ir arriba
Uruguay

America del Sur

America del Norte y Central

Europa

Africa

Asia

Oceania

Destacado

Home » Europa

Navia, pero no Eduardo

¿Alguien piensa que un periodista se puede retirar así como así? No señor, es imposible. En el caso de Eduardo Navia, sé que anda a las vueltas por internet encontrando cosas que todos deberíamos leer o escuchar y repartiendo, para que nos aproveche.  No es lo mismo que antes, pero en el fondo se parece.

En mi caso,  administro este sitio de Viajes y busco lugares, cosas o curiosidades que entretienen a unas cuatro mil personas cada día… y esa pequeña multitud me pone muy  contento. ¿Qué tema abordar en un primer día de marzo que anticipa un otoño  fastidioso? “Cualquier monedita sirve”, diría uno de esos muchachos en los semáforos. A mí se me ocurrió que, como tantos apellidos europeos entre nosotros, Navia escondía algún precioso lugar de España o Italia.

Y no me equivoqué. Navia es un hermoso pueblito costero del occidente de Asturias,  situado en el borde de una ría, que es una vía comercial y un punto de partida para la pesca desde tiempos muy remotos. ¡Qué mal estaría Europa para que nuestros ancestros abandonaran esos   acogedores lugares!

Comencemos por tu apellido, querido Eduardo. Si lo sabías, hacete el sota y no me estropees esta aventurita neoperiodística  que podría practicarse casi con  cualquier otro de nuestros apellidos yoruguas, salvo el mío.  Según el estudio realizado por Martín Sevilla Rodríguez, publicado en 1984, Navia es una expresión prelatina, indoeuropea, que significa “barco”. Naturalmente, deriva de “naus”  y palabras semejantes pueden encontrarse en otros idiomas.

Francamente, Eduardo, no te veo como marino. A vos la genética te llevó como capitán de barcos que surcaron océanos de tinta, con muchos grumetes aprendiendo en el viejísimo El Bien Público, estrenando el BP Color  y en tantas otras publicaciones o agencias internacionales. No habrás navegado mares, pero a muchos medios los llevaste a buen puerto.

Curioso es que también se denomina Navia, –y no descubrí por qué– un medio de locomoción que realmente me dejó entusiasmado. Es eléctrico, no necesita conductor y parece fantástico para trasladar gente pausada y seguramente por zonas peatonales que tienen tantas ciudades del mundo, incluidas algunas nuestras. Me los imagino, por ejemplo, deslizándose por las calles empedradas del casco histórico de Colonia.

Mirá el video y descubrí este otro Navia, que no es español, sino estadounidense.

Imagen de previsualización de YouTube

Ahora le pido al lector que se acomode en el período silúrico, hace una montonera de milenios, cuando el río ya existía pero era un hilito casi ridículo, que con impresionante perseverancia se fue labrando un cauce dándole la vuelta al monte San Esteban por el oeste y la colina de la Buena Vista por el Sureste. El río terminó horadando la pizarra y la cuarcita del subsuelo  y forjó un espacio de tres kilómetros de ancho, internándose desde la costa playera por los valles medios y la zona montañosa del interior, con alturas que no superan los mil metros. ¡La geografía se la jugó con Navia!

Desde 1958, aprovechando la marea alta y el empuje del descenso de las aguas, decenas o cientos de nadadores  se lanzan al agua para disputar el “Descenso de la Ría del Navia”, que así se llama la competencia tradicional del mes de agosto. ¿Qué querés que te diga, Eduardo? Tampoco te veo dando brazadas, aunque sea en bajada. ¡Pero si en Colón ni vos ni yo teníamos un triste arroyito descontaminado (contaminadísimo, había), ya no digo para nadar, sino para sacar alguna mojarrita! La piscina del Olimpia fue muy posterior a nuestra juventud, vos en el Colegio Pio, yo en el Liceo 9.  De lo único que podíamos descender era del tranvía 49, si no me equivoco.

Imagen de previsualización de YouTube

Si tuviéramos la salud y el ánimo para arrimarnos  hasta allí en estos tiempos, seguro que no nos daba por tirarnos al río, nos alcanzaría con la playa de Navia, una media luna de 337 metros, con buenos restaurantes, pero también con algunos puestitos,  donde nos mandaríamos alguna sidra asturiana por los viejos tiempos de redacciones fragorosas y lectores que nos apreciaban y respetaban.  Ibamos a alguna cobertura y sentíamos el murmullo “ahí viene el BP Color, mirá,  también vino El País”… y nos hacíamos los interesantes, como si fuéramos artistas de cine. ¡Já, mirános ahora, viviendo de recuerdos!

Volvamos al río, pues en él comenzaron todas las poblaciones vinculadas al lugar y toda la actividad que sustentó vida e inteligencia, desde antes de que el hombre fuera bípedo.  Son 160 kilómetros, siempre en declive, de manera  que la fuerza de sus aguas permitió la construcción de varias centrales hidroeléctricas. Cerca de sus nacientes, está  la pequeña aldea de Busnullán, en el Consejo de Pedrafita do Cebreiro, un lugar que califican como “lleno de simbolismo” en el Camino de Santiago. Dicen que no hay que perderse la hospedería de San Giraldo y una  rústica iglesia de la Alta Edad Media donde guardan lo que denominan el Cáliz del Milagro, una vertiente paralela al Santo Grial, o si tenés muuucha fe, el propio Santo Grial.

Imagen de previsualización de YouTube

En fin, supongamos que a diferencia de nosotros, el lector tiene  juventud y energía a reventar, en cuyo caso le podría resultar muy atractivo, no solo recorrer desde aquí el Camino de Santiago o conseguirse un kayak y descender por el río recorriendo paisajes que parecen un delirio del photoshop,… pero son de verdá. Así, sin esa “d”  final para que la palabra suene más fuerte. A esta edad  podés jugar un poquito con el léxico, siempre más frío que la expresión y la gestualidad coloquial… siempre que hayas conquistado lectores cómplices.

Si te da por la arqueología, podés rastrear los antecedentes preceltas de la región, hasta 300.000 años atrás, cuando algunos antecesores  ya andaban por allí, esperando el momento para se les presenta ahora para copar hogares, asaltar pizzerías y rapiñar mujeres en la vía pública. Pero esto es otra cosa. Hay abundantes rastros medievales, montados sobre los celtas y romanos.

¡Hay Eduardo! Si un milagro nos devolviera la juventud, te invitaría a tirarnos al hombro dos mochilas, algunas tellobas de sidra, queso, fiambres y pan de campo, para darnos una caminata por el borde de los acantilados mirando el Mar Cantábrico, ¡mirá lo que te digo! Entre castaños, nogales y abedules; aunque lo que abunda, como en Colón, son los eucaliptus.

Sé que como sos educado, no me vas a empujar para adentro de las tantas iglesias y capillas que encontraremos por el camino. Entraré contigo y me retiraré con respeto laico a la uruguaya, mientras trato de encontrar alguien con quien conversar sobre la cuadratura del círculo.

¡Pero si hasta encontré un hotel que parece hecho a la medida para nosotros! Se llama Arco Navia y está a diez metros de la ría, a sesenta metros de la parada de autobuses y lo rodean bares, restaurantes y tiendas. Seguro que por aquí encontrás tu querido “ristretto”, tan espeso que la cucharita queda parada en medio del néctar, amargo, pero néctar.

A propósito o a despropósito, encuentro algunas referencias al apellido Navia con origen italiano, pero parece más bien una cuestión de blasones que de geografía humana. Lo lindo del hotelito asturiano, es que parece arcaico, pero tiene habitaciones elegantes, con calefacción, WiFi y todas las comodidades, incluyendo organización propia de paseos a caballo y alquiler de bicicletas. La playa está a diez cuadras y Gijón está a 103 kilómetros.

¿Y por qué te digo todo esto si vos y yo andamos con una farmacia abordo? Pues porque vos tenés sobrinos y yo tengo nietos y nietas adorables, que hasta leen diarios y te consultan sobre noticias. Algunos ya manejan y nos pueden prestar un poquito de su energía. Nos vamos a Madrid donde tengo amigos, alquilamos un auto para que manejen sobrinos o nietos y apenas lleguemos a Navia, nos instalamos en uno de los restaurantes próximos al hotel, pedimos de rodillas que le  hagan una milanesa con papas fritas a los párvulos y nosotros nos mandamos, por ejemplo, un rodaballo a la plancha, unos pimientos rellenos de mariscos, o nos ponemos folklóricos con una empanada de choclo y tocino, que aquí llaman rapón.

Si no recuerdo mal, te gustan los dulces, en cuyo caso acá en Navia se impone la “venera”, un postre que combina almendras, azúcar y huevo y que no es turrón, es otra cosa vistosa que tendremos que pedir para ver a qué se parece.

Bueno Eduardo, puede que sea un sueño, pero de ellos vivimos. Mientras tanto, te dejo unos links para que empieces a viajar a los pagos de tus ancestros.

http://www.naviaturismo.com/v_portal/apartados/apartado.asp?te=4

http://www.destinonavia.com/

http://www.xn--espaaescultura-tnb.es/es/monumentos/asturias/castro_de_coana_parque_historico_del_navia.html

 

Guillermo Pérez Rossel

¿Querés ver otro artículo basado únicamente en apellidos de Uruguay? Mirá http://viajes.elpais.com.uy/2013/08/01/lei-e-bitontino/