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Buenos Aires (3) estancias de película

 

Cuarenta dormitorios para una viuda sin hijos y la alegre francachela de Gardel y Razzano con el príncipe de Gales. 

¿A que no sabías que Gardel y Razzano alternaron con el Príncipe de Gales un improvisado espectáculo en semejante estancia? Así que a la larga para algo sirvieron tantos dormitorios, además, de a poco fueron convenciendo a la dueña para que se diera (y compartiera) algunos gustos.

Esta es la tercera y última entrega de nuestro colaborador, quien resalta aunque no a modo de disculpas, que doña Concepción era muy querida por la gente humilde del entorno, debido a sus frecuentes donaciones.  

Por Alberto Moroy

La estancia Huetel  de Concepción Unzué de Casares,  esta ubicada en el partido de 25 de Mayo, Provincia de Buenos Aires, a 220 km del Obelisco porteño. Es una de las estancias más suntuosas del país.

De inconfundible estilo Luis Xlll, a medida de una estancia prosperaba, sus dueños o bien agregaban habitaciones al viejo casco o levantaban una opulenta casa nueva alejada a la original y construían una capilla en el parque. El establecimiento tienda sesenta mil hectáreas en el partido de 25 de Mayo, permitió a su propietaria dar rienda suelta a su fantasía y transformarlo en una copia de un château francés de periodo de los Borbones.

Su constructor fue el arquitecto francés  Jacques Dunant, el mismo que intervino en el Hotel Carrasco y de la catedral de San Isidro en el barrio homonimo (Bs.As.).  Jacques Dunant, ginebrino, de formación francesa, trazó los planos de Huetel, formidable masa que llegó a contener (puesto que se hizo por etapas) más de cuarenta ambientes destinados solamente a dormitorios. Si se reflexiona que Concepción Unzué era viuda y no tenía hijos resulta asombrosa semejante instalación.

Matrimonio Casares / Arquitecto Jaques Dunant

Huetel  es testimonio de los logro de la familia que en tres generaciones se había convertido en una de las mas ricas del pais. Cuando Saturnino falleció en 1886 dejo una herencia copiosa. Concepción, casada con Carlos Casares fue una mujer muy rica dentro de la sociedad.

En araucano Huetel alude a nuestra tortuga de campo; la mulita, y podría resultar incongruo para un palacio Luis XIII con mansardas, torrezuelas y jardines versallescos, pero reflexionemos que si se conservó el nombre que los indios daban al paraje, es porque habiendo éstos perdido su poder destructivo, era ya posible considerarlos románticos; una elegancia intelectual que hizo que indescifrables vocablos guaraníes y araucanos reemplazaran a las tradicionales advocaciones de santos hasta el siglo XX casi mandatorias.

La construcción de la casa empezó en 1906, pero Carlos Casares falleció en 1907 sin alcanzar a verla terminada. La mansión, que se inauguró dos años después resultó ser un edificio elegante, con escalinatas de mármol, terrazas con amplios balcones en el primer piso y mansardas gris azuladas en la planta alta, tenía decenas de salones y habitaciones. Todo hacia suponer que Huetel seria el marco adecuado para una activa vida social.

Pero Concepción Unzué era una mujer retraída, de pocas palabras, pero tenaz y voluntariosa. Para controlar la marcha de las plantaciones la recorría en un cochecito tirado por un petiso. Muy piadosa, regalo a la población rural escuelas, hospicios y hospitales.

El Príncipe de Gales y Gardel

 

“En 1925 el Príncipe de Gales, que seria Eduardo Vlll se detuvo un par de días en la estancia. Llego en tren hasta el corazón del establecimiento, que disponía entonces de un ramal de Ferrocarril Sud y de andén propio. Según la crónica, exhausto de las funciones protocolares, el príncipe se dio el lujo de quedarse a dormir hasta tarde en el vagón y de no concurrir a los festejos realizados en su honor. Sin embargo, por la noche se deleitó con un excepcional espectáculo de tango ofrecido por el legendario don Gardel – Razzano, traído especialmente para esa velada

Gardel en la estancia 

Según Razzano, el mismo Alvear los contrató para entretener a Eduardo en Huetel. Los cantores viajaron el 25 de agosto junto con los guitarristas Ricardo y Barbieri, más el agregado de su valet Mariano Alcalde. Cuando llegaron a la localidad, su sorpresa sería mayúscula, ya que fueron recibidos por el príncipe en persona, quien les firmó autógrafos y condecoró con medallas de oro que exhibían su imagen.

Hospedados en estancia de Concepción Unzué de Casares, los músicos compartieron con el noble y su comitiva un asado vespertino, pues el príncipe solía tener hábitos más bien noctámbulos, y tras una frustrada invitación a participar en una cacería, el homenajeado se retiró para cenar con su comitiva. Un cronista de La Razón, que se hallaba presente, narraría los hechos sucedidos esa noche.

“Poco después de las 22, llegaron al gran hall del palacio, donde se hallaba haciendo tertulia de sobremesa el reducido núcleo de comensales, el conjunto criollo Gardel-Razzano. Los populares cantores criollos con sus guitarristas, se instalaron en un ángulo del salón e iniciaron el programa con la ejecución del celebrado dúo ‘Linda provincianita’”. El príncipe festejó con entusiasmo la performance de los músicos, y a continuación entonaron “Galleguita”, “Claveles mendocinos”, “La pastora” y “La canción del ukelele”.

Galleguita

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Al ver la reacción positiva del agasajado, Sánchez Elía tomó la posta improvisando un repertorio donde se intercalaban canciones norteamericanas e inglesas, para beneplácito del príncipe. Al rato, toda la concurrencia cantaba “Honolulu blues”, “Oh yes, we have not bananas” y otras canciones de moda.

El clima distendido y alegre entusiasmó a tal punto a Eduardo que poco después subió a sus habitaciones para buscar su ukelele, el cual llevaba consigo en sus viajes. Gardel no daba crédito a sus ojos, al igual que Razzano. Eduardo de Windsor templó el instrumento con seriedad, y acto seguido interpretó la popular canción hawaiense que lleva el nombre del instrumento. Tras los aplausos de la concurrencia, el príncipe se animó a más, llegando a entonar y acompañar las canciones criollas que el dúo interpretó a continuación.

We Have No Bananas, 1923

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Vista de frente / Capilla / Lago

Ubicacion  35°50’51.11″S  60°37’49.19″ w

Nada saciaba el ansia de creación con que la espléndida mujer manifestaba su personalidad principesca y a partir de 1912 surgieron de ella, sin pausa, iglesias góticas e instituciones diversas para honrar la memoria de su marido, su padre, sus tíos… San Isidro y también Flores. Concepción Unzué murió casi centenaria en 1959.

Como no tenia hijos dejó la Estancia a su sobrina Josefina Álzaga Unzué de Sánchez Elias, cuya hija Josefina Sánchez Alzaga Larreta, era la dueña de Huetel. Poseía allí 7.000 hectáreas y una cantidad similar que fue de su hermano Horacio, está en manos de María Elena Unzué.”(20 años atrás)