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Liubliana, ¡todo lo que falta conocer!

Esta increíble joyita es la capital de Eslovenia, un país que  nos había quedado medio oculto entre tanto belicismo en la región.

Apenas los señores de la guerra se aburren, o se termina la riqueza que querían saquear, entonces los pueblos vuelven a brillar. Mirá qué prolijito dejaron el país desde 1991,  cuando se independizaron de Yugoeslavia y se terminó esa mala historia entreverada de  serbios y croatas en una de las regiones del mundo más castigada por la violencia bélica y por los terremotos… pero increíblemente agraciada por la naturaleza y por la naturaleza de su industriosa gente.

No embolemos a los compañeros que no disfrutan la historia, sobre todo en el caso de esta ciudad creada como campamento romano en el Siglo I antes de Cristo, momento a partir del cual hubo más espadas que arados en las laderas de las montañas. Dejemos que quien tenga interés se informe en la Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Liubliana ) y en la web oficial (http://www.ljubljana.si/) que no está en español, pero que, como bien sabés, podés pasar por “Google Translator” y llevarla al idioma que quieras.

Y aunque nos gustaría que continúes leyendo nuestro artículo, también tenés la web oficial de turismo que nos resultó una de las mejores que vimos, hasta con utilidades para seguir todo desde tu Smartphone. La encontrás en http://www.visitljubljana.com.  De esas webs, de algún sitio promocional y de la infatigable Google Earth, proceden las fotos que publicamos en baja definición, como corresponde.

Imagen de previsualización de YouTube

¿Te gustaron las muchachas/chos  que aparecen en la filmación? Ahi tenés otro motivo para aprontar las valijas… pero no te hagas demasiadas ilusiones.

¿Continuaste con nosotros? Muy bien, gracias.  Entonces de entrada te vamos a reconocer que con todos los kilómetros que debemos recorrer para llegar a Liubliana, es seguro que este destino formará parte de otro un poco más surtido. Por ejemplo, a apenas 66 kilómetros tenés Klagenfurt , otra maravilla, esta vez austríaca.  Trieste, sobre el Adriático, en la frontera con Italia, está a apenas 72 kilómetros y Zagreb, la capital de Croacia, el país que está de moda en los paquetes turísticos, dista apenas 117 kilómetros. A un tirón un poquito más largo, tenés a Viena (278 k) y Budapest (442 k). Y no te olvides de Munich, que es una ciudad que te puede enamorar, como lo hizo conmigo. Todo con excelentes carreteras.

Hay unas grutas impresionantes en las proximidades

Así que te me instalás en  Luibliana (si sabés algo de ruso eso suena a amor apasionado), agarrás un compás y lo ponés arriba el mapa para que no se te quede ni un pueblito para recorrer en 150 kilómetros a la redonda. Nadie sabe cuándo las armas vuelvan a sonar para desgracia de esta tierra, ¡que ni Marx ni Smith lo permitan! Como  la ciudad fue destruida muchas veces por invasores, es una desgraciada precaución que debe tomarse.

Si sos lector consecuente de Viajes, ya habrás lamentado el poco respeto que le tengo a la información prolijita de esa historia que siempre narra todo desde el punto de vista de los que ganaron. En cambio, me encantan las leyendas y hasta me parecen más creíbles. En este caso Liubliana tiene una que es una maravilla. Parece que  Jasón y los Argonautas se dirigieron al norte remontando el Danubio luego de haber encontrado el Vellocino de Oro. Desde el Danubio dieron con el río Ljubljanica, donde desembarcaron para arrastrar el barco hasta el Adriático.

Si te entusiasma, podés seguirle los pasos a Jasón y detenerte en un lago que hay entre Liubliana y Vrhnika, pues del fondo de ese lago salió un dragón que no pudo ni con Jasón, ni con el poeta que inventó esa historia hoy presente en los escudos de varias ciudades de la zona. ¡Qué me venís con fechas de batallas y nombres de generales!

El verano es cálido en Liubliana, pero si vas en invierno, te encontrarás con registros que pasan de largo los 20 grados bajo cero. Claro que al frío lo compensa el paisaje nevado y los lagos congelados que conforman otra postal. Además, hace dos mil años que los locales ¡tienen calefacción! Los romanos que la fundaron eran unos fenómenos, y no solo pusieron conductos de circulación de agua caliente, sino también alcantarillado y, por supuesto murallas. Verás restos de todo eso, aunque los Hunos y los Hotros  procuraron destruir.

También te mostrarán, donde estaba la muralla de alambrado de púas de 30 kilómetros de extensión, que los nazis instalaron para defenderse de los patriotas yugoslavos. El recorrido de esa alambrada es hoy un camino por donde pasea la vergüenza de los eslovenos que cedieron al colaboracionismo.

Dos recomendaciones un poco contradictorias. Dicen que la noche en Liubliana es algo que no podrás olvidar (o no podrás recordar). La otra recomendación tiene relación con los hospedajes campesinos, donde dicen que además de tratarte como alguien de la familia, te agasajan con recetas tradicionales.

Pero no es tiempo de recriminaciones, sino de construir un nuevo país y alimentar la paz mientras se pueda. Eslovenia forma parte de la Unión Europea y goza de todos sus privilegios, entre los cuales uno nada menor, significa que no tendrás que hacer aduana, pues ya entraste a la comunidad de naciones, esa cosa que acá no logramos consagrar equitativamente.

La ciudad tiene unos 270.000 habitantes y tiene fama de segura y pacífica.  Naturalmente te alojarás en el casco histórico, con una arquitectura que recuerda a Salzburgo y que se mantiene intacta pese a los terremotos. Esta ciudad antigua tiene dos barrios, el del ayuntamiento y el barrio de los Caballeros de la Cruz , donde están la Iglesia de las Ursulinas y el magnífico edificio de la Sociedad Filarmónica, así como la Casa Cankar. La zona tendrá influencia austríaca, pero también se ve la marca del  arquitecto esloveno Joze Plecnik, una maravilla de diseñador.

 

El Castillo de Liubliana no se sabe cuándo fue construido, pero hay documentos que lo citan en 1144, cuando era la sede del Ducado de Carintia.  Cuando llegan los Habsburgo, en 1335, lo destruyen como para no perder la costumbre; pero en 1495 esta misma gente industriosa que verás por la calle, ya lo habían reconstruido casi como ahora se lo ve. ¿Podrás creer que estos tipos pusieron un hermoso funicular conectando el centro de la ciudad con el Castillo?

Para una ciudad con esa cantidad de habitantes, es asombrosa la actividad cultural, las universidades, los centros de investigación,  teatros, salas de concierto, ballet, museos… y también estadios deportivos.  Tendrás problemas de idiomas, pero en algunos casos sirven de ayuda los smart phones, ¡bendito seas Graham Bell y todos tus nietos!.

En pocas cuadras a la redonda tenés una catedral, varias iglesias y conventos,  plazas que parecen de cuento y puentes que, por supuesto, te recordarán al famoso dragón de Jonás. No le metas la mano en la boca, no sea que la leyenda de golpe se transforme en realidad.

Lo de la slivovitza es una cosa muy personal, no me hagas caso, mandate una cerveza o un vino, que los de acá son de antología.

Quizás te guste recorrer las Ruinas de Emona, donde pueden verse partes de la muralla y el foro romanos, así como una necrópolis. En fin, si queremos abarcar todo, te puede dar un soponcio. Mejor cuando llegues allí, no le hagas caso a los locales y haciendo valer tu condición de extranjero, te pedís una slivovitza, que es una grapa de ciruelas yugoslava (o búlgara, andá a saber). Debe ser un gesto poco patriótico, pero la slivovitza bien vale una mirada recriminatoria. Pues bien, entonces te tenemos sentado a una mesa en una preciosa terraza al aire libre, con tu vaso y un pastel de nuez, o si querés seguir agraviando a esta buena gente, con un strudel.

Tendrás un manual, un mapa y mucha paciencia, porque las opciones son interminables. Si tu terraza está cerca del río Ljubljanica o su canal, entonces casi irremediablemente te dará por tomar un paseo en barco, lo cual será tiempo muy bien aprovechado… pero hay mucho más.

Por ejemplo, hay fuentes, algunas te recordarán la Piazza Navonna de Roma, en otras verás la imagen de Hércules, pues lo griego y lo romano continúan dándose cita en la ciudad.  Y también hay parques, el más imponente de los cuales es el Tívoli, en tanto que el más inesperado es uno que se denomina “Argentina”, pero no encontré la causa de tal homenaje.

 

Guillermo Pérez Rossel