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Boliche famoso con historia insospechada

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La Fe moverá montañas… pero no impide que te estafen. La justicia civil lo amparó… pero nada pudo contra la autoridad religiosa. Lo despojaron a él y al Arcángel Miguel, nada menos.

Felizmente todo terminó bastante bien, no para Juan Fariña, sino para la capilla ahora consagrada a Homero Manzi, que no sería un santo, pero era un tanguero digno de devoción. Y todo comienza en aquella Italia a la que Garibaldi le cambió la cara, continúa en un Buenos Aires que comenzaba a agigantarse y se prolonga hasta hoy, como una esquina que no será la “Catedral del Tango”, porque le faltó tamaño y cura, solo por eso. Esto de alguna manera justifica literalmente que quienes concurrimos a boliches seamos llamados parroquianos, calificación que por acá ya no se usa para describir a los fieles de la Fe, sino a los devotos del copetín.

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La foto de la portada pertenece el bar “Esquina Homero Manzi”, ubicada en el cruce de las Avenidas San Juan y Boedo. Del barrio homonimo, en la ciudad de Buenos Aires. El bar fue construido en 1927 aunque dicen que ya en 1914 existía otro en esa equina. Llevo diferentes nombres; “El Aeroplano” fue el primero en 1937. Lo compraron dos socios japoneses y lo bautizaron “El Nippón”. En 1948 lo bautizaron ” Canadian”, justo cuando Homero Manzi escribio el tango Sur. En 1981 adquirió su actual nombre. El 6 de marzo de 1999 el café cerró sus puertas pero fue renovado y vuelto a abrir en 2001. Por sus mesas, pasaron los músicos que hicieron del tango la expresión artística más representativa de la ciudad de Buenos Aires.

Esquina Homero Manzi

http://www.esquinahomeromanzi.com.ar/

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Interior del restoran/bar

Estrofa del tango Sur

“San Juan y Boedo antiguo, y todo el cielo / Pompeya y más allá la inundación / Tu melena de novia en el recuerdo / y tu nombre florando en el adiós. / La esquina del herrero, barro y pampa / tu casa, tu vereda y el zanjón / y un perfume de yuyos y de alfalfa / que me llena de nuevo el corazón”

Esquina Homero Manzi

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Asi es la esquina de Homero Manzi

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Asi era en diciembre de 1900

Ubicacion Google Earth 34°37’30.98″S 58°24’58.62″W

Del autor

La direccion de las Avenidas San Juan y Boedo, la documentación de la revista Caras y Caretas de 1900, lo mismo que las tres fotos de epoca dan verosimilitud a esta nota. Si nos fijamos en la entrada podemos ver un brillo solar sobre la margen derecha. Esto demuestra que la foto fue tomada por la mañana y que la cara brillante es la que tiene orientación Este (donde sale el sol). Al costado algo parecido a una calle, con cierto declive. La única esquina de las cuatro con estas características y esa orientación es la actual del restoran “Esquina Homero Manzi” sobre el lado que da a la Av. Boedo.

La mujer de Juan Fariña se llamaba Clara Dighiero y ambos vivian en la calle Jose Marmol 278, casi Av., San Juan, a 6 cuadras de la capilla. Tuvieron numerosos hijos, la mayoría bautizados en la basílica San Carlos Borromeno y Maria Auxiliadora, a 13 cuadras de las Avenidas, San Juan y Boedo.

Por quien intervino en el litigio de la usurpación por parte de las hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul, que fue el Arzobispo de Buenos Aires Uladislao Castellano y dado que éste falleció en febrero de 1900, podemos inferir que la historia de la usurpación es anterior a la nota periodística de Caras y Caretas (1897 est.)

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Arzobispo Uladislao Castellano / Juan Fariña (Bastón) y un amigo

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Partida de nacimiento de uno de sus hijos año 1900

https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:9396-XR3X-64?mode=g&i=454&wc=MDBL-629%3A311514201%2C320092701%2C314221802%3Fcc%3D1974184&cc=1974184

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La increíble historia de la capilla

Resulta notable que en esa esquina, cuna de taitas y malevos según reza la historia, hubiese antes una capilla de regulares dimensiones ( 8 x 15 mts: aproximadamente, erigida en honor a San Miguel Arcángel. Mucho más es que la misma fuera malamente apropiada por las monjas de la caridad y desalojado su dueño, tras un famoso juicio que el tiempo y las circunstancias terminaron por borrar del conocimiento público.

Juan Fariña fue un emigrante italiano cuya singular historia quedó plasmada en la revista Caras y Caretas en diciembre de 1900 y cuyas fotos, quizás todo un documento desconocido por la mayoria de los argentinos, presentaremos en esta nota.

En 1860 Garibaldi, junto con algunos centenares de hombres, desembarcó en Marsala, ocupó Sicilia, que se sublevó a su voz, y de allí pasó a Nápoles, donde llegó en triunfo hasta la capital. Se proclamó dictador en nombre de Víctor Manuel y derrotó a las tropas borbónicas. En ese momento los afines a Victor Manuel, temieron por la creciente fama de Garibaldi y sus supuestas ambiciones, por lo que indujeron al rey a atacarlo. Victor Manuel, con el pretexto de impedir un supuesto ataque al Papa por parte de los Camisas rojas, envió un ejército piamontés que acabó por derrotar a las fuerzas papales en la batalla de Castelfidardo de 1860. Los zuavos pontificios fueron creados para la defensa de los Estados Pontificios. Fueron católicos solteros voluntarios, fundamentalmente, dispuestos a ayudar al Papa Pío IX frente al proceso de reunificación italiano. El grueso de los voluntarios fue alemán, francés y belga, pero no faltaron romanos, canadienses, españoles, irlandeses e incluso ingleses.

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La capilla de Av. Boedo y San Juan por dentro

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El relato de Juan Fariña (transcripción)

Durante aquel período de guerras que desoló a Italia en la década de 1860 á 1870, un joven meridional que había militado en las fuerzas papales, estuvo a punto de ser ajusticiado por los garibaldinos, que hacían a sus adversarios una tenaz persecución.

—Mire, señor: me salvó el santo guerrero al que me encomendé… Ese milagro no lo podía hacer sino San Miguel. Yo iba corriendo y ya no tenía fuerzas; oía la carrera de mis perseguidores y la carne me temblaba. De repente me encomiendo a San Miguel y en ese mismo momento me siento resbalar en una pendiente y á poco oigo la marcha de mis perseguidores que pasaban sobre mí ¡Yo estaba ileso en el fondo de un pozo!

El joven, tras una verdadera peregrinación, llegó á Buenos Aires alrededor de 1865 y ejerciendo el oficio simultáneo de frutero y de organista, ocasionalmente también peón de albañil, logró hacerse de un pequeño capital y con él adquirió un lote de mercaderías con las cuales se inició en el trabajo de mercachifle pampeano, tomando como clientes á los indios que ocupaban las tierras que forman hoy los partidos de Bolívar, Lincoln, 9 de Julio y Bahía Blanca.

“Mi vida, señor, con los indios borrachos, era un peligro constante: siempre estaba amenazada, porque aun cuando los indios eran gente buena y no como dicen algunos, con la caña no sabían lo que hacían”.
“Ya ve, pues, señor, si tengo motivos para ser devoto de San Miguel. El hombre que así hablaba, es D. Juan Fariña, ese gordo, de bastón, que presenta nuestra fotografía y que está acompañado de uno de sus amigos y colaboradores en la obra de alzar un templo á San Miguel Arcángel. Lucha, constancia y actividad sin cuento fué lo que Fariña puso al servicio de su propósito y al cabo de tres años, pudo ver alzarse la capilla en la calle de Boedo y San Juan, que era todo su anhelo. Un devoto del santo donó el terreno y otros, congregados por Fariña, iban todos los domingos á trabajar en la obra ó contribuían con materiales ó dinero.

“No pueden abrir iglesias como quien abre boliches”

El Arcángel no lo había abandonado y Juan quería cumplirle. Por eso, dedicó sus esfuerzos para ofrendarle un templo. Sumó amigos y conocidos a la cruzada. Para 1891, consiguió que un particular le donara un terreno; otros los materiales; los humildes, todos los domingos ponían ladrillo tras ladrillo y así para 1897, el intenso movimiento de devotos de San Miguel, se detuvo. La capilla estaba terminada. Todo marchó bien, hasta que Farina, permitió a unas hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul, la realización de una festividad. Fue el principio del fin, porque las religiosas se negaron a devolverla a sus fundadores.

Atónitos, Farina y sus amigos, que conformaban la “Sociedad del Arcángel San Miguel”, recurrieron al arzobispado. Se inició un intercambio de escritos entre Farina, recomo representante de la sociedad del santo y el arzobispo Uladislao Castellano, quien se proclamaba a favor de las religiosas. Así confiaba Juan a la revista: toda gestión fue inútil.

-Dejen el templo a las hermanas, los particulares no pueden abrir iglesias como quien abre boliches.- Farina no había levantado la iglesia de ese modo. Algo no quería escucharse.

En los tribunales

Juan no se rindió, recurrió a los tribunales. El juicio entre la Asociación San Miguel Arcángel y San Vicente de Paul, fue uno de los más sonados e insólitos de 1899, la justicia Civil, falló a favor de Juan. Pero para el 1900, la capilla que se veía por dentro igual que hoy, con su santo, su altar, sus modestos abalorios, estaba yerma. Si bien el fuero civil les había devuelto la posesión, la cúpula eclesiástica les vedaba la celebración de la misa.

-Vea Señor,- decía Juan Farina, al periodista que lo entrevistaba en enero de 1900- El arzobispo no quiere que tengamos cura… ¡Perfectamente! Por eso no se ha de quedar San Miguel sin misa y sin función; tenemos un procurador, que se llama Calderón y él nos habla todos los domingos de nuestro santo querido. Predica como un cura y mejor también.

Decía una periodista

Hace algunos años una periodista saco al relucir el tema. Hoy no recuerdo su sitio web , no obstante la información se sujetaba más en el juicio y en datos de color en relacion a Juan Fariña. Decia asi: “Toda la documentación sobre este caso se ha traspapelado. El expediente del juicio, que debería radicar en el Archivo General de la Nación, desapareció como tantos otros documentos, en tiempos en que no se los cuidaba con el celo que se pone hoy día. La correspondencia entre Fariña y el arzobispo, se quemó en los incendios del 55. La Asociación de San Vicente de Paul, nunca atendió mi pedido de consultar sus archivos, para conocer así, la versión de las religiosas, a pesar de haberlo intentado desde junio del 2009, fecha en que comencé a trabajar este caso. Así, las únicas fuentes en que podemos apoyarnos para recrear este singular origen, son periodísticas.