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Scasso y la Escuela Experimental

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Desde Julio Villamajó y Eladio Dieste, hasta Carlos Ott y Rafael Viñoly, con muchísimos otros maestros antes, después y ahora, Uruguay produjo tantos o más buenos arquitectos que buenos jugadores de fútbol.

Es el gran misterio uruguayo: la demografía no nos debería alcanza ni para producir un pintor mediocre y sin embargo, las obras de nuestros artistas están en los grandes museos del mundo y ningún equipo de fútbol famoso carece de un uruguayo en su delantera. Después nos quejamos de que somos tan malos en matemáticas; si domináramos la matemática probabilística, capaz que nos criábamoos decepcionados y no obteníamos estos resultados. Debe ser cierto lo que decía Einstein: “estoy convencido de que Dios no tira los dados”. Nos hizo chiquitos, pero nos compensa; hay un orden en todo.

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Todo esto viene al caso por la obra que nos dejó el Arq. Juan Scasso, siempre ejemplificada por el Estadio Centenario y, justo por eso y porque soy caprichoso, al Estadio lo dejo por el final y comienzo con una obra de menor dimensión física pero de gigantesco significado social. Es cierto que la filosofía de la Escuela Experimental de Malvín fue el producto de una iluminada como la maestra Olympia Fernández, pero no es menos cierto que Scasso tomó esas ideas y las enriqueció con aportes que la transformarían en una especie de templo de las cosas bien hechas.

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Hay gente que no sabe de qué estamos hablando y en este sentido excluyo a los egresados de la Escuela Experimental, porque no hay uno solo que no sienta el orgullo de haber disfrutado de una escuela así, mientras duró… Lamentablemente ni esto se salvó de esa perversa tendencia a exterminar todo rastro de la obra de antecesores. No seamos injustos con los predecesores, tienen en su descargo que les negaron fondos para continuar… aunque queda la duda de si algunos no lo hicieron de puro modernismo mal aplicado. Aún así, hoy mismo, los fantasmas de Olympia, Scasso y María Abbate, una dignísima sucesora, siguen vivos en nuevas generaciones a las que ya no las beneficia ni el método Decroly original, ni el método Estable posterior, pero que continúan egresando como con una marca de fábrica. ¿Se las dan las dos escuelas que continuaron en el local o se las da el Barrio Malvín, tan particular? Andá a saber… no lo descartaría y por eso lo de templo laico.

Empiezo por darte una pista. A los abanderados no los escogían las maestras, no señor. La elección formaba parte de la educación cívica para los alumnos de 5º y 6º; se procedía en riguroso sistema de voto secreto y con una “credencial” expedida como parte de lo que todo uruguayo debe conocer, desde chiquito.

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Y otra pista más para valorar a Scasso. Tanto el sistema Decroly como el Estable, imponían costos más elevados que las escuelas comunes. Entonces, el propio edificio solventaba los mayores costos, agregando una sala cinematográfica (y teatral) cuando el “biógrafo” era un excelente negocio. Y para el barrio, ya que estamos, agregó el mítico cine al aire libre en la Playa Malvín que debió ser derribado gracias a la perseverante labor de los depredadores, quienes cada invierno lo hacían trizas. Las salas de cine de barrio dejaron de ser rentables, el cine de la escuela fue rebautizado “la piojera” y todo parecía que iba camino al peor de los destinos cuando aparecieron quienes decidieron invertir y hoy el cine es algo así como la sala de convenciones y de espectáculos de Malvín.

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¿Un poquito más? Los alumnos no se sentaban como en un teatro mirando el espectáculo que daban las maestras. Lo que habían pensado Olympia, Scasso y Estable era diferente; se sentaban ante mesitas y los trabajos eran colectivos, en equipo y en sana competencia con las otras mesitas, como si fueran pequeños científicos procurando algún premio Nobel. Cuando bajaban al “patio”, que en realidad era un jardín, una huerta y una pequeña granja con conejos y gallinas, lo hacían deslizándose por un tobogán si venían del primer piso. Y no pasaban frío, porque cada salón tenía su estufa a leña (surtida por los padres), su laboratorio y sus herramientas de investigación, contrastando con la formación rabiosamente humanística del resto de las escuelas, donde no se diferenciaba ciencia de tecnología y se mandaba a la UTU a los menos inteligentes.

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Mirá las fotos del edificio y prestá atención a los inmensos ventanales semicirculares en una de las torres, así como las ventanas triangulares en los salones. Triangulares porque de esa manera, en su decurso cotidiano, no había ángulo que no fuera bañado por el sol. Scasso era un fenómeno y también su compañero y por momentos socio Villamajó quien utilizó el mismo recurso de ventanas anguladas en la sede de Cambadu que queda en Magallanes y Dieciocho.

En la huerta se cultivaba de todo, pero tratando que la maduración se produjera mientras el año escolar todavía se cursaba, pues el premio de los niños era preparar ellos mismos sus ensaladas y consumirlas sin andar a los gritos reclamando comida chatarra bien fritanga. ¡No te digo que esto era educación integral!

.Cabe preguntarse si la Experimental es así porque la construyeron en Malvín, que Malvín es así porque tuvo su Experimental o que el barrio tiene algo mágico que logra que hasta las peores cosas (como el Aerocarril) terminen mejor de lo que empezaron. Personalmente, me inclino por esto último.

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La “Experimental” fue oficialmente fundada el 11 de junio de 1927 y según el sitio web, actualmente atiende a unos 440 alumnos de 1º a 6º con una dotación de 17 docentes. Cuenta con los pabellones A y B, tiene más de 20 salones de clase, una sala de informática, sala de video, laboratorio, cocina y más de 10 baños, así como gran salón de actos en lo que antes fue el cine
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La Experimental nos sigue dando alegrías como en los tiempos de Scasso. Acá tenés la llegada de los niños sirios

Juan Scasso era Arquitecto de la Dirección de Paseos Públicos de la Intendencia y Docente de Urbanismo en la Facultad de Arquitectura, cuando en 1927 se le encomendó el edificio. Lo primero que hizo fue reunirse muchas veces con Olympia, investigar esos métodos de enseñanza, no dejó nada al azar, solo que no pudo imaginar la aparición de tecnología que llevaba el cine a cada hogar y hacía obsoletas las salas de proyección. Si no hubiera sido por la televisión, la Escuela Experimental hubiera sido solvente, quizás hubiera continuado con su extraordinario método pedagógico y hoy la educación pública continuaría siendo superior a la privada.

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Ahora sí que llegamos al Estadio, una proeza por donde se la mire. Porque debemos ubicarnos en 1930, cuando recién nacía la palabra “estadio” con un significado que podía emparentarse con lo que los griegos llamaban de esa manera. Uruguay venía de ganar en Amsterdam y en Colombes, el mundo entero nos miraba entre asombrado e inquieto, particularmente nuestros vecinos de enfrente, fastidiados con una gloria que podía haber sido de ellos si tuvieran nuestro mismo desdén por lo “políticamente correcto”. ¡Cómo aspirar a hacerles morder el polvo a los ingleses inventores del fútbol y los franceses señores de la cultura mundial!

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Así éramos nosotros y así era Scasso. Tan uruguayos éramos que le pedimos que hiciera una obra monumental en apenas seis meses. Pero no fue ni remotamente lo único que hizo durante su labor al frente de la Dirección de Parques y Jardines de la Intendencia de Montevideo, labor que alternaba con la de Catedrático.

La mano de Scasso está presente en el Jardín Botánico, el Hotel del Prado, el Parque Rivera y el enjardinado de la Rambla Sur. También le debemos la pista de atletismo y el velódromo del Parque Batlle y naturalmente, el Estadio Centenario.

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¿Cómo logró esa proeza? Un admirador de la aritmética simple comenzaría por decir que contó con 500 albañiles y sus respectivos capataces. Pero eso sería minimizar ridículamente las dificultades de un lugar que se empeñaba en inundarse y un tiempo donde ni siquiera eran imaginables las hormigoneras con largos brazos, a bordo de camiones que hoy vemos recorrer Montevideo a temeraria velocidad para que el hormigón no se seque. No había nada de eso, el hormigón se subía en tachos y se vibraba ni me explico cómo, para evitar que se formaran burbujas capaces de alterar su confiabilidad.

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Además, tampoco lo ayudó el tiempo. Llovió torrencialmente en varias oportunidades. No quiero abundar sobre este tema más que recontraconocido, pero por si a alguno se le escapó el detalle, consigno que la CAFO premió a los trabajadores con el clásico asado final, en este caso para 500 tipos que se instalaron en el propio campo de juego. No fue ninguna barbaridad, porque el césped todavía no se había colocado. Después del asado, cuando las selecciones que venían de Europa ya se habían embarcado, llegaron los 200.000 panes de césped comprados por licitación. Ahí descubrieron que la humedad del suelo era excesiva y ¡salieron a buscar estufas! que pusieron en los lugares más húmedos para que la cancha estuviera en buenas condiciones.

Para finalizar y aunque no lo aseguren las fuentes, me juego la cabeza que no le erraba groseramente al presupuesto por imprevisión… quizá por factores externos, pero no por error de cálculo. Las cosas se encarecen casi siempre porque se eternizan y este se mandaba un Estadio al toque.

Guillermo Pérez Rossel

http://miescuela274.blogspot.com/2011/08/historia-de-la-escuela-n274.html

http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=1123159

http://patrimoniomoderno.ort.edu.uy/front/fichas-ver-95.html

www.centenario2030.com

http://www.enlacesuruguayos.com/Centenario.htm