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Cómo y para qué hicieron la Via Appia

Miles de kilómetros para civilizar gente a la fuerza. Una obra mucho más impresionante y valedera que las pirámides. 

Si los montevideanos (no de ahora sino de siempre) examináramos  a la Via Appia, en relación con las calles de nuestra ciudad, nuestra admiración no debería tener límites. Hay tramos de ella en perfectas condiciones de uso a pesar de haber sido construidos a partir del año 300 antes de Cristo. ¡Y con muy poco mantenimiento!  Más adelante se explica cómo la hicieron, para ver si alguno de ahora aprende.  Otra reflexión tendría  que ver con cosas que se pretendió que duraran, pero jamás podrán durar mucho, en el caso de los imperios. No hay cosa que termine peor que un imperio: se lo podés preguntar desde a Julio Cesar hasta Hitler y Mussolini, pasando por Napoleón y  terminando con Stalin y Mao para no meterse en problemas con personajes actuales. Dicho sea de paso, a las corporaciones gigantescas les haría bien reflexionar sobre el mismo tema.

La otra cosa que se puede hacer en la Via Appia para que no te acusen de diletante con buenos argumentos, es alquilarte una bicicleta pero por varios días y darle de punta todo lo que puedas, entrando a todos los restaurantes que se te crucen por el camino, porque el imperio romano habrá caído, pero la cocina  italiana está en su mejor esplendor. Tendrás que elegir bien el tramo a recorrer, pues si se te ocurre pedalear en la increíblemente activa que va desde el Coliseo a las Catacumbas, seguro que te aplasta uno de esos ómnibus llenos de turistas que viajan tan rápido como las centurias cuando las perseguían los bárbaros.

Aunque actualmente le damos el nombre de Via Appia a toda la red, la auténtica era una minúscula parte, la que comunica Roma con Brindisi. Las “calzadas romanas”, tienen una longitud total  estimada en 90.000 kilómetros, pero seguro que se quedaron cortos. Vayan mirando cómo las hacían para enterarte del fenomenal trabajo que se tomaron.

Y eso justifica este homenaje milenario a Appio Claudio “Caecus”, o sea “el ciego”, pues así le decían de manera irónica, pues lo que se festejaba era su perspicacia, su ingenio y justamente, su “visión” como administrador. No solo ordenó construir la primera Vía que luego bautizaron “Appia”, también es el responsable de un acueducto y en ambos casos, dictó cuidadosamente cómo había que hacer ambas cosas. ¿Qué habrá tenido asesores? Claro que sí, y ese es otro de sus méritos.

Uno habrá leído miles de referencias a la Vía Appia, pero otra cosa es que la realidad te atropelle. A mí me pasó por primera vez cuando, me tomé un autobús que rodeaba el Coliseo y, me dijeron, pasaba frente a las catacumbas de San Calixto. Justo a lo que hago referencia en un párrafo anterior.  Lo que no me habían dicho era que el autobús circularía por la Via Appia y  tan impactado como estaba mirando ese espectáculo inenarrable, que no advertí que un elegante romano me estaba metiendo la mano en el bolsillo para pungarme con el mismo impecable estilo de la línea 147 de Montevideo.

No lo logró porque ya estábamos llegando y me sumé a un grupo liderado por un cura con sotana y todos los atributos, muy verborrágico y conocedor, que me agarró del brazo y me preguntó: “¿vos también sos uruguayo?”. En fin, que cuando uno viaja se lleva muchas sorpresas. Y de paso, recordándote que no dejes de visitar alguna de las catacumbas, hay muchas por ahí. Acordate de entrar y no te olvides de salir.

Bien volvamos a la vía Appia, siempre aclarando que todas llevan ese nombre, aún las “calzadas romanas” que se extienden por toda Europa, Asia Menor y el norte de Africa, con la salvedad de que es falso de toda falsedad aquello de que todos los caminos conducen a Roma. Todo lo contrario: no las hacían para llegar, sino para salir a conquistar el mundo. Si no fuera por esas piedras andá a saber en qué idioma hablaríamos, en qué religión creeríamos y cómo sería nuestra justicia. ¡Si por ahí andaban litigando Numerio Nemidio y Auro Agerio, los clásicos AA contra NN, ejemplificadores del sacro diritto romano y donantes anónimos en toda colecta escolar!

Primero mirá el mapa y disculpá que esté en inglés. Verás que la ruta original corría hacia el sur, la misma historia que con los Incas, cuando su imperio salió a caminar y apuntó hacia ese punto cardinal para terminar en la actual Argentina. En su momento la Via Appia fue crucial, pero luego resultaron mucho más importantes las restantes calzadas por las que discurrían no solo los ejércitos como les encanta destacar a los historiadores, sino también las mercaderías, la cultura, la religión y otras parafernalias, pues los caminos se prestan para todo.

La Via Appia, el área de cobertura de las calzadas romanas, cómo se construían y parte del recorrido en una de las más lejanas regiones conquistadas, como para asombrarse.

Lo que sí es cierto es que fueron el producto de la ingeniería militar y que estuvieron muy lúcidos al incorporar cal a las uniones preparadas por lapidadores comparables a orfebres, hasta tal punto que la superficie para que rodaran los carros era absolutamente perfecta. Ya preveían la inclinación adecuada para que el agua pluvial no se empozara… pero nada aliviaba el sufrimiento de los caballos cuyos cascos quedarían destrozados entre las piedras. Las centurias, en cambio, circulaban alegremente para terminar con cualquier otra civilización que se les opusiese, no importa los valores que tuviera; todo había que romanizarlo. Así es el hombre.

El ideal sería recorrer la Via Appia al tranquito, lo que desgraciadamente no es posible por tierra debido a que en muchos tramos está interrumpida. ¿Uno de esos aviones livianos siguiendo un derrotero trazado desde Google Earth? Podría ser; le paso la idea a otro porque yo ya estoy muy viejo para esos trotes.

En fin, en el caso de que te inclines por la bicicleta, podrías ir a la Puerta de San Sebastián, donde comienza una de las más importantes calzadas y alquilar una luego de preguntar por dónde sería prudente circular. Si tu opción fuera alquilar un auto, tendrás que averiguar antes, pues hay varios tramos cercanos a Roma donde circulan los autobuses, pero no permiten el tránsito de autos. También están las líneas regulares de autobuses y, por supuesto, hay algunos tours locales que podés contratar en el mismo hotel.

Ese es el caso del “Archeobus” que tiene un boleto válido por 48 horas. La misma empresa tiene otra línea turística denominada 110 que también por 48 horas te deposita en casi todo lo que es obligatorio conocer de la ciudad eterna. Y además tiene mapas muy útiles. Para ir haciendo boca entrá en www.trambusopen.com.

No da como para imaginarse reencarnado en un centurión, pero sí para que esos dos mil años de historia te caminen por arriba. La Via Appia fue construida en el 312 antes de Cristo sin demasiadas pretensiones de longitud, pero con el tiempo fue extendida hasta los puertos de Benevento, Taranto y Brindisi, lo le dio una longitud de 540 kilómetros, y  demuestra su propósito eminentemente comercial y no me vengas con heroicidades guerreras, para las cuales está reservada la historia convencional, el bronce de la estatuaria y el nomenclator de las ciudades: con eso les sobra.  Mirá que a la historia verdadera  la hicieron los esforzados productores y comerciantes de bienes; los militares y sus gobernantes se encargaban de las víctimas y los saqueos.

¿Alguien puede creer que la señalización de las rutas la inventó la corporación que administra la interbalnearia? No señor, eso tiene al menos 2.000 años y un nombre imponente, como todo lo que se describe en latín:  “piedra miliar” o “miliario”, un bloque habitualmente cilíndrico que le indicaba a un bárbaro invasor, cuánto le faltaba para llegar y acosar Roma. Marcaba  mil pasos romanos, lo que serían millas, pero como el miliario romano tiene unos 1.481 metros, resulta que o bien los romanos eran de pata larga o caminaban con gigantescas zancadas. Si lográs recorrer un miliario en mil pasos, tenés un futuro asegurado en el fútbol: anotate como delantero.

En todo caso, los miliarios son una preciosura que cualquier museo del mundo querría tener, cueste lo que cueste. Ese es otro de los milagros de la Via Appia: se conservan varios… o quizás son copias y nadie te lo cuenta. Llevaban el nombre del emperador además de la distancia, algo así como el “copy right” de la unidad militar responsables de las obras… por si había reclamos. Si contiene la expresión refecit o reparavit, se trata de una obra de mantenimiento… de aquél entonces.

Famosa hasta porque, según Gosciny, en ella surgió el primer brote piquetero de la historia.

Así que, aunque siendo una obra eminentemente militar, las calzadas romanas fueron también la formidable justificación de la “pax romana”. Es cierto que fue impuesta a prepo, pero hasta los conquistados disfrutaron un período de paz y tranquilidad en la cual los caminos, el comercio y los productores consolidaron derechos que, lamentablemente, tampoco durarían eternamente. Por allí también circuló el cristianismo, los principios legales tal como los conocemos, la filosofía griega, alguna buena literatura y también muchos de esos vicios que nuestra cultura se empeña en preservar.

Tuvieron que desecar pantanos, crear sistemas de drenaje, excavar colinas, sostenerla con terraplenes en los acantilados frente al mar, construir puentes… y todo eso a lo largo de por lo menos 90.000 kilómetros. Recordalo en el próximo bache.

http://es.wikipedia.org/wiki/V%C3%ADa_Apia

http://es.wikipedia.org/wiki/Calzada_romana

http://en.wikipedia.org/wiki/Appian_Way

http://www.trambusopen.com/it/home.cfm

http://www.parcoappiaantica.it/en/default.asp