ir arriba
Uruguay

America del Sur

America del Norte y Central

Europa

Africa

Asia

Oceania

Destacado

Home » Europa

Paris a las apuradas

No es por maltratar tu ego, pero formarás parte de los 30 millones de personas que cada año visitan París; no estarás haciendo nada novedoso.


Pero por algo tantos escogen la ciudad luz, llamada así porque fue la primera con iluminación eléctrica; nada que ver con el Siglo de las Luces, aunque algo de eso también hay.  Pues bien, entonces no sos un potentado que podés ir todas las veces que se te antoje y tenés que sacar provecho a tu primera vez.  Este es el enfoque de esta nota.

París no tiene 2000 años como cantaba Maurice Chevalier, sino al menos 2.500, pero eso cambia poco las cosas. Lo importante es que aquí nació el Iluminismo, corriente intelectual que también abarcó Inglaterra y produjo el Racionalismo, el Empirismo, sentó las bases para la Revolución Industrial, la Revolución Francesa y los derechos del hombre, nada menos y entre muchas otras cosas. Entre ellas la guillotina, pues nadie es perfecto.

La ciudad en sí misma es una obra de arte desde que fue remodelada, curiosamente con acierto, comenzando en 1852. De ese modelo con grandes avenidas, surgen ciudades como Washington, La Plata y hasta Brasilia.

El epicentro lo marca la avenida de los Campos Elíseos que recorrerás con paradas en algún bistrot hasta llegar al Arco del Triunfo, imponente y contrastante: por aquí paseó Hitler su ridículo bigotito y tiempo después pasearon los Aliados de la Segunda Guerra Mundial. Tendrás que trepar, (París también tiene eso), deberás trepar trabajosamente muchos monumentos, pero valdrá la pena.

Gerpol colgó esta foto en Taringa, París como la vería Quasimodo si todavía paseara jorobara en Notre Dame

Notre Dame por ejemplo, será una de esas escalas, literalmente. Te sorprenderá el techo de plomo y las uniones de las piedras tarugadas. ¡Qué invento el hormigón armado! Admirarás las gárgolas, te preguntarás su significado eventualmente religioso, mirarás las descomunales campanas y con un poco de suerte escucharás el órgano, ¡qué órgano!. Mirala por dentro, por fuera, contemplala desde el Sena, comprate un cuadrito de esos que venden los pintores ambulantes y luego arrepentite de haberlo hecho cuando vayas al Louvre.

Imagen de previsualización de YouTube

En el Louvre, no empujes a la multitud que está mirando la Mona Lisa;  hay mucho más que mirar y podrías perder precioso tiempo.

Los parisinos no son poco cordiales como algunos aseguran, lo que ocurre es que siempre están pensando -es lo que mejor hacen- y quizás vos no hacés mucho mérito para que se enteren de tu existencia. En lo posible, no les preguntes nada en inglés. Mejor, comprate una baguette rellenala con paté foie gras, conseguite una botellita de vino, te sentás con tu pareja al aire libre y consultás el manualcito que siempre te recomiendo. Pues esto NO es una guía, es una reseña para ayudarte a escoger un destino turístico.

París es inagotable y a pesar de su tamaño, es posible llegar a pie a los principales puntos; pese a lo cual es prudente comprar una tarjeta París Visite con la cual ahorrarás en todos los transportes y tendrás descuentos para muchas cosas.

 

Te recomiendo pinchar el mapa de Google y antes de llegar, consultar http://es.franceguide.com/ .

No hay suficiente espacio en estas reseñas para abarcar todo lo que deberás ver. ¿Cuándo podrás volver a París? Sin embargo, todavía hay cosas de visita obligada.

Si ya se te pasó el efecto del vino (une beaujolais, s’il vous plâit), podés intentar la Torre Eiffel y su vértigo, así como todo el formidable entorno de un artefacto devenido hermoso por la sugestión de la cultura. Tendrás que ir a Les Halles y ver el Museo Pompidou, también tendrás que tomarte un paseo por el Sena para contemplar no solo el paisaje, sino la asombrosa mezcla de gentes que pulula en los “bateaux”.

De noche, el Arco del Triunfo y los Campos Elíseos, imperdibles.

Te faltarían dos plazas: la de la Concordia, bellísima si no fuera por el recuerdo de que aquí funcionó la guillotina y la de la Bastilla, donde está la ópera del uruguayo Carlos Ott. Capaz que hasta te gusta esa intervención urbana modernísima en un barrio antiquísimo.

Finalmente, no podés salir de París sin una caminata por el París bohemio, aquél Montmartre “faubourg sentimental” que inspiró a Gardel. Quizás te ocurra lo mismo en este barrio que también inspiró a Renoir, Degás y a Toulouse-Lautrec. De paso, Le Moulin Rouge está en este barrio; vale la pena un poco de lascivia. En fin; seguí  con el manualcito y evitá que tu mujer entre a las Galerías Lafayette, yo se por qué te lo digo.

Imagen de previsualización de YouTube

Comer en París es un capítulo aparte, pero quizá te convenga acostumbrarte primero en los más baratos y deliciosos bistrot y dejar para el final esta aventura. Antes deberías dedicarte a visitar Versalles y en medio de esa opulencia justificar una vez más la revolución francesa, o ir también a Chartres para ver hasta qué nivel se desarrolló el arte de los vitreaux. El Valle del Loire, Reims, y muchas otras regiones de Francia pueden justificar excursiones complementarias si te da el tiempo.

Elaborado con fuentes propias y de las siguientes fuentes externas: www.wikipedia.org, www.flickr.com, www.youtube.com , www.viajeros.com , www.ciao.com

 Comer y beber en París

Te saldrá un ojo de la cara y si no sos un gourmet capaz que ni le sacás provecho, pero en París tenés la oportunidad de comer en un restaurante que funciona como tal desde 1686. En Le Procope comían personajes como Voltaire, Robespierre, Marat y hasta Benjamín Franklin. No los tendrás en la mesa de al lado, pero si te gusta alternar con las celebridades actuales, este es un buen lugar. Más famoso aún es Maxim’s donde los que saben dicen que ya no es lo que fue, aunque tiene un museo Art Nouveau insuperable, de la mano de Pierre Cardin.

En Drouant, en el barrio de la Opera, se reunían personajes como Renoir y Rodin; también funcionaba un comité de lectura que más tarde originó el premio Goncourt. Intelectualidad a tope, pero también excelente comida, Francia es de los pocos países donde los más cultos también pueden ser adinerados.

¿Te enloquecía Jean-Paul Sartre? Andá a Les Deux Magots. Si te pirrabas por Boris Vian y el Existencialismo, comete algo en el café de Flore. En La Closerie des Lilas alternaban Lénin, Hemingway y Picasso, aunque estos tipos no se limitaban ni a un café ni a un único restaurante. Sería el colmo de la mala suerte que te toque un mal almuerzo o cena en París. Todos los buenos establecimientos tienen estupendos menús y formidables cuentas que llegan puntualmente con el licorcito del final. Pero te sacarás un gusto y habrás adquirido un fantástico recuerdo.