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Las flamantes campanas de Notre Dame

Las viejas estaban más jorobadas que Quasimodo. Prestá atención cuando vayas a París, porque ahora Notre Dame canta mejor que nunca y tiene nuevos mensajes.

La Revolución Francesa le dio al mundo una nueva perspectiva de los derechos del hombre, pero para el campanario de Notre Dame fue una tragedia. Hasta ese entonces el carrillón tenía diez hermosas y sonoras campanas… pero los revolucionarios tenían devoción por otras cosas, de manera que todas menos una terminaron fundidas en algún crisol y transformadas en cañones… o peor aún, en afilada aleación para guilllotinas.  Solo una se salvó, la mayor de todas, denominada “Emmanuelle”. No queda claro si los revolucionarios respetaron la tradición o simplemente era tan grande que no pudieron arrastrarla ni abrir un hueco en la torre para tirarla para abajo, como hicieron con las demás.

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Sin más trámite, escuchá al nuevo carrillón en su repique inaugural, nada que ver con el atronador concierto del campanario de la Iglesia de San Juan Bautista, cuya torre está justo a la misma altura que mi dormitorio. A veces pienso que la gente va a misa en esta iglesia solo con el propósito de acallar esas campanas.

Con esa campana los franceses  celebraron en 1944  la liberación de París, de manera que Emmanuelle tiene mérito de sobra para reservarle un lugar de privilegio en la historia por su significación y su sonido aunque no por su tamaño. La más grande del mundo es la denominada Tsar Kolokol, la campana del zar, con 216 toneladas de peso, sin posibilidad de emitir otro ruido que el del tinguiñazo de los turistas, pues hace muchos años que la descolgaron del campanario de la Iglesia de San Iván, en el Kremlin.

Volvamos a Notre Dame. Podría considerarse casi como una reivindicación que en 1856 restituyeran cuatro de las ocho campanas de la Torre Norte, con el metal proveniente de los cañones tomados durante el asalto a Sebastopol, en la Guerra de Crimea. Habrá sido muy justo el uso que se le dio a ese bronce guerrero… pero las campanas les salieron como la mona. Tres de ellas estaban tan mal confeccionadas que tenían burbujas y se fueron quebrando. Además, no estaban afinadas de manera que le pudieran seguir el paso a “Emmanuelle”, con lo que nunca más los franceses pudieron escuchar las melodías para las que fue diseñado el carrillón original.

Así que si fuiste a Notre Dame antes de marzo del año pasado y escuchaste el carrillón, lo que inundó tus oídos fue lo que un campanero de oficio llamaría un “ruidito de porquería”, emitido por cinco campanas, de las cuales solo una sonaba como los dioses. Más bien como la Virgen María, en este caso. Emmanuel está ahí arriba desde 1681, pesa algo más de 13 toneladas y es la que marca las horas del día, así como los acontecimientos especiales. Las raras veces que  sonaba el carrillón completo, Emmanuel marchaba cinco segundos al frente, dándole tiempo a las otras para que se acompasaran, cosa que técnicamente no podía ocurrir.

Esas otras cuatro campanas fundidas en el siglo XIX  quedaron arrumbadas con destino incierto, luego de una de esas discusiones airadas e inútiles a la que somos tan propensos franceses y uruguayos. Su bronce pudo formar parte de algo nuevo y grandioso; pero tenían demasiada historia y el tronar de los cañones de los que fueron parte, siempre se confundió con el sonido arrancado por el badajo. Eso sí, no había badajo, se las martillaba desde afuera, primero a mano y luego con motores eléctricos… hasta que se descubrió que, desentonadas y todo, el sonido que emitían hacía vibrar peligrosamente a la catedral. Entonces, las silenciaron parcialmente hasta consolidar la estructura y orientar el sonido.

Ahora llegaba el turno de construir no cuatro, sino ocho campanas siguiendo las especificaciones originales. Fueron encargadas a la misma fundición de Normandía (Cornille-Harvard) que había construido esas cuatro descartadas en 1856, como para que demostraran lo que son capaces de hacer. Lo lograron, dicen los expertos. Sin embargo, no le tuvieron tanta confianza como para encargarle la otra grande-grande, la novena, compañera de Emmanuelle en la Torre Sur. Esa campana la encontraron como fundida a la medida, en los Países Bajos en la fundición Royal-Eijsbouts. La bautizaron Marie y la hermanaron con la más famosa y única superviviente original.

Ahí tenés a las abejas y sus cuidadores, ¿seguirán siendo de plomo los techos de la catedral?

A esta altura te preguntarás por qué no te cuento un poco de la catedral en sí. ¡No jorobes! Sería un artículo interminable. Mejor te recomiendo la web oficial de Notre Dame (http://www.notredamedeparis.fr/spip.php?rubrique1) y te invito a extasiarte quizás varios días con su belleza y sus características irrepetibles. Por ejemplo, ¿sabías que en lo más alto de ese edificio hay apicultores que cuidan abejas? Se puede conseguir esa miel sacra, junto con muchos otros recuerdos de uno de los edificios más antiguos y venerados del mundo.

Régis Singer, campanólogo francés y técnico a cargo del proyecto, comentó a la excelente periodista María Carolina Piña (http://www.espanol.rfi.fr/francia/20130205-conversacion-con-un-campanologo)  que la  renovación del campanario de la catedral de Notre Dame de París ha sido uno de los proyectos más importantes y costosos del jubileo por los 850 años de la catedral. Las nuevas campanas responden a los nombres de “Juan María”, “Mauricio”, “Benedicto-José”, “Etienne”, “Marcel”, Denis”, “Ana Genoveva”, Gabriel” y “María” y fueron fabricadas a imagen de las que existían en el siglo XVII. La inauguración oficial tuvo lugar el 23 de marzo de 2014, en víspera del Domingo de Ramos y como es natural, se realizó con gran concurrencia de público que presenció en pantalla gigante, el espectáculo próximo de las campanas lanzadas a vuelo.

Como siempre, las cosas que merecen más respeto, suelen concitar las acciones más imprevisibles, como la de estas jóvenes que resolvieron protestar desnudándose no queda claro por qué, quizás porque cualquier pretexto es bueno para quitarse la blusa: hasta una papelera en Fray Bentos sirve para eso.  En fin, el mensaje no queda claro; algunas reclamaban que no hubiera más Papa y otras anuncian que hay una crisis de Fe. No creo que hayan convencido a nadie, salvo a los lactantes. Menos todavía a las autoridades, que les impusieron entre 250 y 500 euros de multa, seguramente en relación con el  tamaño de sus senos.

Antes de eso, las campanas fueron trasladadas en lucida procesión por los Campos Elíseos y luego expuestas en la propia catedral hasta el 25 de febrero, cuando se procedió a elevarlas hasta su emplazamiento definitivo.  Lo que los viajeros escuchan ahora, es el mismo sonido que emitía el carrillón antes de la Revolución Francesa. Ahora, ¿cómo se pudo recomponer la melodía original? Fue gracias a que existía documentación en los archivos de la catedral y en los siglos XVII y XVIII campanólogos celosos de su profesión habían anotado con lujo de detalles todas las especificaciones técnicas de cada campana. También había croquis de todas ellas.

Hacer una campana de esas dimensiones es a la vez fácil y muy complicado, transcribe Carolina Piña. Es necesario fabricar un molde que es único porque una vez que el metal es vertido, ya no se puede volver a usar. En realidad, se utilizan tres moldes, para la forma, el interior y la parte superior de la campana. Una vez introducido el metal, se deja enfriar y luego se rompe el molde. Pero para fabricar el molde es necesario conocer las medidas de la campana que se quiere. Las campanas no son cilíndricas, se parte de un diámetro pequeño en la parte superior y se termina con un diámetro mucho más importante. Por eso, hay que calcular el espesor de la campana en diferentes puntos.

Por otra parte, hay que cuidar las proporciones. Lo ideal para hacer una campana es usar 78% de cobre y 22% de estaño, metales que deben ser de buena calidad. Por último, cada campana produce, de hecho, al menos cinco sonidos (armónicos) diferentes, y es la agrupación de esos cinco sonidos que dan la nota real de la campana. En la medida en que esos sonidos están bien afinados entre ellos, la campana tendrá un sonido equilibrado, mayor potencia y proyección.

El campanario indicará las horas cada quince minutos, de manera que no hay que esperar demasiado para escucharlo y, si me permitís, te sugiero hacerlo desde el primoroso jardín que encontrarás detrás de Notre Dame, en el vértice de la isla, con un panorama que no olvidarás en el resto de tu vida. ¿Te dije que vayas allí con un camembert, una baguette y una botellita de beaujolais? ¿No? Pues ahora te lo dije, no lo olvides;  hay bancos y no suele estar muy concurrido.

Según la web http://www.fatima.pe/articulo-827–850-anos-de-notre-dame-la-reina-de-las-catedrales, los toques y melodías de las campanas de Notre Dame se dividen en cuatro grandes categorías:

• el carillón de las horas de las ceremonias litúrgicas;

• el carillón del Angelus tres veces al día: 6 a.m., 12 m. y 6 p.m., según la costumbre del rey Luis XI, que se generalizó en la Cristiandad;

 

• el carillón de las horas (toque breve cada cuarto de hora; melodía corta cada hora, y más de 50 toques y melodías diversas del fondo musical de Notre Dame que varían a lo largo del año litúrgico);

• el carillón de las grandes ocasiones: acontecimientos vinculados al Papado o de otra índole, de importancia nacional e internacional, fechas históricas, grandes desgracias de la humanidad, etc.

La campana “Emmanuel”  interpreta también “solos” reservados para las grandes solemnidades como Navidad, Epifanía, Pascua, Ascensión, Pentecostés, Asunción, Todos los Santos, etc.

Si, ya sé, un artículo sobre Notre Dame está incompleto si no muestra gárgolas. Ahí va, y con una vegetariana, porque está comiendo uvas.

¿Y el órgano? ¿Acaso no tiene órgano Notre Dame? Naturalmente que los tiene, y son dos por falta de uno, ambos increíbles… pero eso daría tema para otra nota, porque también fueron renovados. Por ahora, conformate con este video:

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Guillermo Pérez Rossel