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El Ñandú

 

Hablame un poco de padres sacrificados, mirá que también los hay.

Tienen razón las mujeres cuando se quejan del padre escurridizo cuando hay que ocuparse de los nenes; pero mirá que hay excepciones y nuestra naturaleza tiene casos tan especiales como los del ñandú.  La hembra se entretiene con el sexo, pero el macho es el que apechuga con el empolle y las crías, ¡con un montón de crías! Hasta se encarga de alguna que quedó guacha y se le arrimó: a ningún charabón le debe faltar un padre que  por él vele.

¡Eso es paternidad responsable, sin desmerecer a nadie!

Y no para ahí el mérito del ñandú. Lo sabe el paisano de a caballo, pero lo ignora el que deja la polvareda pasando como un bólido en su 4×4 ante la mirada desaprobadora de las vacas junto al alambrado. El ñandú es la garantía del paisano contra la yarará y la coral. No es que mate a las víboras adultas, pero no se le escapa ni una de las chiquitas y de esa manera va terminando con ellas, para beneficio de las crías del humano inteligente.

El otro no, al otro le importa un pito esa mirada romántica del ñandú. Ignorándola, le tira los galgos, o le tira un chumbazo o lo transforma en jamón o lo industrializa como cinturón. Bué, el ñandú es un bicho y según algunos están acá para servir al hombre, quevachaché. Pero mirale la carita y coincidirás conmigo en que hacerle esas cosas es de una crueldad absoluta.

Mi madre contaba que mi abuelo cayó un día con un charabón que ni caminar derecho podía: se tropezaba con todo y terminaba en el suelo. Hasta las gallinas lo picoteaban… pero pasaron pocos días y el charabón crecía a velocidad de miedo, así que arremetía contra quienes eran sus acosadoras, contra los perros y contra cualquiera que osara invadir el sagrado inviolable que debe ser el hogar de cualquier bípedo que se precie. En este caso era el  hogar del charabón, el de mi madre y sus hermanas, que lo habían adoptado para su enorme felicidad.

Escondían caramelos en los delantales y el ñandú, ya enorme, hurgaba cariñoso cuidando de no lastimar. Y si no encontraba nada, empujaba como diciendo ¿no me estarás escondiendo algún bocadito? En fin, que cualquiera que haya criado un charabón sabe de qué estoy hablando; no digo que sea querendón como un perro, pero es más fiel y guardián que un gato, no te quepa duda.

Entonces, para quien sabe estas cosas, es muy triste ver un video como el que sigue, en el cual alguien se divierte haciendo que sus tres galgos terminen con la vida de un valiente ñandú que logra correr más que ellos, pero cae derrotado porque son más y porque un alambrado le impide agarrar más velocidad y perderse en lontananza. La naturaleza no sabía del alambrado cuando inventó al ñandú.

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Tres galgos cazando a un ñandú, no es justo, los ayudó el alambrado.

Y acá tenés uno que ni llegó a charabón, arreglándoselas solo y exhibiendo toda su ternura.

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Rhea americana, ¡abrase visto semejante humillación de Linneo para un ave elegante como pocas, con el andar de un lord inglés! Solo le falta el Times bajo el ala, abierto en la página de pronósticos de la Royal Ascot. Claro que no fue esa la intención del naturalista, que lo nombró con lo mejor del panteón griego, ni tampoco fue la de Emilio Reus la de quedar con ese estigma, indignante como todos ellos. Según la Wikipedia, el ñandú pertenece al mismo orden que el avestruz, los emúes, los casuarios y las moas, ya extintas.

En su orden, el afamado avestruz, el emú, los pitucones casuarios y las gigantescas moas de Nueva Zelanda, desaparecidas tras la llegada de los europeos.

Algunos serán más grandes, otros serán mas vistosos, pero ninguno con mirada tan tierna como nuestro ñandú. Lamentablemente, tanta ternura no le sirve para nada, lo masacran sin mirarle los ojos y no te la agarres con la gente de ahora, porque la caza del ñandú viene de la época de los charrúas y seguramente antes, porque creo que boleadoras también han encontrado en los Cerritos de Indios de los alrededores de la Laguna Negra. Aún así, lo que terminó con su libertad fue el alambrado, ¡cuánta frustración no contar con un buen par de alas o al menos con un pico más duro!

¿Alguna vez alimentaste a un ñandú? Ellos intentan atrapar solo el alimento, pero no pueden evitar algún picotón en los dedos que, además, parecen muy suculentos. Su pico es un tanto blando, no llega a lastimar pero te da un susto. Porque al ñandú le gusta casi cualquier cosa: desde insectos, pasando por batracios, reptiles y mamíferos pequeños, hasta los botones de tu camisa, si vienen al caso. Esto ocurre porque no tiene buche y entonces no puede almacenar, debe comer y comer sin parar. Aseguran que picotea en el suelo más de 5.000 veces y recorre 7,5 kilómetros cada día, solo para comer. Porque le gusta alternar su menú carnívoro con toda clase de semillas, frutos y hasta hierbas.

Eso lo hace muy independiente, pero un poco molesto para tenerlo en el jardín o en la chacra. ¿Sabés para qué me gustaría que me prestaran uno por unos días? En mi jardín tengo una parejita de horneros que me saluda con alegría cada vez que aparezco… pero con la condición de que no esté cerca el gato del vecino, que ya terminó con dos de sus pichones en sendas temporadas. Pues bien, yo pongo el ñandú por una semana y te juego a que el gato no aparece nunca más. Paqueaprenda, digo yo.

Vos al ñandú dale al ñandú una llanura con pocos alambrados y él se encarga de todo, incluso de mantenértela libre de alimañas. Es ideal para alternarlo con el ganado, ¡lástima que no se lo pueda enseñar a arrear las vacas hacia el tambo!

Parece que la palabra ñandú deriva del guaraní que significa “araña”, lo cual no es desatinado por la semejanza de sus patas con algunas arañas peludas (¡poné un poco de imaginación!). En Bolivia y Perú lo denominan “Surí” en lengua quechua, en tanto que los indios patagones lo llamaban “Choique”. Así que el ñandú es criollo a reventar y otra demostración de que todos los continentes estuvieron unidos. A las crías pequeñas las llaman “Charitos” y a los adolescentes chambones, los denominan “charabones”. Tanto es así, que en nuestro campo es frecuente llamarlos charabones a unos y a otros, siempre aludiendo a su torpeza, pero también cariñosamente.

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Ñandú macho nadando con las crías  (Aves del Uruguay . com)

El nombre científico de la especie fue dado en 1758 por Carlos Linneo. Las razones para elegir el nombre científico del género, de la mitologíaclásica, son desconocidas. Así se afirma en la Wikipedia, donde se da cuenta de cinco subespecies:

El macho alcanza una altura de 1,50 m, y la hembra 1,20 m; el peso es de aproximadamente 30 a 35 kg en el macho y alrededor de los 25 kg en la hembra. Para que tengas una idea de las diferencias, las extinguidas “Moas” pesaban hasta 250 kilos.

Continuemos con la descripción que se ofrece en la Wikipedia. El cuello es largo y las alas inútiles para el vuelo, solo utilizadas para dar equilibrio al cuerpo durante el giro en la carrera. La cabeza, pequeña y de color ceniciento, está dotada de un pico fuerte, del mismo tamaño que la cabeza, deprimido y ancho en la base. En la base del cuello, en el pecho y en la parte superior de la cabeza la coloración es negra, siendo en el macho más destacada esta coloración negra en las partes mencionadas, mientras que el resto del cuerpo es gris.

Alrededor de los ojos y oídos no posee plumas, sino que están rodeados estos por piel rugosa. En cuanto al esqueleto cabe mencionar la falta de quilla a nivel del esternón, característica común en las aves corredoras.

El ñandú es polígino, cortejando cada macho entre 2 y 12 hembras. El macho construye un nido, en el que las hembras (propias o colectivas) depositarán sus huevos (comportamiento denominado poliandria), siendo el macho el encargado de incubarlos y, aunque suele ser un ave muy pacífica, se vuelve particular y repentinamente peligrosa cuando se encuentra empollando.

Desde la irrupción del hombre en la zona meridional de Sudamérica, el ñandú ha sido una de las piezas de caza preferidas, con fines alimenticios. También con el mismo fin se hace recolección de sus grandes huevos. Los gauchos han tenido como uno de sus platos preferidos los alones de ñandú asados. También se los caza (y actualmente se crían) por sus plumas y su piel; por ejemplo, la piel del cogote de ñandú se suele utilizar para confeccionar artesanales estuches, billeteras, etc.

También posee diferentes significados en varias cosmovisiones de grupos indígenas del sur de Sudamérica (charrúasguaraníespampas), que veían su huella en los cielos nocturnos en lo que los españoles convirtieron en la Cruz del sur.

Todo bicho que camina…

  • Carne: La carne del ñandú es roja, con bajos niveles de colesterol, rica en Omega 3, y de bajas calorías. El hígado y el corazón se utilizan en preparaciones o paté.
  • Cuero: Se lo utiliza en marroquinería fina y vestimenta, incluyendo el escamado cuero de sus patas. Resiste muy bien la humedad y el agrietamiento.
  • Plumas: Como se cargan eloctrostáticamente con facilidad, atraen fácilmente el polvo, siendo así muy útiles para la confección de plumeros. En el Brasil son muy utilizadas para confecccionar los trajes para el carnaval. Su rendimiento es de unos 300 a 350 gramos por animal.
  • Huevos: Los infértiles son utilizados en artesanías.
  • Aceites: Se sabe que poseen características y parámetros de calidad que cumplen los requeridos internacionalmente a los que se utilizan en la cosmética.

 

Incapaz de volar (ya que sus alas son rudimentarias y tienen las rectrices atrofiadas, y su esternón carece de quilla), es en cambio un  corredor  muy  veloz:  frente  a  lo que intuye representa un peligro para su integridad, huye al trote con ambas alas levantadas o alzando sólo una; mantiene el equilibrio con la ayuda de las alas, y puede cambiar bruscamente de dirección sin disminuir el ritmo de la carrera.

Después de la alimentación, la actividad que más tiempo le insume es el cuidado de sus plumas, cuya exhibición desempeña un papel importante en el cortejo sexual del macho.

Tendrá un harén, pero ¡qué padre!

Tras las peleas de rigor para formar su bandada, el grupo familiar queda conformado por el macho dominante y no menos de seis a ocho hembras. El resto de la tropilla se divide en grupos de juveniles (con algunos adultos inmaduros sexualmente) y grupos de machos. Cuando el grupo familiar está consolidado, el macho se dedica de lleno al cortejo de las hembras, hasta la aceptación por parte de éstas de la cópula; veinticinco días después de producida ésta se inicia la oviposición. Una vez que ha fecundado a todas las hembras, el macho comienza a preparar el nido, para lo cual busca un lugar  llano,  seco, aprovechando a menudo alguna depresión natural; limpia meticulosamente el terreno, cortando los pastos con su pico, y escarba con las patas del centro hacia fuera, ahondando el centro de la depresión, que puede alcanzar un diámetro de 0,7-1,0 m, con 10-20 cm de profundidad.

El hoyo es tapizado con pasto que corta de los bordes. Cada hembra pone al menos seis huevos ovalados de aproximadamente 9 x 16 cm y  pesan  alrededor  de  440-  650  g, de color crema o amarillo, que con el tiempo viran a blanco. La puesta se extiende por 7-10 días, y cierta agresividad del macho induce a las hembras a alejarse; éstas reinician su función reproductiva con otro macho.

Se han visto nidos con hasta 70 huevos, que demandarán una incubación de 35 a 50 días por parte del padre que no se levantará más que una hora por día para comer y beber (téngase en cuenta de que no tiene reservas alimenticias por su constitución). Cuida sus huevos tan bien que los que eclosionan lo hacen en apenas 48 horas. Sin embargo, el padre permanece más tiempo en el nido, hasta que los recién nacidos consideren que ya no tienen necesidad de refugiarse debajo de papá. Esto suele ocurrir en diciembre y si no nacen todos, es porque a veces hay más huevos que vientre para empollarlos.

Las crías nacen con plumas rígidas, semejantes a pelos, y son nidífugas: no permanecen en el nido más de 36 horas; pasado ese periodo, abandonan el nido y acompañan al padre en todos sus desplazamientos, alimentándose por sí solas. Al mes de vida consumen aproximadamente los mismos alimentos que un adulto. Ocasionalmente charitos extraviados se unen a otra pollada, lo que explica que a veces puedan verse grupos integrados por un macho adulto y crías de edades distintas.

Al mes y medio el grupo familiar vuelve a crecer: las hembras se unen al macho y las crías, y un par de meses más tarde (otoño) volverán a formarse las grandes tropillas de machos, hembras, adultos inmaduros y charabones. Los charos -que permanecen con el padre hasta que tienen 4-6 meses- crecen rápidamente, alcanzando a los 180 días 10 kg de peso vivo. Al año siguiente alcanzan los tres cuartos de la talla adulta, y un año después recién aparecen las plumas negras sobre el cuello y la cabeza de los machos.

Dejamos un misterio para el final. Pese a lo cuidadoso que es el padre, casi siempre hay alguno o algunos pocos huevos fuera de la nidada. Como la explicación de que no se haya dado cuenta no es de recibo, debe suponerse que es una maniobra premeditada, pero se desconoce la utilidad. Como es un bicho que según algunos vive hasta 40 años, se le puede asignar aquello de que el “diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo”. A los paisanos no les cierra la teoría de que lo hacen para luego picotearlos y juntar moscas como alimento para sus crías, pues también atraería depredadores.

En fin, que  es un bichito que bien se ganó su presencia en nuestra moneda de cinco pesos.

De paso, esa última foto es de la argentina Mariana Acosta, cuya web deberían  recorrer quienes tienen el privilegio de estar dotados con buen gusto:  http://www.marianacosta.com.ar/index.php

 Guillermo Pérez Rossel