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Trakai, mirá lo que nos estábamos perdiendo


Para arriba y para abajo, a los empujones con la historia, parece que recién ahora Lituana se está encontrando a sí misma y mostrándose a ignorantes como nosotros.

Porque, confesá, ¿qué sabés de Lituania, vos que tanto reprochás a otros que no saben nada de Uruguay? Pues para empezar, es una NACIÓN, así con todas las letras. No es ningún país inventado ni ningún ducado con pretensión jurisdiccional; no señor, los lituanos tienen un origen y un lenguaje casi tan misterioso como los vascos; a lo lituano le dicen “protoindoeuropeo”, como les gusta complicar a los que saben.

Y con esto no quiero decir que no haya uruguayos profundamente conocedores del bello país, sino más bien, que nuestra educación nos lleva de la nariz hacia las grandes potencias y nos desampara bastante de nuestros colegas de países chiquitos.

Todos los que venían, le arrancaban algún pedazo., pero su cultura fue tan fuerte que sobrevivió. 

La Rusia imperial les puso la bota encima, la Unión Soviética los anexó, ellos creyeron que los nazis venían a liberarlos y muchos lituanos metieron la pata hasta el cuadril, ayudando a las SS; pero aprendieron a los golpes y están recuperando su nacionalismo, así como su laboriosamente conquistado confort. Son tantos como nosotros (3:220.000) pero apretujados, aunque no lo parecen, en apenas 65.303 kilómetros cuadrados.

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Además, las lituanas son lindas lindísimas. Yo sabía algo de eso porque tuve una compañera de estudios lituana, que luego volvió a su patria; una rubia que partía las piedras y que ahora me entero que en su país no era nada excepcional. Andá mirando a Edita Vilkeviciute y reflexionando cómo harías para pronunciar el nombre si quisieras postularte como novio. Nació en Kaunas, Lituana, en 1989 y desde muy jovencita desfiló para Balenciaga, Chanel, Miu Miu, Vuitton y muchos más. Actualmente es el rostro de Karl Lagerfeld y enloquece a los japoneses, entre otros orientales.

Lituania merece más de un artículo, de manera que vamos a concentrarnos en un lugar en particular: Trakai, un pueblito de apenas algo más de 5.000 habitantes, lo que alcanza para que un europeo lo denomine ciudad. Ya verás por qué lo elegimos, pero antes estarás en Vilna que es la capital del país, a apenas 28 kilómetros. Para los uruguayos Lituana es una buena opción para curarse el complejo de inferioridad de nuestra dimensión geográfica y demográfica. Y la demostración de que con tan poca gente y todavía menos territorio, es posible que sus habitantes vivan muy confortablemente. Los lituanos deben ser protestones como nosotros, pero nadie consigna eso en internet. Si ellos lograron librarse de un gigante como Rusia, nosotros podemos librarnos no de Argentina que es un país hermano, sino de los malos argentinos.

Vilna, desde donde saldrás

Desde Vilna a Trakai verás los bosques lituanos, famosos en el mundo entero y ya en algo más nos vamos pareciendo. Aunque mirá como bailan y verás que también tenemos, felizmente, unas cuantas gruesas diferencias.

La postal obligada es el castillo de Trakai, construido sobre una isla e integralmente edificado en ladrillo rojo. No te engañes sobre su capacidad para resistir asaltos y asedios; ese ladrillo de generosa arcilla, cocido a altísima temperatura, resiste aún las armas modernas… pero no aguanta las traiciones ni los sitios prolongados. Te convendría ir los sábados, cuando las novias lituanas acuden en tropel para sacarse las consabidas fotos: ahí van tantas otras que nunca se enterarán de que existís.

Ahora, no es por tirar abajo tanta belleza, pero algo malo podrían esconder los jovencitos del país, cuyos matrimonios terminan en divorcio en un 50% de los casos, y ahí tenemos algo como para parecernos un poco. El castillo fue fundado por el héroe nacional de Lituana, Gediminas, en el 1320. Se lo construyeron bien y bonito.

Te diría que al llegar al pueblito de Trakai, lo conveniente sería que alquilaras una bicicleta y le dieras de punta al Parque Histórico en que se transformó la ciudad. ¿O sería más divertido alquilar una embarcación y surcar algunos de los casi 200 lagos que la naturaleza sembró en los alrededores? ¿Llegaste en invierno? Entonces, casi mejor, te conseguís unos patines y te patinás todos los lagos que puedas. ¿Sos un insoportable que no se conforma con nada? Entonces tu mujer se las arregla para contratar un paseo en globo y vos, o lo disfrutás o te morís de miedo, por fastidioso.

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Te van a recomendar volver a Vilna en el día, pero no te hagas compromisos; junto al lago el castillo hay un camping donde te alquilan bungalows de madera por si se te antoja quedarte a conocer. Acá tenés una buena guía con centro en Trakai: http://www.travel-lithuania.com/pages/other/101/Trakai_Tourist_Information_Centre

El Parque Histórico de Trakai tiene 130 kilómetros cuadrados cubiertos por lagos y otros 34 kilómetros cuadrados tapizados de bosques. Pero en el pequeño territorio también destacan los parques de  Aukštadvaris , Aukstaitija y Zemaitija, todos de grandes dimensiones. ¿Se te enredó la lengua con la pronunciación? No te preocupes, sentate en algún barcito y pedí una Trauktinė, por escrito, si no te animás con el nuevo trabalenguas. Es un vodka a base de hierbas fuertes, que también lo utilizan como medicina tradicional, mirá lo que te digo. Puede que no te cure nada, pero si te tomás tres vasitos, ya no te importa. ¿Lograste distinguir al menos una de las 27 hierbas con que saborizan la marca “999”.

Si se te fue la mano y particularmente si sos judío ashkenazi, que mucho incidieron en la cultura lituana, pedí unos Kreplech, que es una pasta rellena de carne picada, puré de papa u otro relleno. No son como los ravioles; se cuecen y sirven en caldo de gallina y si aparece un chino por ahí, dirá que son los wonton judíos, pero no es así. Los lituanos los comen cualquier día del año y lo bien que hacen, pero los judíos rigurosos los comen un día antes del Yom Kippur.

No te vayas de Lituania sin haber probado el Cepelinai, el plato más típico, una especie de dumpling elaborado con puré de papas y relleno de carne picada, que se acompaña de queso cuajado y hongos. Tiene unos 20 centímetros de largo y generalmente acompaña unas ricas costillas de cerdo. En este caso, los judíos miran, tentados pero respetuosos. Las religiones tienen eso, casi todas las cosas ricas o divertidas, son pecaminosas.

Ahora, no te creas que Lituania es una judería disfrazada, ya te dijimos que es un país con mucha personalidad… pero lo de los judíos quizás explica dos cosas: su prosperidad también tradicional y el hecho de que por acá vinieron y arrasaron los caballeros templarios, con el pretexto de la herejía pero bien que saquearon hasta el último rinconcito. No fueron los primeros ni los últimos saqueadores… pero no te preocupes, no te daremos una monserga histórica habiendo tantas lindas mujeres para mirar.

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Pero sí te diremos que pese a su prosperidad, la ciudad y el castillo varias veces en su historia, desde 1548, fueron reducidos a la ruina. Todo venía bien para el castillo que estaba siendo reconstruido, hasta que a Nikita Jruschov se le ocurrió, en 1960, que el castillo glorificaba el pasado medieval de Lituania y ¡zás! se acabó el dinero para el reciclado. En 1980 las obras se reanudaron y en 1990 las autoridades lituanas pudieron inaugurar el castillo que desde entonces, es uno de los mayores atractivos de la región.

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Ahí los tenés a todos, como era en la Edad  Media y como es ahora: cristianos, judíos de varias congregaciones, polacos, turcos, algunos alemanes y hasta caballeros templarios con cara de arrepentidos. ¡La gente se entiende sin problemas hasta que viene alguien a patear el avispero!  Debe ser alucinante poder formar parte de una celebración como esta.

¡¡Ahhh!! Te pesqué de refilón refistoleando a ver si era cierto que las lituanas eran tan lindas. Mirá tranquilo, ¿te convenciste o son ideas mías? Debe ser ese mix tan curioso.