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El lugar donde yacen 3.000 John Doe


 ¿Qué paso con los tres mil soldados que fallecieron en la segunda invasión que intentaron los ingleses en Buenos Aires?

 

Alberto Moroy descubrió que lo que casi seguramente ocurrió con ellos y en qué lugar están enterrados desde hace casi exactamente 206 años, pues ese fue el tiempo transcurrido desde que el Gral. Whitelocke dio finalmente por perdida la expedición. Se decidió un poco tarde, pues uno de sus subalternos se había atrincherado en la Iglesia de Santo Domingo y rechazó por su cuenta la oferta de capitular.

 

Quizás Whitelocke hubiera aceptado a tiempo y 3.000 vidas se hubieran salvado… junto con las de muchos vecinos porteños, pues fueron ellos más que el ejército de Liniers, quienes rechazaron a los ingleses, esquina tras esquina y con lo que tuvieran a la mano. Fue una defensa civil realmente heroica, junto a un episodio bélico demencial y sangriento, como todos ellos.

 

¿Y porqué lo de “John  Doe”? Porque en inglés equivale a “NN”, persona desconocida, el nombre ficticio asignado a los cuerpos de las personas que mueren en las circunstancias más desgraciadas, sin que nadie pueda demostrarles su afecto.  Lo que sigue es el relato de Alberto Moroy, nuestro colaborador e investigador incansable, entregando esta vez a tiempo para un demorado recuerdo el lugar exacto donde yacen esos tres mil cuerpos.

 

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En la portada dos acuarelas de la iglesia de Santo Domingo de 1817 y 1820  (Emeric Essex Vidal y Rafael Villar) Las mismas sirven de marco a esta historia perdida, habida cuenta que los hechos transcurridos en su entorno, nada dicen del destino de los 3 mil soldados británicos que quedaron enterrados una fosa de Buenos Aires.

 

En poco días mas (7 de Julio)  se conmemoraría los 206 años de la capitulación del general  Whitelocke en Buenos Aires (Invasiones inglesas) Si bien es mucho tiempo en los términos de vida de una persona, para la historia es “nada” Por eso nos preguntamos ¿Donde están  los tres mil soldados ingleses fallecidos en la segunda invasión inglesa a Buenos Aires?

 

No en un cementerio católico, tampoco en uno para disidentes, ya que los primeros que hubo, fueron creados algunas décadas después (1820 el de la calle Juncal y 1830 el de la calle Victoria)

Cementerio de Retiro 1820  (Juncal, entre Suipacha  y Esmeralda)   34°35’35.26″S 58°22’46.81″W

Cementerio protestante – Calle Victoria y Pozos 1830. 34°36’41.14″S 58°23’52.72″W

 ¿Estarán  todavía en una fosa común, debajo del pasaje 5 de julio en el barrio de Montserrat (A cuatro cuadras de la casa Rosada)?

General  Whitelocke  y soldados

Los hechos

 

La segunda invasión inglesa llegaría el 28 de junio de 1807, cuando una fortísima tropa comandada por el inglés John Whitelocke desembarcó en Ensenada y logró sitiar la ciudad en la tarde del 4 de julio en la actual plaza Miserere, pese a la resistencia de grupos comandados por Liniers.

 

En la mañana del 5 de julio, la totalidad del ejército británico volvió a reunirse en Miserere (Actual Plaza Once) Confiado de la supremacía de su ejército, Whitelocke dio la orden de ingresar a la ciudad en 12 columnas, que se dirigirían separadamente hacia el fuerte y Retiro por distintas calles. Llevaban orden de no disparar sus armas hasta llegar a la Plaza de la Victoria.

 

El avance de las columnas se vio severamente entorpecido por las defensas montadas, el fuego permanente desde el interior de las casas y desinteligencias y malos entendidos entre los comandantes británicos. Whitelocke vio como sus hombres eran embestidos en cada esquina, mediante la lucha callejera de los vecinos de Buenos Aires. Whitelocke perdió más de la mitad de sus hombres entre bajas y prisioneros.

Uniformes Militares del Regimiento Nº 71 Ingls/ Uniformes Militares del Regimiento Nº 36 Ingls

 

Cuando la mayoría de las columnas habían caído, Liniers exigió la rendición. Craufurd, atrincherado en la iglesia de Santo Domingo, rechazó la oferta y la lucha se extendió hasta pasadas las tres de la tarde. Whitelocke recibió las condiciones de la capitulación hacia las seis de la tarde, ese mismo día.

 

El 7 de julio, el general inglés comunicó la aceptación de la capitulación propuesta por Liniers y a la cual, por exigencia de Alzaga, se le había añadido un plazo de dos meses para abandonar Montevideo. Las tropas británicas se retiraron de Buenos Aires; abandonarían la banda oriental recién el 9 de septiembre.

Los NN británicos

 

Las iniciales “N.N.”  provienen de la expresión latina Nomen Nescio (literalmente “desconozco el nombre”). En español suele interpretarse como Ningún Nombre

El nombre de John Doe (Jane femenino)  se usaba  en Inglaterra para describir a hombres desconocidos, también en Canadá y Estados Unidos) Es la designación que se le da a un cuerpo sin vida que llega a un depósito de cadáveres y que aún no se encuentra identificado. Su uso original comienza en 1659 aunque hay quienes dicen que ya e se usaba en el reinado de Eduardo III, a mediados del siglo XIV.

Hermanos Betlehemitas asistiendo a los heridos / Ubicación 34°36’47.71″S 58°22’16.11″W

 

¿Donde enterraron a los 3 mil soldados ingleses?

 

De confirmar la cifra, la cantidad de muertos era importante.  Según lo expresa en Caras y Caretas Nº 2120  del  25/7/1939, el periodista Juan José de Soiza Reilly, que sin duda era impecable y riguroso con la información que manejaba,  el inconveniente vino cuando hubo que dar sepultura a los cadáveres que se calcula entre 2700 /3000. Las autoridades vaticanas no permitían que los “herejes” o disidentes fueran sepultados en los cementerios católicos.

 

Los generosos frailes franciscanos tuvieron misericordia de los caídos. Ofrecieron la huerta de su convento, y allí, en montones, fueron sepultados los tres mil ingleses… Pasaron los años. La huerta franciscana se convirtió en una calle. Los cadáveres quedaron abajo. Y ahí están todavía, en la misma calle Cinco de Julio (34°36’47.21″S

58°22’16.18″W) que lleva como nombre la fecha en que murieron los tres mil soldados de Whitelocke.

 

Observaciones

 

En Buenos Aires la mayoría de los cementerios “perdidos”, tienen encima una plaza, seguro como forma de preservar los restos de quienes no fueron exhumados. Tal vez a los mismos fines se halla creado este pasaje en 1823, habida cuenta que desde el  punto de vista territorial, las manzanas que rodean este convento (Hoy basílica de Santo Domingo)  tienen al menos 115 ms por lado y ningún pasaje las corta

 

¿Porque esta si? ¿Cómo es posible que en la actualidad nadie sepa de este posible destino o si están o no? ¿Los británicos olvidaron a sus soldados caídos?  No sucedió lo mismo con los restos del la corbeta de guerra “His Majesty’s Ship Swift” hundida en el Atlántico Sur en 1770 en la Ría Deseado, cuando un  equipo arqueológico también descubrió los restos óseos de un marino inglés, que luego fueron sepultados en el Cementerio Británico de Chacarita, en una tumba sin nombre.

 

Mediante un GEO radar (Radar de penetración) se podría saber si a una profundidad mayor que las necesarias para asentar la calle, las capas geológicas están revueltas.

 

De confirmarse mediante este método no intrusivo, estaríamos ante la presencia de un sitio histórico de envergadura, que al menos amerita una placa recordatoria a estos John Doe o NN ingleses.

 

Sobre Juan José de Soiza Reilly (*)

http://www.autoresdeconcordia.com.ar/bioautor.php?idAutor=81

(*) El Editor considera necesaria una reivindicación de don Juan José de Soiza Reilly, pues aunque casi todas las biografías lo señalan como argentino, el periodista y literato nació en Paysandú. Es un caso como el de tantos uruguayos, que nacieron acá, pero fue allá donde completaron su formación y recibieron el reconocimiento. Y eso no es poca cosa ni poca generosidad de los argentinos.

Vean esta ajustada biografía que aparece en Facebook.

Juan José de Soiza Reilly (Paysandú, Uruguay, 1879 – Buenos Aires, Argentina, 1959) fue periodista, narrador y ocasionalmente dramaturgo. Educado en la provincia argentina de Entre Ríos, cursó el magisterio en la Escuela Normal. Fue director de la biblioteca de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral. En 1923 comenzó a desempeñarse como profesor de historia en la Escuela Superior Comercial de Mujeres “Dr. A. Bermejo”, en Buenos Aires.

Fue corresponsal de la revista “Caras y Caretas” en Europa. Cubrió la Primera Guerra Mundial como cronista de guerra para el diario “La Nación”. Colaboró en los diarios “La Razón” y “Crítica”; en revistas como “Fray Mocho”, “P.B.T”., “El Hogar” y “Nosotros”; en publicaciones seriales de ficción como “La novela semanal”, “La novela universitaria”, “La novela de hoy” o “La mejor novela” y perteneció al “Círculo de la Prensa”.

Su celebridad se afianzó con sus recordados programas de radio. Publicó, entre otras novelas, cuentos, crónicas y misceláneas, obras hoy inhallables como “El reino de las cosas” (1905), “El alma de los perros” (c.1907), “Confesiones literarias” (1908), “Cien hombres célebres” (1909), “Crónicas de amor, de belleza y de sangre” (1911), “La ciudad de los locos, aventuras de Tartarín Moreira” (1914), “Carne de muñecas” (c. 1917), “Pecadoras” (c.1924), “Criminales” (1926), “La muerte blanca. Amor y cocaína” (1926) y “Las timberas” (1927-28).