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La insumergible Molly

Si viajaras en el Titanic, elegí la lancha salvavidas No. 6, la que ella capitaneó.

Pero además, deberías tener la condición espiritual y física de Margaret Brown, luego conocida como “la insumergible Molly”, una heroína de verdad, una mujer que ocupó las primeras trincheras del movimiento feminista con su propia vida como ejemplo a imitar.  Para empezar, no atropelló ni arrebató los derechos de nadie para subir a esa lancha, una de las que llegó indemne con toda su tripulación hasta el Carpathia. ¡Pero si hasta hay una foto que ilustra la llegada de la lancha a ese barco providencial!

La lancha en que se salvó y entregando un trofeo a Henry Rostron, el capitán del Carpathia, el salvador.

Molly merece el recuerdo por algunas cosas mucho más importantes que haber sobrevivido a esa catástrofe y si querés ser consecuente con tu vocación de justicia social, también deberías pasar por alto el hecho de que nuestra “insumergible” viajaba en primera clase. No era ni remotamente una ricachona, aunque pudo serlo. Ella prefirió el amor. Así que Molly es sencillamente adorable y se merece este viajecito hasta su tierno ejemplo de vida.

También deberías pasar por alto la parte de leyenda apayasada, que esa sí le rechinaría a ella  particularmente en lo que refiere al musical que entre otras, protagonizó Debbie Reynolds. Nada que ver con nuestra Molly, pero ¿qué esperabas que ocurriera con alguien a quien bautizaron “insumergible”? No la pudieron hundir, pero la agarró el marketing de Broadway e hizo pelota los principios por los cuales luchó. No importa, no pudieron borrar el mensaje y  lo que hizo, hecho está; en eso habría que concentrarse. Además, si hubiera sido acá donde llevaban su vida al teatro, no te extrañe que la hubieran convertido en un alegato anti imperialista para conseguir mayor rentabilidad.


 La vera Molly y sus versiones monetizadas para un musical y para que las nenas jugaran, con el compromiso de que no aspiraran a ser como ella.

Nació como Margareth Tobin el 18 de julio de 1867 en la pequeña ciudad de Hannibal, Misouri, nada menos que el lugar donde creció Mark Twain y el mismo que inspiró el pueblito donde se desarrollan las aventuras de Tom Sawyer. Era hija de inmigrantes irlandeses, esa rebelde estirpe. De manera que no sorprenderá que a los 18 años, siendo mujer y en aquella época, se independizó y fue a vivir con una hermana  en Leadville, Colorado.

Molly by Molly & Molly by Christian Dior

Allí trabajó en una tienda mientras esperaba la oportunidad de conocer un ricachón que la liberara de las privaciones. Pero por el camino conoció a James Joseph Brown, conocido como “JJ”, un hombre emprendedor, y punto. Veamos lo que ella declaró a la prensa cuando fue famosa (la Wikipedia tiene estas perlitas): «Quería a un hombre rico, pero amé a Jim Brown. Quería comodidad para mi padre y me había propuesto permanecer soltera hasta encontrar a un hombre que nos pudiera proporcionar todo eso que necesitábamos […] Jim era tan pobre cómo nosotros y no teníamos ninguna posibilidad en la vida de ir a mejor. Fui fuerte y luché en esos tiempos. Amé a Jim, pero él era pobre. Finalmente me convencí que estaría mejor con un hombre pobre que me gustase, que no con un rico que sólo me atrajera por su dinero. Así pues, me casé con Jim Brown».

Si hubiera sido rica de nacimiento, su vida no merecería un párrafo, quizás.  Pero no lo fue, en cambio, enloqueció a Leadville defendiendo los derechos de la mujer y promoviendo el “National American Women’s Suffage Association” y trabajando para la organización social “Soup kitchens” que asistía a familias de mineros.

Impresionante similitud y caracterización

¿Y cómo pudo viajar en primera clase en el Titanic? Pues porque a veces hay justicia en el devenir de los acontecimientos. Dice la Wikipedia que la familia ganó su gran riqueza cuando los esfuerzos en ingeniería de J.J. culminaron con la formación de Bies Mining Company, por lo que les fueron concedidas 12.500 acciones y un puesto en el consejo.

Luego se mudaron a Denver (Colorado) donde se hizo socia fundadora del Club de la Mujer de Denver, donde se esforzaban por brindar educación y filantropía continuada a las mujeres mas desplazadas de esa bellísima ciudad entre las montañas.  En 1901 fue una de las primeras matriculadas en el Instituto Carnegie de Nueva York, donde estudió artes y consiguió fluidez con el francés, alemán y ruso.

Pasado tanto tiempo del hundimiento del Titanic, corresponde un recuerdo para los tres uruguayos que murieron en esa ocasión: Francisco N. Carrau, su sobrino José Pedro Carrau y don Ramón Artagaveytia.

Rica, simpática y culta, con esos dones ingresó a la alta sociedad sin desconocer jamás sus orígenes y ya antes del hundimiento del Titanic que la hizo famosa, se había presentado para ser electa en el Congreso. Nunca abandonó la dirigencia social que ejerció con firmeza y éxito. Ayudó a establecer el primer tribunal juvenil de Estados Unidos y abogó por los derechos humanos y los derechos de los trabajadores.

Gracias a su fama tras sobrevivir al naufragio y lograr que todos en su lancha mantuvieran alto el ánimo y tomaran decisiones correctas, logró contribuir a que el terrible episodio conocido como “La masacre de Ludlow” se constituyera en un acontecimiento capaz de remover la conciencia norteamericana y comenzara a velar de mejor manera por los trabajadores. En Ludlow hubo una revuelta minera el 20 de abril de 1914, la cual fue reprimida con tanta violencia que murieron 20 personas, 11 de los cuales eran niños.

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Quizá la pobreza hubiera sido mejor que la riqueza para preservar el amor entre Margareth y JJ, quienes se separaron sin estridencias sociales en 1909, aunque siempre estuvieron en contacto y con buena relación.
Informa la Wikipedia que durante la Primera Guerra Mundial, estuvo trabajando con el Comité Americano para la Francia devastada. Con ellos ayudó a reconstruir áreas que habían quedado arrasadas y ayudó a los soldados franceses y americanos. Fue condecorada con la legión de honor francesa poco antes de su muerte. Durante los últimos años de su vida fue actriz. Murió de un tumor cerebral el 26 de octubre de 1932, a los 65 años.

Molly by Kathy Bates, ¡impecable!. La justicia de la memoria también tarda, pero llega.

Un aplauso para Kathy Bates. Ahora que sabés algo de su historia, podés valorar mejor la composición que hizo Kathy Bates al interpretarla en el afamado filme. Quizás fue escogida por su parecido físico, pero nuestra “Insumergible Molly” verdadera la hubiera aplaudido emocionada desde la primera fila. El personaje es adorable y de alguna manera constituye el hilo conductor de una historia donde también se examinan las diferencias sociales y se apuesta al romanticismo sin caer en la tontería.

El filme, igual que la propia vida de Molly, constituye una crítica feroz al empacamiento aristocrático, al convencimiento de que un grupo social tiene derechos que superan al resto de las personas. En este caso era la clase social y el dinero, pero mirá que basta formar parte de un grupo político, social o religioso mayoritario para poder despreciar o agredir a otro grupo que piensa otra cosa o defiende otros valores. El mundo todavía necesita unas cuantas insumergibles.  Es bueno recordarlo a tantos años del acontecimiento que la hizo famosa.

Guillermo Pérez Rossel

http://es.wikipedia.org/wiki/Margaret_Brown

http://es.wikipedia.org/wiki/RMS_Titanic