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Poveglia, la isla aterradora

Tiene la fama y para los aterrorizables, con eso basta. Pero no es ni remotamente la única isla de Venecia utilizada como espantoso depósito de muertos y sospechados de apestados.  Tampoco es el único lugar donde hayan torturado a enfermos mentales. (*)

Antes de que continúes leyendo, te contamos que este artículo tuvo una vuelta inesperada de la que damos cuenta en http://viajes.elpais.com.uy/2014/05/03/podes-salvar-a-poveglia/. Personalmente entendimos que, existiendo dos fuentes contradictorias sobre el mismo tema, lo que correspondía era ponerlas ambas. Pero son consecutivas y, además, la segunda parte tiene una muy interesante ulterioridad para nada incongruente con esta primera.

En la humildad de las comparaciones, es algo parecido al destino que tuvo por algún tiempo nuestra isla de Flores, pero con esas dimensiones europeas que te dan vuelta la cabeza. A ver si ahora lo pensás un poco mejor cuando te horrorizás por la sucinta demografía que tenemos y al menos reflexionás, antes de apoyar iniciativas para aumentar copiosamente la natalidad. Porque lo que le pasó a Venecia (y a casi toda Europa) fue una consecuencia de la superpoblación, el hacinamiento y, por supuesto, la falta de higiene y conocimiento.

Salvo algún erudito, dudo mucho que esta Isola Poveglia fuera conocida por los uruguayos hasta que El País publicó una nota, donde se informaba que se la iba a rematar junto con otras propiedades,  para reducir los costos del estado italiano.  (http://www.elpais.com.uy/vida-actual/italia-pone-subasta-islas-palacios.html) Ocurre que la Laguna de Venecia está repleta de islas, todas con impresionante historia y bellísimas construcciones. Y que a Italia le sobran monumentos históricos, lo que parece una inculta barbaridad para quienes no tienen que firmar las facturas de gastos.

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A Poveglia junto con buscadores de fantasmas, sacá tus propias conclusiones. No los ven, pero parecería  que los oyen.

Es cierto; Poveglia fue un horroroso depósito de muertos y moribundos hasta el punto que se asegura que el 50% del suelo superficial está compuesto por cenizas y restos humanos. Pero muy cerca de ella tenés la isla Lazzaretto Vecchio, con una situación nada diferente. A esa isla llegaban cada día  500 víctimas y presuntas víctimas de la peste. Y es seguro que en la desesperación y el apuro, no había isla ni canal donde no arrojaran muertos. ¿Por qué razón hacemos la salvedad de “presuntas víctimas”? Pues porque bastaba que estornudaras para que sospecharan que tenías la peste, te agarraban entre cuatro y te llevaban a esa isla donde, ahí sí, no te escapabas de contraer la temida peste negra. La peor pandemia en la historia de la humanidad.

De la peste negra hay antecedentes desde tiempos bíblicos, pero la que afectó Europa en el siglo XIV, con un pico entre 1347 y 1353, fue la peor de todas. Mató a unos 25 millones de personas en ese continente y otros 60 millones en Asia. Estamos hablando de un 30% de los habitantes de las zonas más populosas del mundo.

Aunque debido a la superpoblación faltaban alimentos y sobraban conflictos (¡ay, Malthus!), quizás no fue la pobreza aterradora de ese período histórico, sino la manera de alimentarse la que debilitó las defensas de gente de todas las clases sociales. No se salvaba nadie y no había plegarias ni pócimas ni relicarios que sirvieran de nada. Desconociendo la existencia de la bacteria Yersinia pestis y su singular trayectoria a bordo de una pulga de las ratas, ¿a qué cosa podría echársele la culpa en medio de la atroz ignorancia medioeval? A los judíos, naturalmente, más adelante también acusados de introducir la sífilis.  Aunque tampoco ayudó que los persiguieran y mataran; la peste también los mataba a ellos, a los moros y a quien se cruzara por el camino, así fuera rey, sacerdote o mozo de cuadras. (http://es.wikipedia.org/wiki/Peste). ¿Querés un paralelismo con actualidad? Cuando apareció el sida, se acusó a los negros de África y a los haitianos, de haberlo gestado. El racismo puede ser muy ingenioso.

Faltaba un siglo para que el Véneto y la Toscana asombraran al mundo con las artes y las ciencias; en ese momento estaban construyendo las bases de un mundo mercantil (que a la larga lo mejoró todo), compitiendo con  los restos de lo que fuera el imperio bizantino, con las potencias islámicas y con vecinos, como Génova. En esos tiempos, las islas de Venecia, entre las cuales se contaba Poveglia, fueron fortificaciones que en este caso contenía al “Octógono”, una ahora saqueada construcción militar, capaz de descargar su artillería sobre una nave de guerra hostil, viniera de donde viniera. Su utilidad militar desapareció luego de la peste, cuando comenzaron a denominarla “la isla de los muertos”. En la confiable Wikipedia estiman en más de un millón las personas yacen en esa pequeña isla; otras fuentes hablan de 300.000.

Y esa es solo una de las historias aterradoras de Poveglia. En 1930 instalaron allí un monumental hospital psiquiátrico y los pacientes fueron los primeros en informar que por las noches aquello era un corso de fantasmas. Gritaban, se quejaban e imploraban que los sacaran de allí, pero ¿quién le hace caso a un loco? Tampoco les creían cuando decían que los médicos los torturaban.

Pero eso era lo que ocurría al mando de un director que todas las fuentes mencionan pero nadie pone el nombre. Al parecer, este infame experimentaba con los pacientes a quienes practicaba lobotomías y trepanaciones con herramientas tan rudimentarias como taladros de mano, cinceles y martillos. Dicen que los gritos eran insoportables y que era mucho más frecuente que antes escuchar las campanas a vuelo en una iglesia que ya no tenía campanario. Es más, aseguran que los campanazos aturdían a toda la laguna de Venecia.

Ponele que fuera todo una fantasía, pero no lo fue para el infame director del Hospital, que un día se subió a ese mismo campanario y se tiró para abajo. ¿Y los campanazos? Bueno, aún se oyen repicar en la niebla. En  1960 una familia adinerada compró la isla con la idea de hacer una finca de descanso; pero no funcionó, pues a los pocos días de instalados una hija tuvo un accidente que nadie describe, pero que le causó heridas de magnitud en la cara. Así que abandonaron la isla y solo cultivaron un viñedo estando en ella el tiempo mínimo para cumplir con las tareas vitícolas, sin pernoctar.

Si uno se guía por la información disponible, esa familia, nunca mencionada, todavía es propietaria de la isla, lo que no explica cómo el estado Italiano la ofrece en venta. Pero como han visto, son muchas las cosas en esta isla embrujada que no tienen explicación.

La lancha en que llevaron a Riggs, el pequeño canal divisorio y el campanario, hoy farola de navegación

Lo que a mí más me impresionó, fue el artículo publicado por Ranson Riggs en http://mentalfloss.com/article/24658/strange-geographies-happy-haunted-island-poveglia , posiblemente porque las fotos y el enfoque me parecieron estupendos. Aconsejo la lectura y advierto que está en inglés. Casi todas las fotos de este artículo proceden de allí y de Wikimedia Commons.

El amigo Riggs se escabulló de las guardias que impiden llegar a la isla y, junto con un obsequioso veneciano y su lancha, recorrió todo minuciosamente en el 2010. No vio ni un solo fantasma, pero encontró registros de los huesos, así como unas habitaciones repletas de hojas arrancadas de libros andá a saber con qué oscuro propósito. Quien destruye vidas, también puede destruir ideas.

El autor estaba buscando material para un artículo en http://mentalfloss.com, otro muy recomendable sitio web y se encontró con las mismas contradicciones que a mí me dejaron tan vacilante que repito con la condición de que el lector las tenga como algo a comprobar, o algo realmente poco fiable. ¿Qué hacer en un caso así? Siempre cualquier cosa menos censurar y esconder. Y advertir; aunque el lector no debería necesitarlo, jamás debería dar nada por absolutamente cierto, esa es su obligación y la nuestra es ofrecer elementos para que saque sus conclusiones.

Por ejemplo, a él le aseguraron que allí nunca funcionó un hospital psiquiátrico sino una residencia para ancianos. También le dijeron que los cadáveres en la isla no eran tantos como se aseguraba, pero Riggs encontró pruebas inequívocas del funcionamiento de un hospital psiquiátrico (ver la foto).  No le fue fácil encontrar un lanchero dispuesto a ir a esa isla, aunque nadie argumentó una negativa por los fantasmas, las excusas fueron difusas … y costosas. Finalmente llegó a un acuerdo con un lanchero que agregó el servicio de un almuerzo preparado por él mismo en una cocinilla a gas.

El campanario se distingue desde lejos, la iglesia fue construida en el siglo XII, pero ya no cumple esa función. Desde el siglo XVIII es una farola, aunque conserva todo el aspecto de un campanario. No quedan vestigios del aspecto original del octógono, del cual hay innumerables reseñas militares, como por ejemplo, que fue utilizado por los ingleses durante las guerras napoleónicas, para emboscar a los franceses.

Riggs entró a la isla por el canal que rodea al octógono y amarró junto al hospital, entre los árboles. El lugar no le pareció espeluznante en absoluto, sino un bellísimo remanso rodeado de agua azulada y transparente, con ruinas y vegetación subyugantes.  Buscando información en bibliotecas, el autor comprobó que sí, que también había sido residencia para ancianos indigentes hasta 1968 y que la isla está vacía desde entonces, aunque cada tanto llegan operarios que ponen andamios y procuran asegurar construcciones que amenazan derrumbarse. Hay pescadores artesanales que, esos sí, le sacan provecho a la isla tendiendo sus redes desde ella.

Dice Riggs que Poveglia es una de las tres islas “lazareto” y de cuarentena, en la laguna de Venecia. La isla Lazareto Vecchio está a tiro de piedra y fue la primera de ellas. Los venecianos no sabían cómo se producían las enfermedades, pero les quedaba claro la necesidad de aislar a los enfermos al menos durante “quaranta giorni”, según sus médicos. De Venecia sale la palabra “cuarentena”.

Me tomé el trabajo de cotejar las versiones de la Wikipedia en lengua española e italiana y me llevé una sorpresa: en muchos aspectos parece que no estuvieran describiendo el mismo lugar. No hay nada terrorífico en la versión en italiano (pero los esqueletos no dejan mentir) y hablan de un pasado glorioso con pesca, salazón y cultivos, a pesar de sus escuetas 7,25 hectáreas. En ellas, dicen en italiano, hay once edificios, uno de los cuales es la iglesia de San Vitale. Ese templo parece haber sido de relevancia, pues en había reliquias que hoy se exhiben en la iglesia de Malamocco. ¿Y el terror? Terrore nessuno, ragazzo.

Volviendo a la versión de Riggs, cuando se produjo la epidemia de peste, ni los príncipes se escapaban de ser confinados en la isla para correr la misma horrible suerte que sus súbditos. Así lo determinaban los médicos que los atendían con esa singular máscara con pico de ave, cuya funcionalidad era la de servir de depósito a yuyos que se suponía filtraban lo que fuera que producía la enfermedad.

¿Querés un poco más de horror? Esos mismos venecianos que inventaron la cultura, el periodismo, la ciencia, la banca, el comercio y tantas cosas más tan loables como aquellas, también eran capaces de creer en los vampiros. Los arqueólogos que trabajaron en la isla, encontraron un cráneo con un ladrillo entre los dientes, cosa que a nosotros no nos mueve un pelo, pero que a los estudiosos de esta superstición, les dice que a esa persona la habían identificado como un vampiro y le habían puesto el ladrillo en la boca para matarlo de hambre. Nunca imaginaron lo ingenioso que podía ser un tipo con Béla Lugosi, a quien un ladrillo en la boca solo le hubiera dado más apetito.

Hablando de apetito, eso fue lo que le dio a Riggs su minucioso relevamiento de la isla, pues el autor no es de esos que se asustan con bultos que se menean sino todo lo contrario. Lo que lo sorprendió y lo destaca, es que luego de una historia tan tenebrosa, la naturaleza pareciera empeñada en borrar todo rastro. Aunque abandonados, los viñedos continuaron creciendo y diseminándose en ese increíble vergel que es Italia, hasta penetrar en las construcciones, invadir balcones y ventanas como para santificar un lugar diabólico.

No relata que hubiera uvas maduras, pero sí lo atrajo el aroma de un pulpo servido con polenta y un risotto aromatizado con ortigas cosechados entre la maleza. ¿Qué más se podía pedir? ¡Claro! Un vino que en Italia debe ser nacional y unas galletas de almendra que el lanchero trajo, todo casero, todo de chuparse los dedos.

¿Y los fantasmas? ¿Y el terror? Andá a saber, capaz que no se le aparecen a los que no son propensos y a los que hablan italiano. Lo que sí me admiraría, es que en lugar del miedo que es un sentimiento egoísta, tuvieras un instante de evocación y solidaridad con esos miles de personas que tuvieron allí la más horrorosa de las agonías y que ahora seguramente no se manifiestan asustando gente que nada tuvo que ver con sus penurias, sino que dan sustancia a esa imparable vegetación.

Guillermo Pérez Rossel

http://tejiendoelmundo.wordpress.com/2012/01/14/poveglia-la-isla-de-los-muertos-veneciana/

http://es.wikipedia.org/wiki/Poveglia

http://it.wikipedia.org/wiki/Poveglia