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Prohibido para occidentales

Es un poco injusto calificarnos así; hay gente en nuestros países que tiene esta misma sensibilidad…

… pero no los suficientes como para solventar el mantenimiento de un parque como el Hitachi Seaside Park. Y no vayas a suponer que lo subsidia la famosa marca japonesa, no, lo de Hitachi viene porque está situado en Hitachinhaka, una ciudad de la prefectura de Ibaraki, junto a la playa Ajuigaura.

¿Cuántos visitantes tendría un parque como este ubicado en Montevideo? Ahí tenés nuestro hermosísimo Jardín Botánico en El Prado, donde los que vamos somos pocos y los que no tiramos ningún papel al suelo o arrancamos alguna flor somos todavía menos. Tampoco me atrevería a decir que los japoneses tienen más sensibilidad que nosotros. Quizás si nosotros también viviéramos en ciudades recontradensamente pobladas, también buscaríamos desesperadamente un remanso como este.

No dejes de mirar los videos, pues las fotos son espectaculares, pero les falta el movimiento de la gente integrada al paisaje y la visión panorámica que dan los lentos giros de la cámara. Por otra parte, a los videos les falta la brisa perfumada que te da en la cara y el silencio con que circula la gente, como si estuviera en un templo. ¡Y está en un templo!

Dice una web promocional que el “Hitachi Seaside Park es un parque floral, con una superficie de aproximadamente 190 ha. Cada temporada se encuentra una gran variedad diferente de flores sobre “Miharashi No Oka”, una colina con vistas panorámicas al Océano Pacífico. El parque es famoso sobre todo por sus Nemophilas azules, con mas de 4.5 millones de las mismas en primavera floreciendo por todo el parque, atrayendo a muchos turistas.

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Este periodo de floración se le llama “Armonía de Nemophilas” por su semejanza a algo así como el cielo en la tierra, por su color celeste. También cabe destacar en este periodo del año el millón de narcisos que crecen entre pinos y las mas de 170 variedades de tulipanes. En verano podemos destacar las Zinnia y en otoño la Kochia por su tonalidad, dando como resultado un espectacular mosaico dividido en colores, cambiando su matiz con cada estación del año”.

Además el parque cuenta con un parque de atracciones, espacio para hacer ciclismo de ruta o BMX, una pista de atletismo o un espacio de barbacoas.

Pero eso es lo de menos, seguramente pusieron todo eso porque en Japón también hay gente como nosotros, difícilmente subyugados por el sencillo y grandioso espectáculo de la naturaleza. Ellos no harán nuestros asaditos en esas barbacoas, pero toda sociedad tiene algún manjar alrededor del cual se reúne la familia. Y eso no está nada mal.

Mucho mejor están los senderos, diseñados para guiar a los visitantes en caminatas que los hacen recorrer toda una gama de sutiles colores y aromas capaces de provocar por sí mismos, estados de ánimo que se superponen al estrés del que siempre nos quejamos y no le encontramos remedio.

¿Te podés imaginar el ejército de maestros jardineros necesarios para mantener este parque floral en esas condiciones? Seguro que sí, que te lo podés imaginar y también podés suponer que a una persona con esa calificación la arreglás con unos yenes de porqueria. La calidad hay que pagarla en cualquier lado y Japón no es la excepción. Entonces, llegarías a la conclusión de que la entrada debería costar una fortuna.

Pues no, la entrada cuesta 400 yenes, equivalentes a 3,11 euros, en tanto que los niños pagan 60 centavo de euro y los menores de seis años entran gratis. Eso solo se consigue si son muchísimas las personas que pagan eso.  Eso sí, si se te ocurre arrojar un pucho al suelo, los vigilantes te dan una paliza a tulipanazos, por idiota.

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Guillermo Pérez Rossel