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“Hay cosas más importantes que el dinero, pero son caras”

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En su aparente simplicidad, esa frase de Groucho Marx se mete en lo más profundo de los mecanismos del humor. Aparenta llevarte hacia reflexiones sublimes, pero con tres palabras te aterriza en la crueldad del mundo que vivimos, no el que soñamos.

Nietsche decía que «el hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa»; porque el humor siempre entraña algo dramático y presupone una distensión. Eso funciona hasta con el humor más aberrante, cruel y antisocial, como la risa inevitable que causa una persona cayéndose al suelo estrepitosamente. Alguien se lastima y la gente se ríe, luego quizás ayuda … pero hay algo perverso en todo eso.

Además del humor del porrazo, hay otro, inasible, indefinible, solo accesible a personas de aguda inteligencia divididas en dos bandos: quienes inventan los chistes y quienes los disfrutan sin tener que preguntar, como aquél insufrible personaje que los hermanos Scheck (los creadores de Telecataplum), ponían en los velorios preguntando una y otra vez, sin lograr entender dónde estaba la gracia.

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Tuve el privilegio de gozar de la amistad de Daniel Scheck, uno de los más grandes humoristas del Río de la Plata, el que tuvo la audacia de mezclar los ingredientes de la cultura con la mecánica del chiste. La estrategia parece sencilla: primero creás una situación y un decurso férreamente atado a la lógica. De pronto, la secuencia se interrumpe y ocurre lo inesperado. Es curioso decía Daniel, eso causa risa espontánea… pero con la condición de que estés en sintonía con el bagaje cultural, el momento histórico, la coyuntura y la disposición de quien lo escucha o presencia. Es un humor en complicidad, un diálogo vertiginoso con la enorme cantidad de cosas que tenés adentro de la cabeza. Lo escuché de Daniel… y con el tiempo lo encontré en Henri Bergson, a quien deberías leer si querés saber algo más.

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Yo me quedo aquí, porque mi tema es el de Groucho, un fuera de serie justamente en esa psicología del humor. A los Hermanos Marx  los conocimos en filmaciones a las que les permitíamos graves fallas solo por el talento de los diálogos, pues los Marx eran gente de teatro y tan bromistas que no descansaban: hasta se hacían bromas entre ellos y en medio de las funciones. Se dice que en una oportunidad interpretaban una versión desopilante de Romeo y Julieta, con Groucho arrodillado y Harpo en el balcón en su clásico mutismo, cuando desde bambalinas Chico le grita tratando de hacerle perder la línea del libreto “¡Groucho, está el hombre de la basura!”. El bigotudo piensa un instante, gira la cabeza hacia el público y contesta “¡dile que ya tenemos”.

Mucha gente ni se da cuenta, pero todavía cita a Groucho con mucha frecuencia y algunos políticos que pretenden pasar por listos traen anotadas sus frases para usarlas cuando los reportean. También es cierto que le adjudican más frases de las que realmente creó y en ese caso se trata de alguien realmente ingenioso, pero con exceso de humildad, o amparando el desatino en la fama del cómico judío, el más célebre de la patota que integraron casi todos los hijos de Simon Marx (nacido Marrix), un sastre inmigrante francés, nacido en Alsacia. Simon se instaló en Nueva York y quiso hacer músicos a sus hijos, pero solo lo logró con Harpo (arpa), Chico (piano) y nuestro Groucho (canto).

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La de Simon era una familia pobre… pero las carcajadas se sentían desde las casas vecinas. Los otros dos hermanos también actuaron en el comienzo, pero era evidente que el negocio del vodevil no daba para todos y además, ellos tenían otras vocaciones. Gummo, que llegó a pelear por Estados Unidos en el Primera Guerra Mundial, fundó una agencia teatral y ayudó a sus hermanos como representante y productor. El caso de Zeppo debería ser más conocido, pues aunque excelente humorista, le daba por la mecánica, tuvo una empresa exitosa y llegó a diseñar un reloj pulsera que medía la frecuencia cardíaca… además de las argollas que sujetaron la bomba atómica que se lanzó sobre Hiroshima. Y eso ya no es chistoso.

Y esto ya te va dando señales del particular escenario en el que ensayaron su humor. Mientras los nazis desfilaban con cara de culo, agitando enormes banderas, los hermanos Marx encabezaban a quienes desde Hollywood replicaban de manera desopilante, o bailando como Gene Kelly y Fred Astaire, o con sonrisa sobradora como Clark Gable. Hoy ya se sabe la receta para ganar una guerra y ponerse a la cabeza del mundo:  vos tomate las cosas con gran responsabilidad pero de manera distendida y te va a ir mucho mejor que a los  que pasan horas frente al espejo para ensayar su mejor cara de malo. Esos son los que salen rajando cuando silban las primeras balas.

Groucho era el libretista, también el cantor, pero de eso mejor no hablemos y de su actuación sobrecargada tampoco hablemos, pero hagámosle un homenaje a su enorme talento que le permitía disparar chistes y gags uno tras otro sin detenerse, sin pensar, sin ensayar… y casi todos memorables. La Academia de Hollywood le concedió un Oscar honorífico en el año 1977, poco antes de que muriera debido a una neumonía.

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Su inhumación produjo su última y una de sus mejores frases. De pronto corrió la voz y todos se hiciero coro, de que en la lápida de su tumba estaba escrita la siguiente frase: “Disculpen que no me levante”. Pues bien la versión es falsa indican todas las fuentes. Ahi la tenés a la placa, discreta y respetuosa. Groucho no necesitaba un “gran final” para el espectáculo de su vida; pero si nos atenemos a una versión muy insistente que le asignan a varios personajes próximos al actor, en uno de los últimos reportajes que concedió, declaró que le gustaría ese mensaje final, porque la muerte no exculpa la descortesía.

Esa pudo ser falsa, pero las verdaderas citas célebres de Groucho Marx son tantas que si en Google pones “Citas de Groucho Marx” te aparecen decenas de versiones diferentes. Escoger las mejores es un gran problema, porque el humor es algo muy personal. Esto es algo que solucionó con total facilidad el periódico español 20 Minutos, pidiendo a los lectores que propusieran y votaran por las citas que más les hicieron reir. Así que las reproducimos… con la advertencia de que el tiempo transcurrido ha modificado lo “políticamente correcto” y lo “moralmente aceptable”. Pero eso no es culpa de Groucho, sino de los devaneos del ser humano.

Guillermo Pérez Rossel

Sin título

 

Es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente.

Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros.

Nunca olvido una cara pero con la suya voy a hacer una excepción.

El matrimonio es la principal causa de divorcio.

Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro.

La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.

Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…

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 Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no les conozco muy bien.

Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo.

Inteligencia militar son dos términos contradictorios.

El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla, está hecho.

Bebo para hacer interesantes a las demás personas.

Detrás de un gran hombre hay una gran mujer y detrás de ésta su esposa.

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¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! ¡Pero cuestan tanto!.

¿Quiere usted casarse conmigo? ¿Es usted rica? Conteste primero a la segunda pregunta.

¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

Debo confesar que nací a una edad muy temprana.

La humanidad, partiendo de la nada y con su sólo esfuerzo, ha llegado a alcanzar las más altas cotas de miseria.

Solo hay una forma de saber si un hombre es honesto: preguntárselo. Y si responde “sí”, sabes que es un corrupto.

¿Que por qué estaba yo con esa mujer? Porque me recuerda a ti. De hecho, me recuerda a ti más que tú.

¿Que por qué estaba yo con esa mujer? Porque me recuerda a ti. De hecho, me recuerda a ti más que tú.

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El verdadero amor sólo se presenta una vez en la vida… y luego ya no hay quien se lo quite de encima.

Es usted la mujer más bella que he visto en mi vida, lo cual no dice mucho en su favor.

Hace tiempo conviví casi dos años con una mujer hasta descubrir que sus gustos eran exactamente como los míos: los dos estábamos locos por las chicas.

Conozco a centenares de maridos que serían felices de volver al hogar si no hubiese una esposa esperándoles.

Si las mujeres se vistieran para los hombres, las tiendas no venderían demasiado. A lo sumo un par de anteojos de sol cada tanto tiempo.

¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?

Nunca voy a ver películas donde el pecho del héroe es mayor que el de la heroína.

¿Servicio de habitaciones? Mándenme una habitación más grande.

El matrimonio es una gran institución. Por supuesto, si te gusta vivir en una institución.

Todavía no sé qué me vas a preguntar, pero me opongo.

Cualquiera que diga que puede ver a través de las mujeres se está perdiendo un montón de cosas.

¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?

Es una tontería mirar debajo de la cama. Si tu mujer tiene una visita, lo más probable es que la esconda en el armario. Conozco a un hombre que se encontró con tanta gente en el armario que tuvo que divorciarse únicamente para conseguir donde colgar la ropa.

¿Pagar la cuenta? ¡Qué costumbre tan absurda!

Cuando muera quiero que me incineren y que el diez por ciento de mis cenizas sean vertidas sobre mi empresario.

Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre, y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer.

Recordad que estamos luchando por el honor de esa mujer, lo que probablemente es más de lo que ella hizo jamás.

El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido.

No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo.

En las fiestas no te sientes jamás; puede sentarse a tu lado alguien que no te guste.

Oh! Nunca podré olvidar el día que me casé con aquella mujer… Me tiraron píldoras vitamínicas en vez de arroz.

No es la política la que crea extraños compañeros de cama, sino el matrimonio.

Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo.

Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado.

Citadme diciendo que me han citado mal.

Supongo que había que inventar las camas de agua. Ofrecen la única posibilidad de beber algo a media noche sin pisar al gato.