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Vuelve la langosta

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Cada individuo avanza y avanza en formación, porque si no lo hacen, las langostas de al lado se las comen a ella. No debe existir bicho tan siniestro, hambriento y dañino.

El relato de Alberto es hoy oportuno dado que, contra lo que todos creíamos desde el invento del DDT, las langostas no solo no están extinguidas sino que prosperan ahora que no nos animamos a usar insecticidas masivos por el daño colateral que producen. El corresponsal cita los cuentos de sus abuelos… pero bastaban quince años menos que Alberto y un lugar como Colón, menos urbanizado, para haber conocido las mangas de langosta que oscurecían el cielo y metían tanto ruido como una cuerda de tambores a algunas cuadras de distancia. Eran algo aterrador, sobre todo para aquél niño que fui yo, aunque no lo crean.  Tan terroríficas como que una manga de las comunes puede devorar 192 millones de kilos de plantas por día.

 

Por Alberto Moroy

Por estos días en la otra orilla se decreto la “emergencia fitosanitaria hasta el 2019, por los ataques de la langosta en todo el territorio Argentino. Hace cincuenta años que no se ve una de esta magnitud. Enseguida me acorde de este viejo dicho del siglo XV “Cuando las barbas de tu vecino veas arder, pon las tuyas a remojar”. La langosta (Schistocerca cancellata), es un insecto que ha quedado grabado en la memoria las familias de campo. Nuestros abuelos nos contaron historias de un bicho que venía en grandes cantidades cruzando el cielo o avanzando como un ejército, comiendo todas las plantas que encontraban a su paso, esa era la langosta.

En las cercanías de Salto Uruguay 1898

“Cae la manga voladora como un soplo de desolación, en los campos, en los montes verdegueantes que orlan las costas de los arroyos.  Viene semejando una extraña nublazón en el tibio y radioso día primaveral, interponiéndose como una cortina fúnebre entre la tierra que fermenta de amores y la comba  techumbre del cielo, donde arde, dardeando sus rayos febriles, el sol”. Este es  el comienzo  de un vivido relato  contado por el gallego nacionalizado uruguayo Manuel Bernárdez del año 1898, en relación a la plaga de langostas, en las cercanias del Rio Arapey (Salto).

La nube avanza  invariable en su rumbo, insidiosa como una pesadilla, y va entoldando el campo. Se ve cómo su vasta y espesa sombra corre calladamente por el suelo, obscureciendo los pastizales, atraviesa los bajos, sube las laderas, produciendo el estremecimiento de aquellos incalculables millones de alas, un rumor singular e incómodo, que pone en los nervios un desasosiego extraño y en el oído la obsesión de un enorme é inquietante cuchicheo (Continua al final, bueno y vívido relato)

La octava plaga de Egipto

“El viento se mantuvo hasta el día siguiente, trayendo un enjambre de langostas. La nube cubrió el cielo, arrojó sombras sobre Egipto y consumió el resto de los cultivos egipcios, acabando con todos los árboles y las plantas

Plaga de langostas

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Son caníbales

Por lo general, las langostas se mueven en la misma dirección que sus vecinas y cambian el rumbo de forma espontánea, al igual que otros grupos de animales como los peces o los estorninos. El estudio detalla que están atentas a los movimientos de sus vecinas porque son caníbales. El modelo desarrollado por los investigadores demostró que para mantener esa cohesión la langosta dentro del grupo debe interactuar al menos con dos de sus similares de forma simultánea. “Sin esos dos vecinos, los insectos no pueden reproducir esos cambios de dirección espontáneos que solemos ver”, señala Yates. Pero la razón sorprendente que explica por qué las langostas prestan tanta atención al movimiento de sus vecinas es que son insectos caníbales. “Comerse a su compañera es la forma más efectiva de conseguir las proteínas y los minerales que necesitan para subsistir. Al mantener la formación, evitan exponer a sus vecinas su lado más vulnerable”, dice el experto.

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En el desierto

Un enjambre de langostas del desierto puede tener un tamaño de unos 1.200 kilómetros cuadrados, y en menos de un kilómetro cuadrado puede haber entre 40 y 80 millones de langostas. Una de éstas puede comer cada día el equivalente a su peso en plantas, por lo que un enjambre de ese tamaño podría comer 192 millones de kilogramos de plantas al día.

¿Langostas o tucuras?

Al caminar por el campo, estamos acostumbrados a ver ese insecto que indistintamente llamamos tucura o langosta. Sin embargo no son lo mismo. Aunque son “primas hermanas”, tienen una diferencia biológica muy importante: las langostas desarrollan la capacidad de formar mangas (como si fueran enjambres) y dispersarse hasta cientos de kilómetros. En cambio, las tucuras generalmente tienen hábitos solitarios y no se movilizan grandes distancias

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Tucura / Langosta (Schistocerca cancellata)

Como reconocerlas

En etapas juveniles, la langosta presenta colores más vivos que pasan del verde intenso al pardo. La ninfas son parecidas a los adultos pero carecen de alas, de modo que sólo pueden desplazarse dando saltos. Después del quinto estadio ninfal emerge el adulto, con alas completamente desarrolladas y gran capacidad de vuelo. En los adultos, la parte dorsal de la cabeza presenta una banda color crema que se extiende a lo largo del tórax y de las alas principales. Las patas traseras tienen una franja blanca y espinas blancas de puntas negras.

Santiago del Estero 24 de junio del 2017

El pasado 24 de junio, se detectó la primera manga de langosta, monitoreando su paso por Santiago del Estero. Nuevamente el 26 ingresaron dos mangas de langostas más y por las condiciones del tiempo quedaron estancadas en la zona norte del departamento.

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Langostas que llegaron de Paraguay (Provincia del Chaco Arg)

Langostas en Chaco (Arg.)

http://www.elonce.com/secciones/sociedad/512144-videos-muestran-gran-invasinn-de-langostas-en-chaco-y-santiago-del-estero.htm

 

En Mendoza (Arg.) 2016

Fue la peor plaga de langostas de los últimos 50 años Mientras que siete provincias del país se encuentran en alerta por la peor plaga de langostas de los últimos 50 años, desde hace unos días se puede notar la presencia del insecto en diferentes puntos del Gran Mendoza. Según vecinos, en algunas zonas de Guaymallén, Godoy Cruz y Maipú cientos de saltamontes golpean contra los vidrios de las viviendas y se amontonan sobre los vehículos.

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En Tucumán (Arg.) 2017

 

En Santa fe (Arg) 18 de julio del 2017

Implementan un plan de contingencia contra la langosta en Santa Fe El foco de langostas se detectó hace unos días en la localidad de Santa Margarita (800 km. al noroeste de Montevideo) y se mueve por toda la región dependiendo del viento. Según el coordinador del Programa de Acrídidos de la Dirección Nacional de Protección Vegetal del Senasa, Héctor Medina “el foco de langostas se detectó hace unos días en la localidad de Santa Margarita. Por eso es importante trabajar en forma conjunta con las tres provincias involucradas: Santa Fe, Santiago del Estero y Chaco”

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Santa Fe ( Arg.) 1899

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En Santa Fe (Arg)

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Santa FE 1899

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F8bPropaganda de época en Buenos Aires y Montevideo

En julio de 1897 el diario La Prensa (Arg.)

Informa que debe haber unos cinco mil desocupados a causa de catástrofes en el campo, como una plaga de langostas. En ese año el consulado francés en Rosario informa que cientos de personas recorren los campos en busca de trabajo y acuden al consulado familias completas que piden pan y trabajo. En Rosario es habitual ver a inmigrantes vagabundos buscando empleo por las calles y mendigando unos centavos. En 1898, en Chubut, la plaga de langostas arruinó la mitad de la cosecha de trigo.

Emergencia en toda  Argentina  20 de Julio de 2017

Declaran la Emergencia Fitosanitaria hasta 2019 por los ataques de la langosta Lo estableció el Senasa en todo el país para combatir a la plaga de la langosta El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) oficializó hoy la declaración de Emergencia Fitosanitaria hasta el día 31 de agosto del año 2019, con respecto a la plaga de la langosta comúnmente denominada sudamericana (Schistocerca cancellata) en todo el país, por lo cual, los productores deberán adoptar y/o fortalecerse las tareas de control, prevención y vigilancia de la plaga.

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Hace 60 años en el Rio de la Plata

La langosta constituyó la plaga más temible de la agricultura argentina y la que motivó la principal preocupación de la oficina de la Defensa Agrícola. La presencia de este pequeño insecto que puso en jaque a la economía pampeana durante más de 60 años era algo común en la zona, pero tenía poca importancia económica, cuando la tierra era ocupada por el ganado cimarrón y su producción agrícola era casi inexistente. A pesar de ello la langosta invadía frecuentemente. Entre las especies que azotaron históricamente los cultivos se encuentra la Schistocerca paranensis, común en Bolivia, Paraguay, Brasil, Argentina y Uruguay, Además, existían  otras langostas conocidas bajo el nombre genérico vulgar de tucura, que constituían plagas localizadas.

Hace poco en Uruguay

Plaga de langosta es distinta a la de 1948. El último gran antecedente de langosta en el Uruguay fue en los años 1947, 48, y se extendió hasta el 1950 (esta fue la que el editor vivió de cerca). Fue cosa de otro siglo, pero ahora la maldición regresa en forma de un insecto de color beige, de no más de 3 centímetros de largo, pequeño.

Continúa año 2008

http://www.elacontecer.com.uy/1854-noticia-2008-12-20.html

Mirta Vann (piloto)

Recuerda que la campaña de los años cuarenta se realizó bajo la dirección del Ministerio de Agricultura, organismo oficial encargado de combatir las plagas del campo uruguayo. Para ello se creó el Servicio de Lucha contra la Langosta, al que confió el cumplimiento de la labor en todo el país. Entre los pilotos de los aviones aero-fumigadores estaba Mirta Vanni “La dispersión de la langosta llegó a ocupar las dos terceras partes del país aproximadamente y hubo que combatirlas desde el aire con un poderoso insecticida lanzado desde los aviones. Eso vino a erradicar la plaga y yo integré esa campaña”, contó con orgullo.

http://www.elpais.com.uy/informacion/durante-anos-duena-cielos-campo.html

The Grasshopper as plague in Uruguay–La Langosta como plaga en Uruguay (Interesante)

https://www.facebook.com/notes/daniel-ostolaza/the-grasshopper-as-plague-in-uruguay-la-langosta-como-plaga-en-uruguay/832499410164265/

¡¡Notable relato en Uruguay hace 118 años!!

Llega por lo general la manga entre el mediodía y la tarde, horas de su mayor actividad volátil, porque el calor de la mañana ha secado la gasa de las alas. Interpuesta entre la luz y la tierra, invade el campo una tristeza crepuscular. Los rebaños se agrupan y acoquinan como cuando viene tormenta, y las bagualadas ganan Las cuchillas con su trote garboso.

La nube avanza  invariable en su rumbo, insidiosa como una pesadilla, y va entoldando el campo. Se ve cómo su vasta y espesa sombra corre calladamente por el suelo, obscureciendo los pastizales, atraviesa los bajos, sube las laderas, produciendo el estremecimiento de aquellos incalculables millones de alas, un rumor singular e incómodo, que pone en los nervios un desasosiego extraño y en el oído la obsesión de un enorme é inquietante cuchicheo.

La manga, que tiene muchos metros de espesor, pasa á poco más de la altura de un jinete, puñaleada por millares de pájaros voraces que la diezman sin descanso, revoloteando entre la masa de insectos, con crujidos de pico, en la fruición cinegética de la caza al vuelo. Numerosas langostas desviadas por los aletazos de las aves cazadoras, van quedando azonzadas en el camino, donde las persiguen entre cacareos, las gallinas de los rancheríos. Todas las aves domésticas se ceban de langostas, adquiriendo sus carnes un sabor hediondo, que contagia hasta el huevo. Los perros de estancia se entretienen también en la caza de dispersas, pero no las comen, contentándose con triturarlas entre los dientes, abriendo mucho los belfos para evitar el pinchazo de las zancas del insecto, erizadas de púas.

Va declinando el sol, el rocío de primavera no tardará, y la manga apresura el vuelo hacia el monte vecino. Llega y cae sobre él como la noche, vistiéndolo todo de escamas metálicas, acumuladas, unidas, apelmazadas hasta no formar sino una cubierta movible y fétida que lapa los árboles desde el tronco á las ramas más altas, espesa como una masa y continua como una tela. Las langostas apresuradas, enervadas por la humedad del crepúsculo, se dejan caer en carnadas que van superponiéndose, aferrándose unas á los lomos de las otras, y colgando en racimos tan enormes, que aquí y allá desgajan con su peso los árboles pacientes, llenándose el monte de crujidos de ramas que se desploman con su carga nauseabunda.

Acampan al fin la manga y en la  calma nocturna sustituye el áspero cuchicheo del vuelo con un rumor espeso y sordo, como de algo que roe. La manga está comiendo. Al otro día, al amanecer, las peonadas que pasan  ven que el monte verde ha cambiado su alegre color por un tono untuoso, parduzco uniforme, como si hubiese sido anegado por un mar de betún. Las langostas, repletas y ateridas por el frío de la madrugada, duermen su letargo, inmóviles, esperando que el .sol las despierte y les devuelva la facultad soberana del vuelo.

Montes sin hojas

El sol viene por fin; la manga levanta lentamente el campamento y en escuadrones tardíos va retomando su rumbo fatal dé plaga vagabunda. Y los peones que vuelven con las tropillas retozonas, sienten ganas de llorar al ver cómo queda el monte: los árboles blanqueando, sin una hoja, las ramas peladas, devorados desde las tiernas gulas de los renuevos hasta la dura cascara de los troncos. ¡Todo muerto! No quedan nidos, no quedan cantos en aquel osario inmenso. Los pájaros, sorprendido por la invasión, han pasado la noche volando locamente sin rumbo alrededor de sus árboles caros, al sentir debajo de las patas cada vez que cansados intentaban posarse, aquella cosa viva, fría y resbalosa como piel de culebra.

También carnívoras

De las mariposas, devoradas junto con las llores donde dormían ebrias de perfume y sol, quedan residuos de alas por el suelo, raso, pelado, sin una hoja de pasto ni una ramita verde. Las alimañas mismas han huido espantadas de aquel sitio, al hallarse, de la noche á la mañana, sin un rincón, sin una enredadera, sin una mata donde esconder su bullo huraño.

Y las peonadas retornan a la estancia con el alma triste. A contar que solo ha quedado en la costa la osamenta del monte. Sigue la insaciable caravana su rumbo hacia el oriente, dejando a su paso la esterilidad, la miseria y la muerte, hasta que, con los calores del verano, llega también para ella la época del amor, monstruosamente fecundo, y se aman las parejas, trenzándose con un choque de alas que no es el vuelo sino el rumor de la lucha de los sexos, enlazados en el orgasmo estival, rodando entre los terrones de las barrancas y escondiéndose entre las matas de pasto reseco.

La manga gasta dos ó tres días en amarse y dedica  otro periodo más dilatado al desove, verdadera maldición de los contornos. De esa génesis sale la terrible saltona, que desde que aparece se agrupa en mangas infinitas y pululantes, y emprende la marcha devastadora, tronchando con sus tenazas y ensuciando con su saliva caustica, todo lo que halla al paso, entrando á saco en las zonas vegetales y dejando atrás la tierra lisa, asolada, negreando como si la acabase de recorrer una llamarada.

Hacia los quince días la saltona, que ha venido cambiando de  color para tomar a esa edad un tinte negro con vetas amarillas, y que ya tiene en la espalda unos muflones en que están enfundadas, arrugadas en apretados pliegues, las futuras alas, alcanza su máxima facultad de destrucción

Avanza rápidamente, devorando sin cesar un minuto en todo el día, y se diría que en vez de ir comiendo va quemando el campo. Los vecindarios salen  a pelear con las mangas, abriendo á su paso Zanjas, donde caen por toneladas, muriendo  millones bajo el golpe de enormes pisones de madera dura, esgrimidos con la rabia de la desesperación, o achicharradas después que las manguearon diestramente hacia grandes bretes circundados de pastizales incendiados.

A la vez en el circuito donde queda encerrada la manga, que se quema con crepitaciones de rama verde despidiendo un hedor que enferma, pero no es bastante para ahuyentar del sitio  el suplicio de agricultores ferozmente irritados contra la terrible plaga que los arruina. Un humo grasiento y nauseabundo se alza en nube pesada dé la chamusquina, y las langostas en enormes pelotones se amontonan saltando y cayendo ellas mismas entre las llamas, donde toman instantáneamente un color escarlata v se quedan patas arriba, con las ancas muy tiesas.

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Quemando langostas

Pudren todo lo que tocan

Pero muchas escapan, y las dispersas se incorporan á otras mangas y siguen su marcha vengadora, cada vez más voraces. A rancho que toman en el medio, no le quedan sanas ni las pajas del techo; devoran las matitas de clavel y malva de olor con que la china perfumaba su agreste coquetería, se comen hasta el saúco y la escoba-dura (Sida rhombifolia), ponen como cribadas las ropas que encuentran tendidas; y dejan en las camas, en la cocina, en todos los objetos que mancillan con su paso, su gota de saliva, su insoportable olor, obligando  a que se tire a los perros la carne que tocaron, pudriendo el agua del barril donde cayeron por cientos al pasar la manga, que no se detiene sino a  dormir, buscando siempre donde treparse, arbolado, barrancas, corrales ó alambrados, de cuyos hilos se cuelgan como caireles en sartas espesas.

Nadando en el Arapey

Cuando encuentran un arroyo, una laguna, un río, las lilas de la vanguardia intentan detenerse, pero la masa que sigue, urge, se agolpa empuja, y allá van en montones al agua, atribuladas pero sin perder el rumbo, nadadoras insignes, boyando como minulsculos esquifes y remando con el acompasado golpe de sus zancas, A cuyo impulso vadean el obstáculo y salen á la orilla opuesta, diezmadas por los peces y arrastradas por la correnlada, pero fijas é imperturbables en su instintiva y misteriosa orientación. Hemos visto mangas de saltona atravesar á nado ríos como el Arapey, del Estado Oriental, de impetuosa corriente y de no menos de dos cuadras de ancho, estando en caja. La manga, inmensa cubría el río hasta donde alcanzaba la vista aguas abajo. El agua, negruzca y agitada, parecía brea hirviendo, moteada aquí y alla por los coletazos de los peces que se atracaban de bichos, brillando al sol los lomos de los dorados y la cola plateada de las bogas de río. La cabeza de la manga fué á salir al otro lado, dos leguas más abajo, donde la corriente, antes de caer á una cachuera (salto de agua), forma un remanso; allí tomó tierra, subió por un barranco pedregoso y siguió tranquilamente su camino, imperturbable como un deber, rígida como un azote, sin que ni desaliento, ni miedo, ni cansancio, perturbasen un instante la marcha devastadora de la hueste maldita.