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El canal de Languedoc

También llamado el Canal de los dos Mares, porque une al Atlántico con el Mediterráneo. Me gusta el nombre que le habían puesto en 1666, cuando comenzaron las obras y no el posterior, que a todas luces procura disimular que no hay una sino varias francias, como hay varias españas y varias italias, todas con lengua propia.

Según por dónde comiences a recorrerlo, podrás apreciar que lo denominan Canal du Midi (al sur) o Canal de Garonne (al norte, extendiendo el alcance del río del mismo nombre). Es una descomunal obra de ingeniería, solo imaginable por tipos tan disímiles y ambiciosos como Nerón, César Augusto, Carlomagno, Francisco I, Carlos IX o Enrique IV, que deseaban preservar sus barcos y mercancías del peligro que suponía cruzar el estrecho de Gibraltar.  La obra se llevaría a cabo entre 1666 y 1681, bajo el reinado de Luis XIV y con la dirección del  ingeniero Pierre Paul Riquet y tanto fue su éxito que lo premiaron con el título de barón de Bonrepos. Falleció antes de  ver terminado el trabajo y sin enterarse que sus canales dejarían de tener utilidad tras el invento del ferrocarril y luego, de las carreteras y camiones.

No fue la única red de canales de transporte que funcionó en Europa, los hay por todo el continente y el abandono que sufrieron y determinó la preservación de los pueblitos “portuarios” que tocaba, fue una de las principales razones por las cuales hoy son un atractivo turístico que cada año gana adeptos y perfecciona sus servicios. Ojalá acá hubiéramos tenido un mínimo de sagacidad para preservar los puertitos que había sobre el arroyo Rosario y el Cufré, que eran las vías navegables de los piamonteses antes de que se construyera la ruta 1.

Abandonados tras largo tiempo, hasta que en el siglo XIX se restablecieron algunos servicios de transporte de carga, los cuales fueron languideciendo hasta que en los años setenta del siglo pasado, la navegación comercial  cesó por completo y llegaron los turistas. Es el turismo fluvial el que mantiene abierto el canal y en funcionamiento todas sus obras de ingeniería complementarias.

Por acá tenés un mapa que te ayudará a entender mejor este asunto. La idea era genial, el desarrollo parecía una quimera.

¿Y por qué dicen que este multicanal acuático es también ideal para hacer turismo en bicicleta o senderismo? Pues porque aquellos barcos iniciales no funcionaban a motor, ni siquiera con los flamantes motores a vapor; los arrastraban con caballos desde la orilla. De manera que al costado de todos los canales, hay un sendero (camino de sirga) para los equinos, que todavía se alquilan para hacer el recorrido cabalgando, si te da el ánimo por no hacer precisiones anatómicas. Porque son unos 500 kilómetros, si estás dispuesto a recorrerlo de una punta a la otra.

Ni te sueños recorrerlos en moto, ni siquiera en bicimoto. ¿Hacer ruido, contaminar? ¡Qué afrenta! Este es un lugar para disfrutar el rumor de la brisa sobre los 60.000 árboles plantados solo en las orillas del Canal du Midi.  No está rigurosamente prohibido usar vehículos a motor de explosión, pero se considera de mal gusto.

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Canal du Midi de todas las maneras posibles

En su mejor momento, algunos barcos que recorrían los canales sorteando exclusas, tenían salones y camarotes de primera clase. No se viajaba tan rápido como en diligencia, pues el trayecto entre Toulouse y Sete duraba unos cuatro días, pero se viajaba mucho más cómodamente. El tiempo se redujo a 32 horas cuando en 1855 se organizaron relevos de caballos cada diez kilómetros. El agua tiene enorme ventaja sobre la rueda; un caballo puede transportar hasta 120 veces su peso, cuando la carga flota. Pero los motores pueden dar velocidad y a eso se llegó, pero en los años 30 del siglo XX. Hoy son los únicos motores que se permiten en los canales, pero deben reunir condiciones ecológicas  minimas.

En 1856 se llegó al pico de transporte, cuando por el canal circularon más de 110 millones de toneladas de mercaderías y cerca de 100.000 pasajeros.  Hoy el canal es la estrella fulgurante del turismo fluvial francés y una esclusa como la de Fonsenares, puede ser usada por unos 10.000 barcos cada año, generalmente tripulados por alemanes, belgas y viajeros de múltiples nacionalidades, sin exceptuar a los franceses, que aman su canal y hasta viven en casas flotantes.

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El proyecto fue endemoniadamente complejo y costoso. Demandó la construcción de numerosos “puentes de canal”, que son puentes por los que circulan barcos (barcos por arriba y barcos por abajo). También hubo que hacer túneles para salvar la orografía; pero el problema mayor fue el de encontrar y transportar agua suficiente para asegurar que el canal mantuviera su caudal.  El ingeniero Riquet empleó un sistema de colecta “a la rigole” que se abastecía en la montaña Negra del Macizo Central y del Lago de Saint Ferréol.

Las acequias llevaban el agua hasta un enorme depósito de 6,5 millones de metros cúbicos, los cuales no solo permitían el funcionamiento del canal, sino que aseguraba regadío durante sequías. Pero el hombre propone y la naturaleza dispone; así que en 1774 por causas naturales, una colina se hundió en el canal cegando el curso. En 1766 el problema fue inverso; había tanta agua en el canal que inundó el pueblo de Capestang, obligando a incorporar un muro de contención de 270 metros de largo.  Sumale guerras y crisis económicas a las catástrofes naturales y ahí tenés una formidable obra de ingeniería que se transforma en un estorbo costoso ante la naciente red ferroviaria y carretera. Pero su prosperidad duró 200 años y eso no es poco, sobre todo porque ahora recupera su vitalidad con una actividad inesperada.

El canal le pertenece al Estado Francés y en apariencia recauda tanto o más dinero que el que cuesta mantenerlo en funciones, gracias a actividades que no descartan la circulación de barcos entre ambos mares, como fue concebida originalmente, pero se apoya más bien en el turismo fluvial que aportan los barcos de alquiler, los cruceros organizados, los barcos restaurantes y hasta el pago de arrendamiento de las personas que viven en casas flotantes.  Numerosas granjas y “postas” de caballería fueron convertidas en hotelitos, restaurantes, comercios, locales de exposición y de espectáculos. En otras palabras y como le hubiera gustado decir a Ernest Hemingway, el viejo Canal del Languedoc es una fiesta.

Solo el Canal du Midi, que es el más celebrado, tiene 63 esclusas  126 puentes, 7 puentes-canal y 6 presas. Entre sus puntos más relevantes se cuentan, la esclusa redonda de Agde; las esclusas de Fonseranes, el puente de canal sobre el Orb, el túnel de Malpas, el monolito de Seuil en Naurouze y las esclusas de Castelnaudary.  No debería sorprender que desde 1995 esté incluido en la lista del patrimonio de la humanidad.

El canal de Garona fue posterior, aunque estaba en los planes de Pierre Paul Riquet en 1681… pero se encontró con que a Louis XIV se le había ido la mano con los gastos y había dinero, solo para los lujos, no para las cosas necesarias. El proyecto fue abandonado.  La inauguración de la segunda parte del «Canal du Midi»  incorporando realmente la costa atlántica tuvo lugar en 1856. Atraviesa el suroeste de Francia y, alternativamente, recorre los 193 kilómetros el río Garona.

Menos popular, pero no menos interesante, este tramo del canal tiene el puente-canal más grande de Francia, en las inmediaciones de la ciudad de Agen que, dicho sea de paso, es una joyita imperdible en medio de la navegación. El puente-canal de Agen tiene más de 500 metros de largo y 23 hermosos arcos que lo sostienen. Permite atravesar el río Garona y seguir su curso antes de unirse al río justo antes de Moissac. El empuje de las carreteras y las ferrovías en 1933, exigieron construir 83 nuevos puentes (de los comunes) sobre el canal, así que imaginate costos y mantenimientos antes de despotricar por los derechos que razonablemente cobran por utilizarlo.

Personalmente encuentro que deben existir pocas cosas más placenteras que arrendar uno de los numerosos modelos de barcos que surcan el canal, con o sin capitán, y dejarse llevar en medio del paisaje, deteniéndose solo para dedicarle al menos un día entero a Carcassonnne, sin descuidar Castelnaudary, Beziers, Narbonne y Toulouse. Otros pueblitos maravillosos a la vera del canal son Trebes, Homps, Ventenac, Parazza, Marseillette y Capestang.

Una cassoulet comme il faut y, abajo. un supermercadito flotante junto a una casa flotante.

¡Y las bodegas y los vinos que en el languedoc te dan vuelta las papilas! Acompañalos con una cassoulet que en Castelnaudary la preparan como los dioses, lo mismo que una cazuela de porotos cocinada a fuego lento que también es una especialidad de la zona. A la pasada, verás muchos restaurantes, cafeterías y bares, buenos para comer y estirar las piernas… pero los barcos vienen equipados con una kitchenette, heladera y todo lo demás.

Un buen consejo: conseguite un barquito que tenga bicicletas con canasto para compras. Entonces, cuando te da la gana de gourmetearte un poco a la casera, salís en busca de granjitas donde conseguir pate foie, pan casero, quesos preparados allí mismo y, naturalmente, vino de la casa. Así nomás. Y si no te da para tanta aventura, te sumás a uno de los cruceros organizados por varias compañías, algunas de las cuales resultan tan simpáticas, como que el barco le pertenece a una familia y te atienden el padre, la madre y los hijos que no están estudiando.

Guillermo Pérez Rossel

(Dedicado a mi amiga Adela Jourdan)

http://www.leboat.es/vacaciones-en-barco/destinos/francia/canal-du-midi/cruceros-fluviales/crucero-del-pequeno-midi/Itinerario-y-actividades

http://www.turismofluvial.com/index.html

http://www.canaldegaronne.com

http://www.canal-et-voie-verte.com/index.php?PHPSESSID=d80irth8ltlep60tskt09frhl3

http://www.anamoralesblog.com/navegando-por-el-canal-du-midi