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Dormir en el avión, cómodamente

Me dirás que no, que ni siquiera en primera clase. Pero mirá esta suite de hotel en el fuselaje de un 727.

Está colgado de un acantilado en Costa Rica, suspendido encima del parque nacional Manuel Antonio, uno de esos increíbles regalos que le hizo la naturaleza a los compatriotas del norte en compensación por los volcanes que le puso adentro y los vecinos belicosos con que los rodeó por fuera. Y antes que me digas nada, te aclaro que aunque nos estén bajando los humos en fútbol, siempre es mejor que nos agarren de hermano. Peor sería que nos agarren de hijo.

¿Por qué digo que son como compatriotas? Porque así me lo parecen: ambos somos ejemplos únicos de democracia en el hemisferio, tenemos casi idénticos indicadores de calidad de vida, nivel de alfabetismo, distribución de la riqueza, clase media extendida y ellos también son una curiosidad estadística por la desproporción entre tamaño de país y nativos con fama mundial. Ellos tienen un poco más, 4,8 millones, con el mérito de acomodarlos cómodamente en minúsculos 51.100 kilómetros cuadrados… claro que repleto de montañas que no cuentan en una superficie que se mide como si fuera plana. Si a Costa Rica le dieras un planchado al vapor, capaz que mide lo mismo que Uruguay.

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La cuestión es que el Hotel Costa Verde se consiguió este avión de los años sesenta, en perfectísimo estado y lo colgó allí, complementando una oferta hotelera que ya de por sí era peculiar. Para empezar, el slogan del hotel es “still more monkeys than people”, es decir, que aseguran que hay más monos que gente. Tendrías que ir a comprobarlo.

Lo edificaron sobre un peñasco, con vista esplendorosa a las playas del parque Manuel Antonio, cerca de Quepos. Muy cerca del borde pusieron dos piscinas; desde los balcones de las habitaciones se aprecia el bosque lluvioso desbordante de vegetación, animales en estado salvaje y aves nativas. Tené cuidado de no pisar a las iguanas que te miran expectantes a la hora del desayuno, envidiadas por los monos que no son tan confianzudos… a veces.

A la suite en el avión la tenés que reservar con mucha anticipación, pero es posible que consigas alguno de los espaciosos apartamentos con aire acondicionado y TV, por si la selva te aburre.  Pero también hay otros 15 apartamentos abiertos a la naturaleza, despojados de las comodidades que te separan del ambiente selvático. Aseguran que no hay problemas con mosquitos ni alimañas. También tienen 14 apartamentitos de tipo rústico, construidos en maravillosa madera de teca, naturales pero confortables. Casi todas las unidades tienen kitchenette.Además del avión, completan las instalaciones una casa quinta y dos bungalows algo separados para vivir con intensidad la experiencia de la selva, ambos unidos con la recepción por senderos rodeados de vegetación.

El 727 – 100 recorría los cielos desde 1965, con la insignia primero de South Africa Air y luego con la de la colombiana Avianca. También usaron madera de teca para transformar el interior del fuselaje en una suite de dos dormitorios y para construir, a mano, todo el mobiliario.  Tiene un área para desayunar y una terraza al océano cuya vista te corta la respiración, pues el avión está quince metros por encima del hotel, que como te dijimos, descansa al borde del acantilado.

Tal como las otras habitaciones, el “Fuselage Home”, tiene facilidades para preparar comidas… pero sería una pena que no probaras los exquisitos platos a base de frutas frescas, mariscos, pollos y suculentos filetes de res, que preparan en sus restaurantes Anaconda y La Cantina BBQ. En ese último es donde, todas las noches desde las 1900 hasta las 2300, ameniza el trío de reggae que caracteriza al hotel y que lleva como sugerente nombre, “The Jungle Boys”.

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Claro que no vas a pasar todo el tiempo en el hotel. No señor, lo que harás será optar cada día por una recorrida por el Parque Nacional o por las playas, siempre rodeado de monos cariblancos, iguanas, aracaris, tucanes y loros de todos los colores. Desde el hotel parten tours dirigidos por guías, pero nadie te impide aventurarte por cuenta propia, siempre que no te pongas juguetón con las boas constrictor que andan por ahí en busca de monos más chicos que vos. Si te encontrás cara a cara con una, explicale que los uruguayos a veces caemos un poco indigestos.

Lo mejor sería que escuches con atención las pequeñas conferencias ilustradas con diapositivas que los expertos presentan cada noche en uno de los restaurantes. Las charlas versan sobre historia natural, arqueología y geología referida al Parque y a la región. Si no te interesa la naturaleza, no vengas a fastidiar a la gente en este hotel; esto no es para vos. Acá podés encontrarte con 99 especies de mamíferos, 353 de pájaros, 138 de árboles y no te hablo de peces para no dejarte demasiado estupefacto.

En fin, que acá podés venir a descansar, a hacer snorkeling, kayaking, ciclismo de montaña, aventurarte en algunos rápidos, deslumbrarte con varias cascadas o embarcarte para una expedición de pesca en la Isla Damas, rodeada de manglares. ¿Qué más podrías pedir? Ya verás que hay algo más, para el caso de que realmente te gusten mucho los aviones.

Dos líneas aéreas nacionales, Nature air y Sansa, dan servicio al área de Manuel Antonio / Quepos con cuatro vuelos de 20 minutos desde San José la capital de Costa Rica, explica la web oficial del hotel, aclarando que si te conectás por internet con ellos, pueden ayudarte con las reservaciones y los “tiquetes”. O te pueden aconsejar sobre cómo alquilar un automóvil y conducir durante tres horas a través de los impresionantes valles de la montaña y las plantaciones de la “United Fruit Company”. Tienen habitaciones desde 87 dólares según la temporada, pero si querés el avión, entonces tendrás que pagar entre 350 y 500 dólares la noche, también según la estación del año.

 

 
 

¿Dijiste que querías más aviones? Bueno, en ese caso, podrías dedicar un almuerzo o una cena a conocer un restaurante tan singular como éste. Se llama “El Avión” y está relativamente cerca. Es un Fairchild C-123 preparado para funcionar como pub y para brindar servicios de comidas. Es bastante popular como lugar para celebrar casamientos, razón por la cual la reserva anticipada es de rigor.

Este avión en particular tiene una historia escabrosa que lo hace más atractivo, particularmente para aquellos que siguieron con indignación politizada aquella escandalosa historia de corrupción durante la administración Reagan. De manera que no es recomendable para aquellos otros que miran con admiración subjetiva cualquier cosa que haga Estados Unidos. Pues bien, este aparato fue utilizado en la operación de venta de armas a Iran con el objetivo de lograr la liberación de rehenes en el Líbano y también para recaudar fondos para financiar a los guerrilleros nicaragüenses contra revolucionarios, es decir, la “contra” en lenguaje izquierdista. Todo bajo la conducción del afamado Oliver North y con desconocimiento del parlamento norteamericano.

Cuando la maniobra trasciende, el escándalo cunde en Estados Unidos y el aparato quedó abandonado en el Aeropuerto Internacional de San José de Costa Rica. Finalmente en agosto del 2000, el avión fue comprado y refaccionado por el Restaurante “El Avión”, de cuya web sacamos esta historia.

Guillermo Pérez Rossel

https://www.costaverde.com/newgallery.shtml

http://www.centralamerica.com/costa-rica/espanol/hoteles/escosverde.htm

https://www.costaverde.com/avion01.htm