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El rascacielos que pudo ocasionar una catástrofe

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Lo han llamado “rascacielos en zancos” y si vas a Nueva York, no te lo deberías perder. Imaginate que, tal como ocurre con las fichas de un dominó, los rascacielos alineados de Mannhattan comenzaran a caer uno tras otro.


La tragedia sería incalculable, pues en el caso al cual nos referimos, no ocurriría que el rascacielos causante se derrumbe sobre sí mismo; sino que se inclinaría como un árbol tronchado en su base, se apoyaría en el siguiente rascacielos y allí comenzaría la catástrofe. Pues bien, eso pudo perfectamente ocurrir en 1978, un año después de la inauguración de la torre Citicorp, el sexto edificio más alto de Nueva York y uno de los más revolucionarios en su diseño.

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En 1978 el Huracán Ella que había arrasado el Caribe con vientos de 280 kilómetros por hora, se acercó amenazadoramente a Manhattan, donde poco tiempo antes un estudiante de ingeniería tan curioso como deberían ser todos los que se dedican a esa y a todas las disciplinas científicas, había sospechado que el edificio de Citicorp no podría soportar el embate de un viento extremadamente fuerte.

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Uno de los huracanes que visita Nueva York y una gráfica de esos fenómenos en el correr de los años.

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Este es el momento donde algunos comenzarán a despotricar pero te aconsejaría prudencia pues el impulso mercantil no impidió que el muchacho fuera recibido en persona por el Ingeniero William LeMessurier, quien lejos de sacarlo de los fundillos, estudió en profundidad lo que decía y concedió que estaba en lo cierto. Es decir que sí, que si no se hubiera hecho nada, esa catástrofe del dominó de rascacielos pudo ocurrir a menos que el huracán que ya estaba anunciado se desviara o perdiera intensidad.

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Y eso fue lo que ocurrió, el huracán se desvió, pero no se desviaron otros, como el llamado “Sandy” en octubre de 2012. Ese huracán mató a 53 personas, destruyó miles de casas y causó daños por 62.000 millones de dólares… pero el rascacielos de Citicorp ya no corría riesgo gracias al estudiante, gracias a LeMessurier y gracias a la inversión que debió realizarse ya diremos cómo. Porque parece que la culpa no la tuvo el proyecto del ingeniero, sino un cambio en los planos de construcción introducido por el contratista para ahorrar unas cuantas decenas de miles de dólares. citicorp
El cambio era aparentemente ínfimo: sustituyó las uniones soldadas, por otras uniones aseguradas con pernos, con muy buenos pernos, pero sin soldaduras. Si mirás las fotos de las plantas inferiores del edificio, te corre un frío por la espalda y tu tendencia será la de sospechar de esa aparentemente débil sustentación. Pero no estaba allí el problema, sino en la debilidad de las uniones de las piezas de acero. Tras la advertencia propio LeMessurier calculó que un viento de 70 millas (unos 112 kilómetros por hora) podía derrumbar la torre entera.

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Durante el verano de 1978 los equipos de soldadores trabajaron de descanso –pero únicamente de noche—para reforzar todas las diagonales clave con placas fuertemente soldadas. Apenas seis semanas después del inicio de las obras llegaba el huracán Ella, que felizmente se desvió hacia el este y le dio a los trabajadores el tiempo suficiente para completar el refuerzo de las uniones. Así fue como Nueva York se salvó del desastre… aunque queda un pequeño detalle que debería avergonzar: el incidente se mantuvo oculto de la prensa y la opinión pública durante 20 años. ¡Qué feo!

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Recién en 1995 los periodistas de The New Yorker pudieron averiguar la historia y revelarla a sus lectores, a partir de lo cual pasó a ingresar el anecdotario de todas las facultades de arquitectura del mundo. Las opiniones en contra por haber mantenido esto en secreto, se compensan con la lucha que llevó a cabo LeMessurier para que los propietarios de la obra realizaran la inversión y la ejecutaran con celeridad. Los convenció rápidamente, lo que también habla bien de ellos, y los operarios reforzaron con soldaduras todas las uniones en apenas tres meses, lo cual también es una hazaña.

¿Qué falta? Pues, a mi manera de ver, falta el nombre del estudiante curioso también debería ser mencionado en las reseñas.

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El rascacielos Citicorp tiene 279 metros de altura, con la particularidad de que las primeras nueve plantas debían dejar espacio para la construcción de la iglesia St. Peter’s, que era la propietaria del predio. Eso es lo que explica a este rascacielos que parece andar en zancos. Está ubicado en la calle 53 entre la avenida Lexington y la Tercera, de manera que ahora que sabés esto, deberás incorporarlo a tu agenda turística en Nueva York. Vale la pena no solo por la historia, sino por el edificio y para evaluar hasta dónde deben aceptarse los caprichos de una congregación religiosa que exigía que la modernidad no alterara el estilo clásico de su templo, por lo cual ambas construcciones debían estar nítidamente separadas.

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El Taipei 101 y el gigantesco péndulo en forma de bola que hace las veces del bloque de hormigón utilizado por Le Messurier para estabilizar el edificio, dixit.

LeMessurier consiguió que el edificio fuera más ligero en peso, y para contrarrestar el balanceo frente a las acciones del viento, se añadió una masa de hormigón (400 toneladas) en la parte alta de la torre, flotando sobre una estructura de aceite a presión que se regula electrónicamente. Así fue como la torre Citicorp se convirtió en el primer edificio que apelaba a la ayuda de lo que luego se denominó “amortiguador de masa” e hizo famoso al Edificio Taipei 101, denominado así porque cuenta con 101 pisos que en realidad son 106 si se suman los que están por debajo del nivel del suelo.

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El Citicorp y LeMessurier tienen el reconocimiento por haber iniciado e inventado este recurso, pero el Taipei 101 tiene el mérito de haber llevado el invento a su máxima expresión y espectacularidad. En el caso del Citicorp, estamos ante un bloque de hormigón que se desliza suave y rápidamente sobre guías, para cambiar el punto de sustentación del edificio cuando un viento (o una inclinación causada por un terremoto) amenazan su verticalidad.

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En el caso del Taipei 101 no es una masa que se desliza, sino un péndulo esférico que oscila. Pero se trata nada menos que de una esfera de entre 600 y 700 toneladas, suspendida entre los pisos 87 y 91. Los expertos estiman que ese “amortiguador” puede entendérselas con vientos de hasta 450 kilómetros por hora y con terremotos de hasta 7 puntos en la escala de Richter. Debemos creer en la palabra, pues no hay manera de probar si no lo es en la realidad.

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Faltaría un párrafo para ese techo caprichosamente inclinado en un ángulo de 45 grados, una de esas cosas que parecen el juguete de una maquette, más que un serio proyecto en la ciudad de los rascacielos. Se lo puede justificar porque la idea del arquitecto diseñador era la de destinarlo a una plataforma de paneles fotovoltaicos… si no fuera porque luego se comprobó que la trayectoria del sol sobre Manhattan no favorecía en nada a esos recolectores de luz. Así que será vistoso ese techo, pero no deja de ser otra dispendiosa construcción ociosa.

 

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A uno le cuesta creerlo, pero estas cosas no son una fantasía, realmente pueden ocurrir.

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Guillermo Pérez Rossel

http://en.wikipedia.org/wiki/Citigroup_Center

http://es.wikiarquitectura.com/index.php/CitiGroup_Center

http://es.wikipedia.org/wiki/Taipei_101