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Fonda el Pinchazo, Montevideo 1912

No era fácil la vida del atorrante hace algo más de 100 años. 

A algunas cuadras de la Fonda el Pinchazo, estaba La Torre de los Panoramas, el colmo de la pituquería culta, en el altillo de la mansión de los padres de Julio Herrera y Ressig, entre otras tantas mansiones, mientras en su entorno surgían bancos como hongos, pues el país prosperaba pero la prosperidad no se disemina como la tuberculosis frecuente en la época. Pero en las proximidades de la fonda pululaban los prostíbulos donde iban a parar desgraciadas mujeres que alternaban su vida con los atorrantes, tan desgraciados como ellas. Lo curioso es que por alguna razón que hoy se nos escapa, todo eso parecía romántico y bohemio. ¡Mirá con qué viaje a las intimidades de la historia menos heroica se nos descuelga hoy Alberto Moroy! 

La historia de hoy refleja las miserias de un Montevideo desconocido pero imaginado una vez que se adentra en los vericuetos históricos de comienzos del siglo XX. En la portada una vista exterior del más mentado de los refugios de la “haute maleante” (alta), sito en la esquina de las calles El Recinto y Pérez Castellanos.

“Morfi y catrera” a toda hora, precios ultra reducidos. Con estas palabras se refiere el periodista de Caras y Caretas en 1912, a una visita  que le hizo a esta famosa fonda “El Pinchazo”, que nada tenía que ver con la de Buenos Aires, que no era posada, ni siquiera con el tango de Villoldo “El Choclo”. La ubicación actual resulta imposible determinarla, la calle El Recinto desapareció alrededor de 1930 con la reforma de la rambla Sur (actual Rambla Francia). La calle Pérez Castellanos sigue estando, correspondería a la que se ve a la derecha de la imagen y donde vendría a quedar los dormitorios de la fonda, la otra donde dice “Fonda y Posada” debió ser la calle El Recinto.

Caricatura de época / Posible ubicación de la fonda “El Pinchazo”

Bar La Proa 1912, Calles. Castellanos, Piedras y Yacaré (7 cuadras de la fonda)

 

La zona era complicada, así lo relata un memorioso. “La calle Recinto Comenzaba en la puerta del Templo Ingles y seguía unas cuadras hasta unirse en una proa con Reconquista. En estas cuadras había mujeres de color que aceptaban a un hombre por un rato para sacarle algunos reales. “No había casa en que no estuviera instalado un lenocinio. Creo que aquella gente era capaz de poner un prostíbulo en un simple agujero. Aquí también el precio era de cincuenta centésimos, pero las menos agraciadas hacían la competencia, cobrando cuatro reales, que en aquel tiempo era una buena rebaja. Por supuesto que luego se exponían a la mofa y al odio de las compañeras de oficio que se burlaban de ellas con frases lapidarias como esta: “Che, vos vas a terminar en Recinto ocupándote de tinguiñazos”

 

Calles  que ya no están, ciudad vieja Montevideo

 

http://letras-uruguay.espaciolatino.com/collazo/ubicacion.htm

Templo ingles en Montevideo, ubicación original (de espaldas al rio)

Mercado del puerto década de 1910

 

Sigue el cronista

 

–El mejor momento para recostarse con la maquinita fotográfica al fondin “El Pinchazo” es a eso del medio día, cuando los rantes  (terminación de la palabra atorrante) abandonan sus catreras y salen a tomar el sol como yacarés ¡Hay cada angelito!…

–¿Por lo visto los clientes de El Pinchazo se levantan a la hora de mozo elegante y farrista?, indagamos del amable cicerone del bajo fondo montevideano

–Como los muchachos andan siempre ” de la familia Cortinez” (lunfardo, corto de plata) y con lo justo para pagar la catrera, claro está que le sacan el jugo al “real” y duermen hasta el medio día para ahorrase el desayuno

–¿Y el almuerzo?..

Los dormitorios

–¿El morfi?… Vea, los reos de “El Pinchazo” son como los caballos que corren en carreras de salto, que por lo general pasan las vallas sin tocarlas Los mismos que los cracks del “Steple Chais” (carrera de obstáculos)  A veces ¿sabe?, los muchachos saltan la hora de la buseca (guiso de mondongo) sin tocar un fideo. Pero cuando tienen algunos vintenes se quedan a almorzar.

–¿Precio?

– El dueño de “El Pinchazo” no es unitario Para el precio de los platos, adopto el sistema federal Por ejemplo: por dos vintenes le dan a usted un “pucherete” de cabeza de vaca, sin lengua y sin sesos; ahora si usted quiere un pucherete más jaifon, con carne afloja tres vintenes.

–¿Que tal las camas?

–La mayoría de las catreras tiene sabanas de pura y corrida de arpillera, sin fundas. El reo se despoja de su saco, si lo tiene con él hace un relleno, y a ubicarlo rápido en la cabecera, dragoneado la almohada. En algunas piezas estiban hasta siete “apolilladeros” (catres). No bien usted palma (abona) el real de reglamento, el fondero le da un cabito de vela para que se alumbre al desvestirse. Después… un soplido y… ¡buenas noches! En Montevideo no hay refugio que le bata el record a “El Pinchazo”. Allí se reúne la flor de los atorrantes y de los malevos ¡Hay cada nene!

Llego la hora de conocer al dueño

Si al patrón del boliche no le agarra un ataque de “bronco -neumonía” todo irá bien, si no de retirada con la maquinaria (máquina de fotos). Déjeme entrar primero a mí que lo voy a “peinar”(simular) de cicerone- ¡completamente de línea! – disparo dos salvas (salivazos) “aguardentosas”

- Se ostende van a poner lo ritrato del mio nigocio incima de cualquier revista o diario, no puedo darle permiso para que saque fotografía: pero si come dice el señor que lo ritrato están para el estudio de un pintor de Buenos Sarie, solamente entonces pasen, pasen nomas

Por una escalera grasienta con inclinación similar a las que se usan a bordo, descendimos al hall de “El Pinchazo” Piso de pedregullo, un cliente sin camiseta toma su baño de sol y escudriña al cajón de la basura, a la pesca de un hueso para pellizcarlo a manera de almuerzo

– Este reo es de los que carecen de los dos vintenes para pucherearla. Los “reales” dormitorios tienen ventanas sin vidrios y postigos con más agujeros que una espumadera Aquellas dan a la calle Pérez Castellanos Impera la humedad y la perfumería brava Y esta, nos obligo a retirarnos

Revolviendo en la basura / Un rincón del hall con parquet de pedregullo

Alusión de Gardel y Villoldo a la fonda El Pinchazo

Roberto Maida Cantor y autor

 

“Carlos Gardel en Paris  alquilaba un departamento en la Rue Le Ville, número 27, cerca de la estación Villers del Metro, hablo del año 31, más o menos. Aquella dirección era el refugio de los desesperados, alguna vez, fuimos hasta cuarenta bohemios allí, hacinados y con esperanzas. Hacíamos el asado en la bañadera. Recuerdo que un día entró Carlos y había tanto humo en el hall, que gritó: « ¡Che! ¿Yo alquilé un departamento o la fonda del pinchazo?»”

Rue de la Ville Neuve Paris (apartamento alquilado por Gardel)

 

Sin dudas Gardel se refería a esta fonda porque la homónima de Buenos Aires, era solo comedor Se dicen. Miguel Ángel Villoldo concurría asiduamente a la fonda “El pinchazo”, sita en la cortada Carabelas (cerca de la 9 de julio) en la que se cocinaban unos enormes pucheros en una humeante olla de hierro; además de la sopa, por diez centavos adicionales el comensal podía meter en la olla un largo pincho provisto por la fonda y sacar un ingrediente, siendo el choclo la pieza más codiciada.  Por extraña casualidad, Villoldo siempre le embocaba al choclo cuyo tema compuso en 1903/1905

Atorrantes ingleses  en la Boca (1910 Arg.) al borde del “pucherete”. ¿O creías que los ingleses nunca habían sido atorrantes?

“Atorrante” durmiendo en un caño (B.A) / “Fumigándolo con insecticida Kantu”