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La Fontana di Trevi, como nueva

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La Fontana y los romanos siguen siendo un ejemplo. Fue la casa Fendi la que puso los 2,2 millones de euros para dejarla como nueva.

Acá no conseguiríamos patrocinador, la contratación provocaría un llamado a sala y los uruguayos posteariamos  toda clase de insesateces sobre el tema. Porque tenemos muchos méritos pero ponernos de acuerdo y colaborar con el estado o el municipio no es uno de ellos.

El caso es que desde hacía 17 meses,  millones de turistas debían trepar por una pasarela si querían contemplar la fuente más famosa del mundo, durante ese lapso invadida por andamios y sin una gota de agua. No diría que se perjudicaron, pues no habrán tenido agua… pero tuvieron una visión muy próxima de las soberbias esculturas. Desde que la fontana ingreso a la imaginación de Bernini, se sucedieron  guerras, epidemias y lo peor de todo para el marmol: el turismo, los gases de los autos y las industrias.

Esta vez, además de la restauración, se limpió la conducción de alimentación del agua y se instaló un nuevo sistema de ósmosis que permite que las aguas fluyan sobre los mármoles sin dañarlos. Es un buen momento para recordar el artículo que publicamos hace dos anos, o algo asi.

Turisti attraversano la 'passerella panoramica' realizzata in occasione dei lavori di restauro della Fontana di Trevi, Roma 23 agosto 2014 ANSA/ALESSANDRO DI MEO

Secretos de la Fontana di Trevi

Antes de ponerte de espaldas para lanzar las monedas, abrí la boca de asombro al saber que esa agua mana hace más de 2.000 años de una fuente a 22 kilómetros de Roma.

En el 2007 estaban haciendo un estacionamiento subterráneo y sin saber lo que hacían rompieron el acueducto. Peor aún, lo destrozaron y lo sellaron, como si estuvieran haciendo una obra en Paso del Pache, donde muy difícilmente se pueda tropezar con vestigios arqueológicos. Roma, en cambio, no tiene un metro cuadrado donde no haya acontecido algo de enorme importancia, dicho esto con el mayor de los respetos hacia Paso del Pache. Para mantener la fuente en funcionamiento, la OSE de Roma debió hacer un desvío desde otro acueducto.

Ahora, el arquitecto, el capataz y los obreros, eran tan salvajes como los godos que al ponerle sitio a Roma para saquearla, lo primero que hicieron fue destruir nueve de los once acueductos que alimentaron la gloria de la Roma Clásica. Tanta fue la caída de esa cultura de la que también provenimos, que hasta los dos acueductos parcialmente subterráneos perdonados por los godos, también  fueron abandonados y quedaron fuera de servicio.

Ya te contaremos la parte romántica de la cosa, acá nos gusta aclararte que el acueducto que surte a la Fontana di Trevi llegó a tener un caudal de 100.000 metros cúbicos diarios, de manera que esa impresionante cascada que verás, es apenas un pálido reflejo de su verdadero potencial. ¡Y los ingenieros romanos apenas si contaban con 4 metros de declive en más de 20 kilómetros!

Es cristalina, pero no es apta para beber, ¡ni se te ocurra!

Ahora, lo romántico, una palabra que también nos lleva a esta ciudad. En el año 19 antes de Cristo, y con la ayuda de una vírgen  (los romanos eran muy chistosos), fue localizada esta napa de agua potable a apenas 22 kilómetros de la sedienta ciudad. Dicen que la pastora ni se apartó de las cabras, les señaló el lugar con la mano y con ese gesto inició una historia de 2000 años. Es por eso que el acueducto se llamó “Aqua Virgo”.

El acueducto  original llevaba el líquido hasta los Baños de Agripa y así fue durante 400 años, hasta que  los godos saquearon la ciudad.  Fue el golpe de gracia a la Roma clásica; los romanos medievales quedaron forzados a sacar agua de pozos contaminados y del río Tíber que también se usaba para disponer de las aguas servidas. ¡Qué inmundicia, qué insulto a lo que fue una civilización creativa y horrorosamente imperialista!

En la Roma clásica,  donde hoy está la Fontana de Trevi había otra bella fuente de la cual todavía quedan vestigios, pues aquellos romanos clásicos tenían la costumbre de construir fuentes monumentales al final de los trayectos de los acueductos, sin perjuicio de las numerosas fuentes pequeñas y medianas que alegraban la vida y daban salud a aquella gente.

Hubo que esperar hasta el siglo XV, pues con la llegada del Renacimiento toda Italia y Roma junto con ella, recuperarían su esplendor, un esplendor diferente y muy vinculado a la ciencia y al arte. El acueducto Aqua Virgo quedó reparado en 1453, obra que todos le debemos al papa Nicolás V. Los gastos fueron grandes, de manera que no había recursos para solventar una fuente como la que vemos hoy. . Como dato curioso, 1453 es también el año en que el sultán otomano Mehmed II le pone sitio a Constantinopla, la actual Istambul sellando el destino islámico del único lugar cristiano que pudo hacerle sombra a Italia.

http://www.youtube.com/watch?v=nn9OVqICv1M&feature=endscreen&NR=1

En fin, volvamos a la Fontana de Trevi. ¿A que no te imaginabas que la costumbre de tirar tres monedas produce ingresos del orden de un millón de euros al año? Y eso, descontando las monedas que de noche y al descuido se roba alguna gente. Lo que efectivamente se recauda, lo entregan a la Fundación Cáritas. Con ese dinero, entre otras cosas, se financia un supermercado para los más necesitados.

Es una buena inversión y vos deberías cuidar la tuya cuando arrojes las monedas. No es cuestión de tirarlas a la marchanta si querés resultados. Tenés que tomar cada moneda con la mano derecha, ponerte de espaldas a la fuente y lanzarla por encima del hombro izquierdo. La tradición te garantiza con dos monedas un inolvidable romance, pero ¡ojo! la tercera hace que ese romance se transforme en matrimonio. Y si ya estás casado, esa tercera moneda te asegura un divorcio. ¡Mirá las cosas que te pueden pasar por no estar bien informado!

En consideración a los que les importa un pito el arte, la historia, la arquitectura y la hidráulica, vayamos directo a la pechuga de Anita Ekberg, no sin antes recordar que sin aquella lascivia pero con enorme talento, nuestra admirada China Zorrilla también estuvo en esa fuente cuando filmaba Elsa y Fred, aquella encantadora película que la tiene como protagonista. Claro, será una película adorable y culta, pero sin los dos  detalles que nos atraen de la Ekberg, zambullida con Marcello Mastroianni. La Dolce Vita de Fellini es mucho más profunda que eso, pero es lo que queda en la memoria y uno de los detalles que hace famosa a la Fontana.

Tan responsable de la fama planetaria de esta fuente, es el aporte de otro tano como Frank Sinatra cantando “Three coins in the Fountain”. Por ahí está la película con el mismo nombre realizada por Jean Negulesco y hasta hay una deliciosa comedia de  Totó, denominada Tototruffa, en la cual el cómica intentaba venderle la fuente a unos turistas. Cosa que alguna vez debe haber ocurrido, no tengas duda. De hecho, no hay fuente en el mundo que haya sido tan filmada como ésta.

Y sin embargo, si vas por las tuyas, corrés el riesgo de no encontrarla, pues está endiabladamente encerrada entre edificios y como uno camina en Roma con la boca abierta (justificadamente), podés pasar de largo sin verla. A la pequeñísima Piazza di Trevi podés llegar tomando el metro línea A y bajando en la parada Barberini. Desde allí, agarrás por la Vía del Tritone y girás en la Vía Poli. Y si te perdés preguntá dove si trova cuesta fuente maledetta.

Lo que la hace magnífica es que está recostada en el impresionante Palacio Poli, que  tiene un excelente museo, pero la gente le da poca pelota, no solo porque la Fontana se lleva todo el mérito, sino porque frente a la fuente (mirá la foto), está lo que yo recuerdo como el ristorante Angelo donde comí unos tallarines que no se si estaban buenos, pero ¡qué escenografía!.  Dicen que ahora es una heladería, pero si conseguís lugar, tallarines o helado son buenos pretextos para descansar un poco.

Además, te da tiempo para reflexionar. La pilastra original de Alberti se aguantó como doscientos años, hasta que el papa Urbano VIII le pidió a Bernini que se mandara un proyecto.  Buena parte de las otras fuentes monumentales de Roma llevan esa gloriosa firma. Lo primero que hizo Bernini fue cambiarla de lugar para que quedara a la vista del Palacio del Quirinal. Pero Urbano VIII se murió, el proyecto fue abandonado y lo retomó el Papa Clemente XII recién en 1730. Era un Papa prolijo, que llamó a concurso… y declaró desierto el primer premio. Pero como ya estaba embalado, le dio el trabajito a Nicola Salvi. Ni se sabe por qué no aprovecharon el diseño de Bernini, pero Salvi, admirado y respetuoso,  recogió varias de las ideas originales.

La obra demoró 30 años, más de lo que lograron vivir Clemente XII y el propio Salvi. Parece que a Neptuno le encantaba que lo retrataran cuando salía de farra con sus amigos tritones y en su carruaje tirado por hipocampos.  Eso es lo que domina al conjunto, con el dios del mar observando desde el nicho central. Lo esculpió Pietro Bracci y con eso quedó consagrado. Las estatuas de la Abundancia y la Salubridad, en los dos nichos laterales, se las debemos a Filippo Della Valle. ¡Dale!, metete en la Wikipedia y mirá que otras cosas hicieron estos fenómenos.

El que terminó la fuente fue Giuseppe Pannini, quien respetó bastante lo que había recibido, pero se dio el gusto de encajar más arriba las esculturas planas de Agripa y Trivia, andá a saber por qué. Y hablando de los “porqués”, resulta que el nombre de Trevi viene de las tres vías (tre vie)  o calles que rodean la plaza.

¿Te quedaste con ganas de un poco de la procacidad que despierta esta fuente?. Bueno, andá mirando laa “cronaca” y la foto de una milanesa que delante de todo el mundo se tiró desnuda a la fuente. No es la única, pero no vamos a transformar esto en un artículo para poner solo fuera del horario de protección al menor. Esa es la foto del artículo, pero seguro que te gusta más mirar el video:

En fin, la tenemos que parar aquí porque ya escribimos demasiado. Pero nos daremos por satisfecho si ponés un poco más de entusiasmo cuando le cambies el cuerito a una canilla y cuando te hablen de la importancia del agua. Los emperadores y luego los Papas, surtían gratis a la ciudad quizás por su generosidad, quizás porque no se habían inventado los contadores de agua. Sin agua no hay ciudad, ni cultura, ni nada. ¡Cerrá bien esa canilla! y pensá en la Fontana como un monumento universal a este recurso natural no tan renovable como parece.

 Guillermo Pérez Rossel