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El vasco de la carretilla

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Una apuesta o una promesa lo puso en camino y recorrió 20 mil kilometros remolcando una carretilla. ¿Insensato? Quizás, pero también demuestra que todo lo que uno realmente necesita, cabe en una carretilla.

Él decía que no hubo apuesta, que simplemente había empeñado su palabra y como es sabido, la palabra empeñada no es juguete para un vasco. Pero por más que le busques la vuelta, el viaje de Larregui será grandioso, será una hazaña, pero parece tan insensato como ese viaje a través de Estados Unidos que relata la película Forrest Gump. Claro que en Estados Unidos, esas cosas merecen un Oscar, a diferencia de lo que ocurre acá donde apenas les pareció divertido… apenas si logró efímera fama y el derecho a hacerse una casita en el parque de las Cataratas de Iguazú. Allí continuó enseñando a vivir…

En cuanto a lo de insensato, andá a saber:  todo depende de lo profundo que te llegue la explicación del vasco:  “la gracia era disfrutar de esta libertad y del contacto con la naturaleza, con el mar, y ese maravilloso océano de estrellas, que le hace pensar a uno en la infinita pequeñez del Ser Humano”.
Por Alberto Moroy

“El primer linyera con sidecar”, “Don quijote en carretilla”, “El vasco de la carretilla”. Con estos títulos se publico la noticia en los diarios de Argentina cuando este vasco llego a Buenos Aires. La foto de la portada corresponde a un mural de doble faz donde se reflejan las hazañas de Guillermo Larregui. Tiempo atrás. publicamos el extraordinario viaje que realizó de Aimé Tschiffel a lomos de dos caballos criollos, el cual se inició en Buenos Aires en abril de 1925 y terminó en Nueva York 21.500 km después. Esa fue denominada la travesía del siglo… pero lo del vasco supera la hazaña cinematográfica (pero ficticia) de Tom Hanks en Forrest Gump.

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Guillermo Isidoro Larregui Ugarte nació en Pamplona el 27 de noviembre de 1885 en el barrio de la Rochapea y llegó a Buenos Aires con solo quince años en 1900. Al inicio trabajó como marino. Después en la Patagonia fue peón en una petrolera norteamericana en la que estuvo hasta 1935. Ese año, y con cincuenta en su haber, durante una reunión con amigos hizo una apuesta que le cambió la vida y que lo convirtió en uno de los personajes más excéntricos de la Argentina. Su viaje a pie, remolcando una carretilla de 120 Kg., de peso desde Comandante Luis Piedra Buena, Santa Cruz hasta Buenos Aires (3000 km.) llegando 14 meses después fue una odisea Pero esto no terminó ahí: a esta travesía y con el mismo método de llevar una carretilla a cuestas realizo 3 viajes mas recorriendo en total ¡20 mil kilómetros!

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El monumento que lo recuerda / Guillermo Isidoro Larregui Ugarte / Asi viajaba

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1935, en Comodoro Rivadavia, Larregui con su carretilla cargada. Más de 600 Km llevaba ya de camino y aún le faltaban unos 3.000 Km para completar su primera hazaña. Dedicó esta postal a un amigo de Bragado el año siguiente

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¡20 mil kilómetros! a pie y remolcando una carretilla / La carretilla museo de Luján

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Las carretillas

La carretilla tenía la base de 70 cm. x 110 cm. y 30 cm. de alto, con los siguientes objetos: carpa de 2,5 m de largo por 2 m de ancho; cama plegadiza, colchón y colcha. Herramientas completas, utensilios de cocina, calentador, juego de lavabo, cepillos, brocha, navaja y provisiones.

–La primera carretilla del vasco Larregui Ugarte quedó en el Museo de Luján porque él la donó.
–La segunda la utilizó, entre 1936 y 1938, hizo un recorrido desde Coronel Pringles, hasta Bolivia-
–La tercera se la hicieron amigos de Trenque Lauquen y Beruti en 1943 y terminó seis años más tarde en Puerto Iguazú (Misiones), el lugar que sería su residencia definitiva. Se calculaba que, en total, ya había caminado más de 20.000 km.

“Su carretilla estaba llena de gauchadas y solidaridad, de pingüinos y lagos glaciares, de estepas patagónicas y nieve, de llanuras pamperas, de ballenas y focas del atlántico, de lluvias y vientos australes”.

Las travesías

La primera inició en 1935, cuando tenía 50 años, partiendo del paraje Cerro Bagual, a 120 km de Comandante Luis Piedrabuena (Santa Cruz), llegando a Buenos Aires 14 meses después.

La segunda la comenzó en 1943, desde Coronel Pringles (Pcia. De Bs. As.) y la finalizó en La Paz (Bolivia).

La tercera la realizó desde Villa María (Córdoba), hasta Santiago de Chile.

La cuarta y última caminata la efectuó desde Trenque Lauquen (Buenos Aires), hasta el Parque Nacional Iguazú, en Misiones.

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El vasco de la carretilla – Pionero de las Cataratas del Iguazú

Primer viaje 1935

El 25 de marzo de 1935 Larregui despedía a sus amigos a quienes no volvería a ver… pero los recordará en sus largas travesías que lo llevaron a los cuatro extremos cardinales de la República Argentina, en más de 20.000 Km. conectando pueblos durante una década de caminos.

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La despedida / llegada caminando a Buenos Aires

Segundo viaje 1936

En Coronel Pringles (Provincia de Buenos Aires) inicia su segundo recorrido que finaliza en La Quiaca, Jujuy, en la frontera con Bolivia. (4.700 km), después de cruzar 7 provincias argentinas conociendo y comunicando gran cantidad de pueblos que hasta hoy atesoran su recuerdo en la memoria popular

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Partida a Jujuy/ La Quiaca

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Villa Maria Córdoba / Teatro a beneficio

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1943. Inicia su cuarto y definitivo raid en Trenque Lauquen, Buenos Aires, y termina en las cataratas del Iguazú, provincia de Misiones, donde se instala y construye una casita dentro del Parque Nacional en la que vivirá hasta su muerte el 5 de junio de 1964.

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Su casa en Iguazú

Frases destacadas

Las siguientes frases fueron extraídas de sus diarios o de las entrevistas ofrecidas a los medios. Todas ellas reflejan el carácter astuto y desinteresado de don Guillermo, siendo sus desafíos la mayor expresión de sus valores y sus convicciones.
–Un vasco es capaz de todo lo difícil”
–Muchos hablan de una apuesta de miles de pesos. No es cierto. He empeñado simplemente mi palabra”.
–Cada uno tiene la edad de sus proyectos”
–Me sobran fuerzas y voluntad, para eso soy vasco”.
–Cuando salí de Santa Cruz la gente decía: “Ahí va Larregui con su carretilla, está loco”. Lo mismo decían mis compañeros pero yo les contestaba “No importa, iré yo solo al manicomio”
–Nadie me podrá quitar la dicha de ser dueño de mi propio destino”
–Aún a veces con la panza vacía, la gracia era disfrutar de esta libertad y del contacto con la naturaleza, con el mar, y ese maravilloso océano de estrellas, que le hace pensar a uno en la infinita pequeñez del Ser Humano”.
–Si rompiera mi promesa, sería indigno de llevar esta boina, que es todo lo nuestro”
–Hay momentos en que un Hombre tiene que afrontar el reto, si no, no es Hombre cabal. La Humanidad no hubiera llegado hasta aquí si no hubiesen existido Hombres como nosotros, capaces de jugarse la vida, y no solo el pellejo, por cumplir con un cometido”.
–Tuve un susto grande en esa vuelta. El termómetro marcaba (-20°C). Mis pies comenzaron a helarse. Fue la primera vez que el vasco Larregui se asustó de verdad. Si hubiera perdido las piernas, hubiera tenido que vencer hasta la oposición de ese destino”.
–Mi orgullo me impedía mendigar. Nunca pedí nada. Pero no me negué a recibir lo que se me ofreciera voluntariamente como colaboración para poder continuar la gesta”.

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El primer reciclador y el primer guía

Alcanzó Iguazú en 1949, con 64 años, y allí obtuvo un permiso especial del presidente de los Parques Nacionales para instalarse dentro del parque, muy cerca de las cataratas. Despejó un claro en la selva, recogió cientos de envases y latas del cercano Hotel Iguazú y los rellenó con cemento para emplearlos como columnas y paredes de su nueva casa: una cabaña de duendes, metálica y multicolor, en la que guardó una sala para exponer fotografías y recuerdos de sus viajes y levantó un altar con latas y una imagen de la Virgen.

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Larregui vivió allí sus últimos quince años, sedentarios como los primeros quince de su vida. Se dedicó a pasear, recoger la basura que dejaban los primeros turistas, curar animales heridos y reunir colecciones de insectos, plantas y minerales que luego vendía.

Larregui fue tal vez el primer guía de las cataratas: Dicen que acompañó en los paseos a turistas de todo el mundo, a presidentes, ministros y embajadores, y algunos relatos le atribuyen el dominio del inglés, francés, italiano, alemán y holandés. Entre todas las latas le tocó una maldita: en 1964 el Vasco de la Carretilla comió algún alimento de lata en mal estado y al cabo de varios días lo encontraron muy enfermo en su casa. Murió en el hospital, a los 79 años, y yace en el cementerio de Puerto Iguazú.

A modo de epitafio queda un poemilla del propio Guillermo Larregui:
“Vivir el ritmo oculto de los campos /
abiertos, llenos de sol /
La emoción de la tierra argentina /
llena de generosidades /

Un poco más

http://www.gentedigital.es/blogs/anderiza/22/blog-post/1813/sus-vecinos-sabian-que-era-vasco-pero-no-tanto

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N.delE.: ¿Te llamó la atención la profusión de boinas? En aquél entonces, para un vasco salir sin boina era peor que salir sin pantalones. Pero este viaje inaudito coincidió con el momento histórico en que los vascos comezaban a dejar su faja a la cintura para sustituirla por cinturones. Ni los vascos pueden con la evolución de las costumbres.