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El Rolls Royce más lujoso

¡Ummm! Eso es lo que aseguran esos españoles que ahora les ha dado por derogar la monarquía, a causa de algún elefante y algunos otros cuernos, más que por los costos.

Todo viene por el reciente, lucido, emotivo y controversial recorrido de los flamantes reyes de España en un Rolls Royce que tiene historia y también leyendas falsas. Porque lujoso, lo que se dice lujoso, es todavía el del Emir de Kuwait, también un Phantom IV pero con ajustes a la medida que lo hacen excepcional, como es el caso de su altura descomunal. ¿Para qué un auto tan alto? Para algo en que no habían reparado las casas reales europeas: para que el Emir no se tuviera que agachar. ¡Habrase visto a un rey inclinándose ante sus súbditos por más que sea para entrar a su palacio rodante! Y hay otros todavía más lujosos, pero constituyen un secreto de estado.

El Phantom IV es un “auto ceremonial” y una de sus características más insólitas es que su motor exclusivo de ocho enormes cilindros en línea, no fue diseñado para correr a toda velocidad, sino todo lo contrario, para desfilar durante horas a paso de caballo (los que habitualmente acompañan, porque no es cuestión de romper con todas las tradiciones) sin experimentar recalentamiento. Supongo que también tienen capacidad de salir disparados a toda velocidad si hubiera un atentado. Pero para eso también están las medidas de seguridad.

Así que la acusación de “más lujoso” es ostentosamente de mala leche. Y la de que fue un auto que Hitler le regaló a Franco también es mentirosa. Casi todos estos Phantom IV tienen estructura a prueba de balas; pero no fue la seguridad lo que indujo al flamante rey Felipe VI y a su reina Letizia la primera colega periodista que ocupa un trono llega a reina. Por el contrario, ellos utilizaron la única versión descapotable desafiando los ruegos de los servicios de seguridad, porque los ánimos estaban un poco caldeados.

Si hubiera un campeonato mundial de ciudadanos protestones, los uruguayos y los españoles estaríamos en la final. En este caso es sublime ver los comentarios que introdujeron los lectores de El País de Madrid. Seleccionamos solo dos para dar una idea:

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–Uno que firma Juan Keynes (nada menos), dice:_ “¿Pero esta gente no piensa? ¿Alguien se imagina a Berlusconi desfilando en el coche de Mussolini? ¿O a Merkel en el de Hitler? ¿No hay mas coches en España? Lo han debido hacer para recordarnos a todos cual es el origen de esta monarquía y que todo sigue atado y bien atado. Y todo el paseillo prohibiendo ondear cualquier banderita republicana. Todo muy democrático. Encima ya ni siquiera ganamos al futbol. Que asco de país”.

–Y otro que se identifica como Carrington le contesta: “Hombre, no seamos más papistas que el papa. ¿Tendríamos que haber quemado El Pardo por habérselo apropiado el dictador? Franco lo usó como vivienda. Pero alguna utilidad había que darle. Lo mismo con estos coches. Otra cosa es que el Estado decida venderlos para ayudar a sus ciudadanos. En eso no diría nada. Pero ya que al final se compraron con el dinero de nuestros abuelos (Franco evidentemente no los pagó de su bolsillo), como todo, pues por lo menos, que se usen”.

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El paseíto en Rolls de los reyes de España; opiná lo que quieras sobre la monarquía, pero no me digas que las dos nenitas no son una belleza total

Y ahora tercia el editor. Tuve oportunidad de estar y conversar con el Rey Juan Carlos, durante la Asamblea de la SIP realizada en Madrid, ocasión en que me confió que Uruguay le había parecido “delicioso”, lo que será un curioso adjetivo gastronómico, pero que ciertamente parece elogioso. Mejor todavía lo recuerdo cuando accedió a visitar Uruguay invitado por el General Gregorio Álvarez.  Todo hacía suponer una adhesión al Goyo, hasta que sorprendió a un pueblo ordenando una recepción en la Embajada a la que invitó a la élite política opositora al régimen militar, incluyendo a los proscriptos. Digan lo que quieran de Juan Carlos, pero esto y su actitud ante el Coronel Tejero que asaltó al parlamento español a poco de su ejercicio como monarca, son cosas que no se olvidan y no deberían olvidarse.
Pero no es eso lo que viene al caso, sino el asunto de los automóviles lujosos. Curioso como es uno, yo también esperé al monarca esperando a alguno de estos Phantom (se los  presta el Estado, la Casa Real no es la dueña) poseen tres. Nada de eso, el rey venía en un Volvo y naturalmente se tuvo que agachar para salir y para entrar, ¡mirá si van a hacer autos con puertas tan altas como para un grandulón como él y como su hijo!

Sin ser rey ni príncipe ni nada de eso, a mi cuando sea grande me gustaría tener un Rolls Royce y un  chofer justo como muestra la foto.

Me dirán que la humildad del auto fue una cuestión de marketing, pero ¿qué querés que te diga? A mi me cayó bien, lo mismo que el tipo, por más que yo haya nacido republicano y me apreste a morir con la misma convicción.

Dice El País de Madrid, que del Phantom IV solo se fabricaron 18 ejemplares: tres de ellos descansan en las cocheras de El Pardo, como parte de una de las colecciones de coches de Estado más importantes del mundo. No por volumen, sino por calidad y pedigrí. El dictador Francisco Franco los encargó en 1948, dos de ellos con carrocería cerrada de la mano de la firma Mulliner. Llegaron a Madrid cuatro años después.

Agrega El País que el descapotable de cinco plazas en el que  saludaron Felipe VI y doña Letizia  está blindado en los bajos y en la parte posterior, tiene un sistema de refrigeración y su interior es de cuero verde. Para este modelo, el 4AF18, y para el día del enlace de los entonces príncipes, la empresa madrileña Imaho Blindajes retiró la capota original y fabricó y colocó un techo acristalado blindado. Emilio Olivares, autor del artículo de la revista de motor, asegura que este cambio en el modelo de Rolls Royce provocó quejas entre los expertos, “era modificar un coche histórico y de un valor incalculable. El hecho de que fuera fabricado solo para jefes de Estado y realeza significa que nunca podrá estar en manos de coleccionistas”. Después, el coche ha sido devuelto a su estado original: la capota volvió a ocupar su sitio.

Los otros dos Rolls Royce, con un motor de ocho cilindros en línea de 5,6 litros que rinde alrededor de 160 CV, están configurados como limusinas blindadas. Uno de ellos de cinco plazas y el otro de siete. Tanto estos tres como el resto de la edición limitada, tiene la estatuilla del radiador –Espíritu del Éxtasis- de rodillas y no de pie, una inclinación ante los pasajeros del exclusivo modelo.

Acá lo tenés a Franco (arriba) ridículamente entronizado en su Phantom  IV, que no le fue regalado por Hitler otro patético amante de los autos extrarecontralujosos. ¿Cómo iba a regalar un auto inglés? Lo que le regaló fue un Mercedes W31 G4 de seis ruedas (abajo), de la que sólo se fabricaron cuatro unidades. Una para Franco, otra para Mussolini y las otras dos no queda claro quienes fueron los obsequiados originales. Debe suponerse que uno de ellos fue el propio Hitler, aunque no se conocen fotos tripulándolo. Y un cuarto desapareció durante la guerra. Muy impresionantes de aspecto estos Mercedes… pero solo alcanzaban 67 KPH y consumían 38 litros cada 100 km. Un precioso clavo remachado.

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El equipo de la revista Car, que visitó las cocheras de El Pardo, cuenta el legado de valor incalculable que reposa allí: los 70 vehículos que han sido donados, regalados o comprados durante la República, la dictadura  y la democracia. Las piezas más importantes del resto de la flota son dos Mercedes-Benz de parada militar y una flota de Cadillac. Semejante flota sí que parece reprobable, pero ¿qué iba a hacer la corona? ¿Venderle todo a coleccionistas? ¿Dejar todo arrumbado y cuando hay una coronación llamar a Avis Rent-a-Car? Estos autos pueden contemplarse como en un  Museo, así que  esa acusación de abuso de poder, a mi manera de ver, está traída de los pelos.

 

Todos los Phantom IV fueron entregados a jefes de estado, pero no todos permanecieron en manos de coronados. Este fue construido para el Príncipe de Irak, que fue asesinado durante la revolución de 1959, que trajo a Saddam Hussein al poder. En el momento de la sublevación, el auto estaba en Londres en mantenimiento y ahí se encuentra todavía, a la espera de que algún fallo judicial  resuelva su destino final.

El primer Phantom IV se entregó a la reina Isabel y al duque de Edimburgo en 1950. El segundo se lo quedó la fábrica y hasta finalizar la serie limitada fueron a parar, entre 1950 y 1955, a el shahinshan de Irán; al emir de Kuwait; a la duquesa de Kent; las tres unidades ya mencionadas del dictador español; al príncipe Aga Khan; al Talal al Saoud Ryal, de Arabia Saudí; al rey Faisal II; al príncipe regente de Irak; dos la reina Isabel II y otras tres unidades al emir de Kuwait. La última fue para el sha de Persia, según la revista Car.

Es natural que en Londres los reyes y los príncipes viajen en Rolls Royce y que sea un Phantom  IV; pero a Kate Midleton le gustó m´`as que la llevaran en un Aston Martin recontrasuperdeportivo y cinematográfico.

Además, ¿qué querés que te diga? a nosotros desde lejos nos parece imponente un Rolls Royce Phantom IV, pero a la gente que está acostumbrada a los lujos, puede gustarles más viajar en un Aston Martin el día de su boda, como hicieron Kate Middleton y el Principe Guillermo.  No me digas que no tiene su onda… Papá, el Príncipe Carlos y su esposa Camila, prefirieron algo más convencional como un Phantom para llegar a la abadía de Westminster el día de su casamiento.

Guillermo Pérez Rossel

http://es.wikipedia.org/wiki/Rolls-Royce

http://www.rolls-roycemotorcars.com/