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Los ahorcaron, decapitaron, mutilaron y descuartizaron

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En 1801 no se andaban con chiquitas a la hora de castigar a asaltantes y copadores. Te decapitaban a un gaucho, pero perdonaban a un príncipe, aunque fuera culpable.

Sin que esto signifique pronunciarse, esas salvajes sanciones abortaban la violencia, tal como ocurre actualmente en países musulmanes y en regímenes despóticos (de izquierda y derecha). Es un extremo en el que no deberían caer los países civilizados; pero ¿eso significa que las sociedades deben mostrar debilidad e indecisión ante el asedio de la violencia delictiva?

Esto ocurrió en Víboras, el pueblito antecesor de Carmelo y Nueva Palmira. La violencia de las autoridades asustó tanto a la población como antes la había aterrorizado el terrible episodio protagonizado por bandoleros sanguinarios. El relato pormenorizado de nuestro corresponsal nos ubica generosamente en una época de la que conocemos mucho por las batallas y poco por estas cosas cotidianas nada heroicas.

Por Alberto Moroy

En la portada una caricatura correntina de autor desconocido. Nuestro personaje de hoy es el Capitan Palominos, seguro se debió parecer a esa visión artística. Ocurrió, el domingo 16 de agosto de 1801, a corta distancia de la entonces llamada Aldea “Las Víboras”, en el actual territorio uruguayo, departamento de Colonia. Quince o veinte hombres provistos de sables y armas de chispa destacaban en una de las hondonadas del terreno. Estaban descabalgados y tenían de la brida a sus caballos, tiempo más tarde robaron todas las casas que tenían interés.

El desenlace parece una historia de Ripley. Los bandidos fueron ahorcados, en Buenos Aires, tras lo cual les cortaron las cabezas y las manos, las que fueron repartidas para ser exhibidas en los parajes donde cometieron los hechos. Los hermanos de la Santa Hermandad de Caridad, recogieron los cuerpos mutilados de los ocho ahorcados: del infeliz «Curú» solamente pudieron recoger fragmentos ya que sus brazo, piernas y cabeza habían sido acondicionados para remitirlos, junto con las manos y las cabezas de sus compinches a la aldea de «Las Víboras», a la estancia de Albin, Colonia, a Santo Domingo Soriano y a la Capilla de Nuestra Señora de las Mercedes.

Origen del pueblo de Víboras

Este pueblo se originó, según Vadell (Natalio), en el año 1758, a partir de una capilla que hizo construir en su estancia Don Juan Francisco Palacios. Aquella capilla se puso inicialmente bajo la advocación de la Inmaculada Concepción de María Santísima, pero años más tarde se colocó en sus altares la imagen de la Virgen de los Remedios, Patrona del Colegio de Niñas Huérfanas de Buenos Aires. La antigua imagen de la Inmaculada pasó a presidir el Oratorio de Narbona, que era la Vice-parroquia. Aún hoy se mantiene en pie dicho oratorio, y es muy probable que la imagen de la Virgen que allí se conserva, sea la misma que presenció el nacimiento del pueblo de Las Víboras.

Desde mediados del siglo XVIII hasta julio de 1846 existió, sobre una lomada suave que se vuelca sobre el curso medio del arroyo de Las Víboras, un centro poblado, cabeza del llamado “Partido de Las Víboras”, una de las primeras circunscripciones administrativas de nuestro territorio. Dicho pueblo, es reflejo y ejemplo del proceso original de colonización y desarrollo del tejido social que poblara la campaña. Su importancia histórica se evidencia en el hecho de ser el origen de las actuales ciudades de Carmelo y Nueva Palmira,

Ubicacion de Viboras

http://www.artigas.org.uy/bibliotecas/he/103a.%20Boletin%20Historico.%20Nos.%20197%20-%20200/Publicacion.pdf

Ubicación geográfica del Pueblo. El Pueblo de las Víboras estaba situado, según el Padre de la Fuente, “sobre una loma de cuyas’ vertientes se forman por los lados de Leste y. Oeste, .dos cañadas distantes entre sí cuatro cuadras escasas; al lado del Norte-corre el arroyo llamado de las Víboras.

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Ubicacion 33 56 5 s 58 13 42 w (6 o 7 .millas arriba de su desagüe del Rio Uruguay)

¡Muy interesante! Ref. Víboras

http://www.artigas.org.uy/bibliotecas/he/103a.%20Boletin%20Historico.%20Nos.%20197%20-%20200/Publicacion.pdf

De la exposición del Cura de Víboras Casimiro José de la Fuente, cuando elevó la solicitud de sus feligreses y vecinos del Pueblo para trasladarse al rincón de Escobar que poseía entonces D. Melchor de Albín queda claro que el Pueblo comportaba dos núcleos; uno constituido por la ruinosa y pobre Capilla y 16 miserables ranchos y otro, por más de 70 .hogares campestres que se dispersaban sobre los cursos de agua inmediatos: Chileno, Polanco, de las Flores y hasta las puntas del Víboras y el Vacas.

Setenta años antes…

Juan de Narbona fue un zaragozano mercader, mecenas y tambien contrabandista afincado desde el primer cuarto del siglo XVIII en Buenos Aires. No puso menos empeño en el infame comercio de esclavos, entonces admitido como parte del “orden de las cosas” y es más que probable que la ilegalidad más o menos consentida del contrabando ocupara parte de su tiempo, y que sus donaciones piadosas, caso de la iglesia del Pilar en la Recoleta (B.A), construida a su costo- en 1732 no fueran ajenas a una estrategia de consolidación de un poder económico, ya por entonces floreciente Se le atribuía a Sarmiento (Arg.) aquella frase muy en boga en su epoca que decia “Narbona hizo la Recoleta y la Recoleta hizo a Narbona”

El Monasterio de las Catalinas, Buenos Aires

No fue asi El Monasterio de las Catalinas, o Monasterio de Santa Catalina de Siena, adosado a la iglesia de Santa Catalina de Siena, en la manzana delimitada por las calles San Martín, Viamonte, Reconquista y la Avenida Córdoba, en el barrio de Retiro de la ciudad de Buenos Aires. En 1737 el brigadier Miguel de Salcedo (sucesor de Mauricio Zabala), llamó a licitación para continuar la obra, que fue concedida a Juan de Narbona

La capilla Narbona en Uruguay

En 1732, afirmada ya su fama y su fortuna en Buenos Aires, Narbona pone su vista en la costa oriental del Uruguay y logra de Bruno Maurico de Zabala la concesión de una extensión de tierras comprendidas entre el arroyo de las Víboras y el arroyo Sauce, contiguo a la estancia de Escobar, viejo faenero santafecino asentado por esos lares. Comienza entonces Narbona la explotación de caleras y montes, teniendo por destino principal las obras de Buenos Aires, propias y ajenas, aunque también los portugueses de la cercana Colonia del Sacramento fueran ocasionales clientes.

.Da inicio asimismo a la construcción de una casa capilla y plaza fuerte en un promontorio (39 mts sobre nivel del mar) desde el que dominaba el área de una explotación hoy diríamos “agro-industrial”, al estilo de la que desarrollarían poco más tarde y a mayor escala los jesuitas en la vecina Estancia de las Vacas

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Víboras 1840 / Idem 1870
Los hechos, Víboras 18 de agosto de 1801

Asi salio en el Telégrafo Mercantil de Buenos Aires en 1801

“Al ponerse el sol del dia 16 llegaron a esta campaña, una quadrilla como de 25 a 30 fascinerosos, cargados con armas de chispa, y blancas, robaron todo lo que tenian de interes a A D. Florencio N le dispararon dos tiros y a otros dos D Joseph Frenandez peon y a Berisimo Martinez.  Se deduce que van a volver con solo el designio de robarse las mugeres. Finalmente el Comandante de la Colonia, a quien se le despacho un chasque despacho el mismo dia 16 40 hombres de tropa que llegaron el 17 (sic)”

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El Telégrafo Mercantil de Buenos Aires 6 dias despues de los hechos / Avisos

La historia completa
Los asaltantes eran comandados por el llamado Capitán Palominos, y su lugarteniente Martín Pereyra más conocido con el alias de «Curú». El saqueo fue alevoso y completo. Aterrorizaron a la indefensa población que por otra parte, jamás había visto un grupo tan numeroso, organizado y sanguinario. Por esos días el citado Capitán Palominos era tristemente célebre en aquellas regiones por sus repetidas y despiadadas tropelías. La sola perspectiva que el ataque se repitiese, horrorizaba a los pobladores ya que abrigaban serios temores por sus madres esposas e hijas, botín privilegiado de los bandoleros. Solamente les restaba rogar para que el chasque enviado al comandante de la Colonia, llegase a tiempo y que el funcionario convocado en la emergencia actuase diligentemente. Ellos, por su parte, trataron de organizar la defensa para lo cual se atrincheraron en las pocas casas que por su construcción podrían brindar alguna seguridad, estando dispuestos a resistir hasta las últimas consecuencias ya que sabían contra que desalmados elementos deberían enfrentarse.

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Ataque a la estancia de Francisco Albin

Después del primer asalto, los delincuentes dejaron el producto del robo (dinero y alhajas) al cuidado de dos compinches mientras el resto se organizaba para su próxima expedición depredadora. La misma consistiría en atacar la estancia de Don Francisco Albin primer comandante de «voluntarios de caballería de la Colonia», personaje con fama de aguerrido y luchador contra el bandidaje. Es más, en rigor de verdad el ataque por sorpresa y a mansalva, no correspondía exclusivamente a la idea del saqueo de bienes y mujeres como era habitual. Se trataba de cobrar venganza contra un hombre de bien a quien con justa razón, consideraban un enemigo de temer.

Así aconteció.

Sorpresivamente, y desde dos frentes distintos atacaron la indefensa estancia. Fiel a sus procedimientos lo hicieron a «sangre y fuego» destruyendo todo aquello que no pudiesen transportar y matando sin piedad al escaso personal de la casa prácticamente desarmado. Las mujeres, se treparon por una escalera de mano a la terraza del casco principal, alzando con ellas la escalera para impedir el acceso de los vándalos, en medio de escenas de desesperación, mientras trataban de proteger a sus pequeños.

Pereyra alias «Curú», buscaba desesperadamente al dueño de casa para cumplir su cometido de muerte asesinándolo donde lo hallase; afortunadamente el hombre no se encontraba en el establecimiento durante esa trágica jornada. Cuando promediaba el asalto llegó al lugar de los hechos «a revienta caballos», uno de los forajidos que había quedado al cuidado del botín recogido en el asalto a la población de «Las Víboras». Lo impulsaba la necesidad de informar a sus jefes que se aproximaba una partida que venia a reprimirlos. Palominos y Pereyra confirmando una vez más su cobardía, decidieron de inmediato replegarse y evadir el enfrentamiento, aunque sus perseguidores fueran pocos.
Un sobreviviente y los vecinos

Un subteniente de apellido Casas apoyado por un piquete de siete vecinos llegados al galope a poca distancia del lugar, acometieron con decisión y valentía a los maleantes matando al llamado Capitán Palomino junto a dos de sus secuaces; nueve fueron tomados prisioneros y el resto puesto en fuga. Entre los apresados se encontraba Pereyra alias «Curú», junto a Juan Sanchez, Juan de la Rosa Suarez, José Fernandez. Pedro Mereles, Antonio Pintos, Lorenzo Salay, Manuel de la Cruz, Jacinto Viera y Bruno Paez. En cuanto al héroe del día, el subteniente Casas, fue largamente recompensado por el Virrey Joaquín del Pino y por el mariscal de campo de los ejércitos realistas Don Romero y Negrete, entre otros.

Buenos Aires “Consejo de Guerra Ordinario”.

.«…Visto el oficio del Exmo. señor Joaquín del Pino, Virrey, Gobernador y capitán General de estas Provincias, del 29 de agosto del presente año para tomar informaciones contra los reos Martin Pereyra (alias Curú) Juan Sanchez, Juan de la Rosa Suarez, José fernandez, Pedro Mireles ,Antonio Pintos, Lorenzo Salay, Manuel de la Cruz, Jacinto Viera y Bruno Paez, acusados de haber salteado y robado , el pueblo de Las Víboras; robado la casa de don Francisco Albin; hecho resistencia a una partida de tropa de Blandengues de esta frontera que los aprehendió, y otros excesos que cometieron, el proceso contra esos reos por información, recolección y confrontación; y habiendo hecho relación de todo el Consejo de Guerra, y comparecido en él los reos el día 6 del corriente mes, donde presidía el señor don José García Matinez de Cáceres, coronel de ingenieros, director, todo bien examinado con la conclusión y dictamen del señor don Juan Pedro Maciel, teniente de Blandengues, Fiscal de esta causa, y las defensas de sus procuradores: ha condenado y condena el Consejo a los reos”.

La condena

Martín Pereyra (alias Curú), Juan Sanchez, Juan de la Rosa Suarez, José Fernandez, Pedro Mereles, Antonio Pintos, Lorenzo Salay, Manuel de la Cruz y Jacinto Viera, á que sufran la pena de ser ahorcados y descuartizados y se pongan por los parajes y caminos donde cometieron los delitos; y á Bruno Paez á que sufra la pena de 200 azotes y 10 años de presidio; que á los reos Francisco Cultibano, Francisco el chico y José Leche que hicieron fuga, y se hallan comprendidos en estos mismos delitos, sean llamados por edictos y pregones; y de no comparecer en el término prescripto por las Reales Ordenanzas, sean tenidos por contumaces y sentenciados por el Consejo de Guerra ordinario, como los demás.

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El juicio en Buenos Aires, 2 de diciembre de 1801.

«Vistos: se aprueba la sentencia del Consejo ordinario pronunciada en 10 de noviembre próximo y entréguense los autos al Fiscal don Juan Pedro Maciel, para su pronta ejecución con cargo de devolverlos á mi secretaría de Cámara para que en ella se archiven: entendiéndose que el reo principal Martin Pereyra (alias Curú) deberá únicamente ser descuartizado y que á los demás reos comprendidos en la causa, se les deben cortar las cabezas y manos, para que colocadas unas y otras en las entradas y salidas del pueblo de Las Víboras; en las inmediaciones de la estancia de don Francisco Albin, y en los principales caminos desde la Colonia hasta el pueblo de Santo Domingo Soriano, y Capilla de Nuestra Señora de las Mercedes, sirvan de público escarmiento á otros malhechores; de cuya diligencia se encargará el mismo Juez Fiscal dando cuenta á este superior Gobierno y Capitanía general de haberla cumplido: y por lo mira al reo Bruno Paez, ejecútose la pena de azotes que dicha sentencia le impone, y fecho trasládese al Presidio de esta Capital por el tiempo de su condena.

¡¡Giro de ribetes fantásticos!!

Notificados de las sentencia, los reos fueron puestos «en capilla» asistidos por la SANTA HERMANDAD DE CARIDAD, cuyos confesores trataban de confortarlos. Pero he aquí, que cuando nada lo hacia prever, se produjo una novedad que brindó a este sonado caso, ribetes fantásticos. Como lo señalamos al comienzo, uno de los bandoleros se llamaba Lorenzo Saley, quien se destacaba del resto por tratarse de una persona de buena estampa, vivaz, inteligente y, como se verá, sumamente audaz. A su confesor un venerable sacerdote, (según las crónicas de la época) le dice, mientras le toma la mano y se la besa poniéndose de rodillas:

¡Padre! «…yo soy príncipe potentado, conde de Buda y señor de vasallos en Hungría, y pues he de morir en breve y sin remedio, suplico se me dé licencia para testar de estos mis Estados en favor de una hermana que tengo en ellos. (Trascripción textual del ejemplar del Telégrafo Mercantil del domingo l3 de diciembre de 1801)

Resulta fácil adivinar el tremendo impacto que esta confesión provocó en el anciano sacerdote ya que de un detestable y vulgar asaltante en semejante y crucial momento se le revelaba nada menos que como un príncipe. El religioso, imaginó mil historias que podrían haber llevado a tan desesperada situación a este príncipe y en principio… le creyó.

«- Hijo mío, le dijo tratando de dominar su natural perturbación , cual ha sido la causa que habiendo nacido en encumbrada cuna, estés tan lejos de tus dominios…en América y a punto de ser colgado. Dime lo que ha pasado, y te prometo interceder en tu favor.
—Hallándome en Roma, al servicio del emperador – mi amo – fui hecho prisionero por los franceses, y transportado a bordo de sus bajeles; debí continuar con ellos hasta Montevideo de cuyo puerto deserté para la campaña del Norte del Río de la Plata…» Ante la historia de percances tan reales y vivamente impresionados, el confesor comunicó al Hermano Mayor de la orden, estas inesperadas y sorprendentes revelaciones. Por su parte, el Hermano Mayor se contactó con el mismo Virrey en persona para hacerle saber que entre los bandidos condenados, se hallaba nada menos que el «CONDE DE BUDA, SEÑOR DE VASALLOS EN HUNGRIA». Sin lugar a duda el nuevo suceso resultó tan inesperado como extraordinario.

Asi lo novelo el escritor Mujica Lainez

La princesa de Hungría 1802

http://biblio3.url.edu.gt/Libros/misteriosa-BA.pdf

Como es de imaginar, la noticia realmente estalló en medio de la comunidad que quedó tan impactada como los funcionarios y sacerdotes. Enterado como todos el defensor oficial del reo efectúo de inmediato una petición al Virrey. En la misma exponía que – ante la dignidad de su defendido – y las causas atenuantes que obraban en su favor la causa se suspendiese y por tanto, también la pena de muerte a que había sido sentenciado. En una palabra en cuestión de horas, este asaltante de caminos y propiedades ajenas, violador y asesino… se transformaba en un caballero andante en desgracia… No hay como un título nobiliario para escapar a un castigo.

Las ejecuciones 5 de diciembre de 1801.

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Los ahorcados en la puerta del Cabildo de Buenos Aires / Asi esta hoy

Ubicacion de la puerta del Cabildo 34°36’31.79″S 58°22’24.85″O

Ese día, un numeroso público avanzó por las avenidas que daban a la Plaza Mayor. Se pudo ver ahorcamiento, decapitaciones, corte de manos y, hasta un descuartizamiento, un programa espantosamente atractivo…

Un importante sector de la población, se apretujó para no perderse detalle La tropa estaba formada y tan sólo se esperaba a que sonase la hora para iniciar la lúgubre procesión de los condenados. Al rato, apareció el primer sentenciado. Martín Pereyra « alías Curú – quien llevaba un crucifijo en sus manos, y era acompañado por su confesor y dos hermanos de la Santa Hermandad, detrás lo seguían el resto de los condenados, acompañados también por confesores y hermanos religiosos El escenario y los actores se hallaban dispuestos para el horrible ceremonial, completado por la presencia del escribano y el fiscal, de apellido Maciel.

En medio del concurso de autoridades, hombres, mujeres… y niños, se cumplió la sentencia Martín Pereyra alias “curú” fue primeramente ahorcado y luego descuartizado. A los demás después de ahorcados, les cortaron las cabezas y las manos, que fueron repartidas posteriormente para ser exhibidas en los parajes determinados. La concurrencia presenció a pie firme la espantosa carnicería y por su parte el Sr. fiscal, Don Juan Pedro Maciel, veedor de la ejecución, fue el encargado de informar luego a la capitanía del cumplimiento de la cruenta sentencia.

Los hermanos de la Santa Hermandad de Caridad, recogieron los cuerpos mutilados de los ocho ahorcados: del infeliz «Curú» solamente pudieron recoger fragmentos ya que sus brazo, piernas y cabeza habían sido acondicionados para remitirlos, junto con las manos y las cabezas de sus compinches a la aldea de «Las Víboras», la estancia de Albin, Colonia, Santo Domingo Soriano y Capilla de Nuestra Señora de las Mercedes. Después de aquel horroroso espectáculo de barbarie, el fiscal Maciel que por sus funciones debió presenciar en primera línea todo lo acontecido, cayó gravemente enfermo. Todos los que estuvieron presentes, quedaron aterrados, jamás se había visto en la Capital del Virreinato del Rio de la Plata algo tan espantoso.

Un poco de turismo

Sobre Capilla y estancia Narbona

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Cartel de la capilla y estancia / Entrada

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Entrada mejorada

Ubicacion Google Earth 33°56’1.15″S 58°21’36.85″ W

A 13 kilómetros de Carmelo y 10 de Nueva Palmira, entre montes espesos, se esconde la Estancia de Narbona, una de las mayores reliquias coloniales del sur del país. Declarada Monumento Histórico Nacional, esta estancia del siglo XVIII. Es uno de los establecimientos rurales más antiguos del país, fundado en 1732 por el español Juan de Narbona, quien edificó aquí una calera y un aserradero muy utilizados por los constructores de Colonia y Buenos Aires. El casco de estancia, instalado en 1738, conserva su construcción original, mostrando la estructura típica de la arquitectura colonial: paredes de un metro de espesor, techos altos de dos aguas, habitaciones amplias.

En el tercer y último piso hay un mirador que, por ubicarse la casa en una loma, permite ver todo el entorno de los arroyos e islas fluviales. Ya al llegar desde la Ruta 21 encontramos uno de los mayores tesoros de la zona: el Puente Castells o Puente Camacho, el primer peaje de Uruguay, que lleva más de 150 años sobre el Arroyo de las Víboras. Más adelante, un ombú señala el inicio del camino de tierra hasta la estancia. La Estancia Narbona se ubica en el Paraje Las Víboras, a la altura del kilómetro 263,800 de la Ruta 21. Las visitas son de martes a domingo (excepto los viernes) entre las 9 y las 17, avisando previamente al teléfono (+598) 4540 4154.

Capilla Narbona – Carmelo Uruguay

Capilla Narbona

http://todopuntadeleste.com.uy/capilla-narbona-obras-promocion-turistica-y-su-historia/

12 hoteles en Carmelo

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