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La Pietá

Un respetuoso viaje hacia el dolor y las singularidades de esta escultura

Es un sentimiento tan desgarrante el que experimenta la virgen María, que trasciende las exteriorizaciones exageradas. Miguel Ángel no se apoya en un llanto exibicionista, ni rictus ni  ademanes, ni cualquier otra espectacularidad. Por el contrario, el conjunto exhibe  inesperada serenidad; es sutil en su imagen de sufrimiento y, por eso mismo resulta mucho más profundo.

Por allí muestro cómo imaginaron este instante otros pintores de extraordinaria fama, incurriendo en todo eso que se reprueba en  la crónica policial… y  que tampoco se les puede reprochar a los artistas ante este  tema. Miguel Ángel no consideró necesario exhibir  lo que siente la Madre de Dios en ese instante, uno ya lo imagina;  este es un momento todavía peor a lo que ya sufrió, cuando la resignación se niega a presentarse y un sinnúmero de sentimientos se agolpan en su espíritu torturado.

En cuanto a Jesús, tampoco hay sangre ni vestigios de una espantosa agonía; solo la serenidad de la muerte tal como debería concebirla un cristiano convencido. Rigurosamente anatómico, se descubren sin que sean dominantes, la herida en el costado y los estigmas de la pasión, en manos y pies. Es una persona muerta, pero es mucho más que un simple y patético cadáver.

Es increíble la sutileza a la que apeló un artista casi sin experiencia, pues Miguel Ángel tenía apenas 24 años cuando le encargaron esta escultura. En lo personal, junto con el David que también es obra suya, considero que son las dos piezas más extraordinarias de la historia de esta disciplina.  A lo largo de su vida, el autor volvió sobre el tema, pero nunca más estuvo tan inspirado como en ese período entre 1498 y 1499 en que realizó La Pietá.

Volveremos sobre este asunto, pero ahora es bueno resaltar un detalle que no se le escapa a casi nadie. A la Virgen se la muestra en la plenitud de su juventud, tanto que su hijo Jesús aparenta mayor edad que ella, lo cual podría parecer una incongruencia… o al menos otro de los misterios a los que nos tiene acostumbrados Miguel Ángel. Tampoco pasó desapercibido este hecho en aquellos tiempos; se lo recriminaron y dicen que él respondió: “Las personas enamoradas de Dios no envejecen nunca”. Mmmmm… buena respuesta, pero poco convincente, seguro que hay alguna otra explicación más profunda, pero nadie la encontró.

Aunque es inusualmente frecuente que los grandes artistas tengan personalidades un poco estrambóticas, el caso de Miguel Ángel se lleva todos los premios. ¿Cómo se animó a desafiar tantas expectativas y prejuicios cuando con seguridad necesitaba imperiosamente el dinero del encargo?

Rafael, Rubens y Botticelli. tres interpretaciones de una misma escena

Quien había contratado a ese joven casi desconocido, eran el cardenal de San Dionisio, Jean Bilhers, embajador del rey de Francia ante la Santa Sede y tipo prolijo en todo lo que hacía. El contrato era muy detallado, y además de los 450 ducados de oro que exigía Miguel Ángel, se establecía que la obra debía estar terminada antes de un año. Tanto este artista como Leonardo da Vinci fueron famosos por sus demoras y hasta por dejar inconclusas sus obras. Si no terminás en fecha, no cobrás. Y Miguel Ángel se tomó 363 días para entregarla ¡no me digas que no fue de caprichoso! Da un poco de pena que tanta morosidad ocasionó que Jean Bilheres no la viera terminada; había fallecido unos días antes. La escultura tuvo su emplazamiento inicial en la tumba del cardenal, en la Capilla de Santa Petronila del Vaticano. Recién en 1749 fue ubicada en la Basílica de San Pedro, en la primera capilla a la derecha.

Para que puedas recordar lo que viste o descubrir lo que no viste:

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En una pieza tan sutil y equilibrada, sorprende la firma del autor en una cinta en pleno pecho de la Virgen, ubicación  frontal y desafiante. Allí se expresa:  «Michael A[n]gelus Bonarotus Florent[inus] Facieba[t]» («Miguel Ángel Buonarroti, florentino, lo hizo»).  ¿Te sorprendería saber que esta es la única obra que firmó en toda su larga vida? Hay una hipótesis al respecto que parece muy atinada. Al ver la increíble calidad de la escultura producida por un jovencito de 24 años, muchos pueden haber dudado de su autoría y Miguel Ángel en uno de sus frecuentes ataques de furia, abría puesto su autoría de manera tal que nadie pudiera ignorarla ni suplantarla.

Está bien, y por supuesto nadie duda que fue este florentino el autor de semejante prodigio… pero no he encontrado ninguna explicación para otra incongruencia. En el futuro, las mujeres que esculpió y pintó, aunque espectaculares, lucen musculatura casi masculina. Esta es, por lejos, la mujer más femenina de todas.

Como hizo casi siempre, Miguel Ángel escogió personalmente el bloque de mármol blanco en las cantgeras de los Alpes Apuanos de la Toscana. Es posible que ya tuviera la idea en su cabeza y, según su criterio, tenía que encontrar la piedra que dentro de ella escondiera esas figuras, pues él creía que la tarea del escultor era quitar el sobrante hasta llegar a la figura que ya existía. Es, naturalmente, un monobloque de 1,74 por 1,95 m. sin  trozos agregados.

Como toda la obra del artista, la composición es estudiada y perfecta. Aunque actualmente casi recostada contra una pared de mármol, la obra funciona desde todos los ángulos, no tiene un frente. Debería poder apreciarse desde todas las perspectivas, incluyendo la vertical, pues como lo demuestra una de las fotos, también desde allí tiene un nivel de perfección. Lo de la triangulación que se aprecia en otra foto, también está muy bien y hasta se lo supone enigmático, aunque en este caso parece como una circunstancia inevitable.

Es probable que esta obra temprana se haya transformado en una obsesión para el resto de su vida y hasta en sus preparativos para la muerte. No es el lugar, ni se presta la capacidad del autor, para abundar en detalles, pero Miguel Ángel hizo muchos otros intentos, el más famoso de los cuales es el de la Piedad Florentina, también llamada Piedad Bandini, conservada en el Museo de la Ópera del Duomo y trasladada en 1960 a la Catedral de Florencia.

La hizo para que fuera instalada en su propia tumba, pero luego cambió de idea y se la vendió a Francesco Bandini. Muestra el cuerpo de Cristo sostenido por Nicodemo (a quien puso su propio rostro), abrazado por la Virgen María. A la izquierda, figura María Magdalena. No se necesita ser crítico de arte para apreciar que esta pieza ni se le acerca a La Pietá que nos ocupa. Es probable que Miguel Ángel haya llegado a la misma conclusión, con el resultado de que la emprendió a martillazos con la escultura y nunca la terminó. Fue su discípulo Tiberio Calcagni el encargado de completarla.

Dicen que fue su criado quien impidió que Miguel Ángel la destruyera por completo. Sorprendentemente, Calcagni respetó algunos de los daños causados como si hubieran sido parte de la inspiración artística. Quizás sabía lo que hacía, pues además de discípulo era amigo de Miguel Ángel y seguramente no quedó conforme con la explicación múltiple y confusa que dio el genio, para explicar su malhumor y su embestida contra la obra. Dijo que el criado lo tenía cansado con sus sermones para que la terminara, que había encontrado una grieta inesperada en el mármol y que se le había dañado el brazo de la Vírgen, todo lo cual le había hecho perder la paciencia.

En verdad, aunque vanidoso por mil, Miguel Ángel era un crítico severísimo de sí mismo y nunca quedó conforme con nada de lo que hacía.

El ataque

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De cualquier manera, esas eran razones más valederas para destruir una de sus obras, que las esgrimidas por Laszlo Toth, un geólogo australiano de origen húngaro, quien al grito de “Yo soy Jesucristo resucitado de entre los muertos!” se abalanzó sobre La Pietá con un martillo. Fueron quince martillazos antes de que pudieran bajarlo; bastó para causar 50 roturas en la escultura.

Fue el 21 de mayo de 1972 y hasta quedó documentado en un video que copiamos. Rompió el brazo izquierdo y el codo de la Virgen, con la cual se ensañó. La nariz estaba prácticamente destruida, igual que los párpados. La restauración se realizó en unos talleres próximos a los Museos Vaticanos, con el inapreciable auxilio de cantidad de réplicas existentes. El autor de este atentado, un enfermo mental con antecedentes, fue retenido en un manicomio de Italia hasta que, un año después, fue enviado a Australia.

Desde entonces La Pietá está protegida por una pared de vidrio especial a prueba de balas.

http://es.wikipedia.org/wiki/Piedad_del_Vaticano

http://arquitecturaycristianismo.wordpress.com/2012/09/30/la-piedad-de-miguel-angel

http://tom-historiadelarte.blogspot.com/2012/02/la-pieta-de-miguel-angel.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Piedad_florentina

 

Guillermo Pérez Rossel