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Lei è Bitontino?

Tomás el apellido italiano de cualquiera de nosotros, lo buscás en el mapa y encontrás un lugar increíble. Tan increíble que quizás acá está la explicación de porqué Italia no fue sometida por los musulmanes, lo cual pudo ser un hecho afortunado… o no. No hay nada que no sea opinable.

Lo bueno de tener un apellido que en español parece estrafalario, es que tenés que andar a las piñas desde el preescolar y, o bien agarrás fama de guapo y nadie se te anima, o bien aprendés a replicar de tal manera que nadie lo intenta nuevamente. En otras palabras, te fortalece el cuerpo y el espíritu y te diré más: difícilmente prospere el tan famoso “bullying” en las proximidades de alguien que se llama Debitonto. Se protege él y de paso, desestimula para siempre a los abusadores.

 

Da la casualidad que mi yerno es uno de los pocos Debitonto que hay en Uruguay y se me ocurrió preguntarme de dónde sale ese apellido. Bitontino es el gentilicio de los oriundos de Bitonto, una hermosa ciudad del municipio de Bari, de donde se supone que vino el tatarabuelo  de quien hoy es un notorio empresario, aunque para mí, es el irremplazable padre de dos de mis queridos nietos. A los pocos que emigraron de ese hermoso lugar, los denominaron “de Bitonto”, y luego, “Debitonto” así nomás.

¿Entonces este es un artículo de consumo casi familiar? No me embromes con eso; no menos del 40% de los uruguayos tiene un ancestro italiano que procede de algún pueblito también despampanante, pues todos los pueblos de Italia son como para quedarse una semana o para siempre. Una pequeña historia como esta se puede reproducir en cualquier sobremesa, si es con los restos de un chianti, mucho mejor.  En este caso agregaría un platito con aceitunas del lugar y, si la cosa viene con comida, que no falte algo aderezado con aceite de oliva producido en la ciudad, considerado como el mejor de Italia desde que lo descubrieron los mercaderes de Venecia, en plena Edad Media e incluso mucho antes.  Y si es el mejor de Italia, estamos hablando del mejor del mundo.

Entonces, aunque no te llames Debitonto, estás en Italia y no se te ocurre ir a la Provincia de Bari; ni siquiera se te pasa por la cabeza darte una vuelta por la Apulia, por la Puglia. No, vos dale y dale con lo mismo: Roma, Florencia, Venecia, una pasadita por Nápoles quizás y una parada de mediodía en Pisa. Después volvés y decís “conocí Italia”. Pero ¡qué caradura! No viste ni un diez por ciento.

Algunos la llaman la región ignorada de Italia, o más bien, muy mal promocionada. Otros pasan por ahí como un soplo rumbo a Brindisi para embarcarse hacia Grecia. Pero nosotros haremos centro en Bitonto, porque para eso vinimos. Para serte muy franco, a menos que tengas parientes o un interés muy especial,  delicale un almuerzo porque allí cocinan como los dioses y varias horas a su catedral porque es algo de no creer, pero la ciudad, de 56.000 habitantes aunque descolla en eso, no compite con otras ciudades, playas, grutas, iglesias y senderos de la región.

Acá tenés un mapa. La Apulia, que nosotros deberíamos denominar Puglia, por su nombre en dialecto Barese y además como un reconocimiento al yorugua de ese apellido, quien debe tener recetas de la zona. Mirás los nombres de los pueblitos y parece la guía telefónica de Uruguay. Te ampliamos la ubicación de Bitonto para que no te nos extravíes y te contamos que si quisieras hacer centro acá para conocer la región, tenés una oportunidad única,  porque encontramos un hotel que parece el más loco sueño de un bon vivant.

Como viste en el mapa, estamos exactamente en el taco de la bota, que se hunde en el mar Adriático. ¿Vos creés que podés encontrar algo feo de ver en el entorno adriático? Si no te gusta la historia, podés concentrarte en Bari o en Taranto que son dos ciudades de una belleza singular, pero si te gusta la historia, entonces conseguite un poco de literatura porque aquí se cocinó en primer hervor el mundo en que vivimos.  Hace unos 3.000 años, más o menos cuando los griegos y troyanos estaban trenzados en guerra, acá vivían en paz los ilirios, hábiles con la cerámica. Seguramente Odiseo debe haber pasado por Puglia en su larguísimo viaje a Itaca y quizá eso es lo que recuerdan algunas reiterativas figuras de sirenas y sirenos. Detrás de él vinieron otros que transformaron la zona en una colonia griega.

Una pausa para ver el hotel.  Estas fotos acalambrantes muestran al Antica Via Appia Palace, que los tanos del turismo califican como Bed & Breakfast, en lugar de un hotel, quizás por la capacidad, quizás porque los servicios no son completos. Se llama Via Appia porque por aquí pasaba justamente y porque en algún momento fue posada para sus viandantes. La hostería o lo que sea, está alhajada con antigüedades y telas de calidad, pinturas, libros objetos y documentos históricos. Queda a pasos de la Catedral y justo enfrente al Convento de la Virgen.  ¿Qué te estoy proponiendo un disparate? Pues según lo que dice su web, el precio de las poquísimas (cinco) habitaciones oscila entre los 70 y los 80 euros la noche para el matrimonio; agregale 20 por cada cama complementaria si vas con nenes.   (booking@palazzoanticaviappia.it)

 

Los romanos la hicieron suya en el siglo IV o III a.C., pero el cartaginés Aníbal les dio una paliza en la batalla de Cannas. Los romanos se desquitaron y se quedaron con todo, transformando a la Apulia en una floreciente región proveedora de granos y aceite, producto de los que fue y es un importante exportador. ¿Qué vino después? Después le paso lo que le pasa a toda zona rebosante de riquezas: no hubo conquistador que no la invadiera.

Algunas cosas para admirar en las proximidades: formaciones rocosas en Lecce, el Teatro Margarita en Bari, las grutas castellanas, la ciudad de Tarento.

 

Primero fueron los godos, seguidos de los lombardos, luego los bizantinos y en el siglo XI de nuestra era, el colmo: los normandos tomaron la ciudad con facilidad. Aclaremos, aquellos normandos eran unos vikingos sospechosamente cristianizados y con hábitos de piratas. Hicieron lo que quisieron en el Mediterráneo y les gustó la Apulia donde se quedaron, aprovechando las desinteligencias entre los diferentes tanos de la península, muy cultos pero tan discutidores como los de ahora.  Pues bien, los normandos no solo se quedaron, sino que también se les dio por desalojar a los sarracenos  que se venían colando desde el norte de Africa. Quizás gracias a ellos fue que Italia no tuvo el pasado musulmán que caracterizó a España, a Grecia y a esa Albania tan desconocida y tan islámica también ahora.

 

Sea como sea, la influencia griega, bizantina, romana, sarracena y normanda está presente en toda la arquitectura y muy especialmente en la catedral de Bitonto que es como una especie de crisol de todas esas culturas.  Para darte una idea del gran metete histórico y no abundar en estas cosas que pueden aburrir de solemnidad a muchos, rematemos con que la Apulia y no sería de extrañar que particularmente Bitonto, fue la residencia preferida de Federico II, uno de los principales emperadores de la casa Hohenstaufen, que acumulaba los títulos de Rey de Sicilia, de Chipre, de Jerusalénh y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

No debería omitir que justamente en Bitonto los españoles vencieron a los austríacos, que los turcos sometieron  muchas veces la región pero no lograron ocuparla, que los franceses también y que los venecianos, o bien los sometían a garrotazos o bien comerciaban con ellos. ¿Y todo por culpa de su rico aceite de oliva? Bueno… no exageremos, pero algo de eso debió existir.

Pensá en todo eso cuando vayas caminando por las callecitas de Bitonto en busca de la Chiesa di San Francesco d’Assisi en la piazza Minerva, con un portal gótico. O cuando vas al moderno Santuario de Cosma e Damiano, los palacios de renacentistas de varios señoríos y marquesados,  y todas las cosas a las que te conducirán tus piernas, aunque no lleves ninguna guía y tu único propósito sea el de bajar el copioso almuerzo.  Verás restos de la muralla que protegió la ciudad, a la cual se entraba por las puertas Maja y Baresana.

Bueno, finalmente llegamos a la catedral. Si sos un entendido y querés disfrutar de verdad, consultá la fuente que yo utilicé en  http://www.sacred-destinations.com/italy/bitonto-cathedral. Para todos los demás, va una sumaria descripción. Prestá atención a los capiteles, casi todos esculpidos antes del siglo XII, con deliciosas figuras de las singulares cosas que pasaban por la mente de aquellas gentes.  Debajo de la nave central descubrieron no hace mucho, los restos de una iglesia anterior, paleo cristiana, que todavía están siendo estudiados, y no te pierdas la encantadora cripta si querés ensayar la posibilidad de una experiencia mística.

 

La catedral todavía esconde muchos misterios. Por ejemplo, en el extremo oeste hay vestigios de una construcción cuadrada que pudo ser una torre importante, y en el suelo aparece un hermoso grifo dibujado en mosaico, de lo que seguramente fue un piso extenso y cubierto de figuras de calidad semejante. ¿Qué los llevó a destruirlo? ¿Qué creencia o finalidad fue la que salvó al grifo? Quizás nunca se sepa, pero las excavaciones están abiertas al público, de manera que podés bajar e intentar vos mismo alguna explicación.  Para entender mejor a esta catedral, quizás te convenga completar la expedición con una visita a la Basílica de San Nicola di Bari (¿te acordás del tano cantarín que siempre venía a Montevideo?). Es otra construcción románica y fue construida más o menos en la misma época. La de Bitonto queda frente a una plaza abierta en el justo centro de la ciudad.

El campanario puede visitarse si te tomás el trabajo de programar la visita con anticipación y desde ahí hay una vista fenomenal. Los enormes rosetones son otra de las bellezas para observar junto con los bosques de columnas con capiteles y algunas figuras talladas que se suponen de origen normando (¡mirá qué ensalada!). Pero todas las fuentes y particularmente la consultada, consideran que la  obra de arte más famosa del interior es el ambón (púlpito) de mármol creado por el Maestro Nicolás (Maestro Nicola) en 1229. Fue remodelado en el siglo 17 y es apoyado por columnas de el siglo 18. La balaustrada de la escalera contiene un relieve que representa una escena secular, que se cree que representa a la familia de Federico Barbarroja.


Otro punto que destaca esa web,  es la colección de 52 sillares con relieves escultóricos, que fueron descubiertos prolijamente apilados debajo del lado derecho de la nave. Originalmente eran parte de tres portales decorativos, que los arqueólogos han sido capaces de volver a montar en parte sobre la base de marcas en los lados de los sillares y otras pruebas. Los sillares fueron hechas probablemente en un taller de Normandía en el siglo 11. Son similares a las esculturas producidas en Barnay y Jumieges, así como los jadeos en miniatura de los Evangelios Preaux. Puglia influencias son evidentes y, sin embargo, como en las figuras simbólicas de leones, grifos, ciervos y otros animales.

Además de todo esto, y como cierre, me gustó este tema para mostrarte que en cualquier lugar y circunstancia, gracias a internet, tenés posibilidad de encontrar algo para entretenerte que no sea tan espeluznante como los programas de chismes, procacidad barata y promotores de desculturación que dominan el rating de la televisión. ¡Por favor! ¡Volvamos a ser uruguayos!

Guillermo Pérez Rossel