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Cremona, los pueblos feos no existen en Italia

Si venís acá en busca de un falso Stradivarius, sonaste, literalmente. Pero habrás descubierto una ciudad bellísima.

Así que no le pondrán una marca que no corresponde, pero en los talleres de la ciudad se siguen produciendo algunos de los mejores violines, laúdes y cualquier instrumento de cuerdas. ¡Cómo van a cometer fechorías si la ciudad está consagrada a San Homobono!, el hombre bueno que murió en Cremona en 1197 y no es el santo patrón de los luthiers sino de los sastres, que también suelen ser buena gente.

Ya te podrás imaginar que esta nota intenta ser un complemento de la anterior, la que el amigo Alberto Moroy le dedicó a Stradivarius (http://viajes.elpais.com.uy/2013/08/21/stradivarius-sublime-viaje-a-la-perfeccion/) , porque entendimos que faltaba abundar sobre Cremona,  una joyita de la Lombardía. Allí hay mucho más que violines.

Todo comenzó cuando en el siglo XVII, la ciudad tomó gran importancia por la proliferación de los luthiers, artesanos que producían sobre todo, instrumentos de cuerda frotada, dice la Wikipedia. Famosa fue la familia Stradivari, que durante dos generaciones fabricó unos 2000 violines, de los que hoy solo quedan setecientos. Esa familia se sacaba chispas con la familia Guarneri  también una excelente estirpe de creadorores.  Todo se debe a la moda que había en ese momento de construir los violines en pino, en pino de esa zona. La escuela oficial de luthiers está en la plaza Marconi de la ciudad. Actualmente hay unos 200 talleres y casas de música dispersos por toda la ciudad.

Encontrarás todo tipo de instrumentos, menos el violín de lata o Latín, que Les Luthiers le copiaron al violín corneta de Julio de Caro, aunque no fue éste el único tanguero con ese exótico instrumento. En aquellos salones con la gente bailando y sin amplificadores, el violín desaparecía en la baraúnda (esta es mi palabrita de hoy, también se escribe con “h”). La lección que sacás de esto, es que si tenés buen oído, podés lucirte hasta con un peine, pero si no saliste agraciado en el reparto de talentos, no te gastes un millón y medio de dólares en un Stradivarius, porque seguirás teniendo perejil en las orejas.

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http://www.youtube.com/watch?v=xh8vZaLEHxM

En fin, que los cremoneses serán buena gente con imponente oído musical, pero comparten con el resto de la humanidad el ninguneo de sus propios valores: Moroy me informa que la casa natal de Stradivarius fue demolida en 1928 y al cementerio donde lo enterraron  también lo destruyeron. Pero perdura el taller donde trabajó y en un pequeño museo de Cremona se exhibe una lápida que el mismo talló. Increíblemente siguen existiendo y sonando como los dioses, 635 de sus célebres instrumentos.

¡Cómo querés que se preservara la historia y la cultura de Cremona si durante el fascismo la ciudad fue copada por los obedientes de turno y tiraron abajo edificios para pasarse a la estúpida monumentalidad de toda tiranía, de toda tiranía de cualquier color! Felizmente, era tanta la historia, tantos los acontecimientos desde el 218 antes de Cristo, que no les fue posible terminar más que con un 5 o 10 por ciento. Lo mismo pasó con todos los invasores durante siglos y siglos, pues ha llegado el momento de decir que Cremona fue una ciudad increíblemente próspera y medianamente crítica alternativamente, entre saqueo y saqueo con el pretexto que fuera.  A las ciudades pobres no les pasan esas cosas, no importa que sean herejes, no importa que tengan otras ideas políticas… si son pobres no vale la pena arrasarlas. Eso sí, los depredadores fascistas terminaron con la muralla que debió ser una belleza como la de Ávila, quizás tan linda como la que otros depredadores derribaron en Montevideo.

Terminemos rápidamente con esto, porque puede que los violines te hayan llevado hasta Cremona, pero ahora descubrirás que hay muchísimo más para ver.  Antes, solo para que te saques las ganas si las tenés, una url donde te dan cinco consejos para no ensartarte con un instrumento falso, cosa que te podrá ocurrir aunque tomes todas las precauciones: http://www.ehowenespanol.com/distinguir-violin-stradivarius-cualquier-como_4510/

En fin, mientras vas mirando las fotos, te contamos que lo único que le faltó a la ciudad fue inventar nuestro dulce de leche. Por ejemplo, inventaron el turrón. Aunque algunos le aseguran la patria española, los tanos están totalmente convencidos de que el turrón nació acá, aunque no durante un sitio, sino como homenaje de los artesanos a la boda de Francesco Sforza y Bianca María Visconti, que tuvo lugar allí. Bianca que era una belleza (mirá el retrato que ahora se le adjudica a Leonardo Da Vinci), se hizo querer en la ciudad no solo por lo linda que era, sino porque cuando los venecianos llegaron para invadir, ella se vistió con armadura y dirigió la defensa del puente sobre el Po. ¡Esas eran mujeres que merecían un turrón!  También de acá salieron los quesos grana padano y el provolone padano, así como la mostarda que es una bebida de frutas aderezada con mostaza. Y no pongas cara de asco, mirá que todo lo que sobrevive durante siglos es necesariamente bueno.

Cuando tus pasos te lleven hasta la Piazza dei Comune, buscá un restaurante que ofrezca los “marubini in brodo”, unos ravioles con relleno de mortadela y después nos contás. Dicho sea de paso, si estás con tu mujer/marido/novio  en esa plaza en el mes de noviembre, podrás disfrutar de la Festa del Torrone, frente a la impresionante Catedral. Te sugiero manducarte al menos medio kilo de las 30.000 toneladas que se consumen en esos días. Aprovechá para darle un beso con sabor a turrón, seguro que quedan con  una relación cero kilómetro. No lo hagas en cambio, luego de saborear un salame cremonese, que también los hay y con su respectivo festival.

Hacele un favor a tu cultura y no uses la versión en español de la web oficial  http://www.comune.cremona.it/ , tratá de leerla en italiano. También hay un capítulo sobre turismo  http://turismo.comune.cremona.it/ donde encontrarás todo lo necesario para quedarte un par de días en Cremona. ¿Qué si se justifica? Ya lo comprobarás si dejás el auto estacionado en el hotel y cachás dos biciletas o tomás un paseo por el río Po como hacían aquellos malditos condottieri que arrasaban ciudades si su empleador los contrataba para eso. Hoy, ni el Po, ni las calles del casco antiguo, ni los caminos de huertas y viñedos, sugieren otra cosa que tumbarse a mediodía a comer con buen vino o a hacer amistades locales en torno a un ristretto, ese cafecito minúsculo que no podrás beber de un sorbo a menos que seas un animal.

Bien, entonces estás en la Piazza Roma junto con el resto de los turistas y no te me distraigas porque aquellos condottieri dejaron de guardia acá, en toda Italia y en Montevideo también, a los descuidistas que tanto te arrebatan los pasaportes como te llevan a tu esposa escudados en lo elegantes y pasados de listos que son algunos italianos.  Acá hay un pequeño jardín y de él parten dos calles comerciales: la vía Solferino y el corso Mazzini. Comprate un violín o un salame, tanto da, pero no me afloje con el consumismo.

Cuando llegues a la Piazza del Comune, te atropellará la catedral que a fuerza de mezclarle estilos románicos, góticos y renmacentistas, terminó siendo un edificio tan impresionante que ni Mussolini se animó a depredar. Junto a él, está el Torazzo, el campanario más grande de Italia, con  112 metros de altura según la Wikipedia. Lo construyeron en el siglo XIII y conserva intacto y funcionando el reloj del siglo XVI. Paseá tranquilo mirando las columnas del atrio que se apoyan sobre leones y en los capiteles lucen relieves de la época de Carlomagno. El impresionante rosetón también es del siglo XIII, aunque con un diseño tres siglos anterior. Los frescos y tapices de la nave central merecen  que lleves una cámara con alta sensibilidad para traerte un recuerdo gráfico sin dañar nada. Por otra parte, el flash dentro de una iglesia es absolutamente inútil. En la cripta está el sepulcro de san Homobono, no vayas mal vestido mirá que el santo de los sastres se enoja.

El cercano Palazzo Munizipale es magnífico y en él se exhiben algunos Stradivarius y Amatis, aunque verás más y mejores piezas en el Museo del Violín que se inaugura este 14 de setiembre con un concierto cuyos detalles podés consultar en http://www.comune.cremona.it/srcalendar-display-lid-9015.phtml. La entrada te costará 35 euros, pero te darás un empacho del sonido no solo de los Stradivarius, sino de casi todos los otros maestros de Cremona, de antes y de ahora.

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http://www.youtube.com/watch?v=b1by4dB4azY

A los palacios Stanga y Affaitati los podrás encontrar recorriendo la Via Palestro, el Raimondi está en el Corso Garibaldi y al Palazzo Fodri tenés que llegar por el Corso Mateotti. No todos están abiertos al público pero el exterior es suficientemente atractivo como para justificar la caminata o la pedaleada.

La Wikipedia recomienda también al Museo Municipal que contiene  una excelente pinacoteca flamenca. En él se encuentra el museo Stradivariano, el tesoro catedralicio, y una interesante sección en el sótano dedicada a la arqueología y colecciones de cerámica local.

Te confieso que no tuve esa experiencia, pero por lo que miro en internet me parece una excelente opción aquerenciarse en Cremona, conseguirse las bicicletas y hacer todo lo que recomiendan en http://www.visitporiver.it/l/ENG/Lombardia/Cremona/page/71/3/71/Cremona:-tra-trekking-e-bicicletta.html , que no consiste solo en pedalear como un loco, sino aprovechar las sendas, sumarse a alguno de los tours para ciclistas y, muy especialmente, detenerse en las granjas que ofrecen servicio gastronómico. Otras ofrecen también hospedaje. Lo mejor de viajar no es mirar paisajes como quien colecciona postales, lo mejor de todo es alternar con gente de otras latitudes y otras culturas para descubrir de qué cosas nos estamos perdiendo por tener la vista fija en el ombligo. Y en esos lugares, conocerás lombardos, pero también descubrirás gente de todo el mundo.

Todavía no te dijimos una de las cosas más importantes de Cremona, una ciudad que vio nacer a Claudio Monteverdi, el creador de la ópera italiana y del compositor Amilcare Ponchielli. El teatro de la ópera de Cremona lleva su nombre y cuando hay festivales de ópera ni sueñes con conseguir entrada, ni en el “gallinero”. ¿No sos un fanático de la lírica? Bueno, entonces te podrá interesar que la grande Mina y el incomparable actor Ugo Tognazzi, también nacieron allí.

Finalmente, yo sé qué esfuerzo tendrás que hacer para subir los 500 escalones que llevan hasta el mirador del Torrazzo, pero varias de las fotos espectaculares que publicamos y proceden de la web oficial y de las que los usuarios colgaron en Google Earth, fueron tomadas desde ese lugar. Respirá hondo y empezá a subir.

http://turismo.comune.cremona.it/es. Tiene de todo, hasta música de fondo exquisita.

http://viajes.michelin.es/web/destino/Italia-Norte_de_Italia_Venecia-Cremona/lugares-turisticos. La confiable guía clásica.

Guillermo Pérez Rossel