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Takachiho, santuario shinto

No hay obligación alguna de convertirse al sintoísmo, pero te confieso que me resulta admirable la pasión que esta religión demuestra por la naturaleza.

Es posible que los japoneses sean cuidadosos de manera espontánea, pero el hecho de que a un paisaje, un árbol, una hermosa roca, los sintoístas los consideren sobrenaturales, ayuda a que ese país sea una belleza en las cuatro estaciones. A esta región aconsejan visitarla en otoño, cuando la vegetación estalla en colores. Los japoneses no vienen acá solo por esa increíble garganta que talló el río Gokase al deslizarse desde las montañas cercana; también está la ermita Takachijo Jinja, fundada entre el 29 aC. y el 70 dC., aunque se debe precisar que los edificios actuales son de 1778. Francamente, deben ser tan impresionantes ahora como hace tantos siglos… o milenios. Asustan los tiempos que manejan estas culturas.

Todo es sagrado por estos lares y la gente va a la ermita por esa causa, aunque no dejan de visitar  la garganta del río, absolutamente espectacular. Como el senderismo se impone, uno sale de allí mucho más santos que antes. El video te da una idea.

La ermita está situada en las montañas, como corresponde a una ermita que se respete a sí misma. Las cumbres de los montes Miyazaki y Kumamoto no son particularmente altas, pero son imponentes y el río Gokase se encarga de llevarse el excedente de agua desde mucho antes del Paleolítico, cuando esta región ya estaba poblada, como lo demuestran los yacimientos arqueológicos descubiertos en las proximidades de su cauce.

La construcción está emplazada en lo más profundo de un viejísimo bosque de cipreses, dos de los cuales presiden su entrada y son objeto de devoción. Es un hermoso templo cuya madera, pese a sus años todavía parece perfumar el ambiente. ¡Ni se te ocurra entrar calzado! Y aunque ni está prohibido ni saben de qué se trata, sería conveniente que al termo y al mate lo dejes fuera, junto a los zapatos.

El techo está cubierto de cobre y es espectacular; pero lo que más disfrutan los devotos, son las  imágenes de Mikenu blandiendo una espada sobre la cabeza de un Kihachi suplicante. La historia se cuenta que Mikenu mató al  demonio llamado Kihachi, que había estado aterrorizando a la comunidad. Él lo cortó en tres partes y lo enterró en diferentes lugares. Incluso hoy en día, un festival se celebra cada año para sofocar el espíritu del demonio.

 

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Takachiho también es conocido como el lugar donde  Amaterasu Omikami escondió la luz del mundo. La leyenda dice que para eso escogió una “cueva celestial” ubicada a unos diez kilómetros de la ciudad, donde bien podrías alojarte durante una o tres  noches para recorrer la zona pausada y provechosamente. La ciudad en sí también es sagrada y está dedicada a Kagura, un singular dios bailarín a quien se lo celebra por acá, con una serie de 36 danzas realizadas durante el invierno japonés, entre noviembre y febrero, cuando las casas de la ciudad se convierten en escenarios de danza.

Acá te hacemos una sugerencia desinteresada, porque ninguna relación tenemos con este hotel, denominado Hana Ryokan Iwatoya, de fiel inspiración japonesa. Está emplazado en la pequeña ciudad de Takachiho, de apenas 14.000 habitantes. Allí podés vivir y comer como un auténtico japonés sintoísta y prepararte para la expedición que, dicho sea de paso, también podrías contratar allí mismo.  (http://www.japanican.com/en/hotel/detail/8501006/?ar=45 )

 

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En fechas especiales que figuran en los manuales, el pueblo hierve de actividad. Hay 24 grupos de danza con un total de casi 500 bailarines. La función dura 20 horas, con solo un pequeño descanso; los espectadores traen mantas, así como comida y bebida para poder contemplar el espectáculo. Todo será muy santo, pero deberás “ofrendar” 3000 yenes y aunque seas un turista, podrás asistir como si fueras un local. Cada noche, en el mismo templo y con una ofrenda de apenas 500 yenes, podés apreciar una danza razonablemente abreviada, más aconsejable para los que apenas tenemos curiosidad.

De hecho, en las cercanías de Takachiho, existen 18 aldeas y 554 santuarios, 88 de los cuales están considerados entre los más importantes. Toda la región era un centro de peregrinación hasta que el gobierno Meiji hizo un radical e inexplicable recorte en 1871, llegando incluso a cambiar el nombre del santuario, que se denominó Mitai Jinja. Pero en 1895, la ciudad y la zona recuperaron su nombre de Takachiho y es de imaginar la bailanta que se originó en festejo de tal acontecimiento.

Si en medio de la caminata ves a estos personajes entre las nubes, decile a la gente de tu grupo que no alborote, pues esa falta de respeto  irrita a estos personajes celestiales.

A la garganta creada por el río Gokase-Gawa se la denomina Takachiho Gorge; la cascada no es especialmente alta, pero resulta de una belleza abrumadora por el escenario que la rodea y por las nubes de vapor que suele acompañar su caída desde 17 metros. La acompaña un sendero de 600 metros decorado con flores de cerezo, azaleas y glicinas japoneses, que florecen desde la primavera hasta principios del verano. En otoño, resaltan las hojas rojas y amarillas de la vegetación circundante.

¿Querés más leyendas? La garganta está escoltada por acantilados muy escarpados con curiosas formas que se asemejan a escamas, a escamas del dragón que murió allí aprisionado por el río.

Una cosa es mirar la garganta desde el sendero y muy otra es contemplarla desde el propio río, alquilando una embarcación que uno puede entregar en el otro extremo del pequeño cañón. No hay corrientes extremas, el agua es tranquila y cualquiera puede remar. ¿Qué si alquilan ruidosas motos de agua? ¡Por favor!, no preguntes tonterías; te sorprenderá el silencioso recogimiento con que visitan esta zona los japoneses y no vayas a creer que eso ocurre porque su religión se los exige. Todo lo contrario, el sintoísmo –dicen los entendidos- propone vivir con alegría y buen humor.

Naturalmente lo ideal es hacer ambos recorridos y terminar con el sendero que, luego de acompañar la quebrada, continúa hasta completar un kilómetro y dejarte cerca de la capilla Takachiho. ¿Podrías imaginar algo mejor?

La ciudad de Kumamamoto, un regalo extra para un paseo memorable por un país también exquisito.

Hay autobuses desde el centro de la ciudad (150 yenes) y emplean apenas cinco minutos en llegar… pero son poco frecuentes, apenas cuatro servicios por día. También podés conseguir un taxi, y mejor aún si podés desplazarte, hacer el recorrido caminando y charlando con otros peregrinos como vos. La sabiduría la encontrarás al recorrer estos lugares, pero seguro que ya tenés la suficiente como para escoger tomarte un tren hasta Kumamoto y también quedarte algunos días porque es una ciudad hermosa, que no llega a dos millones de habitantes, casi un despoblado, para Japón. Allí te conseguís una guía para Takachiho, que no encontrarás sino en inglés. Y cuando estés dispuesto, en la propia estación de trenes te tomás un autobús que en dos horas de hermoso paisaje discurriendo en tu ventanilla, te deja en pleno centro del pueblito de Takachiho.

Un parque lleno de leyendas e inagotable

 Guillermo Pérez Rossel

http://shintoshrinesofjapanblogguide.blogspot.com/2012/09/takachiho-jinja-uc-haiden-and-wedded.html

http://swsojourn.wordpress.com/2011/07/16/day-4-mount-aso-region-and-takachiho-gorge

http://www.town-takachiho.jp

http://es.wikipedia.org/wiki/Sinto%C3%ADsmo