay remedio más necesario que ese?

Mejor seguí de cerca a los rochenses que, salvo excepciones, deben ser los tipos más comprometidos con la naturaleza en el Uruguay. ¿Y qué hacen los rochenses con esta naturaleza que se les concedió en custodia? Pues hacen cosas riquísimas y te las venden al costado de la carretera, a veces alternando con prendas de lana rústica, quesos caseros y conservas de lo que pidas. Así de generosa es la naturaleza en Rocha y de hacendosos los locales.

Macerados en alcohol los coquitos de butiá dan un buen licor y si metés algunos butiás en caña, te podés agarrar un cuete fenomenal. El pedo te lo podés curar con café de butiá hecho con los coquitos, las ramas te pueden dar un fresco techado en verano y con la ayuda de las abejas, el butiá se transforma en miel con muy particulares características. Con la fibra se pueden hacer esteras o felpudos. En fin, el techo a la imaginación no está a la vista.

En todo caso, te recomendamos mirar con cuidado que no haya un toro pastando, antes de volear la pata e internarte en uno de esos palmares cerrados, con una densidad de casi 500 palmeras por hectárea, que todavía los hay a pesar de que las arroceras avanzan generando riqueza contante y sonante que también es necesaria. Cuando llegues a lo más profundo del palmar, esquivá las espinas de la cruz, juntá algunos coquitos secos, partilos y hacete una meriendita mientras meditás sobre la inmensidad del espacio y la pequeñez de nosotros, los humanos que nos resistimos a entender las cosas.

Si es de noche, con luna llena, mucho mejor.

Receta de licor de Butiá

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(Gentileza de Estela Brandez publicada en http://www.oma-uruguay.com/content/view/215/30/) – Echar el butiá lo más maduro posible en bollones de vidrio y cubrir con azúcar. Comenzará a soltar jugo, por lo cual el tiempo ideal de maceración es de 2 meses, debiendo quedar a la sombra, agitarlo e irlo girando para que la pulpa del butiá se vaya soltando y desarmando, debiendo mantenerse la superficie del butiá tapada por el jugo. Se completa luego el bollón con 2 partes iguales de caña y almíbar tibio (preparado con 350g azúcar y ½ lt  agua).

Otra opción: Hervir en una olla 1 kg de butiá, 1 kg azúcar y 1 lt de agua. Para lograr un color más tentador se puede agregar clavo de olor o azúcar quemada. Agregar, una vez frío, la caña a razón de 1/4 lt por litro de agua con butiá ya hervido. Embotellar y tratar de no probar antes de 1-2 meses.

Guillermo Pérez Rossel

http://www.youtube.com/watch?v=cpbc-fskDys&feature=related

http://www.fagro.edu.uy/~butia/indexnuevo%20los%20palmares.htm

http://butiaceros.blogspot.com

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