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Parece que los chinos también nos descubrieron

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No hay vida más aburrida que la de un eunuco… a menos que le ocurra andar descubriendo el mundo mucho antes que Colón… aunque mucho después que Alejandro Magno.

Porque se supone que Alejandro llegó antes que nadie a los confines del mundo antiguo,  pero China parece que llegó a América 70 años antes que el Almirante. Ya sabemos lo de los vikingos; falta un poquito así para que los historiadores admitan que los fenicios también llegaron, esas cabezotas negras talladas en piedra indican –mal que les pese a los racistas– que antes que muchos llegaron hasta acá los africanoascendientes, eufemismo estúpido y más prejuicioso que el realista “negros y a mucha honra”. Y a los polinesios que no les resten el mérito de habernos traído las gallinas como obsequio de sus increíbles periplos por el Pacífico sur.  ¿Qué pueblo falta para agregar a la lista de nuestros descubridores, en tanto que a nosotros nos asignan el irredimible papel de descubiertos, como si la historia operara contra nosotros.

¿Si la brújula la inventaron los chinos, cómo podés pretender que se quedaran quietos, por más que el suyo más que un país, pareciera un continente? Naturalmente hay quienes se aferran a que solo se trata de un cuento chino, e insisten en definir como “juncos”  –una porquería de morondanga– a los barcos que tenían, incapaces de llegar a un destino tan lejano… pero eso es pelearse con la evidencia.

Antes de continuar, corresponde resaltar la sorpresa del autor por la indignación que produce la sola mención de que los europeos no hayan sido nuestros descubridores. Es probable que no sean muchos los indignados… pero hay quienes me llamaron por teléfono al borde del insulto. Debo confesar que quizás no resalté debidamente que esto es una hipótesis, entre tantas. Pero que algo no esté probado no significa que pueda descartarse y tampoco me da certidumbre en el sentido contrario que haya toda una biblioteca europea señalando que fueron, son y serán, el ombligo del mundo. Con el debido respeto a un continente que –eso sí no se puede negar– nos hizo como somos.

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Comparativo de tamaño con una de las carabelas de Magallanes, insignificante pero también capaz de darle la vuelta al mundo.

Los chinos de la época de Zheng He, en el siglo XIV, tenían barcos gigantescos, fuera de toda proporción. Andá mirando las fotos y las comparaciones y decime ahora si no era posible que con esas embarcaciones llegaran hasta nuestra mismísimo Río de la Plata si se les hubiera dado la gana. El problema era que realmente no les daba la gana, ¿darle la vuelta al mundo? ¿para qué?, con lo enorme y complicada que es China, donde no solo hay casi tanta gente como en el resto del mundo, sino que dentro de ese territorio conviven decenas o cientos de nacionalidades, lenguajes, costumbres, religiones y biotipos.

Vos los podés engañar con la revolución cultural y el vergonzoso “Libro Rojo de Mao”, esa pretensión de catecismo político al estilo de Mein Kampf, pero al final hasta el más perdurable de los dictadores se rinde ante la ley de la vida… y entonces, aparecen otros líderes que imponen cambios y la gente ya no se conforma con un tazoncito de arroz y un discurso de obediencia: quiere heladeras y licuadoras; televisores led y smartphones.

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Está rotundamente probado que la flota de Zheng He llegó hasta Africa y que exploró minuciosamente la costa árabe, quizás porque aunque chino, Zheng era musulmán. ¿Te había dicho que medía más de 1,90 m? Las teorías según las cuales los chinos habrían llegado a América en 1421 no pueden descartarse porque no haya registros en la biblioteca de Enrique El Navegante, pues el terremoto de Lisboa de 1755 destruyó gran parte de la documentación que por otra parte estaba preservada como un secreto de estado.

Tampoco deberían dejarse de lado con el argumento de que si eso hubiera sido cierto, entonces nuestros conquistadores y colonizadores tendrían los ojos rasgados y la historia de la humanidad hubiera dado un giro de 180 grados hacia el oriente en lugar de hacia occidente. Pero esa línea de pensamiento se frustra con la más patética de las decisiones que una civilización haya adoptado: en 1493, cuando Colón se lanza a la aventura, hacía tiempo que los chinos tenían prohibido construir naves con más de dos palos. Los enormes barcos transoceánicos fueron desguazados y con ellos se construyeron mesas, armarios y otras tonterías, muy prácticas pero nada épicas.

Dicen que fue por culpa del confucianismo, que detesta el caos y los cambios para apoyarse en la inmutabilidad de las cosas… pero me gustan más las hipótesis de una rebelión contra los eunucos que eran muy influyentes en las cortes, así como la misma animosidad que hoy impera entre los gobernantes y los comerciantes, en este caso los ultramarinos que siempre estuvieron detrás de los descubrimientos. Además, súmale la envidia, motor de tantas iniquidades. La era de Zheng He, que ya había fallecido durante un viaje, había terminado.

Algunas fuentes desconocen o pretenden disminuir, un argumento bien racional para suspender los gastos marinos tras 20 años de grandes éxitos: nuevas ofensivas mongolas en el norte obligan a desviar gastos hacia ejércitos y albañiles capaces de reforzar la Gran Muralla.  Además, algunas provincias recientemente anexadas, como Vietnam, se rebelaron y demandaron recursos bélicos. Con todo, eso no justifica que luego de esas campañas, no volvieran a los descubrimientos sino que se sumieran en el más absurdo aislacionismo.

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La llamada Hipótesis de 1421 se robustece con un mapa atribuido a Zheg He, en el cual aparecen América y Oceanía unos 70 años antes de la llegada de Colón. Hasta permite suponer admisible que ésta era la documentación que animó a Colón a lanzarse a lo desconocido. Pero hay un inconveniente serio: el mapa sobreviviente no es el original, sino una copia supuestamente fiel de 1763.

Es un marino británico, Gavin Menzies quien apoyado por las versiones poco documentadas, se lanzó a la búsqueda de pruebas de lo que llamó “La Hipótesis de 1421”. No consiguió ninguna prueba que lo demuestre, pero  tampoco tienen pruebas en contrario quienes se le lanzaron encima acusándolo de todo tipo de traperías. No te hagas el camba con Gavin, que fue comandante de submarinos atómicos; es un poco imprudente calificarlo de cuentero.

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http://www.gavinmenzies.net/spanish/

Te desafío a leer la web de Gavin y mirar los mapas interactivos. Sobra documentación… pero no logra derribar las críticas, que también son sólidas. Entre las pruebas que aporta Menzies se encuentran una escultura de la dinastía Ming encontrada en Kenia, y ejemplares de porcelana encontrados en lugares como Perú y California. Sus contradictores se apoyan fundamentalmente en que las embarcaciones podían ser grandes… pero eran lentas y poco maniobrables.

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Lo cierto es que a esta altura es incontestable que en el siglo XV, la ingeniería naval china era la más avanzada del mundo y sus barcos eran más grandes y resistentes que los europeos. Por ejemplo, habían incorporado los mamparos, compartimentos estanco, con los cuales se impedía o retrasaban los hundimientos. En cuanto a la maniobrabilidad, esos chinos habían inventado el timón “fenestrado”, con orificios o ventanas que al permitir el paso de agua, hacían más fácil el giro desde cubierta. Y de la brújula ni hablemos.

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Los denominaban “Barcos del Tesoro”  y se los describe “unas tres  veces más grandes que los galeones españoles de la época, auténticas fortalezas flotantes en las que cabían unos 27.000 hombres entre marineros, navegantes, exploradores, doctores, obreros, granjeros y soldados. El emperador mandó construir entre 100 y 300 navíos para su amigo Zheng He, de los cuales alrededor de 60 serían Barcos del Tesoro”.

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Lo que no discuten los enemigos de la tesis americanista, es la posibilidad de alimentar a una población marina tan enorme. Al parecer, mientras los europeos apostaban a la austeridad y la capacidad de sacrificio de pocos marineros, los chinos preferían organizar verdaderas granjas flotantes con buena cantidad de patos, pollos y cerdos, alimentados con cultivos de soja, ellos y los marineros. A mí me resultó impresionante la referencia de que las necesidades de agua potable se satisfacían desalinizando agua de mar con la propia soya, no explican cómo.

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Al mejor estilo de los Reyes Católicos, quien le dio apoyo a Zheng He fue Yongle (“Felicidad Perpetua”), tercer emperador de la Dinastía Ming surgida luego del colapso de la dominación mongólica. Ni el almirante ni su emperador eran embalados aventureros, todo tenía una razón, la misma que tuvieron los españoles y portugueses. La Ruta de la Seda durante tanto tiempo cuidada y robustecida, se sacudía en medio de la inestabilidad de turcos y mongoles: el comercio estaba en peligro. ¡Qué me venís con confucionismo, islamismo, budismo y cristianismo! Acá estaba operando nuevamente el empuje de la economía y de la búsqueda de nuevas fuentes de riqueza. Si productores y consumidores no se podían comunicar por tierra, debían  hacerlo por mar.

Zheng He (He es el nombre, Zheng es el apellido) pertenecía a la minoritaria etnia Hui, chinos de pies a cabeza… pero musulmanes. Cuando tenía once años fue capturado por las tropas Ming, castrado y enviado como eunuco a servir a Zhung Di, el futuro emperador Yongle, su mecenas. Sirvió en la corte… pero también fue un guerrero destacado en su lucha contra los mongoles, apoyando a su protector en su rebelión contra el emperador Jianwen. Batalló contra los mongoles, por tierra y por mar, hasta 1423. No tendría huevos, pero le sobraba coraje.

 

Hay siete expediciones de nuestro almirante durante las cuales visitó 30 países incluyendo la India, Persia, Arabia y gran parte de África Oriental. Por un pelo no se encontraron con los portugueses que por ese tiempo habían llegado tan al sur de la costa africana como Madeira, pero no más. Las escuadras de Zheng He hubieran sido impresionantes aún para las operaciones navales de hoy en día. Llevaba en cada una de ellas no menos de 30.000 hombres y los transportaba en flotas que presidían sus gigantescas Naves del Tesoro, pero que eran acompañadas por naves menores en un número entre cincuenta y trescientas.

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¿Cuál era el objetivo de esos viajes? No buscaban esclavos, no se les daba por convencerlos de ninguna religión, no dejaban misioneros, no conquistaban territorios ni establecían colonias y bases navales como los fenicios. La documentación nos conduce a la búsqueda de aliados, a impedir que todos esos pueblos quedaran tan asombrados con los mongoles que se sometieran y se sumaran al gran enemigo de los chinos.  Zheng He los impresionaba con una flota apabullante y con barcos como ciudades para lograr que se aliaran sin pelea, dejándolos que se gobernaran a sí mismos como quisieran y que le rezaran a quien se les antojara. Hasta les regalaba objetos artísticos o joyas tecnológicas… era una conquista absolutamente cultural. Y también comercial, pues los siguientes en bajar de la nave, eran los encargados de dejar establecidas rutas comerciales alternativas con la de la seda, que era la que estaba fallando. Curiosa estrategia militar: conquistar sin romper nada, a pura amabilidad y despliegue de poderío.

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Mientras tanto, Zheng He se lucía en la corte con los relatos y con las muestras de los artículos comerciales, así como con las anécdotas de viaje parecidas a las que acogemos en estas páginas. Una vez apareció junto al Emperador llevando al tiro nada menos que una jirafa, uno de los pocos animales más altos que él. Un elefante no hubiera sido ninguna curiosidad. Los chinos quedaron asombrados y concluyeron que el almirante había traído un auténtico “qilin”, es decir, una criatura fabulosa en la mitología china.

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Zheng He no parece haberse amoldado a la descripción habitual de los eunucos, con voces agudas, propensos a comportamientos temperamentales, con enfados y lloriqueos según describen las fuentes. Según lo describió su familia (la objetividad no cuenta), tenía “siete pies de alto y un pecho de cinco pies de circunferencia” (el pie chino es más pequeño que el europeo). “Sus mejillas y frente estaban altas, pero su nariz era pequeña. Tenía ojos luminosos, dientes tan blancos con una forma tan perfecta como las celdas y una voz tan potente como una gran campana”.

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Honesto en sus reportes, a nuestro personaje no todo le fue bien y lo confesó. En lo que hoy es Shri Lanka no se admiraron por la flota, ni por los regalos ni por las estatuas de sus dioses que en señal de respeto le llevaban los chinos. Uno de los líderes locales llamado Alakeswara se encrespó, los enfrentó y los obligó a volver a sus barcos. Hay que reconocer que los tomó de sorpresa, Zheng He no había ido a guerrear sino en misión diplomática. Lo divertido viene después, comparando las versiones chinas y las cingalesas sobre lo ocurrido.

Según los chinos, Alakeswara les envió un ejército de 50.000 soldados que no logró derrotar a los 2.000 que acompañaban a Zheng He. Los chinos dieron la vuelta, capturaron a Alakeswara y lo llevaron a Nankín, donde se le perdonó la vida por su “ignorancia”, aunque se lo destronó, pasando a gobernar uno de los sabios de su corte.

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Según los cingaleses, Zheng He vino a derrocar al rey Vijaya Bahu VI e instalarse él mismo como soberano. En su versión, el almirante y Alakeswara no fueron enemigos sino asociados. El objetivo era que Alakeswara quedara como rey y aliado de los chinos. Para los investigadores, ninguna de estas versiones explica por qué la expedición terminó acá y la flota volvió a Nankín como si la llevara el diablo. Hay toda una historia con el “Diente de Buda”, una reliquia que habría sido robada, o llevada como obsequio a China, aunque luego devuelta y todos esos tejemanejes de las cuestiones diplomáticas en las cuales nadie puede decir la verdad verdadera porque se arma flor de lío.

En 1424 falleció el emperador Yongle y ascendió su hijo Gaozhi, con el nombre de Hongxi. Gobernó solo nueve meses… pero fue suficiente para poner todo patas para arriba. “Su primer decreto, dicen en la Wikipedia, emitido el mismo día de su coronación, dejó clara su actitud contraria a la continuación de los viajes:

Todos los viajes de los barcos del tesoro deben pararse. Se ordena a todos los barcos anclados en Taicang volver a Nankín y todos los bienes en los barcos deben devolverse al Departamento de Asuntos Internos y almacenarse. Si hubiera alguna delegación extranjera deseando regresar a casa, se les proveerá de una pequeña escolta. Aquellos oficiales que se encuentren actualmente en el extranjero deben regresar a la capital inmediatamente… y a todos aquellos a los que se haya ordenado ir en futuros viajes se les ordena regresar a sus hogares.

Con todo, hubo una última expedición tras la muerte de Hongxi. La ordenó su hijo Zhu Zhanji tras darse cuenta que el comercio exterior le permitía aflojar la presión tributaria sobre los súbditos. Fue la mayor de las expediciones, lo que prueba que la orden de romper todo dada por su padre no tuvo demasiado eco.  Con todo, debieron construir más naves para llegar a las más de 300 que compusieron la expedición.

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Partieron en 1431 y al llegar a Calicut (Calcuta), un grupo de embarcaciones viajó hacia Adén y reportó que habían llegado a La Meca y Medina… pero se duda de la verosimilitud de esta aseveración. Parece que Zheng Hu no estaba en esa partida, se supone que por motivos de salud.  Tanto es así que falleció en el viaje de regreso, tan lejos de su hogar que sus restos debieron ser arrojados al mar, en lugar de cumplirse con la tradición de todo eunuco noble, consistente en que su cuerpo debe yacer junto con sus testículos cuidadosamente preservados para esa ceremonia. En lugar de eso, se llevaron algunos de sus cabellos y sus zapatos, suponiendo que acompañaron a los testículos momificados pero cero kilómetro, en una cueva budista. Solo hay registros escritos, la “tumba” no fue encontrada hasta hoy.

Alguien podría defender la decisión de abortar los viajes, las investigaciones y los descubrimientos, concentrándose en cuidar el riquísimo patrimonio de ese enorme país… pero la realidad inmediata que resaltan los estudiosos fue que el comercio en el sureste asiático y en el mundo árabe era imprescindible. Fue sustituido por el contrabando y la navegación quedó asolada por una piratería rampante que primero ejercieron los japoneses, pero luego la practicaron muchos pueblos ribereños, más sanguinarios unos que otros. Curiosamente, esa piratería continúa en el día de hoy.

Guillermo Pérez Rossel

 

http://www.mediavida.com/foro/off-topic/historia-china-expediciones-zheng-he-346398

https://es.wikipedia.org/wiki/Hip%C3%B3tesis_de_1421

https://en.wikipedia.org/wiki/Gavin_Menzies

http://www.1421exposed.com/html/kick-starting_the_renaissance_.html