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Desconcertante chajá

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Parece un ave de rapiña pero es vegetariano, parece demasiado robusta para volar pero se eleva como un águila, parece un ave de bandada pero es monógamo hasta la muerte.

El Chajá siempre ha llamado la atención. A los científicos los martiriza con su peculiar anatomía y escasez de aves similares. A los criadores de aves les atrae, porque lo usan para criar los pichones de las aves domésticas dado su formidable instinto maternal. A los observadores los confunde con su poderoso y alto vuelo en desacuerdo con su corpulencia. Y a los aborígenes, les encanta servido en la mesa. Aunque dicen aquellos que han comido su carne que tiene un sabor bien desagradable al paladar refinado de nuestros días. Quizás eso es lo que lo salva.

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Es un ave que se domestica fácilmente y nuestros paisanos solían tener un casalcito para ayudarlos a cuidar el rancho y sus gallinas. Su alimentación es vegetal y no ofrece peligro a los polluelos de las otras aves. No solo no se los come sino que, si encuentra a alguno medio desamparado lo adopta como hijo propio.  Algunos relatos mencionan que en defensa de sus protegidos se faja ferozmente con las aves rapaces, comadrejas y hasta con los gatos y perros domésticos.

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Yo siempre recuerdo al que vi muchas veces en la “Pajarera” del Parque de Santa Teresa, una especie de zoológico en miniatura al que era obligatorio ir cuando acampabas con niños. Llegabas hasta allí por un sendero sinuoso, apenas marcado dentro de un monte de bellísimos árboles del cielo y te llamaba la atención que casi nunca había un cuidador, porque hay gente que martiriza a los animales o hace tonterías.

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Espantando terneros, ¡andá a saber si no simulan que comen pastito y se preparan para cazar mis gallinas!

No había advertido que la vigilancia se la habían encomendado a un formidable chajá, el más grande que vi en mi vida, el cual estaba arriba de la jaula más grande, como una estatua. Un día aparece uno de esos pelotudos con su moto con escape libre, acelerando y acelerando para que a la gente no se le pasara por alto lo imbécil que era. Al chajá tampoco le gustó, le pareció que era una inadmisible invasión al silencio respetuoso que imponía la naturaleza. Se lo hizo saber levantando las alas, mostrando los agudos espolones  que tiene en las alas y gritando amenazadoramente como para que apagara de una vez ese motor.

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Así como son temibles cuando se enojan, si te ganás su cariño te piden mimos.

No sé si el motociclista no lo vio o no le quiso hacer caso. ¡Para qué! El chajá se lanzó desde lo alto y le cayó encima en medio de un sorprendente alboroto.  Si no hubiera tenido campera de cuero, hubiera sufrido unos cuantos puazos, aunque más que el ataque en sí, fue el susto de ver ese montón de plumas enfurecido viniendo del cielo. El chajá no lo soltó hasta que el empavorecido motociclista salió fuera de su feudo,  no debe haber parado hasta el Chuy.

Luego, volvió el silencio. Nos tomó tan de sorpresa que quedamos mudos y ni siquiera aplaudimos el episodio como se merecía. No creo que el bicho quisiera atacarlo sino solo ahuyentarlo, porque es un ave de buen carácter pese a su aspecto imponente.

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Con  90 centímetros de alto, no parece un bicho preparado para volar… pero no contaban con su astucia. Le cuesta despegar, pero ya en el aire busca corrientes de aire ascendentes y se va elevando en tirabuzón, llegando a emparejar su altura con las águilas, mirá lo que te digo. También ayudan los espacios vacíos, cavidades de aire, que tiene esparcidos por todo el cuerpo, en lo cual se parece a los pelícanos, otra ave corpulenta que vuela sin problemas. Igual que los bocones, tiene huesos huecos. Gracias a esa particularidad, aparenta un peso mayor a los cuatro kilos a los que llega en su edad adulta.

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A menos que esté tratando de confundir la ubicación de su pareja o sus pichones de alguna amenaza que podés ser vos mismo, el chajá no anda solo. Lo acompaña su pareja de toda la vida, porque sin ningún juramento que lo comprometa, el chajá es de una fidelidad solo comparable con la del pingüino. Igual que él, suele morir de tristeza al perder su pareja.

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El chajá postre, ese manjar con bizcochuelo, merengue desmenuzado, dulce de leche y duraznos en almíbar, es uruguayo de absoluta uruguayez, nacido en Paysandú. Pero el chajá pájaro podría ser el emblema del Cono Sur, pues se lo encuentra en libertad y sin mayores problemas de sobrevivencia, tanto en Uruguay, como en el sur de Brasil, el norte de Argentina, Bolivia, Paraguay y a veces, en el sur de Perú.

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Si tenés una cañadita y la embalsás tan hermosamente como ésta, la naturaleza puede hacerte un regalito

“Habita en tierras bajas a poca elevación. Normalmente se mantiene en lugares cerca de los depósitos de agua dulce; así como las marismas y a la orilla de los lagos y lagunas. Frecuenta los pastizales. Se les ve en parejas y en ocasiones en grupos hasta de cien de ellos”.  Dice una de las fuentes que todos los que andan buscando material copian desvergonzadamente, en la que se agrega que esa particularidad de las bolsas de aire debajo de la piel, le permite nadar como un pato, pese a no ser palmípedo. Sin embargo, lo habitual es que se comporte como cualquier zancuda, caminando por la orilla de lagunas y cañadas, siempre de agua dulce. No me mires mal, esa y las demás fuentes figuran al final. ¿O vos te creías que para hacer estas notas ando sumergido en las lagunas o siguiendo chajás con un parapente?

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Ahora se ha perdido la costumbre, pero como decía, antes era muy frecuente que nuestros paisanos tuvieran una parejita de chajás cuidando sus casas. O eran chajás, o eran teros, con la particularidad de que  nuestra ave protagonista se aquerencia sin que sea necesaria la crueldad de cortarles plumas de las alas. Ambos avisan de cualquier persona, bicho o artefacto desconocido que se aproxime. Eran la cámara de vigilancia y el servicio de respuesta rápida siempre dispuestos, no los detenía que un ladrón cortara la electricidad y solo te cobraban un tachito con agua y un poco de alimento de gallinas de vez en cuando.

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Dudo bastante cuando casi te estoy invitando a que te consigas un casal si tenés adecuado espacio en tu casa… pero por lo que he encontrado en internet, parece que con buena gente, el bicho hasta se encariña y genera una simbiosis de mutuo beneficio, como toda simbiosis que respete al diccionario.

Donde no lo podemos elogiar es en su canto, más bien un grito de verdulero, y su nombre “chajá” deriva del sonido que emite. No pretende conquistar a una hembra, no intenta convencerte de que es un hermoso pájaro, solo te advierte que estás en sus dominios y que más te vale que no lo jodas. Y con ese objetivo, suele gritar en pareja. En guaraní parece que “chajá” significa “¡huye!”, pero más bien fue el chajá el que influyó en el guaraní generando esa alerta onomatopéyica. “¡Chajá, chajá!” es lo que gritan los padres a sus hijos cuando hay que ponerse a correr.  Pero el grito incluye la expectativa de una respuesta, que no se hace esperar, con cambio en la desinencia “¡Chajalíi!”, como anotó Felix de Azara.

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Solo en un sello se pueden apreciar las afiladas púas en las alas. No es un matón que ande exhibiendo sus armas, habitualmente las esconde entre las plumas.

Nunca invites a un bautismo a un zoólogo o a uno de esos ediles que inventan los nombres del nomenclátor; la naturaleza no merece que a uno de sus miembros más originales lo identifiquen como Chauna torquata. ¿Cómo bautizarán a sus hijos los zoólogos?… mejor no me cuentes, pobres criaturas. Como verás, se parece al tero, pero las apariencias engañan, no tiene ninguna relación con ese otro simpático pajarito guardián. Más bien está emparentado con los cisnes y los gansos.

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Un chajá cruzado con ovejero, cuida su rebañito. No hay bicho más solidario con los desfavorecidos.

También parece una especie de pavo, con cresta, pico pequeño y afilado y un vistoso collar en el cuello. La naturaleza lo hizo simpático y temible para sus predadores, pero no se empeñó mucho en hacerlo lindo… sus razones habrá tenido.  Los espolones de las alas tienen algo más de dos centímetros y no los usa a menos que sea imprescindible. Prefiere la disuasión, en tanto que sus pollitos se defienden quedando inmóviles, salvo que el grito de sus padres los invite a huir a toda velocidad.

Chajá y gaucho fueron inseparables en las pampas, lo cual quedó registrado hasta en el Martín Fierro de José Hernández:

Me encontraba como digo,

en aquella soledá,

entre tanta escuridá,

echando al viento mis quejas,

cuando el grito del chajá

me hizo parar las orejas.

Su idilio con el gaucho, con el cual compartió región, se terminó cuando la agricultura comenzó a superponerse sobre la ganadería y los malditos alambrados cercaron a sus amigos los ñandúes. Porque no se ha descubierto manera de enseñarle a los chajás en libertad que no deben devorar plantitas de arroz ni brotes tiernos de ninguna otra planta de uso frecuente en la agricultura. Ahora, los agricultores exageran con la persecución, no son tantas ni tan grandes las bandadas de chajás: no me jodas con que te empobrecen estos pobres bichitos, mirá que te veo pasar con tu cuatro por cuatro rumbo al aeropuerto para embarcarte hacia Miami. Dicho sea de paso, aunque vegetarianos, en tiempo de reproducción, se mandan algún bichito para mejorar su dieta con proteínas.

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Para hacer su nido, crea una plataforma de juncos bastante grande, tratando de que el agua lo rodee y proteja a sus huevos y crías de los depredadores terrestres. Allí pone hasta seis huevos que cuidan ambos padres. Comparte hábitat sin problemas con otros vegetarianos, como los carpinchos, con aves acuáticas y con otros bichos con los que conforma grupos de mutua conveniencia, como mandó Tata Dios en el paraíso hasta que vino la serpiente con su tentación.

No hay diferencias entre machos y hembras, en tanto que sus pichones nacen con un plumón amarillo, lo que los hace bien parecidos a un pollito de gallina, incapaz de volar igual que ellos. Pero ya tienen las patas color ladrillo, uñas negras y una atención absoluta a las señales e indicaciones de los padres, característica que envidiaríamos muchos de los humanos.

En fin, cada uno se revuelve con lo que tiene.

Guillermo Pérez Rossel

https://es.wikipedia.org/wiki/Chauna_torquata

http://damisela.com/zoo/ave/otros/anser/animidos/torquata/index.htm

http://www.avesdeuruguay.com/chaja.htm

http://historiaszoologicas.blogspot.com.uy/2011/12/el-espumoso-chaja-chauna-torquata.html

http://www.uruguaysalvaje.com/el-chaja-es-una-de-las-aves-mas-grandes-que-aun-vive-en-su-estado-natural-en-uruguay/